domingo, 22 de marzo de 2020

Ante la marejada, audacia

Jorge Faljo

Según declaró Alicia Bárcena, la estupenda mexicana que dirige la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe – CEPAL-, el Covid-19 tendrá un efecto devastador en la economía mundial incluyendo, obviamente, a los países de América Latina. El año pasado el estancamiento económico predominó en toda la gran región y este año será peor. Aquí conviene recordar que algunas proyecciones sobre el comportamiento de México nos asignan una caída de hasta el 4 por ciento de la producción.

Siguiendo a la señora Bárcena, el número de pobres en América Latina subiría de 185 a 220 millones de personas y el de personas en pobreza extrema, es decir miseria y hambre, podría aumentar de 67.4 a 90 millones. Importa recordar que México tiene una cantidad desproporcionada de la población en condiciones de subalimentación, alrededor de 25 millones de habitantes de acuerdo al Coneval.

Varios factores lo explican nuestro modelo de crecimiento empobreció más a los mexicanos que al resto de los latinoamericanos; los salarios son bastante menores y para ganarlo se tienen que trabajar más horas. Otros países redujeron notablemente su población en la indigencia mediante transferencias sociales en la primera década de este siglo. Aquí se invitó a Lula, el presidente de Brasil que redujo fuertemente la indigencia de aquel país a inaugurar nuestra supuesta cruzada contra el hambre; una farsa que terminó en fracaso en buena medida por su manejo corrupto.

Enfrentaremos la pandemia con un sistema de salud debilitado al que en lugar de inyectarle recursos se le abandonó para, en cambio, pagarles seguros y hospitalización privados a una minoría de funcionarios. Tenemos, además, una población mal nutrida y obesa, con alta proporción de enfermedades crónico degenerativas.

El planeta no está preparado para combatir la pandemia. Ni en su estructura hospitalaria, ni en cuanto a redes de seguridad social que cubran al total de su población. Todo apunta a que el ramalazo será terrible. Pero soy optimista. No en cuanto al ramalazo, sino a que esta crisis será la lápida del neoliberalismo en sus peores expresiones. La gota que derrame el vaso de un modelo mundial fracasado por la inequidad extrema que ha generado y la manera en que nos ha colocado en enorme fragilidad sanitaria, financiera, productiva, ambiental.

Otros países en contra de sus convicciones neoliberales se ven obligados ante una población ya muy descontenta a tomar medidas a su favor. En el mundo industrializado se generalizan los bonos extraordinarios a toda la población para que pueda atenuar la caída de ingresos; en algunos se suspende el pago de impuestos para los trabajadores, y también el cobro del agua, gas, electricidad y alquileres.

En Francia Macron, su presidente, promete que ninguna empresa francesa quebrará y no se perderán los empleos. En Estados Unidos ese gran país que no cuenta con un sistema de salud pública tendrá que atender gratuitamente, aunque no les guste a los republicanos, a la población sin seguro médico.

Aquí en México es inevitable que suban las voces que exigen un Estado fuerte, y no el gobierno enano que nos heredaron décadas de privatizaciones, achicamiento y privilegios fiscales a los extremadamente ricos. Ya existe la vocación por los pobres; ahora habrá que cobrarles a los ricos una contribución justa. Por lo menos a los mismos niveles de impuestos de la gran mayoría de países.

Habrá que derrumbar el mito de que un Estado fuerte, conductor de la economía, es incompatible con un sector privado vigoroso. China lo demuestra; en ese país comunista las empresas privadas y los muy ricos han prosperado sobremanera. Nuestra historia también lo demuestra; en el periodo de alto crecimiento del siglo pasado teníamos un Estado fuerte, con un gran entramado de empresas públicas que regulaban la economía, y en esas décadas creció como nunca el sector privado.

Estamos amarrados al pasado no solo por la debilidad heredada sino por otros dogmas. Entre ellos el de la estabilidad y el peso sobrevaluado, que por décadas han obstruido el crecimiento.

Ernesto O’Farril, presidente de una casa de bolsa señaló que todos los bancos centrales bajan la tasa de interés y entran a políticas extremas de inyección de dinero. Pero en el caso de México el problema es que hay un tipo de cambio muy alto y si baja la tasa puede generar mayor presión cambiaria. Banco de México está amarrado a la ortodoxia de la defensa de una paridad indefendible. Esperemos que no repita lo hecho en 1994, gastarse las reservas para posponer y hacer mucho peor lo inevitable.

Mientras que en otros países los dirigentes se ven obligados a abandonar su neoliberalismo extremo en México un gobierno que se considera no neoliberal puede encontrar en esta crisis la oportunidad para crecerse ante el castigo y dar un golpe de timón.

Un rumbo orientado a un crecimiento industrial autogenerado, en el que la inserción en lo global no sea explotando a los trabajadores.

