domingo, 13 de septiembre de 2015

Lo barato sale caro

Faljoritmo

Jorge Faljo

El último reporte del Banco Mundial sobre las principales mercancías del comercio mundial señala fuertes bajas en los precios de la energía (petróleo, gas, carbón), de los metales y de los productos agropecuarios. En el último año el precio del petróleo cayó a menos de la mitad; el de los metales en 29 por ciento; el del acero y carbón metalúrgico también a menos de la mitad; y en general todos los productos agropecuarios en alrededor del 31 por ciento.

El mundo se encuentra en deflación (baja de precios) y esa es una mala noticia. Las empresas no invierten porque la caída de los precios implica gastar hoy en producir para luego tener que vender más barato; la rentabilidad sería mínima o podrían tener pérdidas. Los consumidores también se ven desalentados a gastar cuando lo que compran puede bajar de precio mañana.

La deflación es señal de sobreproducción: la oferta supera a la capacidad adquisitiva de las personas. Para la Organización Internacional del Trabajo el problema se origina en el diferencial creciente entre productividad e ingresos de la población. Su informe mundial sobre salarios del 2013 señalaba que desde 1999 la productividad laboral promedio aumentó en más de dos veces los salarios promedio en las economías desarrolladas.

Para la OIT es un cambio radical de la distribución del ingreso entre capital y trabajo. Hasta principios de los años setenta el incremento de los ingresos se traducía en incrementos prácticamente idénticos entre los trabajadores y los dueños del capital. La prosperidad se repartía de manera proporcionalmente estable y todos se beneficiaban. Esto que la OIT llama una regla no escrita de reparto del ingreso se rompió en el último tercio del siglo pasado cuando los incrementos de productividad fueron apropiados por cada vez menos.

Entre 1973 y 2008 todo el incremento del ingreso en los Estados Unidos fue para el 10 por ciento más rico de la población y el 90 por ciento restante vio reducir su ingreso real por hora trabajada. En mayor o menor medida lo mismo ocurrió en la mayor parte del planeta.

En México la reducción de los salarios reales se dio a partir de los años ochenta y ha sido brutal. Hoy en día se necesita ganar más de cuatro salarios mínimos para igualar uno de 1976; y solo una minoría los gana.

La reducción de los salarios y por tanto de la demanda efectiva en la mayor parte del planeta ha sido mitigada y parcialmente compensada con varias estrategias.

Una fue la conquista de los mercados periféricos por los países de mayor avance tecnológico y de productividad. Para poder vender su producción exigieron libre comercio, apertura de mercados en todo el planeta.

No fue suficiente. Además del libre comercio destinaron sus altas ganancias no a invertir sino a otorgar créditos a los países menos avanzados. A eso le llamaron ayuda para el desarrollo y les sirvió para deshacerse de la sobreproducción que generaban ellos mismos.

Luego llegaron las crisis del tercer mundo y ya en este siglo las crisis de los países industrializados (Estados Unidos en el 2008 – 2010 y en Europa a partir del 2010). Para salir de ellas recurrieron a la impresión abundante de dinero que les permitió bajar sus tasas de interés a casi cero (en algunos casos incluso a niveles negativos) y además exportar capitales de manera tal que creaban demanda sobre su producción.

Todo eso se revela cada vez más insuficiente; la sobreproducción avanza. Un factor detonante es la fuerte caída del dinamismo de la economía china que refleja sus dificultades para venderle al resto del mundo. También se traduce en estancamiento de los ingresos de su población que en los últimos años representaba la mitad del incremento salarial del mundo.

Banco Mundial es optimista al pensar que si China e India retoman el camino de elevar los salarios de su población se podrá elevar la demanda de manufacturas, metales y energía a partir de fines del 2016.

Para la OIT la respuesta es la elevación concertada de los salarios en todo el planeta. No puede hacerlo un solo país porque perdería competitividad; así que lo tienen que hacer todos por igual. Esta propuesta es utópica.

La estrategia de globalización nos ha metido en una carrera en la que parece que los que ganan son los países que más empobrecen a su población. Habría que pensar en lo contrario, en elevar los salarios país por país. Pero eso no funciona en condiciones de apertura comercial indiscriminada porque el incremento del consumo saldría del país para beneficio externo y no de las empresas que eleven los salarios.

Si pensamos que la respuesta es la recuperación salarial país por país, solo es viable con mecanismos de control de la oferta externa y retención de la demanda para que se quede y beneficie a las empresas nacionales.

El mundo se aproxima a una disyuntiva dramática. Aceptar la existencia de la sobreproducción, las crisis cada vez más dañinas y la destrucción de las empresas pequeñas, para que sobrevivan solo las grandes transnacionales. O propiciar el crecimiento equilibrado de la producción y el consumo en el contexto de un mercado interno regulado.

