lunes, 27 de julio de 2015

Dólar, la Apuesta Fallida

Faljoritmo

Jorge Faljo

De un año para acá el dólar cuesta un 25 por ciento más caro. No nos hagamos ilusiones, esto es algo que llegó para quedarse y lo más probable es que todavía siga subiendo de precio. Siempre he sostenido que esto era inevitable y que las causas se encuentran en nuestro modelo económico y no en el exterior.

Lo que ocurre es que somos un país fundamentalmente importador y deficitario; año con año lo que vendemos no alcanza para pagar lo que compramos más la renta (intereses y ganancias) al capital externo. Año con año nos endeudamos más para importar más que producir. El endeudamiento crea desempleo interno, subutilización del aparato productivo y quiebra de empresas.

El modelo se sostiene mediante cada vez mayor endeudamiento con capitales volátiles y la venta del aparato productivo. Pero vender la vaca y no la leche tiene un alto costo; los dueños de las vacas tienen derecho a exportar las ganancias; los dueños del capital volátil cobran intereses.

Nos colocamos de “facilitos” ante la estrategia norteamericana de crear, prácticamente de la nada, enormes volúmenes de capital financiero mediante la impresión de dólares. Con este dinero adquirieron las mejores empresas de los países periféricos y les financiaron el consumo de importaciones. De este modo ellos elevaron su competitividad, su dominio de la producción mundial y crearon excesos de producción en rubros estratégicos.

Así que ahora a nosotros nos toca lidiar, por una parte, con una caída brutal de los ingresos petroleros, la baja de la inversión extranjera directa (al parecer ya se vendió lo más atractivo) y la caída de las exportaciones. Por otro lado la decisión inminente de elevar los intereses en los Estados Unidos ya está provocando la tan anunciada y temida reversión de flujos de capital.

Hace un par de años escribí “El error de diciembre”; me refería al 2012, y a que la nueva administración federal no aprovechara el momento para conducir una devaluación administrada y preventiva en nuestros propios términos. En lugar de ello echaron el volado de que podrían atraer una enorme cantidad de dólares vendiendo el subsuelo petrolero. Les falló la apuesta.

El caso es que tenemos que apechugar con esta devaluación inevitable. Pero no es el caso de permanecer inermes ante ella sino reaccionar con agilidad para instrumentar medidas que atenúen su impacto negativo e incluso para aprovechar, en beneficio de todos, las oportunidades que ofrece.

Los exportadores que emplean insumos nacionales serán los más favorecidos. Por ejemplo los exportadores de frutas y verduras que pagan en pesos y venden en dólares, ahora van a obtener más pesos por cada dólar exportado. ¡Qué bueno! Sin embargo esta bonanza puede y debe ser compartida con el resto de la nación, empezando por sus trabajadores. Es el momento, por ejemplo, para dignificar las condiciones laborales de los trabajadores agrícolas de San Quintín.

Una medida a considerar es un impuesto a las exportaciones, no solo las agrícolas, que capte una porción de las ganancias que genera la devaluación. Un ingreso para fortalecer la producción interna y los programas sociales que sostengan el nivel de consumo básico.

Urge una política de substitución de las importaciones encarecidas por producción interna. La devaluación hace más urgente que el gobierno cumpla con su compromiso formal (está en el Plan Nacional de Desarrollo), de garantizar la seguridad alimentaria del país. Para el 2018 el 75 por ciento del consumo de granos básicos debe ser producido internamente.

No solo eso; hay que incrementar la producción y consumo de ropa, calzado y muchas otras mercancías nacionales, en lugar de importarlas. Por el lado de la producción no es difícil; hay vastas capacidades subutilizadas que pueden reactivarse sin requerimientos de capital externo.

Lo que ha fallado es la demanda; la población se ha empobrecido y lo importado ha sido, hasta ahora, más barato que lo nacional. Pero la ecuación está cambiando y eso deja lugar a dos alternativas. Una es que el encarecimiento de lo importado lleve a reducir el consumo. Otro sacrificio de las mayorías es, además de innecesario, social y políticamente inaceptable.

Hay otra opción; sostener e incluso elevar el ingreso real de los trabajadores reconectando de manera gradual pero decidida, el consumo a la reactivación de la producción interna. Esto crearía una espiral positiva entre elevación del ingreso y el consumo por un lado y reactivación de la producción y el empleo por el otro.

Frente a la devaluación hay que poner en marcha la imaginación; colocar sobre la mesa todas las opciones posibles, sin ataduras dogmáticas y hacer prevalecer a la nación sobre los intereses individuales.

