Jorge Faljo
Faljoritmo
Habría que suponer que el pasado 5 de marzo, cuando el Presidente Peña Nieto instruyó al titular de SAGARPA “para que convoque a foros y espacios de diálogo y de propuestas que hagan organizaciones campesinas”, su intención era escuchar y propiciar un acercamiento con los productores rurales. Y escuchar es distinto de echarles rollo.
Dijo que habrían de participar todos los productores bajo las tres modalidades de propiedad de un lado, y del otro no solo la Secretaría de Agricultura y la de Desarrollo Agrario y Territorial “sino cualquier otra dependencia que deba tener involucramiento en la actividad del campo”. Es decir que se trataría de una consulta con amplia participación tanto del lado de los productores como del sector público.
Señaló que se trataba de “realmente, emprender una reforma al campo, entendida como el acuerdo y el consenso necesario” para cambiar las políticas públicas y los ordenamientos legales a partir de la experiencia. Para el presidente aquella reunión marcaba el inicio de un amplio debate, de una discusión a fondo, que habría de continuar bajo el liderazgo del titular de SAGARPA.
Pero no. No se ha podido. Y es que las diferencias son muy profundas. Veamos.
Hace unos días Gerardo Sánchez García, el dirigente nacional de la Confederación Nacional Campesina, declaró que a causa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte 2.3 millones de campesinos han dejado sus tierras y otros 5 millones han abandonado la actividad. Considera alarmante el nivel de importación de alimentos y piensa que para ganarle la batalla a la pobreza extrema, la emigración y la intranquilidad social se requiere un estado fuerte y una profunda reforma del campo.
Al día siguiente el titular de SAGARPA dio su respuesta al reunirse con los secretarios de agricultura de Canadá y los Estados Unidos. Se comprometió a mantener las fronteras abiertas que, según él, propician el crecimiento económico y empleo. Pero, si hubiera invitado a ese dialogo al dirigente de la CNC y a los de otras organizaciones habría aprendido que la realidad es otra y habría estado a tono con lo que pidió el Presidente Peña.
El caso es que mientras SAGARPA promueve el libre comercio todas las organizaciones campesinas quieren una real reforma del campo que nos oriente hacia la seguridad alimentaria y aliente la producción interna.
Lo que SAGARPA llama libre mercado es el fruto de intensas negociaciones y reglas que favorecen a unos o a otros y son siempre interpretables. Si los productores de arroz de Japón, o los de granos de Europa, incluso los norteamericanos, son competitivos se debe a las intervenciones de sus respectivos gobiernos para configurar la manera en que operan sus mercados. No hay mercados “naturalitos”, todos son manipulados a favor o en contra.
Los productores mexicanos podrían ser competitivos de un día para otro; cosa de reconfigurar la manera en que opera el mercado. Sobre esa base de competitividad inmediata se emprendería el camino del incremento de la productividad. Así se ha hecho en otros lados y ha funcionado. Es una decisión de estado.
Pero los planes de los ministros de agricultura de Canadá y los Estados Unidos son otros: asegurar que México siga siendo un buen cliente de sus productores. Tienen, en este momento, dos poderosos motivos: maíz y azúcar.
Nuestros vecinos tuvieron una muy buena cosecha de maíz este año. Lo que provocó una caída del 33 por ciento del precio en esta temporada. Tienen mucho maíz que vender y bastante barato. Las puertas abiertas de México les van a permitir arrasar con la producción nacional. La publicación del programa sectorial de SAGARPA, donde se promete obtener la seguridad alimentaria para México para el fin de sexenio les ha preocupado. Pareciera que los ministros de agricultura de Canadá y Estados Unidos vinieron a asegurarse que eso quede en mera palabrería.
Justo en estos días en Estados Unidos se acusa a México de hacer dumping con un exceso de exportaciones de azúcar barata que daña a los productores norteamericanos. Sin embargo sus mismos analistas temen que si ellos cierran sus fronteras al azúcar mexicana, México podría cerrar las suyas a la fructosa norteamericana. Esos ministros vinieron a asegurarse que ellos si pueden proteger su producción y nosotros… como de costumbre.
Nuestro campo necesita una transformación profunda basada en el dialogo, en la discusión sin temor a las palabras fuertes. Estas siempre son mejores que la desintegración social, la violencia y el riesgo a la seguridad nacional que presenta la situación actual.
Pero lo que tenemos es un dialogo de sordo. Así, en singular, porque no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni al de arriba ni a los de abajo.
Ante esta situación el Congreso Agrario Permanente, el Consejo Nacional de Organizaciones Rurales y Pesqueras y sectores del Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas acordaron organizar foros paralelos para dialogar entre ellos y con otros sectores de la sociedad mexicana. Es un paso importante. Los foros de rollo mareador organizados por SAGARPA no les permitían hablar.
No se rehúsan a continuar en el dialogo con el gobierno sino todo lo contrario. Le piden a SAGARPA que no se agandalle el balón y sume a sus consultas a las secretarías de Medio Ambiente; de Desarrollo Agrario; de Desarrollo Social; de Economía y de Hacienda. La lógica es evidente: transformar al campo exige la participación de todos los que están del lado de la producción y la sociedad y, también, de todos los que desde el lado del gobierno diseñan la política pública.
¿No es eso lo que pidió el Presidente?
Los invito a reproducir con entera libertad y por cualquier medio los escritos de este blog. Solo espero que, de preferencia, citen su origen.
domingo, 25 de mayo de 2014
lunes, 19 de mayo de 2014
¿Que le duele a Mr. Google?
Faljoritmo
Jorge Faljo
La Corte de Justicia de la Unión Europea, que no es cualquier juzgado, sino el máximo tribunal de Europa, tomó una decisión que está cimbrando al internet, empezando por google.
