sábado, 15 de octubre de 2016

Dinero desde un helicóptero

Faljoritmo

Jorge Faljo

La economía mundial se encuentra estancada y sin perspectivas de mejora. Por lo contrario, todo hace prever que sus problemas de fondo se mantendrán. El mayor de ellos, en el que convergen los demás es lo que el Fondo Monetario Internacional ha llamado “demanda reprimida”; un asunto que abordé la semana pasada.

El hecho es que por una parte la población no cuenta con los medios para comprar todo lo que se puede producir y ofrecer en el mercado, mientras que, al mismo tiempo, la capacidad de demanda, es decir la riqueza se acumula en muy pocas manos. Lo cual genera una demanda muy sesgada.

No hay suficiente poder de compra para adquirir mercancías de consumo generalizado y por ello han bajado de precio los energéticos, metales y minerales, manufacturas y alimentos. En el otro extremo hay una alta inflación de bienes de consumo suntuario de muy alto nivel: obras de arte, viviendas o yates que valen decenas de millones de dólares.

La falta de consumo tiene un impacto negativo en la rentabilidad de la mayoría de las empresas y a muchas las lleva a la quiebra; en primer lugar, a aquellas que son las que emplean más mano de obra, mientras que sobreviven las de alta tecnología y robotizadas.

Es un problema de tal magnitud que está obligando a los economistas, incluso a los que se ubican en espacios de ortodoxia económica, a pensar en mecanismos novedosos para enfrentar el problema.

Una de estas formas fue, en los últimos años, la generación de dinero para recomprar deuda gubernamental y/o financiar directamente el gasto público. Se inyectaron grandes cantidades de dinero en los circuitos financieros y se facilitó el pago de los endeudados de los Estados Unidos, Europa y Japón.

Sin embargo, ese dinero fue “capturado” por los circuitos financieros y tuvo poco impacto permanente en la capacidad de consumo de la mayoría de la población. La mayoría siguió en la ruta del empobrecimiento. Al mismo tiempo los conglomerados empresariales se sentaron en sus fortunas sin tener la suficiente imaginación o ganas para invertir.

Ahora, poco a poco se difunde la idea de generar dinero para entregarlo directamente a la población. Para impulsar la idea se recurre a citar a uno de los apóstoles de la ortodoxia neoliberal, Milton Friedman, que por allá de 1968 expresó la idea de manera metafórica como la posibilidad de que desde un helicóptero se arrojaran billetes de mil dólares a la población.

No era en realidad la primera vez que se proponía algo así por parte de un economista de gran importancia. Keynes, otro renombrado economista, propuso hace más de medio siglo, y un poco en broma, que el gobierno enterrara dinero y la población trabajara en excavarlo para de ese modo crear empleo y demanda.

Claro que los que ahora retoman estas ideas proponen formas más serias de distribuirlo. Una sería regresar impuestos a los trabajadores; pero beneficia solo a los que ya tienen empleo. Otra forma sería instituir un ingreso ciudadano garantizado al que todos accederían por el simple hecho de existir, lo que garantizaría el derecho a mínimos de alimentación, vestido, transporte y vivienda.

Ya existen avances en ese sentido en la mayoría de los países. Transferencias monetarias en favor de la población en pobreza extrema, individuos de la tercera edad, madres solteras u otros grupos vulnerables.

Existen obviamente los férreos opositores a expandir este tipo apoyos. Unos lo hacen desde una perspectiva moral: el sustento debe ganarse con esfuerzo, sudor y lágrimas. Lo que me lleva a recordar que mientras un trabajador mexicano labora en promedio 2,200 horas al año, un alemán lo hace solo 1,600 horas.

Otros combaten la idea del reparto de ingreso con el fantasma de la inflación desatada. Idea incongruente cuando precisamente el problema de la economía mundial es la escasez de demanda frente a la abundancia de mercancías en las bodegas.

Otro argumento en contra es que debido a la incertidumbre la población preferiría ahorrar ese dinero en lugar de incrementar su consumo. Sin embargo, sería fácil evitar este riesgo. El dinero se puede repartir en forma de vales que caduquen en un par de meses, o colocarlo en tarjetas electrónicas que reduzcan el monto disponible cada semana. Si no se gasta se pierde.

Dejo para el último los dos principales argumentos a favor de la propuesta de generar dinero y distribuirlo directamente a la población. Un argumento es que las grandes empresas se resisten a reducir sus ganancias y acumulan riqueza a la que no le dan destino productivo; es más fácil crear dinero y repartirlo a la población que expropiárselo a los muy ricos mediante impuestos. Sería un mecanismo de redistribución del ingreso que fortalecería la equidad y la paz.