Es una disyuntiva pero no un asunto de extremos sino de cambio gradual de rumbo. ¿Qué haremos? ¿Qué harán los otros?

lunes, 7 de septiembre de 2015

El mismo camino... pero más estrecho

Faljoritmo

Jorge Faljo

“Vamos a ir hacia adelante” dijo el Presidente Peña Nieto en su tercer informe para anunciar la continuidad inamovible. Seguir transformando a México; seguir distinguiéndose por la estabilidad macroeconómica y la disciplina en las finanzas públicas y seguir moviendo a México implementando las reformas transformadoras.

Para los que esperábamos que los cambios de gabinete se tradujeran en modificaciones de estrategia el mensaje fue contundente; siguen aferrados al mismo camino. Solo que ahora más estrecho, con un gobierno presupuestalmente achicado, la población más empobrecida, la economía en turbulencia y el planeta entrando en crisis de sobreproducción (es decir, menos demanda que oferta).

Destacan dos compromisos: no más impuestos y no endeudar más al gobierno.

Acostumbrados a que los impuestos recaen siempre sobre los perros más flacos, trabajadores y consumidores, muchos ven con alivio este anuncio. Solo que hay que ponerlo en contexto. México es un paraíso fiscal donde la gran empresa y la ganancia financiera pagan impuestos muy bajos. En el pasado era la empresa pública, hasta PEMEX, la que le permitía operar al gobierno y hasta subsidiar (con bajos precios y corrupción) al sector privado privilegiado.

Una vez autodestruido el sector público productivo solo quedaba rematar el subsuelo. Pero el precio de los metales y del petróleo está en niveles históricamente bajos debido a la crisis de sobreproducción mundial. (El peor momento para privatizar, por cierto).

El desempleo, y los empleos que ya no dan ni para comer (CONEVAL dixit), así como las caídas del consumo, hacen imposible elevar los impuestos a la mayoría. Solo queda hacer que los sectores privilegiados, es decir los cuates, paguen impuestos al nivel que lo hace el resto del planeta. Es a ellos (podría decirse que a sí mismos) a los que el presidente les garantiza que, pese a todo, seguirán pagando poco, casi nada, en impuestos.

Se ofrece no endeudar más al gobierno. Lo cual es irónico cuando otras de las medidas destacadas son los nuevos instrumentos de endeudamiento. Veamos.

El presidente ofrece que las escuelas tendrán “luz, agua, baños, mobiliario escolar, lo mismo que pisos, muros y techos firmes.” Devastador reconocer que no los tienen, y olvidó incluir condiciones de trabajo dignas para que los maestros puedan cumplir con su tarea.

Pero lo que quiero destacar es que para hacer lo que ya debería haber hecho, anuncia la emisión de Bonos de Infraestructura Educativa en la Bolsa Mexicana de Valores; “un innovador instrumento de ingeniería financiera” para conseguir 50 mil millones de pesos.

Traduzco: eso significa que el gobierno se va a endeudar, y la confianza de los inversionistas no es barata. Habrá que ofrecerles una tasa de interés atractiva en condiciones de turbulencia financiera. Dado que los inversionistas pueden preferir comprar dólares, será sin duda un endeudamiento caro. Ahora cumplir con un derecho constitucional básico dependerá de “la confianza de los inversionistas”; en vez de cobrarles impuestos.

Con más instrumentos financieros, es decir más deuda, se habrá de acelerar el desarrollo de la infraestructura nacional. No nos dice el presidente que tipo de infraestructura (¿hospitales y centros de salud para que la gente no espere horas en las salas de urgencias, o meses para una operación de vida o muerte?).

También habrá coinversiones público privadas para infraestructura que al igual que las anteriores dependerán de la cara confianza de los inversionistas. Deuda, deuda, deuda.

Para mitigar la pobreza se van a crear Zonas Económicas Especiales en las que se ofrecerá un marco regulatorio e incentivos especiales para atraer empresas. Significa ceder territorios aún más neoliberales que el resto del país. ¿Qué incentivos puede ofrecer? Falta conocer la propuesta a detalle pero supongo que el menú será de menos impuestos, infraestructura al gusto de las empresas, servicios públicos subsidiados y comercio externo sin trabas.

Eso para crear una producción moderna que aproveche mano de obra barata y exporte. Porque nada indica que se piense en incrementar el consumo de los mexicanos a pesar de que sobran capacidades productivas subutilizadas por el actual contexto de mercado.