Ya tronó la vía exportadora mediante una industria de ensamble de capital externo. De balde se sacrificó la industria nacional orientada al mercado interno. Habrá que retomar el camino del crecimiento hacia adentro. Y los primeros pasos pueden darse no tanto con inversiones de lujo sino mediante la reactivación de capacidades subutilizadas y un gasto público orientado a mejorar lo urgente, salud, educación, alimentación, espacios urbanos.

domingo, 8 de marzo de 2020

Un clavo en el zapato globalizador

Jorge Faljo

El nuevo virus ya alteró la vida de cientos de millones de personas. En todo el mundo decenas de millones siguen encerrados en sus casas, se han suspendido clases para unos 300 millones de niños y jóvenes, también por millones se cuentan los que se ven inmovilizados en sus pueblos, ciudades o regiones. Los fans deportivos enfrentan el cierre de cada vez más estadios y los juegos se transmiten por televisión sin espectadores.

¿Volverá la vida a la normalidad dentro de unos meses? Esperemos que en buena medida así sea. Pero también es deseable que algunas cosas cambien a fondo porque la epidemia ha puesto en evidencia la fragilidad en que nos ha colocado la excesiva interdependencia de las economías, de las cadenas de producción. Empezando por el tema de la salud.

Hay un resurgimiento mundial del sarampión y en la Ciudad de México acaban de ocurrir varios casos. La situación está siendo bien atendida y no pasará a mayores. Sin embargo, según la OMS para evitar una epidemia debe haber un 95 por ciento de gente vacunada y México se encuentra por debajo de ese porcentaje.

De acuerdo a la secretaria de salud de la Ciudad de México, la doctora y experta epidemióloga, Oliva López Arellano, desde el año 2010 ha habido un desabasto permanente. La doctora explica que el país era autosuficiente hasta que dejó de producir vacunas en los años 80. Este es el punto importante. El país abandonó la producción de muchos productos para comprarlos en el exterior guiado por un criterio estrictamente financiero.

La India, una potencia mundial en la producción de medicinas genéricas, enfrenta la baja de la producción de muchos de los precursores que importa de China. Así que decidió restringir la exportación de 28 medicamentos, en buena parte antibióticos, para asegurar en primer lugar el abasto de su propia población. Esto puede crear insuficiencias globales en un momento en que pueden incrementarse las infecciones oportunistas en pacientes de Covid-19.

En Estados Unidos se monitorean las existencias de medicamentos; en particular 20 productos provenientes de China y la India y que pueden escasear más adelante.
La Organización Mundial de la Salud señala que hay un desabasto mundial de equipos de protección médica tales como guantes, máscaras médicas, respiradores, googles, protectores faciales, batas y mandiles. Esto afecta sobre todo a los doctores, enfermeras y al personal que combate la epidemia de Covid-19 y que son los que deben estar más protegidos. Lo más incisivo de su declaración es que hay una creciente manipulación del mercado, que el precio de estos equipos es ahora entre tres y seis veces más que hace unos meses y que estos productos se venden al mejor postor.

Si, así funciona el libre mercado. China y otros países están buscando y comprando en todo el mundo equipos de protección. Sorprende la nota de que Irán le está vendiendo este tipo de materiales cuando es evidente que los necesita internamente. Pero no es realmente Irán como país, ni su gobierno; son sus empresas privadas que, como las de todo el mundo, venden a quien paga más.

El tema salud arroja luz sobre la fragilidad en que nos ha colocado la globalización. Pero no es lo único afectado; impacta la producción de manufacturas, sobre todo automóviles y electrónicos. En parte se debe a una baja en la demanda; también porque el desabasto de algún insumo puede paralizar toda una fábrica. No se puede producir un auto si falta un simple componente; sea electrónico, o el cinturón de seguridad.

De acuerdo al economista en jefe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –OCDE-, Laurence Boone, ante la epidemia de Covid-19 los mayores corporativos privados del mundo deben revaluar la manera en que operan en una economía globalizada. Si, y también los gobiernos.

La seguridad nacional debe estar por encima de la contabilidad monetaria.

En Estados Unidos un grupo de congresistas quiere impedir que varias ciudades norteamericanas contraten una gran empresa china para hacerse cargo de la reconstrucción de sus sistemas de transporte. Aducen que eso le proporcionaría a China demasiada información sobre el funcionamiento urbano; peor aún, al tener el control electrónico podría permitirle en un momento dado paralizar estos sistemas de transporte. No es lo mejor comprarle al mejor postor, debe considerarse la seguridad interna.

No solo seguridad, el bienestar social debe pesar en la toma de decisiones.

México era un fuerte exportador de maíz y otros granos hasta los años setenta. La producción campesina dispersa, en pequeñas unidades familiares, de ganado vacuno, porcino, aves y huevo era sumamente importante y su incremento sustentó durante décadas la elevación de la nutrición y el bienestar de la población. Hasta que nuestra elite, nuestros graduados en universidades extranjeras, nos vinieron a contar que era mejor comprar nuestros alimentos a los eficientes productores externos que a los ineficientes nacionales.

De ese modo condenaron a la emigración y a la destrucción familiar a millones de mexicanos. A hijos que no heredaron los valores de sus padres. A la dependencia de las familias, y del país, de las remesas que vienen del norte. En vez de producir aquí.