El segundo argumento es que el avance tecnológico lleva irremisiblemente al planeta hacia el desempleo mayoritario. El trabajo escasea cada vez más. Frente a ello debemos considerar reducir el número de horas de trabajo; para empezar, no trabajar más que los alemanes o los holandeses. Digamos semanas de 30 horas. Lo que se complementaría con el reparto de ingresos a toda la población para equilibrar la demanda con la oferta real y potencial que ya existe y está en espera de que la gente tenga el recurso para comprar.

La vida no tiene que ser un valle de lágrimas; avancemos en la construcción de un paraíso.

sábado, 8 de octubre de 2016

Montañas de lana

Jorge Faljo

El recién publicado “Panorama Económico Mundial” del Fondo Monetario Internacional –FMI-, está dedicado a la “Debilidad de la Demanda, Síntomas y Remedios”. Siguiendo lo que ya otras organizaciones internacionales habían señalado, ha colocado como eje analítico del estancamiento económico global a la insuficiencia de la demanda.

Porque capacidades para producir hay muchas y, dados los avances tecnológicos, estas siguen potenciándose en nuevos complejos industriales con tecnologías de punta. La digitalización de la información evoluciona ahora hacia la robótica y apunta a las fábricas de alta productividad sin trabajadores. Oferta sobra.

Lo que falla es la demanda. Con menor creación de puestos de trabajo por unidad de mercancía generada se ha creado una sobreoferta de trabajadores a los que se les puede pagar cada vez menos.

El secretario mexicano del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, acaba de decir, repitiendo lo señalado en Davós, que en los próximos cinco años aumentará entre 5 y 50 millones el número de desempleados en el mundo y que en un mediano plazo el 40 por ciento de la mano de obra en Estados Unidos será sustituida por robots.

Incrementar la oferta debilitando a los que pueden comprar es el signo de nuestros tiempos y se presume como incrementos de productividad que supuestamente darían paso al bienestar. Pero la realidad es otra y apunta a tragedia: una concentración de la producción y del dominio del mercado en grandes corporaciones transnacionales, asociada a una brutal concentración de la riqueza en algo así como la millonésima parte de la humanidad.

Lo que tenemos es un empobrecimiento generalizado que golpea incluso al empresariado medio y a los trabajadores ilustrados; el grueso de las llamadas clases medias.

Del otro lado de la moneda lo que existe es el exceso de ahorro corporativo; ganancias acumuladas que no encuentran destino para invertir y tienen crecientes dificultades para colocarse en instrumentos financieros rentables. Los grandes conglomerados transnacionales se encuentran sentados sobre fortunas gigantescas con las que literalmente no saben qué hacer.

Desde el año 2005 Bernanke, que habría de llegar a dirigir la reserva federal norteamericana, advirtió sobre el exceso de ahorro corporativo que abarataba a prácticamente cero el costo del dinero en los Estados Unidos. Solo que en esos años un novedoso, y trucado, esquema de financiamiento canalizó buena parte de ese ahorro hacia préstamos hipotecarios a las familias pobretonas norteamericanas. Pocos años después resultó que millones no pudieron seguir pagando estas hipotecas y perdieron sus casas en una de las peores crisis económicas de los países centrales en este siglo. La otra habría de ser las crisis de deudas soberanas (tipo Grecia, Islandia, Portugal, Irlanda y otros) cuando los gobiernos también enfrentaron problemas para pagar sus deudas.

Cierto que el problema más grave se localiza del lado de los que se endeudaron, los que pierden sus casas y los ciudadanos cuyos gobiernos les ajustan el cinturón. Pero los prestamistas, los ultra ricos también tienen sus preocupaciones. Traumados por esas experiencias donde perdieron parte de sus fortunas ahora simplemente acumulan sus ganancias en montañas de dinero que no le sirven a nadie. Ni a ellos mismos porque protegerlas les implica costos más que ganancias.

Prestarle al gobierno alemán en un bono a diez años significa aceptar una pérdida total del 29 por ciento. Se calcula que hay en el planeta 1.3 billones (millones de millones) de dólares que están depositados en cuentas que pagan intereses porque les cuiden su dinero. Los ultra ricos se compran mansiones, departamentos, yates, obras de arte de millones de dólares, pero no son sino pequeñeces comparadas con sus fortunas.

De un lado fortunas inmensas sin uso productivo; del otro una población mundial con enormes carencias, cientos de millones sin empleo, o con trabajos precarios e indignos y clases medias en deterioro. La situación y su tendencia asustan a los más claros analistas del sistema. El informe del FMI advierte del crecimiento de una inconformidad que ha rebasado al tercer mundo para instalarse como rechazo a esta forma de globalización en los mismos Estados Unidos y Europa.