Resulta que un ciudadano español demandó “ser olvidado”, una expresión del derecho a la privacidad que ya existe en la ley europea. Concretamente pidió que google no presente en su servicio de búsqueda la información de que en 1998 tuvo dificultades financieras al grado de que se le embargó una propiedad luego subastada para cubrir un adeudo. Hoy en día cuando alguien teclea su nombre en google surge de manera prominente aquel fantasma del pasado que, en su opinión, lo desprestigia y le dificulta seguir adelante en sus negocios.
La suprema corte europea determinó que el derecho de esta persona a la privacidad es superior al derecho del público a conocer esa información. Para tomar esta decisión consideró que esa información era vieja y poco relevante a la situación presente del demandante.
De ese modo los jueces reafirman que incluso si los servidores y la empresa son norteamericanos, si prestan servicios en sus países tendrán que cumplir sus leyes. Tiene grandes implicaciones porque han abierto la puerta a que muchos otros, que pueden ser millones, le soliciten a google que elimine de su buscador información personal que estaría en una categoría similar: obsoleta y poco relevante para el público, pero de alguna manera ofensiva para la privacidad del afectado.
No es fácil plantear ese tipo de demanda; para empezar tiene que contratar un abogado. Sin embargo la idea es que más adelante google y similares diseñen un proceso automatizado para atender este tipo de solicitudes.
Ante ello han surgido los defensores del derecho a la información que se oponen a lo que consideran censura del internet. Sobre todo porque no se pone en duda que la información sea verdadera. No obstante el asunto de fondo es ¿hasta dónde llega el derecho a saber sobre las vidas ajenas? Se requiere una respuesta cuidadosa porque ahora es posible saber demasiado sobre cualquier persona y lo peor es que internet no olvida.
Un asunto paralelo al derecho a ser olvidado es, en mi opinión, el derecho a cambiar de opinión o a olvidarse uno mismo de lo que hizo antes. Centenares de millones, tal vez con algo de imprudencia, colocan en las redes sociales fotos y mensajes que revelan mucho de sí mismos en un momento dado de sus vidas. Datos que tienen el potencial cada vez mayor de ser vistos por quienes no imaginaban: la pareja, los amigos, los jefes y socios del futuro.
Creo que para todos debe existir el derecho a borrar la información que han colocado en Facebook, twitter o un blog. Cierto que lo hicieron de manera voluntaria pero eso no significa que no puedan cambiar de opinión y de manera también voluntaria desaparecerlo. Hasta un delincuente una vez cumplida su condena tiene derecho a una nueva vida.
Porque habría de guardarse y ser accesible a cualquiera con un poco de maña tecnológica las fotos de aquel loco viaje a Acapulco, o el mensaje de despecho al romper una relación amorosa. Yo lo comparo al derecho legal a no inculparse uno mismo.
Un estudio reciente sobre las políticas de privacidad de las empresas de internet acaba de informar sobre los contratos que aparecen en la pantalla antes de poder hacer uso de un programa y que detallan sus reglas de uso. Para empezar sirven para que la empresa se proteja haciendo que el usuario ceda el uso de su información. Google y otras muchas empresas adquieren el derecho a recopilar información sobre los sitios visitados en internet, las fotos o videos vistos; incluso acceder a la cámara de video de la computadora, a conocer la imagen de la pantalla, a saber la ubicación precisa del usuario, las redes que emplea, su calendario de eventos y docenas de cosas más. Todas ellas relacionables con los datos personales del usuario.
La reciente noticia del hackeo por un periodista de los mensajes telefónicos de un príncipe inglés, de su novia y de sus amigos, revela lo que es posible hacerle a cualquiera en el marco de las nuevas tecnologías.
La pérdida de privacidad se facilita porque la gran mayoría de los usuarios acepta sin leer, de un solo teclazo, cualquier cosa que digan las reglas de la empresa. El estudio mencionado dice que el norteamericano promedio tendría que emplear unas 180 horas para leer todos los permisos originales y las modificaciones que acepta en el curso de un año. Peor; tendría que saber derecho para entender los alcances de lo que acepta.
Algunos de esas reglas son divertidas, o espeluznantes. Una compañía de internet puso en sus reglas que el primero en enviar un mensaje a cierto correo recibiría mil dólares. El premio lo reclamó un usuario cuatro meses después; lo que le sirvió para asegurarse que sus usuarios no leen las reglas.
Otra compañía estableció su derecho a inspeccionar la máquina del usuario en cualquier momento y en cualquier lugar donde se encontrara. Lo que ciertamente no hace; y el fundamento legal es más que dudoso. Las hay que prohíben el uso inmoral de su programa; sin que sea claro que es moral o inmoral desde su punto de vista. No faltan en esas reglas errores de “corta y pega”; un programa prohibía a sus usuarios transportar su computadora en avión; otros deslizan frases absurdas. Lo que significa que no solo los usuarios no los leen; al parecer tampoco sus ejecutivos.
El derecho a la privacidad no puede existir en el contexto de miles de contratos de uso hechos a modo; se requieren leyes de tipo general que sean irrenunciables.
Borrar información personal que no es de interés público no será fácil. Implica rediseñar programas, contar con procedimientos automatizados y personal que atienda esas demandas. Se afectaría un mercado de datos personales calculado en 250 mil millones de dólares anuales.
Pero tal vez lo más importante para muchos de nosotros sea nuestro derecho a la privacidad. Afortunadamente la corte europea ha decidido que el derecho al olvido es importante y debe hacerse efectivo.
Jorge Faljo
La Corte de Justicia de la Unión Europea, que no es cualquier juzgado, sino el máximo tribunal de Europa, tomó una decisión que está cimbrando al internet, empezando por google.
Resulta que un ciudadano español demandó “ser olvidado”, una expresión del derecho a la privacidad que ya existe en la ley europea. Concretamente pidió que google no presente en su servicio de búsqueda la información de que en 1998 tuvo dificultades financieras al grado de que se le embargó una propiedad luego subastada para cubrir un adeudo. Hoy en día cuando alguien teclea su nombre en google surge de manera prominente aquel fantasma del pasado que, en su opinión, lo desprestigia y le dificulta seguir adelante en sus negocios.
