domingo, 29 de mayo de 2022

Colapso del sistema alimentario. Sálvese quien pueda.

 Jorge Faljo

Estamos inmersos en un conjunto de calamidades, como lo acaba de expresar la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. La pandemia empobreció a cientos de millones y la distribución de las vacunas demostró la falta de solidaridad de los países ricos con los pobres. Los países pobres están más endeudados que nunca.

La estrategia de confinamientos rigurosos en China desarticuló el comercio global de productos industriales y provocó un enorme incremento en los costos del transporte internacional de carga pesada.

Ya casi no hay necios que nieguen el calentamiento global que es cada vez más evidente en forma de oleadas de calor excesivo, incendios, sequías, inundaciones, deshielo de los polos y una lenta pero imparable elevación de los niveles del mar.

Y para colmo, llegó lo impensable; una guerra en un punto neurálgico de Europa por la importancia de su producción alimentaria: Ucrania. Y a la guerra siguieron las sanciones occidentales que paralizan las exportaciones de otra potencia alimentaria, incluso más importante, Rusia. Estos dos países son en conjunto considerados el granero del mundo, de donde salen los alimentos de, sin exagerar, cientos de millones.

Poco después de la invasión rusa a Ucrania el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió del riesgo de quiebre del sistema alimentario global y eso es justo lo que ahora vive el planeta. La producción y distribución de alimentos en el mundo, y de hecho todo el comercio internacional, no era conducente a la equidad y el bienestar de la mayoría. Pero al menos parecía previsible, confiable.

Un gran número de países, con cientos de millones de habitantes, confiaron en ese sistema para conseguir sus alimentos. Se pregonaba, incluso los más poderosos exigían que la seguridad alimentaria dependiera de las importaciones de los países más competitivos. Así era también para la ropa, el calzado, los automóviles, los electrodomésticos, los aparatos electrónicos, todo tipo de utensilios, herramientas, maquinaria y componentes de la producción.

Se llegó a niveles de dependencia extrema, más allá de lo razonable, incluso en lo más vital para la supervivencia de los pueblos.

No todos aceptaron ciegamente esa estrategia. China sigue desde hace décadas una exitosa estrategia de substitución de importaciones y autosuficiencias estratégicas que la han convertido en gran potencia. Rusia aprendió de las sanciones que le aplicaron en 2014 que debía lograr su independencia alimentaria y en ocho años se convirtió en gran potencia exportadora de granos. Fueron excepciones. Casi todos los demás países ahora sufren las consecuencias de una fe excesiva en el mercado global.                                                                                                                                                                                                                                                 

El problema neurálgico del momento es el colapso del sistema alimentario. Para empezar hay un enorme problema de distribución de existencias. Cerca de 25 millones de toneladas de cereales se encuentran bloqueadas en Ucrania, otros millones de toneladas de cereales y de fertilizantes se encuentran bloqueadas por las sanciones en Rusia.

Estados Unidos, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial del Comercio exhortan a que todos los países mantengan sus mercados agropecuarios y de alimentos abiertos y transparentes; sin acaparamientos ni medidas restrictivas a la exportación de alimentos y fertilizantes. De otro modo, señalan, se incrementará la volatilidad del mercado y el sufrimiento de las personas más vulnerables.  

No obstante no se suman al llamado del Secretario General de las Naciones Unidas a un armisticio inmediato y a un cese de las sanciones que permita la salida simultanea de los cereales disponibles en Ucrania y Rusia.

Pero el temor al desabasto y al incremento de los precios a un nivel tal que su propia población no pueda pagarlos hace que muchos países estén desoyendo el llamado a que siga operando un libre comercio alimentario herido de gravedad.

Indonesia, el principal exportador, prohibió a finales de abril la exportación de aceite de palma. India el mayor importador protestó. Posteriormente Indonesia cambió la prohibición por una regla menos tajante que permite la exportación siempre y cuando permanezcan dentro del país reservas de 10 millones de toneladas de aceite. 