Aunque el golpe inmediato será doloroso, bien manejada esta crisis puede dar pie a la corrección de fondo que necesitamos.

lunes, 20 de julio de 2015

La de malas

Faljoritmo

Jorge Faljo

Esta administración creyó que habría de gobernar con abundancia de dólares. Con el petróleo a más de 100 dólares el barril sería posible seguir sin cobrar impuestos a las grandes empresas y a los muy ricos; seguiríamos importando de todo, incluso los alimentos; las elites seguirían enriqueciéndose y hasta habría espacio para otra una camada sexenal de súper ricos.

Pero gobernar sin lana es otro rollo y aparte está la mala suerte que parece perseguir a esta administración y que amenaza agriar la telenovela sexenal.

Los últimos datos oficiales, del INEGI, indican una caída del ingreso de los hogares de un 3.5 por ciento en lo que va de esta administración. No es de extrañar si se considera el deterioro de las condiciones del empleo y de la producción. Estamos ante un recrudecimiento de la avalancha de importaciones destructoras de la producción interna; no porque podamos pagar más sino porque la sobreproducción impera en el mundo.

Además las exportaciones de manufacturas registraron en el mes de mayo pasado su peor caída en cinco años. Las exportaciones automotrices, prácticamente maquiladoras que reexportan importaciones ensambladas, descendieron en 3.5 por ciento y el resto de las manufacturas cayeron en 8.1 por ciento.

La gota que amenaza con derramar el vaso, y no me refiero al túnel de escape, es el fracaso en la licitación de los 14 bloques petroleros de aguas someras. Solo pudieron colocarse dos a una empresa hechiza, de algo así como un año de antigüedad. Ninguno de los gigantes petroleros internacionales se interesó mayormente en estas adquisiciones a pesar de que se les ofreció poder calcular costos de producción mucho más altos de los de PEMEX y una supervisión laxa.

La justificación de la apertura a las empresas transnacionales era que contaban con la tecnología y experiencia para la exploración y extracción en aguas profundas. Sin embargo en la prisa por privatizar a cualquier costo se convocó a las transnacionales a participar en los bloques más atractivos, los de aguas someras, que se suponían reservados para PEMEX. A la empresa nacional no se le permitió participar; una oferta suya con sus costos de operación se habría llevado de calle el concurso.

Pero las transnacionales no se interesaron. Unos consideran que por la debilidad institucional de una reforma energética que probablemente no pasaría la prueba de fuego de una consulta democrática. La que más de seis millones de mexicanos solicitaron pero se les opuso una interpretación leguleya que nos impide opinar sobre cualquier tema relevante.

No obstante habría que pensar que se desalentaron por un panorama mundial en el que habrá de continuar y empeorar la sobreproducción y los bajos precios. El acuerdo diplomático entre Estados Unidos e Irán anuncia el final de las sanciones al segundo y abre la puerta al incremento de sus exportaciones de petróleo. Lo que podría bajar el precio del petróleo hasta treinta dólares el barril.

Esta administración entró criticando los treinta años previos de caída de la productividad y estancamiento económico. Hasta parecía que sabían y harían algo positivo. Pero su propuesta fue más de lo mismo, austeridad y neoliberalismo. No hemos llegado a la mitad del sexenio y al buque le entra agua por múltiples agujeros.

Deberían entender el fracaso de la licitación petrolera como el fin de la estrategia de conseguir “dólares fáciles” mediante la venta patrimonial (petróleo, minería, empresas) y el endeudamiento externo público y privado. Y hasta el viaje para pedirle inversiones a una Europa en crisis se ve socavado por… la mala suerte.

Año con año el país debe pagar cantidades exorbitantes de renta (intereses y ganancias) al exterior y el debilitamiento de las entradas (remesas, petróleo, exportaciones, venta patrimonial, capital volátil) empieza a hacer tambalear este castillo de naipes.

Más que conseguir dólares fáciles necesitamos un cambio de fondo en nuestra relación con el exterior bajo principios de intercambio equilibrado y desendeudamiento nacional. Dadas las dificultades para exportar más en un planeta saturado de producción invendible por falta de demanda, el énfasis tendrá que estar en substituir importaciones por producción interna.

Es ya inaceptable vender al país para comprar en el exterior los alimentos, el acero y las manufacturas, la ropa y el calzado que podríamos producir internamente. Un uso eficiente de los recursos disponibles, empleo y capacidades subutilizadas, sería la forma más efectiva de real incremento de la productividad con bajos requerimientos de inversión que podrían ser satisfechos internamente.