La suprema corte europea determinó que el derecho de esta persona a la privacidad es superior al derecho del público a conocer esa información. Para tomar esta decisión consideró que esa información era vieja y poco relevante a la situación presente del demandante.
De ese modo los jueces reafirman que incluso si los servidores y la empresa son norteamericanos, si prestan servicios en sus países tendrán que cumplir sus leyes. Tiene grandes implicaciones porque han abierto la puerta a que muchos otros, que pueden ser millones, le soliciten a google que elimine de su buscador información personal que estaría en una categoría similar: obsoleta y poco relevante para el público, pero de alguna manera ofensiva para la privacidad del afectado.
No es fácil plantear ese tipo de demanda; para empezar tiene que contratar un abogado. Sin embargo la idea es que más adelante google y similares diseñen un proceso automatizado para atender este tipo de solicitudes.
Ante ello han surgido los defensores del derecho a la información que se oponen a lo que consideran censura del internet. Sobre todo porque no se pone en duda que la información sea verdadera. No obstante el asunto de fondo es ¿hasta dónde llega el derecho a saber sobre las vidas ajenas? Se requiere una respuesta cuidadosa porque ahora es posible saber demasiado sobre cualquier persona y lo peor es que internet no olvida.
Un asunto paralelo al derecho a ser olvidado es, en mi opinión, el derecho a cambiar de opinión o a olvidarse uno mismo de lo que hizo antes. Centenares de millones, tal vez con algo de imprudencia, colocan en las redes sociales fotos y mensajes que revelan mucho de sí mismos en un momento dado de sus vidas. Datos que tienen el potencial cada vez mayor de ser vistos por quienes no imaginaban: la pareja, los amigos, los jefes y socios del futuro.
Creo que para todos debe existir el derecho a borrar la información que han colocado en Facebook, twitter o un blog. Cierto que lo hicieron de manera voluntaria pero eso no significa que no puedan cambiar de opinión y de manera también voluntaria desaparecerlo. Hasta un delincuente una vez cumplida su condena tiene derecho a una nueva vida.
Porque habría de guardarse y ser accesible a cualquiera con un poco de maña tecnológica las fotos de aquel loco viaje a Acapulco, o el mensaje de despecho al romper una relación amorosa. Yo lo comparo al derecho legal a no inculparse uno mismo.
Un estudio reciente sobre las políticas de privacidad de las empresas de internet acaba de informar sobre los contratos que aparecen en la pantalla antes de poder hacer uso de un programa y que detallan sus reglas de uso. Para empezar sirven para que la empresa se proteja haciendo que el usuario ceda el uso de su información. Google y otras muchas empresas adquieren el derecho a recopilar información sobre los sitios visitados en internet, las fotos o videos vistos; incluso acceder a la cámara de video de la computadora, a conocer la imagen de la pantalla, a saber la ubicación precisa del usuario, las redes que emplea, su calendario de eventos y docenas de cosas más. Todas ellas relacionables con los datos personales del usuario.
La reciente noticia del hackeo por un periodista de los mensajes telefónicos de un príncipe inglés, de su novia y de sus amigos, revela lo que es posible hacerle a cualquiera en el marco de las nuevas tecnologías.
La pérdida de privacidad se facilita porque la gran mayoría de los usuarios acepta sin leer, de un solo teclazo, cualquier cosa que digan las reglas de la empresa. El estudio mencionado dice que el norteamericano promedio tendría que emplear unas 180 horas para leer todos los permisos originales y las modificaciones que acepta en el curso de un año. Peor; tendría que saber derecho para entender los alcances de lo que acepta.
Algunos de esas reglas son divertidas, o espeluznantes. Una compañía de internet puso en sus reglas que el primero en enviar un mensaje a cierto correo recibiría mil dólares. El premio lo reclamó un usuario cuatro meses después; lo que le sirvió para asegurarse que sus usuarios no leen las reglas.
Otra compañía estableció su derecho a inspeccionar la máquina del usuario en cualquier momento y en cualquier lugar donde se encontrara. Lo que ciertamente no hace; y el fundamento legal es más que dudoso. Las hay que prohíben el uso inmoral de su programa; sin que sea claro que es moral o inmoral desde su punto de vista. No faltan en esas reglas errores de “corta y pega”; un programa prohibía a sus usuarios transportar su computadora en avión; otros deslizan frases absurdas. Lo que significa que no solo los usuarios no los leen; al parecer tampoco sus ejecutivos.
El derecho a la privacidad no puede existir en el contexto de miles de contratos de uso hechos a modo; se requieren leyes de tipo general que sean irrenunciables.
Borrar información personal que no es de interés público no será fácil. Implica rediseñar programas, contar con procedimientos automatizados y personal que atienda esas demandas. Se afectaría un mercado de datos personales calculado en 250 mil millones de dólares anuales.
Pero tal vez lo más importante para muchos de nosotros sea nuestro derecho a la privacidad. Afortunadamente la corte europea ha decidido que el derecho al olvido es importante y debe hacerse efectivo.
lunes, 12 de mayo de 2014
Economía: prohibidos los videntes
Faljoritmo
Jorge Faljo
Durante los últimos meses, y arreciando en los últimos días, se ha dado una intensa discusión sobre las expectativas de crecimiento económico para este año. Todo empezó con la Secretaría de Hacienda afirmando que este año vamos a crecer un 3.9 por ciento. Desde el principio pareció una afirmación optimista pero conforme avanza el año parece cada vez más fuera de lugar.
Hace unas semanas la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio revelaba una caída neta del consumo del orden del 5.4 por ciento en las ventas (en tiendas comparables). Estos y otros datos de fuentes privadas fueron descalificados por Hacienda para insistir en que mantenía su previsión de crecimiento.
Desde el sector privado se hacen otros cálculos, inferiores a los de Hacienda. Los economistas de varios bancos y agentes financieros (Banorte, HSBC, Scotiabank, Moody´s, Base y otros) hablan de debilidad de sectores como el de la construcción y de un impacto negativo de las medidas fiscales. Prácticamente todos ajustaron sus previsiones de crecimiento cercanas al 3.3 por ciento a cifras entre el 2.7 y el 2.9 por ciento.