Hace 15 días el gobierno de India prohibió todas las exportaciones privadas de trigo con excepción de las ya contratadas con anterioridad. Declaró que tal medida era necesaria para su propia seguridad alimentaria y que al mismo tiempo le permitiría apoyar a países vulnerables. Más de 40 países han manifestado su interés en comprarle el cereal. Con esta medida su venta se convierte en un asunto que no depende del libre mercado sino de intereses y decisiones de política internacional. 

En Europa, Hungría prohibió la exportación de granos y Moldavia la de trigo, maíz y azúcar. Bulgaria ha decidido hacer compras públicas de grano para asegurar el abasto de la población. Eslovaquia está en vías de modificar un reglamento que le permita exigir la autorización gubernamental para todo cargamento de exportación de alimentos superior a las 400 toneladas. Su autorización dependerá de una evaluación de la suficiencia del abasto interno.

La dirigencia de la Unión Europea se ha manifestado decididamente en contra de estas medidas que fracturan la unidad de sus países y atentan contra el libre comercio al interior de la Unión.

Argentina y Rusia tienen impuestos a las exportaciones. China, Ucrania y Rusia han prohibido la exportación de fertilizantes. Aunque esta última dice que esto se debe a las sanciones que limitan el transporte naval.

Otros países han prohibido algunas exportaciones. Entre ellos Argelia, Egipto, Irán, Kazajstán, Kosovo, Turquía, Serbia, Túnez y Kuwait. Las exportaciones más prohibidas son las de trigo, maíz, harinas, aceites comestibles y azúcar.

La lista de países y prohibiciones no puede ser detallada ni exhaustiva porque crece en la medida que se expande la incertidumbre. Muchos países no se suman a este tipo de medidas porque son predominantemente importadores y les preocupa más que sus proveedores les restrinjan las ventas.

México debe crear por ley la facultad de establecer aranceles a exportaciones estratégicas en circunstancias extraordinarias. Solo sería aplicable en circunstancias excepcionales; pero el futuro es incierto. Y para nuestras importaciones, esperamos que nuestros vecinos no impongan restricciones, porque si de autosuficiencia alimentaria se trata, andamos en la banqueta.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Jinetes del apocalipsis; el mundo Implora que salgan las cosechas

 Jorge Faljo

La preocupación internacional es creciente; está a la vista el peligro de una hambruna en la que podrían fallecer millones de personas, empobrecerse cientos de millones y generar revoluciones sociales que tiren gobiernos.  

Los mayores productores de trigo del planeta son China, India, Estados Unidos, Canadá y Europa. Los dos primeros son también los mayores productores de arroz.

No obstante Ucrania y Rusia son los mayores exportadores de los más importantes alimentos, trigo, aceite de girasol, maíz y cebada entre otros. Cientos de millones dependen de sus exportaciones para alimentarse y sobrevivir. Es una pésima herencia de haber dejado en manos del mercado global la seguridad alimentaria del mundo. Con esa realidad hay que afrontar un desastre mayor al mismo tiempo que se sientan las bases de un cambio.

El hecho es que la guerra está impidiendo la salida de alrededor de 25 millones de toneladas de granos que se encuentran en los silos repletos de Ucrania. Urge la salida de esos alimentos para evitar lo peor del “huracán de hambruna”, del que habló el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres.

Usualmente el 90 por ciento de las exportaciones de granos de Ucrania salen por vía naval atraviesan el Mar Negro y llegan al mediterráneo y donde una parte sigue por el canal de Suez y el mar rojo. De ese modo llegan a numerosos países de África y Asia.

En parte son ventas directas, pero Ucrania es también el principal abastecedor del Programa Mundial de Alimentos que los distribuye a 95 millones de las personas nutricionalmente más vulnerables en cerca de 80 países. Este abastecimiento, el de los más pobres está suspendido por el cierre de los puertos de Ucrania debido a la guerra.