Hacerlo así requiere la guía del Estado en la administración del comercio externo; en la reconfiguración del mercado para consumir lo que producimos y producir lo que necesitamos; en la defensa y promoción del trabajo, de la mediana y pequeña empresa, y del sector social.

Es posible si recuperamos los valores que nos dan cohesión como nación: un estilo de desarrollo que consolide nuestra soberanía, democracia, y bienestar social. Sin ello lo que hay no es mala suerte sino ensoñaciones frívolas cada vez más inconsecuentes con el interés mayoritario.

martes, 14 de julio de 2015

Empleo, desarrollo y democracia

Faljoritmo

Jorge Faljo

El documento “Perspectivas del Empleo 2015”, de la OCDE, señala que hay 42 millones de desempleados en los 34 países que la integran. Diez millones más que hace siete años, al inicio de la gran recesión. La muy lenta recuperación del empleo en los países más desarrollados muestra que no se ha seguido la estrategia correcta para restablecer no solo este indicador sino, en general, los niveles de consumo y bienestar de la población.

Uno de los aspectos que más preocupan a la OCDE es el desempleo de larga duración. Hay 15.7 millones de personas con más de un año sin trabajo y alrededor de ocho millones con más de dos años sin encontrarlo. Es un desempleo “duro”, irreversible, porque a mayor tiempo sin trabajo más se pierden habilidades y disciplinas, y es más difícil la recapacitación para otras labores. Las empresas prefieren contratar a un desempleado de poco tiempo.

El reporte no es alentador. El desempleo se convierte en un factor de inseguridad y temor en la vida cotidiana de todos. Y dado que se concentra en la juventud puede concluirse que hay grupos de la población cuya perspectiva es el desempleo permanente. Sobre todo en países con tasas de desempleo juvenil superior al 25 por ciento, como en Bélgica, Grecia, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, España y Suecia. En contraste con Alemania, potencia exportadora, con solo un 7.7% de desempleo juvenil.

Sin embargo estas estadísticas maquillan la situación al considerar desempleado solo al que se encuentra en búsqueda activa de empleo. Es decir que no toma en cuenta a los “desalentados” que dejaron de buscar, pero que ante una oportunidad aceptarían ingresar al mercado de trabajo. Esto salta a la vista en los datos de participación en la fuerza de trabajo, donde “participar” significa que se tiene o se busca empleo activamente.

En México solo trabaja o busca empleo el 63.7% de los que tienen entre 15 y 64 años de edad; en Suiza lo hace el 83.8%. En el grupo de 15 a 24 años, en México “participa” el 45.6% mientras que en Suiza o Australia es más del 65%. En Grecia es apenas el 28%.

Alguna mente bruta podría pensar que los griegos y mexicanos somos flojos y por eso nuestra participación laboral es menor. Prepárese para una sorpresa; de acuerdo al reporte de la OCDE los mexicanos y griegos se encuentran entre los más trabajadores del mundo. Los mexicanos con empleo trabajan un promedio de 2,228 horas al año; los griegos 2,042; mientras que los suizos trabajan 1,568; los ingleses 1,667 y los alemanes solo 1,371.

Que trabajemos más no es motivo de presunción. Refleja más bien la desesperación de los mexicanos (y griegos) por conseguir y conservar un empleo, por malo y explotador que sea. En nuestro caso el salario real es hoy en día la quinta parte del que existía entre 1976 y 1980.

Nuestra propia versión de “austeridad” supuestamente nos habría de llevar al crecimiento, al empleo y al bienestar. Treinta años de promesas incumplidas cuyas fallas son “corregidas” con más de lo mismo.

Estamos atrapados en la austeridad permanente, con la vieja pretensión de que de esa manera “el país”, es decir las grandes empresas, serían competitivas. Pero salió el tiro por la culata porque al reducir el consumo de la mayoría y abrir el mercado nacional destruimos sectores productivos enteros, como el textil y del vestido, calzado, muebles y electrodomésticos y, en estos días la producción de arroz, acero y muchos otros.

La estrategia sirvió para el enriquecimiento de pocos; pero fracasó como proyecto de Nación. Justo en estos días tenemos la peor caída de la exportación de manufacturas de los últimos cinco años. Hay que entender que enfrentamos un contexto mundial en el que el empobrecimiento competitivo, vulgo “austeridad”, ha provocado una enorme sobreproducción. Producir más pagando menos crea enormes riquezas pero no ha generado mercado y termina por destruir la producción. Así, ni con nuestros extremos de explotación laboral podemos triunfar como exportadores.