Entretanto los analistas del sector privado encuestados por el Banco de México recortaron su previsión de crecimiento del 3.09 al 3.01 por ciento. Resaltaron en este caso la debilidad del mercado interno, la inseguridad, la política fiscal que se está instrumentando y el elevado costo del financiamiento, entre otros.
El Fondo Monetario Internacional calcula el crecimiento de México para este año en un tres por ciento. El Banco de México acaba de reducir su expectativa del rango del 3 al 4 por ciento al rango del 2 al 3 por ciento.
Hacienda entretanto sostiene su previsión del 3.9 por ciento en una especie de apuesta en la que se juega su credibilidad ya algo deteriorada porque el año pasado dijo que creceríamos un 3.4 por ciento y terminamos en un mísero 1.2 por ciento.
Dicen que predecir es difícil; sobre todo el futuro. Pero todos parecen entrarle alegremente a un juego que cada vez parece más… bizantino.
Se dice que cuando los turcos rodeaban Constantinopla, la capital del imperio bizantino, el emperador, los obispos y la elite se ocupaban en discutir cuanto pesaba un ángel, si eran o no hermafroditas y cuántos de estos seres espirituales cabían parados en la punta de un alfiler. Ahora se habla de discusiones bizantinas cuando se pierde el tiempo en asuntos sin sentido y no se atienden los peligros inminentes.
Predecir cuanto vamos a crecer es como dejar el asunto en manos del destino; además se limita la discusión a un asunto meramente cuantitativo. Lo que habría que discutir son los cambios de fondo, cualitativos, que requiere la economía. Banco de México fue claro al decir que incluso si se crece al 3 por ciento eso no será suficiente para generar empleos y bienestar.
Entretenidos en las adivinanzas causó impacto que el INEGI diera cifras reales de lo que si ocurre. Cifras que casi todos interpretan como señales de que estamos en recesión económica. Al parecer ya solo Hacienda no lo cree.
Por mi parte le doy mucho más peso a los datos firmes del pasado que a las adivinanzas. Llevamos décadas de estancamiento y empobrecimiento debido a políticas que no se modifican. La Comisión Económica para América Latina señala que somos uno de los dos únicos países en los que el salario mínimo del 2012 fue menor al del 2007.
Las reformas estructurales primero prometieron bienestar inmediato y ahora dicen que siempre no; que se tardará y a fin de cuentas dependerá de otras cosas. El asunto es que la economía no marcha y la sociedad se ve cada vez más maltratada y empobrecida. Habría que reconsiderar el diagnóstico y plantearse otro tipo de discusión, ya no de meros números sino de cambios cualitativos mucho más efectivos.
Desde la trinchera del Distrito Federal el jefe de gobierno, Miguel Mancera, convoca a un debate nacional sobre la política de salarios mínimos. Señala que la estrategia de devaluarlos para conseguir competitividad internacional ha fallado y que tal vez lo que se requiere es elevarlos substancialmente para crear un mercado interno fuerte. Incluso se discute ahora la posibilidad de que mediante un nuevo marco jurídico el Distrito Federal pueda determinar su propio salario mínimo local. Una idea que se expresó en esta columna tal vez por vez primera.
Aprovecho para repetir propuestas. Hay que imitar las políticas de creación monetaria de otros países. Imprimir más dinero y que con eso el Banco de México compre la deuda pública interna del gobierno de México (Fobaproa y otras) y nos libere de ese yugo. Como le hacen los Estados Unidos, Japón y recién lo aceptó Europa.
Urge diseñar una política industrial que puede ser únicamente nacional o en el contexto del TLC. En cualquiera caso el cambio de fondo sería equilibrar el comercio con China; podemos hacerlo solos o invitar a acompañarnos a los Estados Unidos y Canadá. Sería una oportunidad para que México les haga una propuesta que sin duda encontrará aliados entre muchos ciudadanos de esos países.
Hay que reactivar todo el aparato productivo; esto puede ser una fuente de riqueza y bienestar inmediata, movilizadora del trabajo de millones y con muy bajos requerimientos de inversión. Es un enorme potencial productivo que puede volver a operar en un contexto de mercado redefinido por el estado.
Dado el fracaso ya innegable de la globalización hay que volver la mirada a lo que funcionó bien antes de este periodo nefasto. Hay que reconstruir un estado fuerte, que sea verdadero rector de la economía y reasuma sus responsabilidades constitucionales en relación a garantizar el bienestar de la población. Un ejemplo sería tomar en serio el derecho humano a la alimentación.
Es mejor abandonar dogmas, regular el intercambio externo y el mercado interno y fortalecer la base social del estado que observar cómo se desmorona la gobernabilidad, la economía y la sociedad.
Jorge Faljo
Durante los últimos meses, y arreciando en los últimos días, se ha dado una intensa discusión sobre las expectativas de crecimiento económico para este año. Todo empezó con la Secretaría de Hacienda afirmando que este año vamos a crecer un 3.9 por ciento. Desde el principio pareció una afirmación optimista pero conforme avanza el año parece cada vez más fuera de lugar.
Hace unas semanas la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio revelaba una caída neta del consumo del orden del 5.4 por ciento en las ventas (en tiendas comparables). Estos y otros datos de fuentes privadas fueron descalificados por Hacienda para insistir en que mantenía su previsión de crecimiento.
Desde el sector privado se hacen otros cálculos, inferiores a los de Hacienda. Los economistas de varios bancos y agentes financieros (Banorte, HSBC, Scotiabank, Moody´s, Base y otros) hablan de debilidad de sectores como el de la construcción y de un impacto negativo de las medidas fiscales. Prácticamente todos ajustaron sus previsiones de crecimiento cercanas al 3.3 por ciento a cifras entre el 2.7 y el 2.9 por ciento.