Otra prioridad es mantener la estabilidad macroeconómica y la disciplina en las finanzas públicas. Oferta paradójica cuando precisamente empezamos a sufrir los resultados del desequilibrio externo que nos llevó a pagar al extranjero, en 2014, una renta de 42 mil 192 millones de dólares por pago de intereses y ganancias remitidas.

Situación que empieza a hacer dudar a los inversionistas sobre la futura capacidad de pago de un país que no tiene superávit comercial. Así que la respuesta presidencial es ofrecer más atractivos al capital externo para incrementar el endeudamiento financiero y la desnacionalización de recursos naturales y aparato productivo. Si lo hiciéramos Ud. o yo se le llamaría “pirámide”.

De hecho lo que se ofrece es seguridad al capital de que el gobierno seguirá dependiendo de su buena voluntad y de que no se hará lo que en los Estados Unidos, Europa y Japón, que es emitir más dinero (en este caso pesos) para abaratar el costo del endeudamiento y, en nuestro caso, pagar el Fobaproa.

En suma, el tercer informe insiste en el rumbo de los últimos treinta y cinco años. Embelesado por la modernidad que ofrecen los grandes capitales, continúa despreciando al México que ven como naco, atrasado, en el que produce y vive la mayoría. A cambio de su destrucción planean construir espacios de modernidad para pocos.

A los que no caben en esta utopía neoliberal patito se les ofrecen dadivas; solo que sujetas al achicamiento de un estado que renuncia a cumplir las obligaciones que todavía le impone el pacto social expresado en una Constitución cada vez más agujereada.

Queríamos liebre, nos dieron gato. Otra vez.

lunes, 31 de agosto de 2015

Cambios... ¿de fotografía?

Faljoritmo

Jorge Faljo

El Presidente Peña Nieto acaba de recomponer su gabinete; algunos salieron, algunos se movieron lateralmente y otros ascendieron. La mayoría de los analistas les dan una interpretación política a los cambios; y la principal es que se definieron un par de nuevos presidenciables. Eso ampliaría el número de elegibles cuando decida a quien heredarle la silla; si para entonces no ha surgido alguna otra fuerza que le arrebate la decisión o que lleve a la derrota de su partido. Lo que no es una posibilidad tan lejana.

Otra manera de verlo, también política, es que los fracasos evidentes exigían cambio de colaboradores o, yendo más a fondo, incluso de estructuras institucionales y maneras de hacer las cosas. Es decir que algunos piensan que el Presidente respondió a las exigencias crecientes del esperado golpe de timón que permitiera darle rumbo a esta nave.

Esta última explicación, la de la respuesta a presiones de la opinión pública, sería en todo caso parcial. Y la razón es evidente; la opinión pública pedía otras salidas, más importantes que las que se dieron. Porque si los fracasos en materia agropecuaria, en bienestar social y seguridad pública son evidentes, también lo es el de la economía en general.

Desde mi particular perspectiva tiendo a pensar que el carácter político de los cambios es, hasta el momento, irrelevante. Porque cambiar la foto y el nombre que lleva abajo no basta para indicar una verdadera modificación de la estrategia. Habrá que esperar a que el Presidente en el nuevo Plan Trienal que nos presentará el 1 de septiembre anuncie algo más substancial.

No se apresure amigo lector a corregirme y a decirme que lo que se presenta el próximo martes es un Informe Presidencial. Eso porque ya desde el año pasado no hubo tal. Un informe nos habla del pasado para decir que ocurrió y evaluarlo. Cuando la cosa no marcha lo que se prefiere es hablar del futuro y contarnos lo bien que nos irá después. Así que apuesto doble contra sencillo que tendremos un Plan lleno de futuros prometedores y no un informe cargado de malas noticias.

No me molestan los cambios del gabinete. Abren posibilidades. En las dos áreas que más me interesan, el campo y el bienestar social (no digo producción, empleo, economía real, porque ahí no hubo cambio), entran dos personajes con impecables antecedentes. En agricultura el gobernador que más ha destacado en crecimiento económico de su estado; en desarrollo social alguien de variada y destacable experiencia y, dicen, accesible y sensible al interés de la mayoría.

Ambos sin antecedentes precisos en sus áreas pero con capacidades para configurar equipos de trabajos y, posiblemente, llevar nuevas perspectivas y orientaciones. Cruzo los dedos porque estén a la altura de los retos de siempre y de un contexto novedoso en México y el mundo que exige cambios de fondo.

En agricultura los recursos se han volcado a favor de los que tienen “potencial productivo”; es decir la minoría exportadora, los productores de riego y en general los productores con recursos y acceso a insumos modernos. La misma definición sirvió para no atender a los que implícitamente se define como sin potencial.