Hemos sido muy lentos en diagnosticar la situación y reaccionar. Urge reorientar la estrategia a reconectar producción y empleo en el contexto del mercado nacional, lo que solo es posible instrumentando con el exterior (China en particular) un intercambio equilibrado. Con una defensa activa de la producción y el empleo podemos dar el primer paso para aprovechar el enorme potencial de trabajo y producción que estamos subutilizando.

Necesitamos recuperar, el planteamiento constitucional de una sociedad democrática con un estado responsable del bienestar generalizado que ofrezca a todos inclusión al empleo, a la educación, la salud y a un retiro digno en la vejez. Sin un esfuerzo planeado en este sentido es hipócrita decir que no aprovechamos el “bono demográfico” o hablar de eficiencia económica.

Un paso esencial es fortalecer nuestra democracia poniendo a consulta las grandes alternativas de estrategia económica. El gobierno griego fue capaz de armar en solo nueve días un referéndum sobre la austeridad al que acudió a votar la población en masa. Costó poco, fue altamente participativo, el debate fue amplio y por su transparencia nadie cuestiona sus resultados.

Necesitamos también aquí ejercicios de democracia relevante. Podríamos aprender de los griegos para hacerlos rápido, sencillos y transparentes; lo que es posible cuando se quiere.

lunes, 6 de julio de 2015

Otra nación en quiebra

Faljoritmo

Jorge Faljo

Adivina qué jefe de gobierno dijo:

En el pasado el Gobierno podía barrer los problemas debajo de la alfombra, dejando para después su solución y tomando más dinero prestado. Ahora, es momento de enfrentar nuestros problemas y atenderlos de una vez y por todas. La deuda heredada es tan grande que no nos permite acceso a los mercados financieros y nuestra economía no genera suficientes ingresos para repagar las obligaciones asumidas.

Aún si aumentáramos contribuciones y recortáramos más los gastos, la magnitud del problema es tal, por el peso de la deuda que arrastramos, que nada resolveríamos.

Todas las medidas que tomamos en estos últimos dos años demuestran nuestra voluntad de pagar. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestro poder, pero el próximo paso tiene que ser lograr términos más favorables para el pago de nuestra deuda. Compartiendo el sacrificio con los acreedores, podremos salir adelante.

Lo anterior es lo que ha declarado el Gobernador de Puerto Rico Alejandro García Padilla; renegociar una quita de deuda, bajar los intereses y/o posponer el pago, es la propuesta.

Se trata de un territorio norteamericano con una situación peculiar y a veces contradictoria. No es un estado de esa unión pero sus habitantes son reconocidos como ciudadanos norteamericanos para efectos del servicio militar; sin embargo no pueden votar en las elecciones para presidente de los Estados Unidos.

Como territorio, colonia, o lo que sea, de los Estados unidos tiene algunas ventajas. Por ejemplo sus acreedores norteamericanos no pagan impuestos sobre los intereses que reciben. De ese modo se hicieron atractivos los bonos de deuda de la isla y se pudo endeudar sin problemas. Buena parte de su población recibe apoyos sociales y cerca del 36 por ciento recibe asistencia nutricional; al encontrar empleo se pierden estos apoyos, lo que desalienta el empleo.

Su mayor desventaja es que se prohíbe que los barcos extranjeros puedan transportar mercancías entre dos puertos norteamericanos. Por eso a los grandes transportes no les conviene hacer escala en una isla de solo 3.6 millones de habitantes si eso les impide seguir a los Estados Unidos; y al regreso tienen prohibido hacerlo. Lo cual encarece su comercio.

La isla ha tenido facilidades para endeudarse y consumir, pero no para producir.

Puerto Rico lleva años en retroceso económico. Su producción total es 12 por ciento menor que la de hace 10 años; sus cosechas agrícolas son hoy en día apenas el 20 por ciento de las de los años sesenta. El nivel de subutilización de recursos productivos y mano de obra es altísimo. Obviamente esto ha reducido también la captación de impuestos mientras que le ha sido fácil endeudarse. Pero todo dura hasta que se acaba; ya no puede refinanciar su deuda y tendrá que modificar su economía.