La solución, señalan, es diseñar el puente que lleve la riqueza acumulada a financiar un gigantesco programa de inversión en infraestructura. El Banco Mundial señala que 1,200 millones de personas no tienen acceso a la electricidad; 663 millones no cuentan con agua potable. Mil millones no cuentan con buenos caminos, lo que los aleja de los centros de educación, salud, comercio y empleos. Cuatro mil millones no tienen acceso al internet. Lo que se necesita, dice, es diseñar proyectos atractivos a los inversionistas. Ahí está lo difícil.

Las corporaciones crecen, como depredadores, comiéndose o destruyendo a las empresas medianas y pequeñas y acrecientan el problema. Carentes de respuestas innovadoras y temerosos del riesgo, los grandes capitales buscan que los gobiernos les creen espacios de inversión con garantías públicas de ganancia. Asociaciones público privadas, pues. Pero son disfraces del endeudamiento que no resisten la radiografía de las calificadoras que colocan a los gobiernos, como al de México, al filo de su capacidad de endeudamiento.

En estas condiciones empiezan a surgir las ideas impensables, revolucionarias, incluso en los centros del pensamiento financiero mundial. Si no se encuentra como dirigir el ahorro corporativo hacia la inversión será necesario hacerlo cambiar de manos. No a sangre y fuego, sino mediante una modificación canija de la estructura fiscal que lo consiga.

Eso antes de que el atrincheramiento parasitario del gran capital se traduzca en algo peor, estallidos sociales o revoluciones políticas no controladas por el poder financiero.

domingo, 2 de octubre de 2016

No lancen piedras

Jorge Faljo

La corrupción es un problema grave en todo el mundo que en México se asocia a la impunidad generalizada. Los hechos de corrupción no se han visto atemperados con algunos casos de grandes corruptos que se vean enjuiciados y lleguen a la cárcel. Tal vez esto cambie pronto, pero de momento el camino es pedregoso.

Enfrentamos un marco legal lleno de agujeros y una operación institucional deficiente. Podría hasta sospecharse que ambos tienen defectos de diseño que pudieran ser intencionales. La idea no es tan extraña si pensamos en la palabra inglesa “loophole”, referida a una ambigüedad, un punto oscuro colocado en las leyes para darle una escapatoria a unos cuantos.

Vivimos días de intensa lucha política que amenaza llevar a varios exgobernadores (o cercanos a serlo) a rendir cuentas ante la justicia. Lo que implicaría romper la barrera de la impunidad histórica que ha protegido a la alta clase política. Sin embargo el proceso deja mucho que desear desde la perspectiva de verdadera lucha contra la corrupción.

Tal vez se entienda mejor esta crítica si pensamos en el caso de Brasil donde las acusaciones de corrupción a Dilma Roussef, la ex presidente recién depuesta y, ahora a Lula Da Silva, el ex presidente anterior, son mero pretexto para destruir la estrategia económica que representan. Lo paradójico es que sus acusadores son notoriamente corruptos.

En aquel gran país sus contrincantes decidieron que eran culpables y luego buscaron con lupa de que acusarlos. Se trata de una contaminación política de la lucha contra la corrupción que la convierte en mero instrumento de conflictos entre grupos políticos.

Lo mismo, de alguna manera, está ocurriendo en México. De ningún modo estoy diciendo que los aquí acusados de corrupción son inocentes; en todo caso sabemos que son notoriamente sospechosos.

Las elecciones del pasado cinco de junio resultaron en un duro revés al PRI que terminó de perder el control de los gobiernos locales en los que vive la mayoría de los mexicanos. El triunfo de varios de los gobernadores de oposición electos se puede atribuir al hecho de que prometieron investigar, demandar y llevar a la cárcel a sus antecesores, por corruptos. Ahora el asunto nodal es si eso ocurrirá.

Veracruz es el caso paradigmático. El 26 de septiembre la Comisión de Justicia Partidaria del PRI nacional suspendió los derechos de militante del aún gobernador, Javier Duarte. Con ello se le descobija políticamente y el partido se intenta colocar ante la opinión pública como un agente anticorrupción activo.

Sin embargo, en lo que parece ser un entramado de complicidades, veinte diputados federales de Veracruz reaccionaron en apoyo de su gobernador. Firmaron un manifiesto en el que declaran su apoyo incondicional al gobernador y refutan las acusaciones que provienen de un adversario político (el gobernador entrante).

Se trata de una rebelión de graves consecuencias, sobre todo si se extiende a otros estados. Podría destruir el control del PRI en el Congreso nacional y llevaría a perder las elecciones presidenciales del 2018. También contribuiría a agravar las tensiones y el encono dentro de los estados afectados.

Pero lo que importa destacar es que las acusaciones provienen, como en otros casos, de un contrincante de alto nivel y los defensores del acusado actúan en estrictas líneas partidarias. Es decir que el asunto no surge y no transcurre dentro del actuar institucional de las agencias encargadas de vigilar, disuadir y, en su caso, sancionar la corrupción.