Esperemos que este virus nefasto sea un clavo más en el féretro de la globalización excesiva; de la mera contabilidad sin visión de país y sin compromiso social. Esto fue por lo que los mexicanos votamos; urge acelerar el paso.

domingo, 1 de marzo de 2020

Llegó el coronavirus, transformación obligada

Jorge Faljo

En pocas semanas este nuevo bicho, ahora llamado covid-19, nos está alterando la vida. Al principio parecía simplemente otra variedad de gripa; pronto revelo su verdadera peligrosidad porque en muchos casos empeoraba hasta congestión pulmonar y muerte.

Muchas enfermedades provocan la muerte. Para tener puntos de comparación recordemos que 15 millones de personas mueren de problemas cardiacos cada año; 3 millones de enfermedades pulmonares; 1.6 millones de diabetes y 600 mil de cáncer; entre otros padecimientos.

En el caso del Covid-19 al 29 de febrero se llegó a 86 mil casos detectados, de los cuales 43 mil ya se han recuperado, 8 mil están en situación crítica y 3 mil han muerto. Por comparación este bicho podría no parecer tan maligno.

En China el número de nuevos contagios y muertos ha disminuido de manera significativa. Pero lo han conseguido a un costo altísimo; inmovilizando y confinando en sus casas a cientos de millones. Paralizando la economía. Medidas extremas que solo puede imponer un gobierno sumamente autoritario que vigila en extremo a su población.

No obstante, fue inevitable que el virus saliera de China y ahora se ha esparcido a 56 países del mundo. Fuera de China el crecimiento es exponencial. Es un problema ya grave que no sabemos hasta dónde puede llegar. La pandemia, es decir epidemias por todos lados, es inevitable.

No es una enfermedad únicamente pulmonar que se contagia por las mini gotas de saliva que emitimos constantemente. Es también una enfermedad intestinal, sale en las heces también.

Cierto que hay que usar mascarillas y desinfectarse las manos para no contagiar a otros. Pero veámoslo con egoísmo, como no sabemos quiénes están contagiados y quienes no, lo que debe interesarnos es que otros usen el tapabocas y se desinfecten las manos. No tenemos un gobierno chino y esto lo tendremos que ir convirtiendo en exigencia social. Por ejemplo; a mí lo que me interesa es que quienes preparan la comida y la sirven, tanto en restaurantes como puestos de banqueta, usen tapabocas, se desinfecten las manos y manejen bien separados el dinero y la comida.

Así que no corra a comprar demasiados tapabocas y gel desinfectante; lo principal es que los demás los compren y los usen.

Por ahora se calcula que la tasa de mortalidad de este virus se establecerá en alrededor del uno por ciento de los enfermos. Solo que la cifra varía de acuerdo a diversos factores. En China hay más hombres muertos que mujeres, pero tal vez sea porque los hombres fuman más.

¿Qué tan grande es nuestro riesgo? No se sabe con precisión. Las cifras de China indican que fallecieron cerca del 15 por ciento de los pacientes confirmados de más de 80 años; el 8 por ciento de los que están en sus años 70; el 3.6 por ciento en los años 60; el 1.3 por ciento en los años 50; 0.4 por ciento en los cuarenta y 0.2 todos los de 10 a 39 años. Afortunadamente no hay decesos de niños de menos de 10 años.

El covid-19 ya llegó a México y la gran pregunta es si estamos preparados. Nuestras autoridades sanitarias dicen que sí; pero otros muchos lo dudan. Sobre todo, considerando que tenemos un sistema de salud en transición que recientemente ha mostrado deficiencias. No es lo mismo detectar que tratar. El riesgo es una posible avalancha de enfermos sobre un sistema hospitalario insuficiente. Así que todos tendremos que hacer un gran esfuerzo por retrasar su expansión lo más posible. Se calcula que habrá vacunas, pero tardarán unos diez meses en llegar.

El mayor peligro es una respuesta social desordenada. Las noticias de Milán, Corea del Sur y otros sitios apuntan a que aquí también podrían existir compras preventivas que provoquen desabastos. No los hay en China por sus estrictas medidas de control de la demanda.

Si en México nuestra clase media busca aprovisionarse con anticipación de medicinas, alimentos, gel, tapabocas, que ya lo empieza a hacer, podría vaciar los estantes de los supermercados y crear un enorme problema social. La mayor parte de nuestra población vive al día y no encontrar o encontrar encarecidos productos de consumo básico puede tener consecuencias insospechadas.

La situación exige una decidida intervención gubernamental que vaya mucho más allá de los preparativos hospitalarios. No la estamos viendo y da la impresión de que no han sopesado la magnitud del problema que se nos viene encima. Hay que usar la imaginación, esperar lo mejor, y prepararse de inmediato para lo peor.

Es el gobierno el que debe hacer sus compras de pánico. La demanda internacional está compitiendo por mercancías incluso dentro de México; corremos el riesgo de que nuestros empresarios exporten lo que pronto vamos a necesitar.