La situación de Puerto Rico se parece a las de Grecia, y a la de México. Solo que los dos primeros ya llegaron al límite de endeudamiento. Aquí las elites aún se entercan en que vendiendo las grandes empresas y el subsuelo y endeudándonos, podrán seguir haciendo su agosto. Entretanto a la mayoría solo le queda el empleo mal pagado, la informalidad, el desempleo, la emigración o el crimen. Luego, en medio de la crisis, deberán pagar la deuda.

Pero volvamos a Puerto Rico. Su balanza comercial tuvo un superávit de casi 20 mil millones de dólares en 2014, lo que es bastante bueno. Sin embargo ese mismo año pagó 36 mil millones de dólares en rendimientos de capital. Es decir que debido a su endeudamiento y a la desnacionalización de la producción lo que gana exportando de más no le alcanza para pagar los intereses y las repatriaciones de ganancias.

El gobernador dijo que sin un crecimiento agresivo de la producción nunca saldrán del círculo vicioso de contracción, emigración, austeridad e impuestos. Sí, pero ¿cómo?

Su potencial de reactivación agrícola y manufacturero es muy grande. Como país independiente podría devaluar y elevar salarios a manera de reconectar el consumo y la producción internos; su banco central podría financiar al gobierno mediante emisión de moneda; podría imponer aranceles a las importaciones; podría comerciar en barcos de cualquier país. Sin embargo Puerto Rico no tiene estas opciones.

Más tarde o más temprano tendrá que reconocer que sus opciones son extremas. O se anexa totalmente a los Estados Unidos para tratar de conseguir mayores subvenciones para atenuar el empobrecimiento. O se independiza y mediante el control de su moneda y comercio externo protege y reactiva su producción y mercado internos. Una plataforma de alta autosuficiencia, moneda barata y mejoramiento salarial serían la mejor manera de elevar substancialmente la competitividad de su producción sin exigir inversión externa.

Ninguna de las dos opciones es fácil o aceptable para una fuerte mayoría de sus ciudadanos. Lo más probable, y lamentable, es que Puerto Rico seguirá en el mismo camino del deterioro continuado. Su situación no es peculiar; entre Grecia, Puerto Rico y muchos otros países que aceptan la destrucción de su aparato productivo, como México, la diferencia no es de fondo sino de cercanía a la bancarrota.

domingo, 28 de junio de 2015

Pago, no tengo

Faljoritmo

Jorge Faljo

El próximo martes 30 de junio es la fecha límite para que Grecia le pague al Fondo Monetario Internacional un vencimiento de deuda por 1,600 millones de Euros. Sin embargo el país no cuenta con ese dinero y la única posibilidad de pagar es que sea refinanciado; es decir que le presten lo suficiente para hacer este pago y otros que se avecinan en los próximos meses.

Los acreedores y el gobierno griego se encuentran atrapados. La única manera de que los primeros cobren es prestando lo suficiente para cobrar; la única manera de que el segundo pague es endeudándose más.

Solo que los acreedores ponen condiciones que hundirían aún más la economía de Grecia: Elevar substancialmente el IVA; disminuir pagos a los pensionados; subir la edad de retiro; privatizar empresas públicas, entre ellas el principal puerto del país; y disminuir el gasto social y administrativo.

Esta es una historia que se repite desde hace cinco años y el hecho es que la estrategia no le ha permitido a Grecia reducir su deuda, pero si ha tenido costos económicos y sociales enormes. La producción se ha reducido en más de 25 por ciento; uno de cada cuatro griegos está desempleado, entre los menores de treinta años es más de la mitad; la población se ha empobrecido y miles no pueden pagar la electricidad y el agua; otros han caído en la miseria y el hambre. Abundan los suicidios.

En el 2010 Grecia cometió el error de aceptar un refinanciamiento condicionado de la deuda en lugar de declarar, bajo sus propias leyes, una cesación de pagos y exigir una quita de deuda a sus acreedores privados. En lugar de ello aceptó el refinanciamiento del Fondo Monetario, del banco central europeo y de otros países en una estrategia de salvamento de los bancos alemanes y franceses y los inversionistas privados. Grecia en cambio no recibió dinero fresco.

El pueblo griego votó hace cinco meses en contra de la austeridad y a favor de reactivar la economía y el empleo. Pero eso es lo que menos interesa a los otros países que lo que quieren es producir y exportar. Lo que les convenía era un país que se endeudara y fuera importador de sus productos.