En Quintana Roo se acaba de conocer que el ex gobernador Borge gastó durante su gestión más de mil millones de pesos en el alquiler de aviones y helicópteros. La nota surge ahora tras el cambio de gobierno; como han surgido muchas otras y cabe sospechar que surgirán cochineros y se sacudirán avisperos en otras entidades.

Lo más preocupante es que las acusaciones de corrupción surgen a destiempo. No de la manera oportuna en que deberían conocerse si funcionaran como deben ser las instituciones anticorrupción y, en particular, las legislaturas locales.

Por el contrario, en los estados se establecen virreinatos de poder unipersonal concentrado, altamente corrosivos de una institucionalidad que debiera funcionar con contrapesos y equilibrios entre poderes que evitaran el exceso de cualquiera de ellos. Esto es lo que hay que corregir a fondo y para ello no bastan brotes esporádicos de combate a la corrupción que sean meros instrumentos de la lucha política.

El presidente Peña Nieto acaba de hacer una declaración controvertida. Dijo “Si hablamos de corrupción, no hay nadie que pueda aventar la primera piedra”. “Porque este tema que tanto lacera, la corrupción, lo está en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos”.

¿Qué quiso decir? La primera interpretación es una aceptación lastimosa de lo extendido de la corrupción. Pero más allá revela preocupación porque los conflictos políticos amenazan con desbordarse y poner en riesgo a toda la clase política. Se trata entonces de un llamado a no lanzarse piedras porque todos tendrían cola que les pisen.

Tal vez la situación demanda este peculiar llamado a la calma. Pero se queda demasiado corto. Urge no solo combatir la corrupción sino restablecer una gobernabilidad democrática mediante una transparencia cotidiana del actuar público basada en la destrucción del poder unipersonal. Se requiere recrear equilibrios y contrapesos entre los distintos poderes estatales, que las instancias anticorrupción funcionen con real independencia y alerten con oportunidad sobre todo exceso.

Hay que democratizar desde abajo Sr. Presidente. O se hunde el bote.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Ayer la fiesta; hoy, la cruda

Jorge Faljo

Hace un par de días el gobernador de Tabasco le dijo al presidente Peña Nieto que su estado requería un trato particular en el presupuesto público del 2017 debido a que por su vinculación con la actividad petrolera estaba siendo particularmente afectado por la caída del precio del petróleo.

A lo que el presidente respondió que ante un entorno internacional adverso el gobierno tenía que hacer un agresivo ajuste presupuestal. La ecuación es, en la perspectiva del presidente, sencilla. Cómo ocurriría con cualquier familia que tiene una caída en el ingreso no se puede seguir metiéndole a la tarjeta, dijo, cuando los ingresos se caen y le corresponde al gobierno apretarse el cinturón, y actuar con sentido de responsabilidad.

Habría que suponer que el presidente y su secretario de hacienda le están dando esta respuesta, o similar, a otros gobernadores, funcionarios públicos y representantes de los intereses afectados por el recorte presupuestal. Que no son pocos e incluso podemos decir que este ajuste nos golpeará a todos los mexicanos. Decir que el gobierno se ajusta el cinturón es una figura retórica; en los hechos nos lo ajusta a los demás.

Podríamos empezar señalando que el paquete presupuestal presentado por la SHCP recorta en 14.8 mil millones el gasto de salud y en 31.6 mil millones el de educación. De modo que lo previsible es un mayor deterioro de los servicios de salud traducibles en semanas o meses de espera para una consulta especializada, ausencia de medicinas y materiales de curación y rechazo de pacientes en emergencia. Y en cuanto a educación seguirá el deterioro de las escuelas mal fabricadas por los contratistas privados, sin agua potable, con baños que no funcionan, con goteras, mal equipadas y con maestros acosados para culparlos del abandono de la educación.

Lo mismo ocurre en rubros de inversión. Reducir en 25.5 mil millones de pesos el presupuesto agropecuario, aunque caracterizado por un desempeño ineficiente o altamente selectivo, nos va a alejar de la meta comprometida de conseguir la seguridad alimentaria en el 2018. Aunque con cinismo podríamos decir que igual el gobierno no pensaba cumplir ese compromiso oficial de generar dentro del país el 70 por ciento de nuestros alimentos básicos. Así que seguiremos importando el grueso de nuestra alimentación.

El recorte en comunicaciones y transportes, medio ambiente, energía y otros implican también deterioro de servicios, de inversiones y empleo, de niveles de vida, que le pegarán a la población y no a los que dicen apretarse el cinturón.

La racionalidad sencilla; se le tiene que quitar al gasto público para pagar los intereses de la deuda del sector público federal que de diciembre de 2012 a mediados de este año creció de 403 a 481 mil millones de dólares. Podríamos decir que tenemos que aguantar la resaca después de la fiesta. Solo que la van a sufrir sobre todo la mayoría de los que no bailaron.