La Unión Europea esta organizando una red de transporte de emergencia desde los silos de Ucrania hasta los puertos del mar Báltico. Implica coordinar la operación de los sistemas ferroviarios, de almacenamiento y el transporte pesado de Eslovaquia, Polonia, la república Checa y Rumania. Enfrenta fuertes problemas logísticos entre otras razones porque el ancho de las vías ferroviarias de Ucrania es distinto al de la Unión Europea y el traslado de un ferrocarril a otro se toma 16 días en promedio. También se necesita modificar las regulaciones de estos países.  

Aun así, algunos calculan que el transporte terrestre no podrá movilizar más de un 20 por ciento de lo almacenado.

No sacar esos alimentos tendría fuertes consecuencias para la futura producción de Ucrania. La siguiente cosecha, que se levantará en julio y agosto, no tendría donde almacenarse y podría echarse a perder. Además, si no se vende lo almacenado no se tendrán recursos para la siguiente siembra. Esto haría realidad la predicción del presidente Macron, de Francia, que la situación empeorará en 12 a 18 meses.

Solo queda conseguir lo imposible. Sacar los granos almacenados por vía marítima, por los puertos ucranianos ahora cerrados, en particular el de Odessa. Para conseguirlo hay tres posibilidades sobre la mesa.

Una es la exigencia occidental de que Rusia deje, sin más, de bloquear la salida al mar Negro. Los medios señalan con insistencia que si Rusia no permite esa salida la hambruna será su culpa. Solo que no parece viable que haya un cese al fuego parcial y unilateral; tendría que ser parte de un acuerdo amplio entre Ucrania, Rusia, Estados Unidos y la OTAN que tome en consideración los intereses de todas las partes.

La segunda posibilidad es la enarbolada por los Estados Unidos; se trata de apoyar fuertemente la capacidad militar de Ucrania para que derrote a Rusia, recupere los territorios perdidos, y pueda volver a hacer funcionar sus puertos. Con el riesgo de que el escalamiento del conflicto lleve a incluso al uso de bombas nucleares tácticas por parte de Rusia. Esta tremenda opción es parte del análisis habitual de analistas y altos funcionarios de todo el mundo.

Cierto que se puede apostar a que Rusia pierda la guerra y no emplee bombas atómicas. Lo que no sería racional es pensar que esto ocurra en las próximas semanas y se logre sacar esos millones de toneladas almacenadas, para dar espacio en los silos a la próxima cosecha. Es decir que la derrota de Rusia no evitará la hambruna.

La tercera posibilidad es la planteada por el secretario general de las Naciones Unidas al demandar un doble compromiso que permita las exportaciones por los puertos ucranianos y que al mismo tiempo haya un acceso irrestricto, sin impedimentos indirectos, de los alimentos y fertilizantes de Rusia a los mercados mundiales.

Guterres declara que ha estado en intenso contacto con Rusia, Ucrania, Turquía, los Estados Unidos, la Unión Europea y otros países clave y se encuentra esperanzado pero el camino a recorrer es largo. Por sus implicaciones en seguridad, económicas y financieras la propuesta requiere, dijo, de la buena voluntad de todas las partes. No entró en mayores detalles para no afectar la negociación.

Es no obstante evidente que está hablando de un acuerdo que no solo permita la salida del grano ucraniano por sus puertos, sino que se eliminen los impedimentos indirectos, es decir las sanciones a las transacciones financieras con Rusia, las limitaciones a la movilidad de su flota de carga y las que crean temor en las flotas de carga bajo otras banderas.

Hay que recordar que Rusia exporta más del doble del trigo que Ucrania y que es una potencia alimentaria mayor que Ucrania. El mundo requiere del abasto alimentario que proporcionan ambos países. De otra manera una solución incompleta no elimina el espectro de la hambruna que se cierne sobre el mundo.