Ahora el encarecimiento del dólar hace que los exportadores obtengan un 30 por ciento más de ingreso y sean más competitivos frente a los de tierras más alejadas de los Estados Unidos. Es un grupo al que ya podría dejarse en manos del mercado; es decir sin apoyos públicos. Pueden nadar por sí mismos.

El índice de precios de cereales de la FAO indica una baja promedio de algo más de 10 por ciento en el último año. Pero la devaluación ha sido de más de 25 por ciento. Así que los productores de cereales se verán beneficiados por el aumento de precios interno asociado a las altas importaciones. Es también la oportunidad de recalibrar los apoyos a este sector.

Conviene pensar en controles a la exportación; lo mejor sería un impuesto variable de acuerdo a los cambios del mercado. Los argumentos son varios. Los pocos que se verán beneficiados porque ganan en dólares y pagan en pesos deben compartir su ganancia. Los dólares que ganan deben entrar al país y evitar la tentación de dejarlos fuera. También servirá para evitar las exportaciones de producción que es necesario retener y que ahora conviene más vender en dólares así se descobije al mercado interno. Y además porque si no lo hacemos nosotros los gringos encontrarán la manera de hacerlo.

Recalibrar a la baja los apoyos a los agricultores “con potencial” debe permitir atender a los hasta ahora excluidos. En la agricultura hay que caminar con los dos pies. Solo un cambio radical de estrategia puede acercarnos a la meta oficial de seguridad alimentaria. Lo que es urgente.

En cuanto al desarrollo social es fundamental integrar los objetivos de disminución del hambre y la pobreza extrema con los de fortalecimiento de la producción local y regional. Las transferencias deben darse en derechos de compra sobre la red de abasto de Diconsa y está ser habilitada para hacer compras locales y regionales en lugar de seguir vendiendo importaciones.

Hay que eliminar el negocio de los comedores comunitarios para permitir que las familias vuelvan a prepararse sus propios alimentos y comer en familia. Este es un derecho esencial.

Sobre todo, urge fortalecer las organizaciones rurales de productores para la comercialización consolidada de ventas y compras de insumos. Las cooperativas de productores de Canadá, Estados Unidos y Europa pueden inspirarnos.

Así como hasta ahora se ha gastado en apoyos a los que tienen potencial y a las transnacionales, en adelante deberá el estado encontrar a medio camino a los productores campesinos en sus esfuerzos de comercialización local, regional y nacional y en la compra de insumos productivos y bienes de consumo. Esto no puede dejarse a los intermediarios privados.

La situación social y del campo es mala, ha empeorado y ahora el cambio del contexto plantea un reto mayor. Esperemos que los cambios no sean solo de fotografía.

lunes, 24 de agosto de 2015

El planeta del "no pasa nada"

Faljoritmo

Jorge Faljo

Tenemos una de las economías más globalizadas del planeta. Pero el asunto no es lo globalizados que estamos sino el modo en que lo hicimos. Una manera que nos condena a tropiezos recurrentes en los que retrocedemos mucho de lo avanzado.

La internacionalización de nuestra economía, es decir de la producción, demanda y financiamiento ha significado depender del mercado externo. Crecemos solo si crece la economía norteamericana; exportamos mercancías que aquí se ensamblan pero buena parte de los componentes vienen de fuera y para invertir requerimos del capital externo.

El caso es que aquí no se fortalece la capacidad de compra y ahorro de la población; no se genera la demanda ni el capital necesarios para producir más y mejor y sostener una espiral virtuosa de producción, empleo, ingresos, inversión y, de nuevo producción, incrementada.

La ausencia de una dinámica propia nos hace muy vulnerables a las transformaciones del exterior. Incluso, como un autoengaño, se le llama solidez, fortaleza y estabilidad, a una fragilidad que cada cierto número de años se rompe.

Con una población empobrecida en las últimas décadas gran parte del aparato productivo tiene muy baja rentabilidad y no es capaz de generar el ahorro que requeriría para mejorar y crecer. Pero en nuestro modelo el bienestar de la población no cuenta porque el gran negocio es pagar bajos salarios, bajos impuestos y de preferencia exportar.

Incluso se ha llegado a satanizar la producción para el mercado interno. Se trata de la pequeña y mediana producción histórica a la que se sacrificó en aras de la globalización. Pero antes se les tildó de improductivos, ineficientes y necesitados del paternalismo del estado. Eso para también recortar al estado.

Sin embargo los que tenemos cierta edad y memoria sabemos que la época de oro del crecimiento de México y del mejoramiento del bienestar de la población fue de los cuarenta a fines de los setenta. Precisamente los años que luego fueron satanizados en aras de un neoliberalismo que, supuestamente, si nos haría crecer y nos traería bienestar.