Durante décadas hubo muchos que insistimos en que no podíamos dejar asuntos tan vitales como la alimentación en manos del mercado. Pero la respuesta tecnocrática era tajante: es más barato importar que producirlo internamente. Y cierto que parecía más barato sobre todo porque se pagaba con los dólares fáciles adquiridos mediante la venta país.

La táctica fue general; lo que no se vendió al extranjero lo dejamos sin apoyo, sin posibilidad de crecer, lo dejamos destruirse.

El problema no se limita a la caída del precio del petróleo. De acuerdo al documento que presenta el paquete presupuestal en el primer semestre de este año las exportaciones no petroleras se redujeron en 3.9 por ciento. Y lo que sostiene la economía es el consumo privado; y lo que sostiene al consumo privado es el aumento del crédito. Con esto bastaría para decir que la estrategia económica hace aguas.

Todo el esfuerzo globalizador a la mexicana se orientó a exportar; lo que se producía en México y aquí se consumía no importaba y por tanto no les importó deteriorar el ingreso de los mexicanos hasta arrinconarlos en la miseria. Ahora nos estamos quedando como el perro de las dos tortas; perdimos la que teníamos para comprar un escaparate de modernidad y este se derrumba debido, en parte, a la crisis internacional.

Pero el verdadero absurdo del paquete presupuestal es que no plantea salida alguna al problema de fondo; simplemente espera que la economía norteamericana se recupere y el año que entra se recupere el sector exportador. Lo que es más probable es que no ocurra esto y que en la siguiente oportunidad el banco central norteamericano si eleve la tasa de interés. Entonces aquí habría que apretarnos el cinturón por partida doble: para pagar más intereses y para comprar más caro lo importado.

Es el momento en que debemos revisar opciones de salida. Las hay, siempre las ha habido. Crecer hacia adentro, fortalecer el mercado interno debe dejar de ser mera retórica. Requiere mejorar los ingresos de la población, movilizar las capacidades de producción existentes y protegerlas; reducir importaciones es algo a lo que ya nos obliga el derrumbe del modelo. Hay que conducir esta transformación bajo la rectoría de un estado fuerte y nacionalista. En lugar de correr el riesgo de que nos revuelque feamente el cambio desordenado.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Los socios incómodos

Jorge Faljo

Xi Jinping el presidente de China recién ofreció reducir la producción de acero y carbón de su país. Lo hizo al inaugurar la reunión del G20, a la que acudieron representantes de 34 países, en buena parte jefes de estado.

El ofrecimiento es que China bajará la producción de acero en 150 millones de toneladas anuales en los próximos cinco años. Además, en un periodo que va de tres a cinco años, cerrará minas de carbón con una capacidad de 500 millones de toneladas y reestructurará toda esa industria para bajar la producción en otros 500 millones de toneladas de carbón al año.

Tales metas de reducción de producción de carbón y acero forman parte, dijo Xi Jinpin, de una estrategia de ajustes de la oferta a la demanda. Lo planteó como la contribución de su país al problema mundial de sobreproducción; aparte de subrayar un historial de importantes incrementos de la demanda de su población y la de su país por artículos del exterior. De manera conveniente olvidó que su país vende mucho más de lo que importa y en ese sentido contribuye fuertemente al problema.

En ese encuentro en que todos pregonaron su lealtad al libre mercado, la oferta de China es producir menos por una decisión de política interna y no porque el mercado se lo imponga. Entonces ¿por qué lo hace?

Básicamente porque el mundo está enojado con China por sus estrategias de producción y comercio que le han permitido no solo sobresalir en la competencia comercial sino apabullar y destruir a sus competidores. Eso es justo lo que viene ocurriendo en el caso del acero donde el incremento de la exportación china ha llevado al cierre o disminución de la producción de Europa, India, Estados Unidos y México. Esos cierres y el desempleo generado crean un resentimiento que amenaza traducirse en medidas proteccionistas que afectarían a ese país y a los grandes consorcios internacionales.

Así que Xi Jinpin trata de disminuir ese resentimiento y podría decirse que es el éxito en demasía lo que lo obliga a ser prudente.

No hay secreto en la estrategia china. En lo financiero el país es un exportador de capitales. Ciertamente una paradoja, que un país pobre le preste a uno rico. Pero con eso consiguió que otros países tuvieran dinero para comprarle y encareció los dólares para su propia población. De ese modo amarró el crecimiento de su demanda interna a su propia producción al mismo tiempo que conquistaba el mundo con su producción alentada por su moneda barata.