Solo que la solución ideal, que el mundo tenga acceso a los alimentos de los dos países solo es posible si los contendientes, incluyo a los que le echan leña al fuego, aceptan que no pueden ganar. Seguir en guerra implica la destrucción de Ucrania que, además, quedará endeudada durante generaciones. Basta recordar que Inglaterra y Rusia terminaron de pagar la ayuda militar norteamericana que obtuvieron durante la segunda guerra mundial apenas a principios de este siglo.

Llegar a un acuerdo solo es posible si todas las partes se conforman con menos de lo que ahora quieren.

Es el momento de que la humanidad les exija a las potencias que lleguen a un acuerdo, un armisticio duradero que permita la salida de esos alimentos, porque el caballo negro del apocalipsis ya nos viene pisando los talones.

martes, 17 de mayo de 2022

La pandemia en China; el terror del triunfo

 Jorge Faljo


En su lucha contra la pandemia China sigue una estrategia llamada “Cero Covid” cuya principal característica, aparte de la aplicación masiva y repetitiva de pruebas clínicas, es el confinamiento obligatorio y riguroso de la población.

Las imágenes de la aplicación de esta estrategia de confinamiento obligatorio y riguroso son escalofriantes. Masas que corren escapando de centros comerciales donde se detectó alguien con Covid-19 ante inminente cierre de las puertas y el traslado de todos a centros de aislamiento para la gente que tuvo contacto con un enfermo. Gente que grita en las ventanas de los edificios de departamentos protestando por su encierro y en algunos casos por la insuficiencia de agua y comida.

Edificios de departamentos cuyas puertas son literalmente soldadas para impedir toda entrada o salida. En estos casos se dependerá de la distribución pública de agua y alimentos que no siempre funciona bien o les lleva productos que no son de su agrado. Familias que son encerradas en sus casas o departamentos o trasladadas a los centros de aislamiento y, en este último caso la muerte inmediata de mascotas que no pueden ser llevadas a esos centros. Situaciones en las que padres e hijos son separados. Imágenes de personas cuyo torso y piernas son literalmente envueltos en plástico como manera de inmovilizarlos cuando se oponen a ser traslados.

Grupos en trajes que parecen espaciales esparciendo desinfectantes por todas partes en ciudades fantasmales por la total ausencia de tráfico y paseantes.

En estas condiciones llevan seis semanas los 26 millones de habitantes de Shanghái y alrededor de otros 350 millones de personas en más de 45 ciudades de China. China está logrando contener la expansión de la pandemia, pero lo hace a un costo enorme en sacrificio del bienestar, en desesperación, angustia y salud mental de su población. Eso sin mencionar la paralización económica, el cierre de empresas, la pérdida de empleos y el empobrecimiento de la población.

Hace unos días el director general de la Organización Mundial de la Salud, Dr. Tedros Adhanom, declaró que la estrategia de Cero Covid era insostenible debido a la alta transmisibilidad de la variante Ómicron. China debería reconsiderar. La respuesta oficial del ministerio de asuntos exteriores fue que evitara hacer comentarios irresponsables y que sea más objetivo en su análisis de la estrategia.

El hecho es que la situación es muy complicada. Un estudio reciente de científicos chinos y norteamericanos, publicado en una revista médica, indica que el abandono de la estrategia de confinamiento provocaría unos 112 millones de casos sintomáticos, más de cinco millones de hospitalizaciones, de las que más de la mitad sería a terapia intensiva y alrededor de 1.6 millones de muertes. Algo desastroso en términos humanitarios y también en términos políticos.

Hay que tomar en cuenta que en los dos años que lleva la pandemia han muerto de Covid-19 en China algo más de 5 mil personas. Es decir que China había triunfado contra la enfermedad en comparación al millón de muertos en los Estados Unidos. Y este notable éxito ha sido proclamado a los cuatro vientos por las autoridades del país como el triunfo de su sistema político en comparación al de las naciones industrializadas de occidente.