Entretanto los analistas del sector privado encuestados por el Banco de México recortaron su previsión de crecimiento del 3.09 al 3.01 por ciento. Resaltaron en este caso la debilidad del mercado interno, la inseguridad, la política fiscal que se está instrumentando y el elevado costo del financiamiento, entre otros.
El Fondo Monetario Internacional calcula el crecimiento de México para este año en un tres por ciento. El Banco de México acaba de reducir su expectativa del rango del 3 al 4 por ciento al rango del 2 al 3 por ciento.
Hacienda entretanto sostiene su previsión del 3.9 por ciento en una especie de apuesta en la que se juega su credibilidad ya algo deteriorada porque el año pasado dijo que creceríamos un 3.4 por ciento y terminamos en un mísero 1.2 por ciento.
Dicen que predecir es difícil; sobre todo el futuro. Pero todos parecen entrarle alegremente a un juego que cada vez parece más… bizantino.
Se dice que cuando los turcos rodeaban Constantinopla, la capital del imperio bizantino, el emperador, los obispos y la elite se ocupaban en discutir cuanto pesaba un ángel, si eran o no hermafroditas y cuántos de estos seres espirituales cabían parados en la punta de un alfiler. Ahora se habla de discusiones bizantinas cuando se pierde el tiempo en asuntos sin sentido y no se atienden los peligros inminentes.
Predecir cuanto vamos a crecer es como dejar el asunto en manos del destino; además se limita la discusión a un asunto meramente cuantitativo. Lo que habría que discutir son los cambios de fondo, cualitativos, que requiere la economía. Banco de México fue claro al decir que incluso si se crece al 3 por ciento eso no será suficiente para generar empleos y bienestar.
Entretenidos en las adivinanzas causó impacto que el INEGI diera cifras reales de lo que si ocurre. Cifras que casi todos interpretan como señales de que estamos en recesión económica. Al parecer ya solo Hacienda no lo cree.
Por mi parte le doy mucho más peso a los datos firmes del pasado que a las adivinanzas. Llevamos décadas de estancamiento y empobrecimiento debido a políticas que no se modifican. La Comisión Económica para América Latina señala que somos uno de los dos únicos países en los que el salario mínimo del 2012 fue menor al del 2007.
Las reformas estructurales primero prometieron bienestar inmediato y ahora dicen que siempre no; que se tardará y a fin de cuentas dependerá de otras cosas. El asunto es que la economía no marcha y la sociedad se ve cada vez más maltratada y empobrecida. Habría que reconsiderar el diagnóstico y plantearse otro tipo de discusión, ya no de meros números sino de cambios cualitativos mucho más efectivos.
Desde la trinchera del Distrito Federal el jefe de gobierno, Miguel Mancera, convoca a un debate nacional sobre la política de salarios mínimos. Señala que la estrategia de devaluarlos para conseguir competitividad internacional ha fallado y que tal vez lo que se requiere es elevarlos substancialmente para crear un mercado interno fuerte. Incluso se discute ahora la posibilidad de que mediante un nuevo marco jurídico el Distrito Federal pueda determinar su propio salario mínimo local. Una idea que se expresó en esta columna tal vez por vez primera.
Aprovecho para repetir propuestas. Hay que imitar las políticas de creación monetaria de otros países. Imprimir más dinero y que con eso el Banco de México compre la deuda pública interna del gobierno de México (Fobaproa y otras) y nos libere de ese yugo. Como le hacen los Estados Unidos, Japón y recién lo aceptó Europa.
Urge diseñar una política industrial que puede ser únicamente nacional o en el contexto del TLC. En cualquiera caso el cambio de fondo sería equilibrar el comercio con China; podemos hacerlo solos o invitar a acompañarnos a los Estados Unidos y Canadá. Sería una oportunidad para que México les haga una propuesta que sin duda encontrará aliados entre muchos ciudadanos de esos países.
Hay que reactivar todo el aparato productivo; esto puede ser una fuente de riqueza y bienestar inmediata, movilizadora del trabajo de millones y con muy bajos requerimientos de inversión. Es un enorme potencial productivo que puede volver a operar en un contexto de mercado redefinido por el estado.
Dado el fracaso ya innegable de la globalización hay que volver la mirada a lo que funcionó bien antes de este periodo nefasto. Hay que reconstruir un estado fuerte, que sea verdadero rector de la economía y reasuma sus responsabilidades constitucionales en relación a garantizar el bienestar de la población. Un ejemplo sería tomar en serio el derecho humano a la alimentación.
Es mejor abandonar dogmas, regular el intercambio externo y el mercado interno y fortalecer la base social del estado que observar cómo se desmorona la gobernabilidad, la economía y la sociedad.
domingo, 4 de mayo de 2014
Para un nuevo campo hay que salirse del huacal
Faljoritmo
Jorge Faljo
La anunciada reforma del campo creó una gran inquietud entre la población rural y sus organizaciones. Afortunadamente en el encuentro del 5 de marzo el Presidente Peña Nieto aclaró que su gobierno no propondría modificaciones a las modalidades de propiedad. Más importante aún es que definió la reforma al campo como el producto de un gran acuerdo de todos los sectores e instruyó al titular de SAGARPA para convocar, de manera rápida, a foros de dialogo donde las organizaciones de productores rurales hagan sus propuestas.
Pero las cosas no son tan sencillas y la consulta no arranca debido a desacuerdos de fondo. SAGARPA parece haber entendido que se trataba de validar su Programa Sectorial. Las organizaciones de productores creen que se trata de una real consulta, de fondo, para corregir un rumbo profundamente equivocado en lo económico y social.
Un problema importante es que transformar el campo implica revisar las políticas, estructuras y reglamentos que tienen que ver con la comercialización de productos básicos; las importaciones y exportaciones; las concesiones mineras; el uso del agua; cuestiones ecológicas y forestales; crédito rural y otros. Y todas estas actividades corresponden a diversas entidades públicas.
El Presidente instruyó una consulta integral, “con toda transparencia y con toda apertura” donde participen los productores y las instancias de gobierno (así, en plural).