China acepta la entrada de capitales externos productivos, que le llevan tecnología, pero restringe a los capitales especulativos. Sigue, además, una estrategia de substitución de importaciones bastante efectiva que la convierte en compradora de materias primas e insumos, pero no de manufacturas. China es un país que se sigue llamando comunista pero ha creado un capitalismo peculiar, con alta intervención del estado y bajo una orientación nacionalista.

El notable avance de este país es visto con ambivalencia por el resto del mundo. Su alto ritmo de crecimiento lo convirtió en un importante demandante de granos básicos, minerales, materias primas e insumos que contribuyeron a sostener la producción y los ingresos de muchos otros países. Sin embargo como potencia exportadora de manufacturas ha contribuido a expulsar del mercado a las industrias de otros países, incluso entre las potencias.

Habrá que ver si lo que ofrece Xi Jinpin es suficiente y oportuno.

No lo creo porque el proceso electoral norteamericano, ha permitido al electorado expresar su rabia por la estrategia neoliberal que los ha empobrecido. Lo que va a obligar al gobierno norteamericano a presionar a sus aliados para que le den preferencia en sus importaciones. Solo así podrá enfrentar el desafío chino, relanzar su industria y satisfacer las demandas de su población.

Para México será de la mayor importancia definir su papel económico en relación a los Estados Unidos, sobre todo si ese país modifica su rumbo económico. Podemos quedar como competidores de sus trabajadores, es decir rivales y equiparados con China. O, por lo contrario, podemos redefinirnos como aliados económicos que apoyen una nueva estrategia en beneficio de la producción de ambos países y de sus respectivas poblaciones.

Trump propuso, ante Peña Nieto, cinco acuerdos. El número cuatro fue mejorar el TLCAN y elevar los salarios de los trabajadores de los dos países; el cinco fue conservar la producción de manufacturas y los empleos en “nuestro hemisferio”. Con esas propuestas, el Donaldo cambió su discurso anti México, así fuera de momento, para proponernos una estrategia de cooperación que le haga frente a la competencia de China y, dijo, del resto del mundo.

Además de que la visita fue una pifia ha sido un error no agarrar de la lengua a Trump y aterrizar esas dos propuestas. En lugar de ello se las ignoró hasta hace poco, cuando la secretaria de relaciones exteriores, Claudia Ruiz Massieu, se encargó de responder que no nos conviene renegociar el TLCAN, y que será mejor avanzar al Acuerdo Transpacífico. Un acuerdo que Trump rechaza tajantemente.

No es entendible que si se invita a Trump porque se teme que gane la presidencia norteamericana no se escuchen sus propuestas y se las deseche sin más. Habría sido mejor esperar a que perdiera.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Los agujeros negros de la economía

Jorge Faljo

La Unión Europea recién le ha ordenado a Irlanda que cobre 14.48 miles de millones de dólares en impuestos atrasados a la empresa Apple, fabricante del Iphone y de otros productos electrónicos. Para la Comisión Europea, el gobierno supranacional de 28 países de Europa, Irlanda concedió a Apple ventajas fiscales excesivas, individualizadas e ilegales. Este trato privilegiado permitió que la empresa pagara en impuestos tan solo el uno por ciento de sus ganancias en el año 2003 y la sorprendente cantidad de 0.005 por ciento en 2014.

En opinión del Canciller de Austria, Christian Kern, la decisión es la correcta porque, según dijo, cualquier puesto callejero de salchichas en Viena paga más impuestos que una corporación multinacional, y eso incluye a Starbucks, Amazon y similares. Añadió que los países europeos con muy bajos impuestos corporativos, como Irlanda, Luxemburgo, Holanda y Malta, minan la estructura de la Unión Europea y carecen de solidaridad hacia el resto del continente. En estos países colocan las grandes transnacionales sus oficinas ejecutivas, de ventas o distribución para concentrar sus ganancias de toda Europa y casi no pagar impuestos.

Por su parte el ministro de finanzas de Francia, Michel Sapin, considera que es normal hacer que Apple pague impuestos normales. El jefe de finanzas de la Eurozona, Jeroen Diksselbloem, dijo que Apple no entiende la obligación moral de una gran empresa de pagar impuestos ni la indignación pública ante los manejos de las grandes empresas para evitar el pago de impuestos.

El caso es que la respuesta de Apple ha sido de indignación y declara que irá a los tribunales a defenderse. Lo extraordinario es que el gobierno de Irlanda, que por cierto se encuentra altamente endeudado, y para el que recibir un regalito de 14.48 mil millones de dólares le caería de perlas, también se prepara para defenderse de esa decisión. Alega que esa medida impacta negativamente su estrategia económica para la atracción de capitales externos que generen empleos.

La situación se complica porque la decisión abre la puerta a que otros países reclamen una parte de ese pastel. Austria y España ya estudian como calcular la parte que les corresponde por las ventas de Apple en sus países.