El gobierno debe adquirir y repartir mascarillas y gel desinfectante a los preparadores de alimentos informales, los puestos de banqueta en que se alimenta gran parte de la población. Y distribuirles letreros que digan “yo me desinfecto las manos y me tapo la boca” para crear presión social en ese sentido.

Deberán entrar en acción centros de distribución de alimentos para uno o varios días a la población que lo requiera. Segalmex y los gobiernos locales deben ponerse las pilas.

Hay que modificar de urgencia las prioridades del gasto y reasignar presupuestos. Recuerdo que en el 2007 se decía que el aeropuerto estaba saturado y era urgente ampliarlo. Vino la crisis del 2008 2009, bajó la demanda de viajes en avión y ya no era necesario. Tal vez, solo tal vez, construir el aeropuerto de Santa Lucia ya no sea algo urgente. Lo digo porque hay que sacar dinero de donde se pueda para instrumentar una política social de urgencia que no se base en repartir dinero sino en repartir productos. Algo que será complicado pero necesario.

La producción y el comercio se encuentran dislocados; puede haber mayor desempleo. Ya hay pánico financiero porque los deudores, de empresas a consumidores, no puedan pagar sus deudas.

Urgen mecanismos de reactivación de la economía. Ya no solo es la oportunidad, sino que por una estrategia de seguridad nacional hay que avanzar a paso veloz hacia la autosuficiencia alimentaria e incluso en muchos otros sectores productivos. Somos una economía demasiado globalizada y de ensamble de manufacturas; es momento de cambiar de rumbo.

domingo, 23 de febrero de 2020

Revuelta Femenina, por el bien de todos.

Jorge Faljo

La celebración del Día Internacional de la Mujer el próximo 8 de marzo tiene una tradición mundial centenaria. Sin embargo, nunca en México había tenido la importancia que tendrá este año debido al hartazgo que provocan las múltiples formas de violencia cotidiana que sufren las mujeres en sus trabajos, en la calle y hasta en sus casas.

El asesinato infame, de la mayor crueldad y asociado al abuso sexual, del que ha sido víctima una niña de apenas siete años ha provocado estupor e indignación. Ha sido como la gota que derrama el vaso; pero antes que ella hubo muchas otras gotas criminales que colmaron la paciencia de las jóvenes universitarias. En estos crímenes brutales se han sintetizado los extremos de desintegración social y familiar a los que hemos llegado.

De esta descomposición social y de la inseguridad somos víctimas todos, sea porque la sufrimos directamente o porque tenemos que abandonar el desenfado, cambiar de hábitos y vivir en estado de alerta.
Pero hay de víctimas a víctimas; en la población más vulnerable se acumulan los golpes y sufrimientos de todo tipo. Los que genera la pobreza, el hacinamiento, la mala e insuficiente alimentación, el no tener para comprarle zapatos a los niños, la permanente falta de dinero y las necesidades básicas insatisfechas.

Y la población más vulnerable, son las mujeres, las adolescentes, las niñas.

El día internacional de la mujer no ha sido, en su larga historia, un día de celebración, sino de luchas encabezadas por mujeres combativas, en su mayoría de izquierda, socialistas y comunistas. A las mujeres no se les concedió, sino que tuvieron que pelear por el derecho a votar, a tener propiedades y a poder heredar; tuvieron que pelear por el derecho a tener trabajos remunerados, a estudiar y a ser profesionistas. Hoy pelean por obtener salarios iguales a los de los hombres cuando realizan las mismas actividades, a obtener ascensos asociados a sus méritos y capacidades.

Pelearon también para decidir con quién casarse; y ahora a la planeación familiar, que todavía les niega la iglesia católica; y a decidir sobre su propio cuerpo en el caso de embarazos indeseados.

La legitima protesta de las mujeres no debe verse como la respuesta a algo que solo las afecta a ellas. Hay que colocar el sufrimiento de las mujeres en un contexto más amplio: el de la desintegración de la familia que surge del modelo económico.

En las últimas décadas el deterioro del ingreso de los trabajadores, el abandono del campo y el proceso de desindustrialización, es decir la quiebra de la producción campesina y de las medianas y pequeñas empresas urbanas, hizo que millones, sobre todo hombres, emigraran a los Estados Unidos. Abandonaron el trato cotidiano con sus parejas e hijos, aunque mantuvieron lazos afectivos a distancia y siguen enviando dinero a sus familias.

La cruel ruptura de millones de familias deterioró la transmisión de padres a hijos de valores esenciales asociados al trabajo honesto, al respeto a los mayores y a las mujeres. La orfandad es cruel y se convirtió en semilla de crueldad social.

Pero el golpe a la familia no se limitó a la emigración. Los mexicanos pasamos a tener uno de los salarios más bajos de América Latina, más bajos que en Centro América y, al mismo tiempo las mayores exigencias laborales.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico los trabajadores mexicanos son los que más trabajan, con un promedio de 2,148 horas al año; el promedio en los 34 países de esa organización es de 1,734 horas al año; en Francia el promedio es de 1,520 horas y en Alemania de 1,363. La diferencia es fuerte; los mexicanos trabajan el equivalente a 10 semanas más que el promedio en los otros países.