Ahora estamos entrando en otro periodo de turbulencia. El peso se ha devaluado cerca de un 30 por ciento en el último año y todavía no toca fondo. Esto altera fuertemente nuestras relaciones comerciales con el exterior y también las condiciones de la producción interna.

La situación empieza a equipararse a la de 1994. Solo que en aquel entonces la defensa del peso dejó al país sin reservas con tal de llegar al fin del sexenio; ahora no deberían ni intentarlo porque esta defensa es inútil y faltan tres años para el cambio de administración.

Así que lo que era previsible ocurrió. Una devaluación a medio sexenio que altera todas las señales de la economía. Hay mercancías que ya no convendrá comprar afuera y otras que no convendrá vender adentro (pues será preferible ganar dólares que pesos). Muchas empresas y comercios deberán buscar proveedores internos en lugar de los de afuera.

De hecho todo el país puede encontrar que conviene más ampliar la producción interna de granos y cereales (de los que importamos más del cuarenta por ciento del consumo interno) que seguirlos comprando.

O sea que se avecinan cambios pesados que pueden traducirse en un periodo duro cuando ya en los últimos años se incrementaba la pobreza y se deterioraba el empleo en cantidad y calidad. Se pondrá a prueba la cohesión social y la solidaridad nacional; dos elementos de por si escasos.

Desde el sector público habrá que tomar decisiones difíciles; que serán malas a menos que sean el producto de un amplio debate, público y transparente, que sustente acuerdos democráticos.

Para el 2016 habrá otro recorte que se suma al de este año. Se habló de definir un presupuesto altamente centralizado con el pretexto del llamado presupuesto base cero. Al parecer el intento fracasó y ahora el secretario de hacienda, Luis Videgaray, dice que el gobierno está dispuesto a dialogar con todas las fuerzas políticas todos los temas relacionados con el presupuesto para el próximo año. Sigue condicionando los tiempos y manera; pero se aprecia el cambio.

A fin de cuentas el presupuesto es una responsabilidad de la Cámara de Diputados y apenas se va a integrar la nueva legislatura con una composición política distinta a la que sustentó la disciplina del Pacto por México.

Qué bueno que se abra el dialogo, sobre todo a raíz de otra declaración del secretario de hacienda. Acaba de decir que los fundamentos de la economía mexicana se mantienen estables. Algo muy preocupante porque no reconoce que estamos entrando en un camino lleno de baches que requiere de un gobierno con capacidad de liderar la transformación, sobre todo para substituir importaciones y acolchonar los golpes al bienestar de la población. O algo peor; se da cuenta de la gravedad de la situación pero se siente impotente y falto de planes alternativos.

Einstein alguna vez dijo que era más importante la imaginación que la inteligencia. Ojalá y el dialogo “con todos los sectores” le inyecte imaginación al gobierno y obligue a nuestros dirigentes a bajar de su planeta, donde no pasa nada.

Por alguna razón el inconsciente me recuerda la dimisión de Alexis Tsipras, el primer ministro griego. Justificó su renuncia diciendo que el pueblo griego debe tener la oportunidad de decidir si sigue o no al frente del gobierno. Sobre todo después de que no logró cumplir con lo que prometió que haría. Es una renuncia digna, un magnífico ejemplo de autocrítica y democracia.

lunes, 17 de agosto de 2015

La devaluación del yuan

Faljoritmo

Jorge Faljo

China cimbró los mercados del mundo con tres devaluaciones consecutivas que bajaron el precio en dólares de su moneda en un total de 4.66 por ciento. No parece mucho, sobre todo si lo comparamos con la devaluación acumulada en México en el último año, algo así como un 27 por ciento. Pero hay factores que le dan un gran peso a ese movimiento del yuan.

Para empezar China es en muchos sentidos un país enorme. Por superficie terrestre (sin contar la marítima) es el segundo país más grande del mundo con 9.36 millones de kilómetros cuadrados. Es el primero en población con 1,350 millones de habitantes, algo más del 18 por ciento de la humanidad.

Destaca sobre todo porque desde 1978 es el país de mayor crecimiento del mundo; entre 2001 y 2010 su producción creció al 10.5 por ciento anual y en muchos de los últimos años creció más que las siete mayores potencias del planeta juntas.

Con esa base territorial, población y dinámica económica sostenida China es hoy en día la segunda potencia productiva del planeta, solo después de los Estados Unidos. Sin embargo esta medición se basa en una moneda barata y competitiva por lo que la misma medición está sesgada. Otra manera de medir el producto interno bruto, por paridad de poder adquisitivo, la ubica como primera potencia económica del mundo.