China contuvo de manera muy eficaz a las anteriores variantes del virus gracias a la doble estrategia de aplicación masiva de pruebas clínicas para descubrir los casos asintomáticos y de confinamiento riguroso de la población. Paradójicamente mientras las pruebas y el confinamiento han sido obligatorios, no se ha exigido que la población se vacune. El caso es que gran parte de la población se encuentra insuficientemente vacunada. La población de mayor edad, la más vulnerable, es la que menos se ha vacunado aprovechando que no parecía necesario debido al éxito del confinamiento.

Hay dos maneras de adquirir inmunidad contra el virus; una es la inmunidad adquirida por vacunación y la otra es la inmunidad natural inducida por el contacto directo con el virus.

Si comparamos la situación con África veremos que en ese continente la pandemia está en pleno retroceso. En la última semana fallecieron en todo el continente un total de 166 personas por coronavirus. La única explicación posible es que prácticamente toda la población ya tuvo contacto con el virus, tuviera o no una enfermedad sintomática, y cuenta con un alto nivel de inmunidad natural.

Otras regiones del planeta tienen altos niveles de inmunidad debido a la combinación de inmunidad por vacunas y la mejor forma de inmunidad, la que proporciona la enfermedad.
Pero China, con casi el 20 por ciento de la población mundial tiene un importante porcentaje, casi el 80 por ciento de su población más vulnerable, los ancianos, que no están vacunados o que no han recibido segunda dosis ni refuerzos. Además, la población en general no tiene inmunidad natural debido al notable éxito de la estrategia de confinamiento en el pasado.

China se encuentra en un callejón sin salida. El costo humano y económico de continuar con el confinamiento es demasiado alto para ella y para todo el mundo. Suspender el confinamiento llevaría a lo impensable, ser derrotada por la pandemia con un enorme costo político.

La única salida posible es estrecha. Urge una fuerte promoción de la vacunación en la población más vulnerable aunada al reforzamiento de la infraestructura hospitalaria general y de cuidados intensivos, a la capacitación de personal médico y la distribución de los insumos que serán necesarios si se incrementa el número de casos de enfermedad severa.

Lo más probable es que China tenga que navegar entre dos extremos: flexibilizar el confinamiento con sus malas consecuencias y apresurarse a extender la vacunación y mejorar su sistema sanitario, incluso aceptando el apoyo del exterior en ambos casos.
Se trata de un camino muy delicado en el que solo puede permitirse abandonar los confinamientos en la medida en que pueda proteger a su población por otros medios.


martes, 10 de mayo de 2022

Crisis alimentaria y nueva estrategia de desarrollo rural

 Jorge Faljo

Pronto enfrentaremos en México fuertes presiones tendientes a agravar el deterioro de la alimentación. Según la Organización Mundial de la Alimentación entre 2001 y 2019 el número de mexicanos desnutridos, una situación compatible con el sobrepeso, subió de 3.3 a 9.2 millones. Esto hace que cada mexicano pierda, en promedio, 4.2 años de vida debido a enfermedades asociadas tales como diabetes y cardiopatías. Además, se generan incapacidades tempranas que empobrecen a las familias, tienen impactos que afectan a las siguientes generaciones y tienen un alto costo para la sociedad.

La pandemia empeoró esta situación y ahora se nos avecinan los impactos inescapables de una crisis alimentaria global que se origina en la guerra en Ucrania y en las sanciones que Estados Unidos y sus aliados europeos le han impuesto a Rusia. El problema es que la región en conflicto es llamada el granero de Europa, y de hecho del mundo, por su gran importancia en la producción para el mercado global de trigo, aceite de girasol y otros granos. Además es importante proveedora de fertilizantes y energéticos.

El problema va a empeorar en 12 a 18 meses debido a que no se puede sembrar en Ucrania y a que el alto precio de combustibles y fertilizantes obstaculizará las siembras en prácticamente todo el mundo.