Del 2005 al 2009 Grecia tuvo el mayor ritmo de crecimiento industrial de toda Europa; su índice de productividad era el 98 por ciento de la media europea. Tenía, por ejemplo, la más avanzada industria naviera del mundo. No era un país bananero dedicado al jolgorio. Pero sus elites decidieron endeudar al gobierno para darle al país un maquillaje de modernidad y enriquecerse ellos mismos.

Siguió una política parecida a la modernización ficticia de México, basada en el endeudamiento externo, que desembocó en la crisis de 1994. Solo que aquí la devaluación del peso redujo las importaciones e impulsó las exportaciones sobre la base de mejor uso de capacidades instaladas, sin necesidad de nuevas inversiones. Así, con grandes sacrificios, remontamos los excesos de nuestras elites.

Pero Grecia está atrapada en el euro y no puede devaluar. Además está comprometida con el libre comercio y tampoco puede controlar sus flujos de capital. Esto la coloca frente a opciones extremas: seguir con una política de cada vez más sometimiento y colonización de capitales externos al tiempo que se siguen destruyendo sus propias empresas; o cortar por lo sano y abandonar el euro con enormes costos sociales. Nadie ha abandonado el euro, así que no se sabe todo lo que puede ocurrir.

Grecia quiere el refinanciamiento que le permita seguir pagando, pero de manera tal que la prioridad sea el crecimiento económico y evitar mayor empobrecimiento.

Los acreedores están empecinados con una política que ha demostrado su fracaso económico e incluso para conseguir un cobro real, sin la ficción del refinanciamiento. Solo que al parecer su prioridad es demostrar que el gobierno griego no es viable y que no podrá triunfar una política distinta a la llamada austeridad. Temen que el pueblo español siga el ejemplo griego en septiembre próximo.

El Fondo Monetario Internacional puede conceder hasta treinta días de gracia después de la fecha de vencimiento pero su directora, Christine Lagarde, dijo que Grecia no tendría ni un día de gracia.

No obstante Alexis Tsipras, el primer ministro griego, convocó a un referéndum el próximo domingo cinco de julio para que el pueblo griego decida si acepta o rechaza las condiciones de los acreedores. Su argumento es que fue elegido para acabar con la política de austeridad y por tanto no puede aceptar las condiciones de los acreedores. A menos que el pueblo le dé un nuevo mandato.

Así que de momento Grecia no acepta las condiciones del refinanciamiento y no pagará el vencimiento de este próximo martes 30 de junio. Lagarde enfrenta una grave disyuntiva: puede declarar la insolvencia de Grecia y desatar una crisis financiera mundial. Será un momento histórico infame; una nación será expulsada de Europa por un asunto financiero. O puede tragarse sus palabras y esperar la decisión del pueblo griego.

Incluso si no se declara el impago pero los griegos votan contra las condiciones de los acreedores estaremos ante una confrontación histórica entre el bienestar de un pueblo y los intereses de los capitales financieros. De cualquier manera Tsipras ha hecho lo correcto al llevar la decisión al pueblo.

Grecia debe interesarnos porque estamos siguiendo su mismo camino: alto endeudamiento financiero sin crecimiento económico, con destrucción de capacidades internas, desempleo y desnacionalización del aparato productivo.

lunes, 22 de junio de 2015

El Payaso Millonario

Faljoritmo

Jorge Faljo

Donald Trump se ha incluido formalmente en la carrera para ser presidente de los Estados Unidos. Lo que significa que se ha logrado colar en la lista de los diez precandidatos republicanos que participarán en el primer debate electoral dentro del proceso de selección. No tiene más cualidades que las de ser muy rico y famoso; pero estas parecen ser suficientes, lo que es en sí mismo bastante significativo. No se puede aspirar a participar en política a ese nivel si no se cuenta con realmente mucho dinero.

De acuerdo a su personalidad y costumbres Trump se lanzó a la carrera presidencial con un discurso controvertido, que llamó la atención por su megalomanía, sus faltas a lo políticamente correcto y que en el caso de los inmigrantes fue ofensivo. Un discurso que por otra parte también tiene una buena dosis de humorismo involuntario y les da bastante leña a los comentaristas satíricos de la tele norteamericana. Algún periódico lo colocó en primera plana con nariz roja y maquillado como payaso. Tal vez esta sea su definición política.

Sobre nuestro país declaró: “México manda a su gente pero no manda lo mejor. (…) Están trayendo sus problemas para acá, drogas, crimen y a sus violadores. Aunque asumo que algunos son buena gente”.