Para la Unión Europea Irlanda hace una competencia desleal que presiona a otros países para ofrecer cada vez mayores privilegios para que las grandes empresas se asienten en su territorio. Apple amenaza reducir en varios miles sus puestos de trabajo en Irlanda, si le cobra impuesto. Sin embargo los tendría que recrear en otros países europeos. Su estrategia es ver quien le ofrece más. Por otro lado no tendría problema para pagar porque cuenta con 231 mil millones de dólares a la mano.

Se trata de un problema generalizado de importancia mundial. Los países compiten por otorgar privilegios a las grandes empresas; no solo les crean legislaciones y tarifas impositivas a modo, sino que incluso les otorgan un trato individualizado. Lo que va en contra de la pregonada libre competencia.

En México es conocido el caso del contrato gandalla entre el anterior gobierno de Nuevo León y la empresa Kia. Pero no es un hecho aislado; los gobiernos de nuestros estados compiten entre sí para generar parques industriales, otorgar subvenciones fiscales, abaratar el precio de los servicios públicos y controlar la mano de obra y los salarios en alianza con sindicatos blancos. Las llamadas Zonas Económicas Especiales están diseñadas para eso; espacios de privilegio fiscal, de infraestructura y servicios para empresas selectas.

De Irlanda a Nuevo León se dice que el interés es generar empleos, pero se trata de un espejismo. Habría mucho mayores beneficios para la población si con mayores impuestos recibiera buenos servicios públicos y si se protegiera el empleo existente. Porque en un contexto de mercado estancado, donde no crecen los salarios, el incremento de la producción transnacional lo que hace es destruir a las empresas menos fuertes.

Aparte de crear escaparates de aparente modernidad existen beneficios ocultos para los políticos que serán subcontratistas de esas transnacionales, reciben beneficios indebidos o, con paciencia, serán recompensados más adelante cuando brinquen al sector privado hacia puestos generosos.

El gran problema de la economía mundial es la debilidad de la demanda (porque producción sobra) y es generado sobre todo por las grandes transnacionales. Estas operan como agujeros negros del ingreso: pagan pocos o nulos impuestos; crean pocos puestos de trabajo a los que pagan salarios “de mercado” que son una porción ínfima de su alta productividad. Sus ganancias en cambio son altísimas, benefician a muy pocos. Al generar mucha producción pero poca demanda “resecan” el mercado y provocan la destrucción no solo de sus rivales, sino de amplios sectores del aparato productivo.

Las transnacionales presumen su competitividad y éxito mercantil, pero operan de manera antisocial. Son los grandes motores de la inequidad, el desempleo y la escasez de demanda que agobian a la economía mundial.

Un agujero negro es, en astronomía, una estrella de enorme densidad y gran atracción gravitacional que se va comiendo a las otras estrellas y planetas de su entorno, creciendo constantemente. Su fuerza de gravedad es tanta que ni siquiera la luz puede escapar. Para allá nos llevan.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Trump: la irracionalidad razonable

Jorge Faljo

Me sumo a la mayoría que opina que la visita de Trump no fue buena para México y si para ese gran farsante. El problema no se encuentra en los discursos explícitos de ambas partes, más bien moderados, sino en haberle construido un escenario de gran ceremonia a alguien que ni por sus posturas previas, ni por su status actual, debió haberlo tenido. Pero lo tuvo y lo aprovechó plenamente para demostrar su dominio del escenario.

Aclaro que no critico el haberlo invitado, sino el formato servil del dialogo. Esto es importante porque a final de cuentas las impresiones visuales y su mensaje implícito cuentan tanto o más, en política, que la substancia del intercambio. Por lo menos es lo que ocurre en estos momentos.

No son malos los argumentos del Presidente Peña Nieto para justificar la invitación a Trump. El dialogo es necesario. Pero de ninguna manera debió darle el carácter de una visita de estado. Debió recibirlo en mangas de camisa, en guayabera en el hangar de algún aeropuerto del norte del país, digamos Chihuahua, Hermosillo o Tijuana. Al salir del encuentro “privado”, habría bastado un simple apretón de manos para declarar, ante un muy selecto equipo de periodistas que el dialogo continuaría. Y retirarse. Si Trump quería hacer declaraciones tendría que haberlas hecho solo, sin la apariencia de respaldo del presidente a su lado.

Encontrarlo a medio camino y contrastar un atuendo casero con el trajezaso del güero le habría dado al encuentro un carácter informal sin agresividad. Lo correcto para tratar a alguien que se piensa que todavía tiene alguna posibilidad, aunque en continua disminución, de llegar a ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

Pero lo que se hizo fue darle una estupenda oportunidad de comportarse como estadista a alguien de quien se sabe que es el gran maestro del escenario y de las impresiones visuales y discursivas impactantes.