No quiere decir que los chinos sean ricos; su enorme producción se reparte entre una población también muy grande. Pero si quiere decir que la población del mundo es menos pobre gracias a que China elevó el bienestar de su propia población. Si quitamos a China de las estadísticas mundiales resulta que el resto del mundo se ha hecho más pobre en las últimas décadas.

La estrategia económica de esta potencia oriental se ha basado en el incremento acelerado de la exportación. No destaca en productividad y de hecho buena parte de su producción sigue siendo ineficiente en términos energéticos y tecnológicos. Sin embargo es altamente competitiva porque contra todas las presiones internacionales ha mantenido una moneda muy barata. De este modo no solo sus crecientes sectores de tecnología de punta son exportadores exitosos, sino que incluso su aparato productivo rezagado y hasta la producción de baratijas son competitivos, si no en el exterior por lo menos en el mercado interno.

Lo que ha hecho China es que los dólares que consigue exportando los presta al resto del mundo, sobre todo a los Estados Unidos. Lo cual hace que los chinos no tengan acceso a dólares baratos y el mejor ingreso de la población se destina a la compra de su propia producción. De este modo crearon una espiral positiva de crecimiento exportador a la vez que de fortalecimiento de su mercado interno.

Otro elemento clave de su economía, cada vez más privada y capitalista, es un estado fuerte que regula los aspectos macroeconómicos y que ha mantenido a raya la inversión y la ganancia meramente financiera, para favorecer la inversión y la ganancia productivas.

Sin embargo China cojea del mismo pie que el resto del planeta; el incremento de su producción y productividad han sido muy superiores al incremento del consumo de su población. Es decir que su propia población, aunque ha elevado sus niveles de vida, no tiene la capacidad de demanda suficiente para convertirse en el motor central de su producción. En paralelo en los últimos siete años incluso en los países centrales (Estados Unidos, Europa, Japón) ha crecido el desempleo y se han deteriorado salarios y condiciones de trabajo; y los gobiernos se aprietan el cinturón (el suyo y el de sus pueblos).

El resultado es una enorme sobreproducción, originada en la baja demanda, que ha hecho que se reduzcan los precios del petróleo, del acero y otros metales, de los cereales y que haya grandes cantidades de mercancías que muchos intentan vender subvaluadas; miles de empresas están cerrando y despidiendo empleados en todo el mundo (como la industria siderúrgica de México).

Lo cual explica el estancamiento o baja del comercio chino. El superávit comercial de China fue de cerca de 61 mil millones de dólares en el mes de febrero (¡en un mes!) y bajó a “solo” 43 mil millones de dólares en julio pasado.

Así que China, el país con las mayores reservas internacionales del planeta, devaluó porque así lo quiso su gobierno. De ese modo bajó todos sus precios y encareció para su población las importaciones. Parecía el inicio de una guerra comercial devaluatoria que asustó a muchos y que causó inmediatas devaluaciones en sus principales proveedores (Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y otros).

No se sabe lo que la gran potencia hará más adelante; de momento dice que no seguirá devaluando; tal vez porque podría provocar reacciones proteccionistas incluso en los Estados Unidos (donde una parte importante de la población duda de las ventajas del libre comercio y se ha iniciado el proceso electoral).

Por otro lado la devaluación del yuan fue otra señal de lo mal que van las cosas incluso en el país más exitoso del planeta. Y también el más decidido, al parecer, a proteger su producción y bienestar, así sea a costa de los demás.

lunes, 10 de agosto de 2015

Estados Unidos; un "reality" democrático

Faljoritmo

Jorge Faljo

La carrera para definir a los candidatos para suceder al presidente Barack Obama en los Estados Unidos empieza a tomar vuelo. Del lado demócrata la precandidata líder es la Sra. Hillary Clinton, esposa del ex presidente Bill Clinton y una política de prestigio por sus propios méritos. Ella compitió en el 2008 pero le ganó Obama. Ahora la apoya y, sin rivales fuertes en su propio partido, tiene buenas posibilidades de llegar a ser la primera mujer presidente de su país.

Del lado republicano, el partido más conservador, acaba de darse el primer paso en el proceso de determinar quién será su candidato presidencial. Desde hace un año el partido ha realizado encuestas por correo a sus afiliados sobre sus 32 principales políticos. Diecisiete personas se autodefinieron como candidatos; algunos con experiencia política y otros provenientes del sector empresarial. Solo una mujer entre ellos.