Al mismo tiempo vivimos un deterioro salarial acelerado. Cierto que tras un deterioro brutal del 80 por ciento en cuatro décadas en los últimos años mejoró un poco el salario mínimo. Pero es impresionante que de 2010 a 2018 se perdieron 2.5 millones de empleos que pagaban más de tres salarios mínimos. El empleo que se incrementa, el que paga menos de dos salarios mínimos, es en general precario, inseguro y explotador.

No he cambiado el tema. El deterioro de los ingresos ha reducido enormemente la posibilidad de que la familia se mantenga con un solo trabajador. Ha forzado la entrada de las mujeres a un mundo laboral explotador, al mismo tiempo que tienen que seguir realizando las tareas domésticas; y esto no es una gran victoria.

Ocurre un incremento insoportable de presiones que obstruyen la convivencia con hijos y parejas y aumentan las tensiones, e incluso la violencia intrafamiliar.

De manera generalizada en todo el mundo la gente vive más años. Es el resultado de las vacunas, de una mejor alimentación, de acceso a agua potable, de una vida más sana, segura y, posiblemente, feliz. Pero no en México en los últimos años. En el año 2000 la esperanza de vida de los mexicanos fue de 74.73 años y en 2015 de 74.71 años. Mientras la población del mundo mejoraba su situación, aquí empeoraba.

Como le llamen, modernidad o neoliberalismo, el caso es que el modelo económico y social que seguimos tiene como principales víctimas a los trabajadores, a las familias y, sobre todo a las mujeres.

Este próximo 8 de marzo muchas mujeres marcharán en un gran número de ciudades del mundo. En México será especialmente importante que se hagan notar y exijan un mejor trato. Lo merecen a lo grande. Porque no se trata de conseguir pequeños símbolos de aprecio, una flor, un perfume, sino de cambiar el rumbo de México. Veamos con respeto sus demandas; porque lo que necesitan ellas, lo necesitamos todos. Si las mujeres triunfan, triunfamos todos.

domingo, 16 de febrero de 2020

Y su nieve ¿de limón?

Jorge Faljo

El prestigiado Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas –IMEF-, acaba de emitir un amplio documento, que para los aficionados del beis bol se diría que se volaron la barda. Abordo el escrito en cuatro partes:

• Primero, un diagnóstico que básicamente señala que estamos mal; en 2019 hubo recesión y para este año el crecimiento esperado es de apenas del uno por ciento.

• Después sugieren generalizar el IVA al 16 por ciento, con excepción de una canasta de consumo estrictamente básica, y reducir el impuesto sobre la renta corporativo del 30 al 23 por ciento.

• Prosiguen con un discurso, cuento de hadas, sobre la adopción voluntaria por parte de las empresas de un nuevo enfoque de responsabilidad social y ambiental.

• Y por último quieren mecanismos de participación empresarial, prácticamente co-gobierno, en la toma de decisiones más importantes, por ejemplo, finanzas e inversión en infraestructura.

El IMEF maquilla como propuesta con enfoque social este documento y presenta una posición empresarial radical, fuerte, en la batalla ideológica sobre la estrategia de crecimiento que debe adoptar el país.

Pueden identificarse tres grandes grupos ideológicos en México: los que piensan que hay que acrecentar las capacidades, sobre todo financieras, del gobierno en un modelo liderado por el libre mercado y con un gasto que favorezca a la iniciativa privada, es decir la estrategia de las últimas décadas; Otro gran grupo son lo que creen que requerimos un estado fuerte, rector de la economía, que fortalezca la producción industrial y del campo, el mercado interno y el bienestar colectivo; y, por último, los que piensan que vamos bien y solo hay que seguir combatiendo la corrupción.

El IMEF se alinea con las grandes agencias internacionales en que hay que elevar impuestos. México tuvo, en 2018, una captación fiscal del 16.13 por ciento del PIB según OCDE, mientras que el promedio de ese grupo de 34 países fue del 34.26 por ciento. Somos, como se dijo desde la CEPAL, un paraíso fiscal para las grandes fortunas. Por cierto, que también fuimos en 2018 el país de la OCDE con menor gasto social; un 7.5 por ciento del PIB mientras que el promedio fue de 20.1 por ciento.

Sin embargo, IMEF propone elevar impuestos de manera muy distinta a lo que sugieren agencias internacionales como las mencionadas: no un impuesto sobre la renta más progresivo, donde los muy ricos paguen un porcentaje significativo, o a las grandes herencias y fortunas. No, lo que propone IMEF es que todos paguemos el IVA en más bienes y servicios. Algo fundamentalmente regresivo, es decir donde los que menos tienen pagan más que los muy ricos por la sencilla razón de que a los pobres y a la enorme mayoría se nos va todo el ingreso en el gasto del mes. Mientras que una minoría ocupa en el gasto mensual una pequeña porción de sus altos ingresos; el grueso va a acrecentar su fortuna.