Sin embargo la consulta bien entendida obliga a algo muy difícil para la administración pública: coordinarse y concertar acciones entre sí. Peor aún, las organizaciones de productores no son un grupo de focas aplaudidoras. Su diagnóstico es contundente; el rumbo está equivocado y requiere correcciones de fondo.
Hay que decir con toda claridad, para que se empiece a digerir por los altos funcionarios: la transformación del campo pasa por la transformación del estado. No podrán ver los toros desde la barrera. La transformación del campo es en primer lugar la transformación del estado; de sus estructuras, normas y formas de operar.
Del lado de los productores hay signos muy positivos. En primer lugar tolerancia mutua; tal vez porque todos han sido muy golpeados, sobre todo en los últimos 12 años y porque se sienten solidarios al enfrentar cotidianamente una burocracia que en lo esencial sigue siendo panista.
Los primeros documentos que han presentado la Confederación Nacional Campesina, el Frente Autentico del Campo, el Congreso Agrario Permanente; el Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas, el Consejo Nacional de Organismos Rurales y Pesqueros muestran que comparten el mismo diagnóstico esencial, el fracaso de las estrategias de las últimas décadas, e incluso propuestas muy similares.
Más que desacuerdos de fondo veo como riesgo la posibilidad de que la consulta desemboque en un número de propuestas excesivas entre las cuales la burocracia decida que puede atender las menos relevantes. Por ello si pudiera dar un consejo a las organizaciones rurales les diría que deben aprovechar la consulta para, en primer lugar, consensar entre ellos mismos un pequeño número de propuestas cada una de las cuales sea de gran capacidad transformadora.
Digo que conviene plantear muy pocas propuestas y, además, concentrarse en las que significan cambios de fondo en la forma de actuar de las instituciones. No se trata de pelear más presupuesto sino cambios de política.
Promover la pequeña producción implica que el estado establezca una relación directa, con sus propios técnicos, para cosas tan fundamentales como dar apoyo técnico y promover la organización para la comercialización. Esto significa que por lo menos para este sector los recursos no se deben asignar por concursos, convocatorias en internet y agentes privados porque esta estrategia solo conviene a los productores comerciales que pueden pagarse asesorías y están bien relacionados.
Hay que integrar la política social y la productiva. Nada más sencillo que otorgar los apoyos asistenciales en un nuevo sistema de cupones y vales que permitan consumir productos básicos comprados en las 22 mil tiendas del programa de abasto rural que hay en el país. Estas tiendas se abastecerían en el sector social y la pequeña producción de cada región reactivando recursos productivos que se encuentran subutilizados porque ya no pueden acceder a los canales de comercialización modernizados.
Debe crearse una red de reservas alimentarias en los planos nacional, regional y comunitario basadas en compras a los pequeños productores. Hay que promover la organización de productores y consumidores de formas que limiten los márgenes de comercialización abusivos.
Los productores agropecuarios deben salirse del huacal y opinar sobre el modelo de desarrollo en su conjunto para plantear alianzas con otros sectores. Deben señalar que no pueden competir con un peso sobrevaluado; con ello se estarían aliando a otros segmentos de la producción que tienen el mismo problema. O, por lo menos debe compensarse la sobrevaluación mediante aranceles a las importaciones hasta conseguir niveles de rentabilidad que permitan producir, invertir y mejorar la productividad de manera sostenida.
Elevar la rentabilidad agropecuaria habrá de enfrentar las afirmaciones de que va en contra de los trabajadores y los consumidores. Hay que aclarar que la baja del poder adquisitivo no es culpa de los productores agropecuarios; por el contrario, los ha dañado. Por eso deben proponer una inmediata recuperación del salario mínimo real. Los ingresos de los trabajadores del campo y la ciudad deben incrementarse de manera simultánea y ello es posible si se hace sin incrementar las importaciones y mediante la reactivación productiva.
Pero lejos de enfrentar a los trabajadores con el empresariado debe entenderse que requerimos de una política industrial que promueva la sustitución de importaciones y pueda construirse sobre la plataforma de un mercado interno en crecimiento vigoroso.
En fin, hay que abrir puertas a los cambios cualitativos y combatir las inercias. No es este un debate de pesos y centavos sino de cambio de rumbos.
Jorge Faljo
La anunciada reforma del campo creó una gran inquietud entre la población rural y sus organizaciones. Afortunadamente en el encuentro del 5 de marzo el Presidente Peña Nieto aclaró que su gobierno no propondría modificaciones a las modalidades de propiedad. Más importante aún es que definió la reforma al campo como el producto de un gran acuerdo de todos los sectores e instruyó al titular de SAGARPA para convocar, de manera rápida, a foros de dialogo donde las organizaciones de productores rurales hagan sus propuestas.
Pero las cosas no son tan sencillas y la consulta no arranca debido a desacuerdos de fondo. SAGARPA parece haber entendido que se trataba de validar su Programa Sectorial. Las organizaciones de productores creen que se trata de una real consulta, de fondo, para corregir un rumbo profundamente equivocado en lo económico y social.
Un problema importante es que transformar el campo implica revisar las políticas, estructuras y reglamentos que tienen que ver con la comercialización de productos básicos; las importaciones y exportaciones; las concesiones mineras; el uso del agua; cuestiones ecológicas y forestales; crédito rural y otros. Y todas estas actividades corresponden a diversas entidades públicas.
El Presidente instruyó una consulta integral, “con toda transparencia y con toda apertura” donde participen los productores y las instancias de gobierno (así, en plural).
Sin embargo la consulta bien entendida obliga a algo muy difícil para la administración pública: coordinarse y concertar acciones entre sí. Peor aún, las organizaciones de productores no son un grupo de focas aplaudidoras. Su diagnóstico es contundente; el rumbo está equivocado y requiere correcciones de fondo.
Hay que decir con toda claridad, para que se empiece a digerir por los altos funcionarios: la transformación del campo pasa por la transformación del estado. No podrán ver los toros desde la barrera. La transformación del campo es en primer lugar la transformación del estado; de sus estructuras, normas y formas de operar.