Su declaración refleja una buena dosis de paranoia; eso de que los mexicanos son enviados da la impresión de un plan destinado a hacerles daño. Después de la ofensa general se cubrió las espaldas “asumiendo”, es decir por pura amabilidad, que algunos serían buenas gentes.

Tal declaración generó múltiples respuestas de las organizaciones chicanas, la principal de las cuales lo llamó tonto. Otros políticos inmediatamente señalaron que no comparten sus prejuicios. Desde luego nuestras autoridades se apresuraron a contradecirlo. El secretario de relaciones exteriores lo calificó de ignorante y el subsecretario Alcocer hizo un discurso con muchas cifras sobre la aportación económica de 33 millones de migrantes y sus descendientes en los Estados Unidos, las 570 mil empresas propiedad de migrantes y su aportación al producto norteamericano.

Hasta el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, declaró su solidaridad al señalar que una ofensa a los mexicanos lo es también para los venezolanos.

Así que Trump logró lo que quería; entrar a la carrera presidencial armando un gran circo, llamando la atención y siendo el pre candidato más comentado. Al menos por unos días.

“El Donaldo”, como lo bautizó una de sus ex esposas, una modelo checoeslovaca que no dominaba completamente el inglés, está enojado con México. Allá por el 2007 patrocinó la construcción y venta de un conjunto de condominios de lujo frente a una linda playa. En una presentación del proyecto, dos torres con servicios de hotelería de playa, logró vender, en unas horas, departamentos por 128 millones de dólares. La construcción estaba en la obra negra de una torre cuando llegó el vendaval de la crisis inmobiliaria norteamericana y los inversionistas y financieros abandonaron el proyecto. Así que no había dinero para regresar los 32 millones de dólares de enganches recibidos.

Trump fue demandado en una corte norteamericana por los compradores. Sin embargo, Trump no había invertido en el proyecto, solo había vendido su nombre. Según él lo explica vende su nombre para patrocinar desarrollos inmobiliarios en alrededor de cuatro millones de dólares por caso. A cambio se compromete a dos días de trabajo, de seis horas cada uno, para estar en persona en eventos de promoción y permite el uso de su nombre y fotos.

En el caso del condominio de Tijuana Trump se vio obligado a resarcir a los compradores de su dinero personal. Lo que no le gustó nadita.

Trump es una marca de lujo en bienes raíces y en muchos otros productos; ese ha sido el gran éxito de Donaldo. Ese nombre lleva la famosa torre Trump de Nueva York, en la que todavía posee el pent house; también se encuentra en hoteles, campos de golf, casinos, perfumes, agua embotellada, una línea aérea, muebles, chocolates y te. Su imagen de hombre maduro, güero al extremo de parecer albino, es reconocida en todos lados.

Sus proyectos no siempre tienen éxito y en varias ocasiones han ido a la quiebra. Solo que quiebran las empresas y su responsabilidad es limitada; al parecer los que pierden son los inversionistas. Trump sabe separar y proteger su fortuna personal.

Es un hombre pragmático y de negocios; su discurso como precandidato fue prácticamente una promoción de su marca. Dijo, por ejemplo, que Obama al retirarse sería bien recibido en uno de sus campos de golf y mencionó que tenía 15, entre ellos uno cercano al capitolio. Presumió que con sus alrededor de 8 mil millones de dólares no necesita donativos, él se pagará su campaña.

Su oferta de campaña es defender a los Estados Unidos de los males que le llegan de fuera y traer de regreso los empleos que le han arrebatado países como China y México. Respecto a su vecino del sur, nosotros, planea construir un gran muro “y que lo pague México”. También destruirá Isil, la nueva república islámica del medio oriente. Pondrá a buenos negociadores, como el mismo, al frente del gobierno y en todos los tratos con el exterior.

La contribución de Trump a la carrera presidencial será darle color; sino es que convertirla en circo en sus inicios y hasta que quede fuera. Actuará como provocador y eso pondrá a prueba a los demás pre candidatos, que se verán obligados a reaccionar ante sus caricaturas de realidad.

Adelanta que si no gana la presidencia de cualquier modo será el candidato de mayor éxito que haya habido; su fortuna de alrededor de 8 mil millones de dólares lo comprueba. Creo que en sus cálculos lo importante es impulsar su propia marca; una marca dirigida a las elites a las que su discurso bruto sabe acariciar.

lunes, 15 de junio de 2015

Abajo la competitividad; arriba el derecho a producir.