IMEF quiere que el gobierno gaste más en inversión contratada con empresas privadas, así que propone generalizar el IVA; pero al mismo tiempo quiere reducir los impuestos que pagan las empresas. En su documento presenta el cuadro sobre el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, pero está de adorno porque no nos dice que la captación fiscal y el gasto social en otros países son mucho más altos en su porcentaje del PIB.

Al IMEF le resulta imposible no reconocer lo que ahora se dice en todos los grandes organismos internacionales y encuentros de las cúpulas dirigentes de la economía y la política: que el libre mercado nos deja una herencia de estancamiento e inequidad. Por lo cual, si propone un cambio de fondo, el cambio del pensamiento empresarial.

El caso es que la propuesta fiscal del IMEF le pega al consumo de la mayoría y le da mayores ganancias a los corporativos empresariales. Pero le resulta imposible no reconocer lo que ahora se dice en todos los grandes organismos internacionales y en los encuentros de las cúpulas dirigentes de la economía y la política: que el libre mercado nos deja una herencia de estancamiento e inequidad extrema, con millones, en México en la miseria y el hambre.

Entonces habría que preguntarse ¿en dónde se encuentra el supuesto enfoque social? Y la respuesta es sorprendente; en la transformación a fondo del pensamiento y comportamiento empresarial.

Siguiendo el nuevo discurso de las elites mundiales IMEF dice que es necesario generar nuevos modelos de participación que eviten los extremos ya sea del libre mercado o de la intervención estatal. Capitalismo con enfoque social. Y sobre esta vertiente se explaya.

Hay que hacer lo de costumbre, fomentar de manera decidida la inversión empresarial, solo que ahora, a cambio, las empresas se enfocarán en la creación de valor compartido. Supuestamente dejaría de ser su prioridad única el interés de los accionistas, la rentabilidad, para que en adelante la empresa adopte los intereses de su entorno; los de sus proveedores, clientes y la comunidad en que se encuentra.

Pero no se detiene aquí la fantasía, en adelante, las empresas evolucionarán del mero enfoque filantrópico caracterizado por donaciones a causas sociales y del de responsabilidad social, con miras a reducir impactos negativos, hacia una visión de creación de valor compartido en la que, al incorporar los intereses del entorno, los intereses sociales y ambientales, mejorarán el estado del mundo.

IMEF plantea la necesidad de cambio que muchos compartimos, pero para ello, además de una propuesta fiscal claramente antisocial, nos propone una quimera, la adopción voluntaria por parte del empresariado de la responsabilidad de mejorar el mundo en todos sentidos.

Partiendo de esa fantasía IMEF propone la creación de un Consejo Fiscal Independiente, apartidista, formado por expertos fiscales como ellos (que casualidad). También quiere que sea creado un instituto o agencia de planeación y gestión de la infraestructura con visión transexenal y participación multisectorial que supervise y dé seguimiento a los proyectos en operación evitando que el país se reinvente cada seis años.

Es decir que bajo el manto del conocimiento financiero experto y el apoliticismo quieren co-gobernar.

Así, ¿o de limón?

jueves, 13 de febrero de 2020

De que llega, llega

Jorge Faljo

De acuerdo al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, y al director general de epidemiología de la Secretaría de Salud, doctor José Luis Alomía Zegarra, la llegada del coronavirus a México es inevitable. Solo que como en el son de la negra, no sabemos cuándo.

Fue en un mercado de alimentos exóticos, donde se vendían armadillos, murciélagos, perros, ratas, víboras y similares, donde el virus tuvo una mutación y adquirió la nueva capacidad que le permitió infectar a algunos clientes. Así que los primeros se contagiaron por los animales del mercado; pero inmediatamente ellos mismos empezaron a transmitir el patógeno a otros seres humanos.

La infección ocurre por las microgotas de saliva que todos expulsamos al estornudar, toser, hablar y comer. Estas llegan a las mucosas de la boca, nariz u ojos de otra persona y la contagian. No entra a través de la piel, pero si se transmite al saludar de mano, y posiblemente sobreviva unas horas en algunas superficies. Para prevenirlo, además de evitar la cercanía con posibles contagiados, hay que lavarse muy bien y con frecuencia las manos y nunca, nunca, tocarse la cara después de saludar o tocar superficies sospechosas.

Las personas que sospechan de haberse infectado deben usar tapabocas para no contagiar a otros. Aunque lo mejor es aislarse completamente. El tapabocas común y corriente no sirve para evitar la entrada de microgotas en el aire porque obliga a aspirar más fuerte y el aire entra por los lados. Y un tapabocas de nivel sanitario es caro y no lo encontrará en ningún lado. Sin embargo el tapabocas es útil como recordatorio de que no hay que tocarse la cara.