Del lado de los productores hay signos muy positivos. En primer lugar tolerancia mutua; tal vez porque todos han sido muy golpeados, sobre todo en los últimos 12 años y porque se sienten solidarios al enfrentar cotidianamente una burocracia que en lo esencial sigue siendo panista.
Los primeros documentos que han presentado la Confederación Nacional Campesina, el Frente Autentico del Campo, el Congreso Agrario Permanente; el Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas, el Consejo Nacional de Organismos Rurales y Pesqueros muestran que comparten el mismo diagnóstico esencial, el fracaso de las estrategias de las últimas décadas, e incluso propuestas muy similares.
Más que desacuerdos de fondo veo como riesgo la posibilidad de que la consulta desemboque en un número de propuestas excesivas entre las cuales la burocracia decida que puede atender las menos relevantes. Por ello si pudiera dar un consejo a las organizaciones rurales les diría que deben aprovechar la consulta para, en primer lugar, consensar entre ellos mismos un pequeño número de propuestas cada una de las cuales sea de gran capacidad transformadora.
Digo que conviene plantear muy pocas propuestas y, además, concentrarse en las que significan cambios de fondo en la forma de actuar de las instituciones. No se trata de pelear más presupuesto sino cambios de política.
Promover la pequeña producción implica que el estado establezca una relación directa, con sus propios técnicos, para cosas tan fundamentales como dar apoyo técnico y promover la organización para la comercialización. Esto significa que por lo menos para este sector los recursos no se deben asignar por concursos, convocatorias en internet y agentes privados porque esta estrategia solo conviene a los productores comerciales que pueden pagarse asesorías y están bien relacionados.
Hay que integrar la política social y la productiva. Nada más sencillo que otorgar los apoyos asistenciales en un nuevo sistema de cupones y vales que permitan consumir productos básicos comprados en las 22 mil tiendas del programa de abasto rural que hay en el país. Estas tiendas se abastecerían en el sector social y la pequeña producción de cada región reactivando recursos productivos que se encuentran subutilizados porque ya no pueden acceder a los canales de comercialización modernizados.
Debe crearse una red de reservas alimentarias en los planos nacional, regional y comunitario basadas en compras a los pequeños productores. Hay que promover la organización de productores y consumidores de formas que limiten los márgenes de comercialización abusivos.
Los productores agropecuarios deben salirse del huacal y opinar sobre el modelo de desarrollo en su conjunto para plantear alianzas con otros sectores. Deben señalar que no pueden competir con un peso sobrevaluado; con ello se estarían aliando a otros segmentos de la producción que tienen el mismo problema. O, por lo menos debe compensarse la sobrevaluación mediante aranceles a las importaciones hasta conseguir niveles de rentabilidad que permitan producir, invertir y mejorar la productividad de manera sostenida.
Elevar la rentabilidad agropecuaria habrá de enfrentar las afirmaciones de que va en contra de los trabajadores y los consumidores. Hay que aclarar que la baja del poder adquisitivo no es culpa de los productores agropecuarios; por el contrario, los ha dañado. Por eso deben proponer una inmediata recuperación del salario mínimo real. Los ingresos de los trabajadores del campo y la ciudad deben incrementarse de manera simultánea y ello es posible si se hace sin incrementar las importaciones y mediante la reactivación productiva.
Pero lejos de enfrentar a los trabajadores con el empresariado debe entenderse que requerimos de una política industrial que promueva la sustitución de importaciones y pueda construirse sobre la plataforma de un mercado interno en crecimiento vigoroso.
En fin, hay que abrir puertas a los cambios cualitativos y combatir las inercias. No es este un debate de pesos y centavos sino de cambio de rumbos.
domingo, 27 de abril de 2014
Sin hambre... estilo europeo
Faljoritmo
Jorge Faljo
Llevamos en nuestro país décadas de subutilización de recursos productivos, incremento de la dependencia alimentaria, empobrecimiento, emigración, violencia creciente y abandono de las decisiones soberanas. Algunos creemos que ante las evidencias la actual administración ha entreabierto la puerta para revisar la política agropecuaria heredada. Por eso es importante y oportuno revisar una de las experiencias más exitosas a nivel mundial: la Política Agrícola Común de la Unión Europea – la PAC.
Surge después de la segunda guerra mundial y de un largo periodo de severa escasez de alimentos en Europa. Cuando Francia, Alemania del Oeste, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo decidieron fundar la Comunidad Económica Europea como un espacio de libre comercio interno encontraron que también deberían establecer políticas agropecuarias homogéneas. Paz, seguridad alimentaria y desarrollo económico eran los móviles fundamentales de ese acuerdo.
El diseño básico era promover el desarrollo industrial mediante la creación de un gran mercado común sin descuidar el fortalecimiento agropecuario. De esa manera saldrían ganando tanto los países más industrializados como los de mayor potencial agropecuario. Sobre esta base de intereses complementarios y negociación se fueron añadiendo más países hasta configurar la actual Unión Europea con sus 28 países miembros.
La Política Agrícola Común se administra de manera centralizada por los órganos de gobierno de la Unión Europea radicados en Bruselas (Bélgica). Implica un mecanismo de transferencia en el que cada país aporta de acuerdo a su peso económico general y cada país recibe de acuerdo a la importancia de su propia agricultura. Esto ha implicado un continuo conflicto de interés porque algunos países aportan bastante más de lo que reciben (Alemania, Inglaterra, Italia, Holanda) mientras que otros son receptores netos (Polonia, Grecia, Rumania, Hungría e Irlanda). Otros, como Francia y se encuentran más o menos en situación de equilibrio. A pesar de ello las encuestas señalan que la mayor parte de la población europea apoya el PAC.
El objetivo central de la PAC es la seguridad alimentaria y sus objetivos derivados son la rentabilidad de la producción interna y el bienestar de los productores. Para ello Europa instrumentó una estrategia que en nada se parece a la que seguimos en este país.