Dicho lo anterior insisto en que hay que tomar en serio a Trump. No es un oportunista cualquiera, es alguien que sabe leer el estado de ánimo y los intereses de sus interlocutores para manipularlos a su antojo. Este carácter camaleónico es al mismo tiempo una cualidad política. Él ha sabido leer a sus compatriotas; sus propuestas reflejan adecuadamente la rabia acumulada y las exigencias de cambio de buena parte del electorado de su país.

La respuesta meramente patriotera, de rechazo al que nos ha ofendido, nos impide ver, o tal vez hasta intenta ocultar, lo que vino a proponer. El secretario Osorio Chong, sintonizado con la indignación, ha declarado que se le invitó para hacerle ver la irracionalidad de sus posturas y propuestas.

¿Cuáles propuestas? Trump hizo cinco propuestas ante las que México debería ir preparando respuestas, o contrapropuestas apropiadas. Una respuesta superficial no basta, hay que definir lo que se le va a proponer al próximo presidente norteamericano, quienquiera que sea.

Veamos las propuestas del Donaldo.

La primera es acabar con la emigración ilegal. Es una emigración que ha ocasionado enormes sufrimientos a las familias, a los hijos e hijas abandonados, a los muertos en el camino. Hay que reflexionar y responder que no nos interesa seguir expulsando mexicanos. Pero la solución no es levantar muros, sino instrumentar una estrategia de desarrollo que sea realmente incluyente, que permita permanecer, vivir y prosperar en el suelo donde se ha nacido. Hay que atender el tema ocupacional e incorporar a los marginados a la producción. Esa es la verdadera solución.

Lo segundo que afirma Trump es que cada país tiene derecho a contar con fronteras seguras y que una barrera física puede ser benéfica para ambos si es que elimina el movimiento ilegal de personas, drogas y armas. Podemos estar en desacuerdo, pero no podremos impedirlo; solo los mismos norteamericanos podrían hacerlo. No obstante, podemos responderle que asuma y cumpla el compromiso de su parte de impedir el tráfico de armas del norte al sur.

Su tercera propuesta es desmantelar los carteles de la droga y, Trump repite, evitar el movimiento ilegal de drogas, armas y dinero ilícito. Aquí reconoce que esto va más allá de levantar un muro y que requiere mayor cooperación. Nosotros debemos aceptar que la estrategia mexicana deja mucho que desear. Hay que pensarle mucho más al cómo, sin bajar la guardia en cuanto a dignidad y soberanía. Existe un antecedente histórico digno de tomase en cuenta. La era de la prohibición del alcohol propició una gran criminalidad que solo pudo abatirse cuando se permitió su consumo regulado.

La cuarta propuesta fue fortalecer al TLCAN para conservar la industria dentro de nuestro hemisferio y enfrentar la competencia de China. Hacerlo, dijo, implica elevar los salarios de los trabajadores de México y los Estados Unidos. No solo se revertiría el deterioro salarial de los últimos años (él mencionó 18), sino que está implícito que mejorar el ingreso sería el soporte de la reindustrialización de ambos países.

Debo confesar que la idea de fortalecer el TLCAN como un compromiso entre tres países, y en contra del Tratado Trans Pacífico, me parece viable y favorable para ambos países. Implica que México deje de ser cliente preferente de China para serlo de las manufacturas norteamericanas y, en reciprocidad, los Estados Unidos favorezcan a México en lugar del sureste asiático.

Su quinta propuesta es consecuencia de la anterior: conservar la manufactura y la riqueza en el hemisferio norteamericano e impedir que los puestos de trabajo salgan de México, los Estados Unidos y Centroamérica. En este caso tomarle la palabra nos llevaría a proponerles a los norteamericanos una estrategia de desarrollo compartido. Algo que bien llevado haría inútil la construcción de un muro.

Estas propuestas merecen análisis y respuestas serias. Muchos ni se han enterado del fondo de su discurso; otros pueden creerlo mera palabrería. A los más su estilo ofensivo les hace reaccionar con justificada indignación.

Sin embargo sospecho que existe otro grupo que alienta un patriotismo estéril para no ver, porque no les conviene, sus propuestas anti neoliberales. Trump nos pide cambiar el modelo de desarrollo de manera concertada. Es difícil saber si es mera ocurrencia del momento o posición que habrá de sostener en el futuro.

Lo que no se vale del lado mexicano es un patrioterismo hipócrita precisamente de aquellos que han vendido el patrimonio nacional, que han hipotecado nuestra soberanía y a los que les interesan más sus negocios personales que el futuro de la nación. Bien miradas y adecuadamente diseñadas e instrumentadas, las propuestas de Trump son mucho más convenientes para la mayoría de los mexicanos y para el país, incluyendo soberanía y dignidad, que la continuación del modelo que nos han impuesto nuestras voraces elites.