Algo que dificulta mucho detener la expansión de la enfermedad es que es transmitida por gente que todavía no tiene síntomas; que no se han dado cuenta de que están enfermos; o que sus síntomas son moderados y piensan que se trata de una gripa cualquiera. Son estas personas las que prefieren cumplir con sus deberes en el trabajo o la escuela y continúan una vida normal sin darse cuenta de que son portadores y contagian a otros.

Por ello, para contener la expansión del coronavirus, se tomaron medidas muy drásticas, del tipo que solo puede imponer un régimen autoritario a una población disciplinada. Más de cincuenta millones de chinos están encerrados en sus casas en la provincia de Hubei y su capital Wuhan. Miles de drones vigilan las calles y siguen e incluso les dan instrucciones a los salen a la calle. Solo se permite que una persona de cada familia salga cada cinco días para abastecerse de agua y alimentos.

El aislamiento en Hubei es masivo y universal; en otros lados es selectivo para enfermos confirmados y potenciales. Es la manera en que se intenta detener esta enfermedad.

China ha sorprendido al mundo construyendo dos hospitales modernos, de mil y mil 600 camas en un par de semanas. Aún así no son suficientes. Se calcula que la tasa de mortalidad es algo menor al 2 por ciento de los enfermos comprobados. Pero es de 3.1 en Hubei donde se concentran los enfermos y los servicios de salud son muy insuficientes; pero la tasa de mortalidad es de solo 0.16 por ciento en el resto de China donde hay muy pocos enfermos y reciben mucha mejor atención.

En todo caso la cifra de enfermos severos es alta, de alrededor de 15 por ciento y la población de alto riesgo son los mayores de 65 años, con diabetes, obesidad, presión alta, asma, problemas broncopulmonares y/o renales.

Aquí en México nos encontramos en una transición en el sistema de salud que en algunos aspectos parece caótica. Hay que esperar que en el caso del coronavirus ya se hayan diseñado los protocolos de atención y se tengan disponibles los recursos financieros y hospitalarios para reaccionar y tratar con rapidez a los primeros casos.

El coronavirus no es peor que la influenza que sufrimos en el 2009 o la que ocurre cada invierno. Pero hay dos diferencias relevantes: el coronavirus se transmite con mayor facilidad, de manera exponencial, y todavía no se cuenta con una vacuna para prevenirlo. Así que, aunque sea menos letal, si infecta a más gente puede provocar muchas muertes; tal vez no más que el dengue u otras enfermedades cuya información ya no es novedosa.

Pero hay otros flancos donde el coronavirus está pegando. A raíz de esto China ha visto reducido su consumo de diésel, gas avión, gasolinas y petróleo en general y eso ha provocado una caída de cerca de un 20 por ciento en el precio de venta de la mezcla mexicana de petróleo. Y eso nos pega en las finanzas, que son el punto flaco de Pemex y este gobierno.

Además, Wuhan y toda Hubei son un importante enclave industrial que ha dejado de producir numerosos componentes industriales, por ejemplo, autopartes. Esto ha llevado al cierre de casi todos los fabricantes de automóviles dentro de China, a otros en Corea del Norte y pone en riesgo, si continúa o empeora la situación, de que en dos o tres semanas se agoten piezas necesarias en distintos sectores industriales.

No es claro si hay o se prevé un impacto de este tipo en México. No sería difícil dado que nuestra industria es básicamente de ensamble, con muchos componentes orientales.

Pero el verdadero gran riesgo que nos plantea el coronavirus es asocia al comportamiento social de nuestra población, que en mucho dependerá de la información disponible.

Otros países nos dan indicios al respecto. En China escasean medicamentos y antibióticos a los que falsamente se les atribuyen propiedades curativas. En la costa oriental de Canadá y Estados Unidos se han agotado los tapabocas porque los compra gente que no los necesita. Caso curioso, en Hong Kong hay desabasto de papel higiénico. Un comportamiento social atípico porque piensan que se puede acabar algo necesario puede generar desabastos absurdos que a su vez crearían mayor inquietud.

Es vital diseñar una estrategia de información transparente, confiable y veraz en la que colaboren las instituciones de salud y los grandes medios; no hay peores propagadoras de mitos que la incertidumbre y la desconfianza.

domingo, 2 de febrero de 2020

Micro potencias de desarrollo; el caso Oaxaca

Jorge Faljo

Oaxaca ha destacado en una peculiar competencia, la de obtener recursos de programas federales orientados al desarrollo social, rural y ambiental. Recuerdo un caso particular, de hace años, en el que funcionarios de la Comisión Nacional Forestal -Conafor-, encontraban que Oaxaca obtenía una tajada desproporcionadamente grande de los recursos de un programa de reforestación. Se llevaba algo así como la tercera parte del presupuesto destinado a todo el país. Lo que no parecía justificable y era difícil de explicar.

Parte de su preocupación era que pudiera pensarse que tenían un sesgo o simpatía desmedida por Oaxaca. No era así.