Acaba de darse el primer debate entre precandidatos republicanos. Los diez candidatos de mayor peso en las encuestas tuvieron un par de horas en horario de primera; antes, los siete de menor peso tuvieron una hora en horario menos atractivo. Para la mayoría, sobre todo los de más bajo “rating” el objetivo era darse a conocer e intentar destacar. Para otros, reafirmarse como punteros.

Todos se vieron sometidos a preguntas duras sobre sus antecedentes personales, experiencia política y sus propuestas. Además, no dejaron de criticarse unos a otros y todos, de expresarse en contra de la administración demócrata del presidente Obama.

Siendo todos del mismo partido conservador no es de llamar la atención que a grandes líneas sus posiciones fueran parecidas. Predominaron las expresiones contra el aborto, los matrimonios del mismo sexo, el nuevo sistema de salud norteamericano y en favor de una política exterior más agresiva y militarista. Todos manifestando su nacionalismo definido por la “excepcionalidad” de los Estados Unidos como un país de superioridad moral. Lo que eso quiera decir.

Sin embargo cuando las diferencias no son de fondo lo que importan son los matices y la manera de decirlo, el carisma personal. Un candidato se expresó contra los matrimonios del mismo sexo pero aclarando que querría igual a sus hijas si fueran lesbianas. Otro en contra del aborto de manera personal pero aceptando el cumplimiento de la ley; alguno más diciendo que pretendía cambiar la ley y los que fueron gobernadores señalando que redujeron los fondos de su estado para la planeación familiar. Todos en contra del sistema de salud que logró incorporar a millones de norteamericanos a los seguros médicos porque, dicen, es demasiado costoso.

Poco o nada se alteró en cuanto al orden de preferencia de los principales precandidatos. El que se encontraba y sigue a la cabeza en popularidad es Donald Trump, tal vez porque su comportamiento de chivo en cristalería, aunque provoca un fuerte rechazo en la mayoría, también le consigue muchos admiradores. Los demás candidatos se distancian de sus modos, pero algunos señalan que ha destapado una importante veta de descontento ciudadano que ahora no se puede desatender.

El mensaje de Trump es que la dirigencia norteamericana es estúpida; se deja engañar por otros países que le mandan sus maleantes (México) y por China que le arrebata los empleos. Es simplista y cínico cuando dice que no tiene tiempo para los buenos modales. Le señalaron que entró en quiebra cuatro veces y no pago a sus acreedores y contestó con desenfado que él si sabe de negocios y aprovecha todos los resquicios de la ley. Se ofreció a darles clases a los demás. Cuando lo acusaron de ofender de modo bastante grosero a las mujeres dijo primero que solo a una y luego admitió que en realidad a muchas. Lo aceptó con tal desparpajo y cara dura que la audiencia se rio. En otros momentos lo abuchearon y como si nada dijo que no todos lo quieren. Demostró dominar el espectáculo.

Trump es un grave problema para el partido republicano. Fue el único de los 17 que no aceptó respaldar al triunfador, solo a sí mismo. Declaró que si no gana podría convertirse en candidato independiente. Le da gusto la preocupación de los demás porque eso aseguraría la derrota republicana. Lo que es prácticamente chantaje. Para algunos será el factor decisivo para que gane Hillary Clinton.

Este no fue sino el primer gran debate de una larga serie; habrá por menos otros nueve en el curso de casi un año. En ellos se irán decantando los precandidatos y se irán definiendo las preferencias de los electores, tanto por la capacidad para afrontar las dificultades del debate y darse a entender, como por la pose y atractivo personal.

Su principio es que los candidatos de cada partido no se eligen por dedazo desde arriba; sino que tienen que demostrar en público sus capacidades. En principio acepta a todos los precandidatos, luego los somete a un rudo proceso de comparación al tiempo que los obliga a tratar asuntos reales, de fondo. Al mismo tiempo se van definiendo los grandes temas de interés del electorado.

Casi olvido decir que dos temas han surgido para alinearse con los de mayor importancia. Uno es el de la inmigración en el contexto de bajo crecimiento y alto desempleo. El otro es la creciente contradicción entre el respeto a los derechos civiles y la estrategia de seguridad nacional; es decir entre el derecho del gobierno a espiar a sus ciudadanos (no se cuestiona el espionaje a los demás) y el combate al terrorismo.

Cada precandidato ira definiendo ante el público su propia posición en cada punto, no podrán evadirlo. Tendrán tiempo y oportunidad para hacerlo y así se definirán los punteros y los que se irán saliendo de la carrera. De este modo también adquieren compromisos que después se les pueden echar en cara.