Faljoritmo

Jorge Faljo

En los últimos tres años se han duplicado las importaciones de arroz proveniente de Pakistán, Tailandia y Vietnam con precios por debajo de los mercados internacionales. Producir en México sale a 4.50 pesos el kilo y mucho del arroz importado entra a 7 pesos el kilo pero ya pulido, empacado y listo para ponerse en el anaquel del supermercado. Es decir que ese arroz fue trabajado en su lugar de origen y aquí no genera empleo.

La superficie cultivada de arroz en México se ha reducido en un 87 por ciento, tal vez más, desde los tiempos en que la CONASUPO en lugar de comprar en México puso su red de distribución al servicio de los importadores.

En reunión con el Subsecretario de Industria y Comercio, de la Secretaría de Economía, los industriales del ramo propusieron ya no sembrar arroz en México pues les conviene comprar más del importado.

Por su parte el Consejo Mexicano del Arroz solicitó el restablecimiento de aranceles a esas importaciones que, a fin de cuentas no benefician al consumidor con un mejor precio pero si destruyen a los productores y al empleo dentro del país. Estamos, dicen a punto de entrar en una dependencia total de importaciones de un alimento básico y operando en contra de la soberanía alimentaria.

Tal vez la Secretaría de Economía no se haya dado cuenta de que la actual administración se comprometió, en el Programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario a producir dentro del país el 75 por ciento del abasto básico alimentario. Un compromiso que no se han tomado en serio en las secretarías de Hacienda, Agricultura y Economía.

En otro punto de la economía resulta que la actividad industrial de México mostró un desempeño modesto: solo se dio un crecimiento anual del 1.1% de abril a abril. Cierto que en algunos puntos mostró un crecimiento que casi sería aceptable. Pero eso solo indica que en muchos otros tuvo un comportamiento incluso negativo.

Sabemos que este gobierno se encuentra entre la espada y la pared. Por un lado tiene un discurso neoliberal en el que predica las ventajas de la competencia, aunque resultemos fregados. Por otro lado cuando las cosas se ponen calientes por la protesta empresarial emprende débiles medidas de control de las importaciones subvaluadas, por ejemplo en calzado, vestido y acero. Apenas suficientes para darle un respiro a la producción que sobrevive, pero muy lejos de revertir las tendencias y reactivar la producción al punto del uso eficiente, pleno, de las capacidades instaladas.

Producir más, generar empleo y bienestar, no pasa por la atracción de inversiones externas que cuando son productivas lo que hacen es contribuir a la destrucción de las empresas medianas y pequeñas. Con lo cual su generación de empleo es en realidad negativa.

La respuesta se encuentra en otro lado; en reactivar las capacidades con las que ya contamos y que se encuentran paralizadas. Podríamos producir en México el 75 por ciento de la alimentación nacional, no solo de arroz. Lo ofrecido por el gobierno es perfectamente posible. También podríamos levantar la manufactura nacional de manera espectacular y sin nuevas inversiones. Hay fuertes capacidades instaladas para producir más telas y vestidos, calzado, muebles y todo lo que pudiera considerarse parte de una canasta que más que simplemente básica pudiera elevar el nivel de bienestar de la población.

El problema es que nuestras elites se encuentran mentalmente atadas a una ideología de la competitividad que no ofrece más salida que atraer a las grandes transnacionales y que íntimamente desprecia al grueso de los empresarios y productores, urbanos y rurales, del país.

De los lugares más inesperados saltan las críticas a la ideología de la competitividad. Uno de ellos es el Papa Francisco que en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” dice: “Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.”

Cierto y más que cierto. Urge repensar la ideología de la competitividad simple y sencillamente la economía mundial, gracias a los enormes avances tecnológicos, se orienta a que solo unos pocos puedan producir mucho. Entretanto nos acercamos a que la mayoría no sea competitiva con esos pocos y no pueda producir, trabajar, ni vivir con dignidad.

Tenemos que cambiar el rollo infame y autodestructivo de la competitividad por el del DERECHO A PRODUCIR de las mayorías.

Esto es perfectamente viable con los debidos arreglos de mercado e institucionales. El problema para que puedan producir los productores de arroz, y los de todo tipo de alimentos, más las manufacturas, desde textiles y de calzado hasta de electrodomésticos y acero, no es técnico. Es ideológico, es en cierto modo religioso y dogmático. Me refiero a la secta económica que aprendieron nuestros muchachos que fueron a estudiar en el extranjero y que regresaron a imponernos en México sin ninguna capacidad crítica.

Fuera la ideología dogmática de la competitividad; pensemos en el derecho a producir.