Alguien que no acostumbra ser alarmista, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterrez, habla de hacer todo lo posible para evitar un huracán de hambruna y el colapso del sistema alimentario mundial.

Que el sistema alimentario pueda colapsarse es un hecho. Durante décadas se propició que un gran número de países elevaran su dependencia de las importaciones para alimentar a su población. El argumento es que es más barato importar que producir internamente.

Buena parte del mundo cayó en la trampa de olvidar que los alimentos son un insumo estratégico de la supervivencia y bienestar de la población y de la estabilidad social.

El año pasado México fue el principal importador de maíz del mundo, con algo más de 17 millones de toneladas; los cereales que consumimos provienen en un 54 por ciento de importaciones, así como prácticamente el total de los fertilizantes que requiere la producción agrícola convencional. El superávit agropecuario que justificaba los apoyos a la exportación y el descuido de la producción interna se redujo en un 40 por ciento.

No nos queda sino instrumentar medidas inusuales para contener el incremento de los precios de la canasta de consumo básica. Pero eso no es suficiente. Hay que atender a la raíz del problema y hacer un gran esfuerzo por incrementar la producción interna en dos vertientes paralelas: la producción de la agricultura moderna industrializada y, por otra parte, la pequeña producción convencional campesina.

Ambas enfrentarán importantes dificultades; en la agricultura moderna el encarecimiento o incluso desabasto de insumos fundamentales como combustibles y fertilizantes. En la economía campesina un problema fundamental es el acceso al mercado de una producción no competitiva.

Lo esencial será aplicar la insistente recomendación de la FAO, que nunca se atendió, de diseñar estrategias diferenciadas por tipo de productor. En lugar de ello se ha seguido una estrategia de apoyo a la agricultura moderna mientras que a la producción campesina se le recetaba lo mismo, en forma de caricatura, con la idea de que algunos pocos de estos productores podrían ser “viables”, es decir competitivos en el mercado nacional – globalizado.

Nunca funcionó esta idea, pero propició una estrategia de “desarrollo rural” basada en la distribución de algunos elementos que, como en aparador, parecen distinguir a la agricultura comercial. Y así, el estado no ha sido capaz de dar un trato apropiado a la mayoría de los productores rurales.

La muy poca asistencia técnica prestada operó como agente de productos comerciales adquiridos por el sector público de manera centralizada. Se distribuían productos que los campesinos nunca comprarían con su propio dinero, pero… dadas hasta patadas. Esta falsa modernización sembró cientos de miles de inútiles ratoncitos, que no elefantes, blancos para atender nichos del mercado sin ocuparse de lo fundamental, el acceso a la comercialización.

Reorientar con urgencia la estrategia de desarrollo rural requiere en primer lugar de una verdadera interlocución con los productores más desatendidos. Los programas públicos acostumbran generar sus propias micro organizaciones de productores con las cuales “dialogar”. Se generó así un gran entramado de falsas representaciones destinadas a fingir y evitar el dialogo.

Valga un ejemplo. En 2020 SEGALMEX formó 24 mil comités de contraloría social, cada uno de los cuales sin ninguna fuerza de negociación y enfocado en un micro segmento de su operación. Al mismo tiempo SEGALMEX y DICONSA rompieron el dialogo con la organización campesina que opera las cerca de 30 mil tiendas rurales. No es un caso aislado, sino la forma típica de operación institucional.

Hay que modificar a fondo la interlocución con los productores, sus pueblos y comunidades.

Lo fundamental de una nueva estrategia es orientarse a la reactivación de capacidades productivas que son técnicamente viables, pero no lucrativas en el mercado nacional. A los productores campesinos hay que generarles un nuevo mercado, básicamente ellos mismos, donde puedan colocar su producción. El eje de esta operación sería la distribución creciente de transferencias sociales por medio de las tiendas de Diconsa y en forma de vales para adquirir bienes de una canasta básica producidos en la localidad, la región o el país. Es decir que, a diferencia del diseño neoliberal impuesto en la administración de Salinas, las tiendas deben hacer compras locales. Lo que la población rural pide desde hace mucho.