En comparación con nuestras formas, tan apegadas al dedazo y la “unidad”, su proceso es más divertido, millones lo ven como una forma de “reality show” sobre todo si lo anima un buen payaso; es mucho más educativo para el público sobre los asuntos de fondo y, además, es más democrático. Con todos sus defectos podría inspirarnos para algunos cambios aquí.

lunes, 3 de agosto de 2015

Soluciones mágicas… y fracasos reales

Faljoritmo

Jorge Faljo

Los últimos datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social son contundentes: el número de pobres se incrementó en dos millones entre 2012 y 2014. No es únicamente un incremento cuantitativo sino incluso un incremento del porcentaje de la población en esta condición.

CONEVAL también revela que en estos dos primeros años de la actual administración federal el poder de compra de las familias promedio se redujo en un 3.5 por ciento. Lo que es congruente con el hecho de que disminuyó el ingreso laboral real per cápita y que se elevó el porcentaje de trabajadores cuyos ingresos laborales no son suficientes para adquirir una canasta alimentaria.

Los datos revelan no solo condiciones de pobreza sino algo peor; sino algo peor, una evolución hacia el empobrecimiento masivo de la población.

La única excepción es una pequeña disminución de la población en condiciones de pobreza extrema. Estos disminuyeron de 11 millones 529 mil a 11 millones 442 mil. Algo así como 86 mil personas.

De lo anterior se pueden resaltar dos cosas. La disminución de la pobreza extrema se debe a un gasto social poco eficiente pero que a fin de cuentas algo consigue. Lo segundo es que el funcionamiento de la economía está empobreciendo a la población en su conjunto, incluso a aquellos que tienen la “fortuna” de contar con trabajo.

Muchas voces han señalado los escasos, decepcionantes resultados de la política social. Por mi parte prefiero resaltar el fracaso de la estrategia económica. Mientras que la política social ayuda a salir de la pobreza extrema a unos cuantos; la estrategia económica hunde a la mayoría.

Una buena estrategia económica debería por si misma eliminar la mayor parte de la pobreza extrema (hablo de millones y no de unas decenas de miles) y elevar el bienestar general.

La coyuntura macro, con caída brutal de los ingresos petroleros, devaluación en marcha del peso, recortes fuertes al gasto público y soluciones mágicas que simplemente no dan los resultados ofrecidos me hace recordar el mensaje que vi en la camiseta de un desconocido: “por mal que estén las cosas siempre pueden empeorar”.

Esto puede ser lo que ocurra si como muestra la evidencia la cosa no ha funcionado y ahora, sin lana, menos. Pero queda una alternativa y esa es cambiar de rumbo. Modificar a fondo la estrategia económica.

En los últimos años los Estados Unidos imprimieron literalmente centenas de miles de millones de dólares con los que inundaron al mundo; de ese modo se crearon demanda, compraron empresas y medianamente están superando su crisis.

Nosotros “logramos” atraer en los últimos cinco años 315 mil millones de dólares de capitales volátiles y con ellos tuvimos moneda fuerte y una estrategia de importaciones baratas favorables a los consumidores. Pero golpeamos a nuestros productores insistiendo en que no son competitivos.

Ahora que el capital volátil amenaza volar en busca de mejores horizontes, la estabilidad macroeconómica se desmorona y habremos de enfrentar una ruda escasez de dólares habría que pedirles perdón a los empresarios que quebraron, a los campesinos que no pudieron seguir cultivando, a los que perdieron sus empleos o no encuentran trabajo. Los necesitamos para poner en marcha a la brevedad una estrategia de substitución de importaciones.

Con dólares escasos habrá que decidir que si es importante seguir importando, y que es lo que podemos producir adentro. Esto significa que las importaciones respondan a decisiones de interés colectivo y no a los de los que más dinero tienen. En una sociedad tan inequitativa como la nuestra sería riesgoso permitir que los de mayor poder económico acaparen las importaciones. Sobre todo mientras no logremos levantar la producción interna de alimentos y bienes básicos.

El esfuerzo debe ser doble. Hay que exportar y los exportadores recibirán amplios beneficios de la devaluación; más pesos por cada dólar que vendan. Pero eso no debe llevar a olvidarnos de la producción para nosotros que substituya buena parte, todo lo que se pueda, de lo que importamos. Y son estos productores los que deben recibir el apoyo del estado en términos de organización, transferencia tecnológica y, sobre todo, canales de comercialización que conecten producción y demanda en el espacio local, regional y nacional.

Hace un par de días el sr. Presidente se lanzó en contra de aquellos que prometen soluciones mágicas que terminan mal. En estos días se nos hacen evidentes muchos fracasos mágicos; los del discurso dogmático; los de reformas sin democracia; los de planes hechos sobre las rodillas y sin dialogo con los interesados.

Lo que va mal puede empeorar; o podríamos cambiar el rumbo.