Los recursos de ese programa se distribuían mediante el mecanismo usual empleado por la mayor parte de las entidades y programas orientados al medio rural. Usado, por ejemplo, por las secretarías de agricultura, medio ambiente, reforma agraria, desarrollo social, la Conafor y otras.

El mecanismo ha sido lanzar una convocatoria en internet llamando a la presentación de proyectos. Estos, según la dependencia y programa, podrían ser productivos, de reforestación, enfocados en áreas naturales protegidas. Existen innumerables programas con este tipo de orientación general que podría llamarse de desarrollo rural.

El mecanismo institucional usual enfrenta problemas; para empezar no está al alcance de todos enterarse de una convocatoria en internet. A partir de ello hay que cumplir los requisitos de la invitación, pagar a un técnico o despacho para la elaboración de un proyecto que parezca viable, todo ello respaldado por los papeles legales de la comunidad, ejido o grupo. Esto requiere acuerdos y liderazgos adecuados dispuestos a correr el riesgo de que a fin de cuentas esos esfuerzos no fructifiquen.

Por ello en ocasiones los proyectos escasean o tienen una mala factura. Bajo este mecanismo se han inyectado ingentes recursos públicos en proyectos fracasados.

El reparto centralizado de recursos es controvertido, sobre todo desde la óptica de la burocracia local que con frecuencia considera que su mejor conocimiento de los personajes y organizaciones locales les permitiría una mejor asignación de recursos. Una opción que fue satanizada desde la administración de Vicente Fox al temer la burocracia local tuviera lealtades priistas y dirigiera los recursos a organizaciones de ese partido. Por ello decidió centralizar en extremo la asignación de recursos.

Pero volvamos al tema de inicio. El caso es que Oaxaca ha sido una potencia generadora de proyectos de desarrollo rural; los que pueden ser productivos, de reforestación y, en general los aprovechables por campesinos.

Lo que inquietaba a los directivos de un programa de reforestación, era ¿cómo es que Oaxaca, siguiendo las reglas del juego, lograba acaparar con sus proyectos una proporción desmedida de recursos? Esto es un mero ejemplo de una capacidad que considero significativa y que es aplicable tanto a este programa como a muchos otros, de diversas entidades públicas que también concursan sus recursos.

La explicación de fondo es que Oaxaca tiene 570 municipios y de ellos 418 se rigen por usos y costumbres indígenas. Lo cual contrasta con que los otros 30 estados del país tienen, entre todos, 1,888 municipios. Un promedio de 63 municipios por entidad.

Los municipios de Oaxaca se distinguen por su pequeñez demográfica; el promedio estatal es de 7 mil habitantes por municipio. Pero esta cifra es mucho menor para los 418 municipios de usos y costumbres. En el extremo 30 municipios tienen menos de 420 habitantes cada uno.

Estos municipios funcionan con sus propios mecanismos de toma de decisiones; sean asambleas comunitarias, consejos de ancianos y otros. El sistema en su conjunto permite una buena representación de cada pueblo indígena, incluso los grupos más pequeños.

Los micro municipios indígenas de Oaxaca tienen una doble característica: la toma de decisiones es muy cercana a los intereses de su población indígena y campesina; y gracias a que son estructuras de gobierno reconocidas, que reciben algunos recursos públicos, han desarrollado capacidades técnicas para, por ejemplo, elaborar proyectos (productivos, forestales y de otros tipos), que son competitivos en las convocatorias de las entidades federales.

Conjuntar democracia participativa es la clave de la potencia Oaxaqueña para generar proyectos y atraer recursos.

Desconcentrar la toma de decisiones públicas y acercarse a la población local es hoy en día el mantra de los organismos internacionales como Banco Mundial, CEPAL u OCDE. Va de la mano con el planteamiento de democracia participativa que hace el Plan Nacional de Desarrollo de esta administración. La conclusión es que sea en los pueblos, comunidades, ejidos, municipios que ellos definan la ruta de su propio desarrollo.

El país no ha marchado en ese sentido en los últimos 40 años. La Ley de Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Oaxaca, es un garbanzo de a libra. Esta Ley fue emitida en 1998, tras años de consultas, negociaciones y preparativos.

La tendencia nacional ha sido restar capacidades y poderes a las comunidades, ejidos y municipios y substituirlos por decisiones centralizadas. Es un esquema que muestra fallas múltiples: deterioro de la cohesión social, incapacidad para tomar acuerdos y hacerlos cumplir, deterioro del medio, creciente inseguridad y violencia. Y es que el gobierno central, sea de derecha o izquierda, no puede substituir a los mecanismos de gobernanza local.

Es hora de revertir el camino. Así que, de plano, propongo Oaxaqueñizar a todo el país. Promovamos, donde sea viable los micro municipios rurales; institucionalicemos estructuras de gobierno sub municipales, recuperemos y respaldemos al ejido y a las comunidades como nivel de gobierno.

De lo que se trata es de institucionalizar la descentralización de la toma de decisiones y las capacidades locales para diseñar su propia ruta de desarrollo. Hagamos viable la democracia participativa como motor del desarrollo y del cambio impulsado desde abajo.