Con la comercialización interna las transferencias adquirirían un doble papel: apoyar el consumo básico de la población más vulnerable y promover la reactivación de capacidades productivas campesinas y agroecológicas. Las actividades de productores no modernizados no son competitivas en el mercado globalizado, pero deben considerarse estratégicas para el bienestar de la población y ser objeto de una política particular.

martes, 3 de mayo de 2022

Pandemia; recuento global, bien por África

 Jorge Faljo

México, los Estados Unidos, Europa, África y China transitan hacia una nueva fase de la pandemia, pero no todos en la misma dirección ni con la misma estrategia. Lo primero que hay que decir es que los casos y muertes por Covid-19 siguen existiendo, que son importantes sobre todo en algunas regiones, pero que están disminuyendo rápidamente en prácticamente todas partes.

Sin embargo, las diferencias en el impacto de la enfermedad, y en las estrategias para enfrentarla son abismales.

La Organización Mundial de la Salud indica que en la semana del 18 al 24 de abril de 2022 se reportaron 2 mil 354 muertes por Covid-19 en los Estados Unidos y 6 mil 811 en Europa. En agudo contraste las muertes por la enfermedad en África, es decir en todo el continente, fueron únicamente 185, en India ascendieron a 442 y en China a 215.

Estados Unidos, la mayor potencia del planeta, sede de los mayores avances tecnológicos en producción de vacunas y en la que el 66 por ciento de la población tiene el esquema de vacunación completo, sigue estando a la cabeza en cuanto a mortalidad por la pandemia. África, con un 16 por ciento de la población con esquema de vacunación completo, es decir la región menos vacunada del planeta, es la que tiene hoy en día la menor mortalidad por la enfermedad.

La clave para entender esta paradoja se encuentra en la inmunidad natural generada por la enfermedad y no tanto en la aplicación de las vacunas.

Datos provenientes de la revisión de muestras sanguíneas en los Estados Unidos revelan que en diciembre de 2021 cerca de la tercera parte de la población se había infectado de Covid-19, al fin de febrero de 2022 la tasa de infectados se elevó de manera sorprendente al doble, al 60 por ciento de la población incluyendo al 75 por ciento de los niños. Ómicron, la familia de variantes que se expande con mucha mayor rapidez que las anteriores fue la que produjo este incremento de infectados, por lo menos 190 millones de norteamericanos. Dada la rapidez de la difusión de la enfermedad entre diciembre y febrero es posible suponer que hoy en día, a fin de abril, casi toda la población haya sido infectada y los norteamericanos tengan un muy alto nivel de inmunidad debido tanto a las vacunas como a la inmunidad natural, la mejor de todas y la más duradera, generada por la enfermedad.

Los datos de infectados derivados de las muestras de sangre no concuerdan con las cifras oficiales de infectados debido a que la enorme mayoría del por lo menos centenar de millones de infectados con Ómicron no presentaron síntomas, o lo hicieron de forma muy leve.

Este alto nivel de inmunidad le permite ahora al Dr. Fauci, asesor médico principal de la Casa Blanca declarar que los Estados Unidos han superado la fase epidémica de la pandemia, para pasar a una nueva fase endémica, de convivencia y control de la enfermedad. En este contexto las autoridades sanitarias y los medios expresan con gran énfasis que hay que seguirse vacunando, recibiendo refuerzos y expandiendo la administración de vacunas a los niños.

Dinamarca por otra parte es el primer país que suspenderá su programa de vacunación a mediados de mayo porque considera que dado el alto nivel de inmunidad de la población la enfermedad ya no constituye un riesgo mayor. Desde hace un par de meses su autoridad sanitaria dijo que era inútil tratar de impedir la expansión de la variante Ómicron y había que dejarla correr entre la población. Desde entonces suspendió todas las restricciones a la movilidad, el uso de tapabocas y medidas de higiene. Hoy en día tiene 733 personas hospitalizadas, 13 en cuidados intensivos y en su último reporte fallecieron 4 personas en un día.

China enfrenta un repunte de Covid-19 y ha respondido con el reforzamiento extremo de las medidas de confinamiento de la población. Cerca de 185 millones en una veintena de ciudades, incluidas las principales, Beijing y Shanghái, se encuentran confinados. Muchos de ellos en condiciones extremas, separando a los niños de sus padres, enviando gente al equivalente a campos de concentración de infectados o encerrando a la gente al grado de soldar las puertas de edificios o cercar con vallas unidades habitacionales en las que los residentes pasan a depender enteramente de la distribución de paquetes de alimentos por agentes del gobierno. Y esa distribución no siempre funciona bien.

La estrategia de confinamiento permitió que en toda la pandemia solo haya tenido alrededor de 5 mil muertos. Y el gobierno chino lo ha presumido a toda voz como una estrategia muy superior a la de los Estados Unidos y otros países industrializados.

En China es baja la vacunación completa de la población anciana por desconfianza. Lo que no importó cuando el confinamiento fue efectivo en 2020. Pero la estrategia está fracasando frente al Ómicron y el país está en un callejón sin salida. Si abandona el confinamiento ocurrirán más muertes que las muy pocas acumuladas hasta ahora y eso es políticamente inadmisible.

Así que el confinamiento se refuerza en China y la situación amenaza con volver a generar un dislocamiento de cadenas de producción con efectos disruptivos e inflacionarios en todo el mundo.

Mientras se atendía a la población de países de altos y medianos ingresos el ritmo de aplicación era de más de 40 millones de vacunas al día. Hoy en día es de apenas 11 y medio millones. El hecho es que la solidaridad en la vacunación fue un fracaso estrepitoso y África presenta las tasas de vacunación más bajas… y el menor número de muertes.

Lo que ocurrió es que la enfermedad, en particular la variante Ómicron, se difundió incluso con mayor celeridad que lo ocurrido en los Estados Unidos dadas las condiciones de hacinamiento y menores medidas de protección. Así fuera a un importante costo inicial, la difusión de esta variante elevó los niveles de inmunidad natural de la población de África al grado de ahora es la más protegida del planeta.

Las grandes farmacéuticas buscan seguir vacunando lo más posible mientras que los gobiernos y los medios cooperan ocultando que la mejor inmunidad es la natural y que ya prácticamente toda la población tiene altos niveles de protección. Esto no es negar que las vacunas tuvieron una contribución fundamental ante las variantes anteriores, mucho más letales. Y siguen siendo importantes para algunos grupos muy vulnerables. Solo que en lo fundamental ya cumplieron su papel.  

Tan solo duplicar el porcentaje de vacunados en África, del 16 al 32 por ciento, implicaría un costo económico demasiado alto para sus gobiernos en un momento en que a la mayoría de la población ya no le interesa. Lo mejor sería un cambio de prioridades y aplicar esos recursos económicos a la descuidada vacunación contra el sarampión que presenta un riesgo mucho más grave para la niñez del continente. También sería útil combatir otras infecciones mediante, por ejemplo, un mejor acceso al agua potable, o prepararse ante la muy real amenaza de desabasto alimentario.

En México ya se anunció el fin de la fase epidémica; ya puede abandonarse el uso de tapabocas y los trapitos para mojarse los zapatos y enlodarlo todo. No se acaba la enfermedad, pero todo indica que muy probablemente estamos bastante inmunizados, con vacunas e incluso sin saberlo de manera natural. Podemos convivir con el Covid-19, como lo hacemos con la influenza o la gripa y recuperar la normalidad en nuestras vidas.