En su primera etapa, a partir de 1962, Europa aseguró que sus productores pudieran vender a precios rentables. Para conseguir que esos precios no bajen de ciertos mínimos establecieron cuotas y aranceles a las importaciones. Además si el precio cae por debajo de lo establecido el gobierno europeo entra a comprar directamente a los productores hasta restablecer el precio. Esas compras se almacenan o exportan. Podemos hablar de precios de garantía.
La lista de los productos con precios garantizados y que el gobierno entra a comprar directamente en caso necesario incluye cereales, arroz, azúcar, papas, aceite, leche y otros alimentos básicos. También hay esas garantías en cosas que a nosotros nos podrían parecer extrañas, tales como miel, carnes, huevos, frutas y vegetales, flores, aceitunas, chicharos, forrajes, algodón y más. Es decir que es muy amplia la garantía al productor de que lo que produzca podrá venderlo a buen precio.
Al asegurar la rentabilidad tanto de grandes como de pequeños productores, el resultado fue un ritmo de incremento notable de la producción que en pocos años se tradujo en “montañas y lagos” de excedentes alimentarios acumulados en los almacenes públicos. En 2007, por ejemplo, se almacenaban 13.5 millones de toneladas de cereales, arroz, azúcar y derivados lácteos (quesos sobre todo) y de 3.5 millones de hectolitros de alcohol y vino.
Ante tal volumen de excedentes la PAC ha ido cambiando e incluyendo nuevos instrumentos de política. Para deshacerse de los excedentes se subsidiaron las ventas al exterior, se emplearon para apoyo nutricional a grupos vulnerables de adentro y fuera del continente, incluso se destruye lo que se considera invendible al precio adecuado. Los excedentes son un problema para la PAC; aunque un problema de los que ya quisiéramos tener por acá.
La política europea ha sido muy criticada por países del tercer mundo. Su alto nivel de protección de sus productores y de subsidios a la exportación la han convertido en el segundo exportador mundial de productos agropecuarios (después de los Estados Unidos). Pero dado que sus ventas son subsidiadas son vistas como competencia desleal y factor de destrucción de los sectores agropecuarios de otros países. Lo cual es cierto, aunque lo que no entiendo es porque esos países no ponen aranceles a sus importaciones y protegen a sus productores.
Debido a lo difícil de vender sus excedentes la PAC ha transitado a una segunda etapa en la que se desincentiva la producción excesiva por la vía de subsidios directos a los productores a condición de tener prácticas ecológicas.
También se sigue una estrategia de asignación de cuotas de producción por producto, región y productor individual. De este modo cada productor sabe que tiene derecho a producir tanta leche, queso, o vino, por ejemplo. En caso de excederse en más del seis por ciento de su cuota enfrenta diversas penalizaciones.
La Política Agrícola Común ha tenido un éxito resonante en proporcionar seguridad alimentaria a Europa. De hecho ha ido mucho más allá al generar altos volúmenes de producción. Ha logrado notables incrementos de la productividad; solo que para ello empezaron por asegurar la competitividad y la rentabilidad de sus productores. Sobre esa base se consiguió la eficiencia productiva.
Encuestas recientes señalan que el 75 por ciento de la población considera que la PAC conviene a todos los ciudadanos.
Tendríamos mucho que aprender de la estrategia europea y entender cuáles son los verdaderos “secretos” productivos de los poderosos del planeta.
Jorge Faljo
Llevamos en nuestro país décadas de subutilización de recursos productivos, incremento de la dependencia alimentaria, empobrecimiento, emigración, violencia creciente y abandono de las decisiones soberanas. Algunos creemos que ante las evidencias la actual administración ha entreabierto la puerta para revisar la política agropecuaria heredada. Por eso es importante y oportuno revisar una de las experiencias más exitosas a nivel mundial: la Política Agrícola Común de la Unión Europea – la PAC.
Surge después de la segunda guerra mundial y de un largo periodo de severa escasez de alimentos en Europa. Cuando Francia, Alemania del Oeste, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo decidieron fundar la Comunidad Económica Europea como un espacio de libre comercio interno encontraron que también deberían establecer políticas agropecuarias homogéneas. Paz, seguridad alimentaria y desarrollo económico eran los móviles fundamentales de ese acuerdo.
El diseño básico era promover el desarrollo industrial mediante la creación de un gran mercado común sin descuidar el fortalecimiento agropecuario. De esa manera saldrían ganando tanto los países más industrializados como los de mayor potencial agropecuario. Sobre esta base de intereses complementarios y negociación se fueron añadiendo más países hasta configurar la actual Unión Europea con sus 28 países miembros.
La Política Agrícola Común se administra de manera centralizada por los órganos de gobierno de la Unión Europea radicados en Bruselas (Bélgica). Implica un mecanismo de transferencia en el que cada país aporta de acuerdo a su peso económico general y cada país recibe de acuerdo a la importancia de su propia agricultura. Esto ha implicado un continuo conflicto de interés porque algunos países aportan bastante más de lo que reciben (Alemania, Inglaterra, Italia, Holanda) mientras que otros son receptores netos (Polonia, Grecia, Rumania, Hungría e Irlanda). Otros, como Francia y se encuentran más o menos en situación de equilibrio. A pesar de ello las encuestas señalan que la mayor parte de la población europea apoya el PAC.
El objetivo central de la PAC es la seguridad alimentaria y sus objetivos derivados son la rentabilidad de la producción interna y el bienestar de los productores. Para ello Europa instrumentó una estrategia que en nada se parece a la que seguimos en este país.
En su primera etapa, a partir de 1962, Europa aseguró que sus productores pudieran vender a precios rentables. Para conseguir que esos precios no bajen de ciertos mínimos establecieron cuotas y aranceles a las importaciones. Además si el precio cae por debajo de lo establecido el gobierno europeo entra a comprar directamente a los productores hasta restablecer el precio. Esas compras se almacenan o exportan. Podemos hablar de precios de garantía.
La lista de los productos con precios garantizados y que el gobierno entra a comprar directamente en caso necesario incluye cereales, arroz, azúcar, papas, aceite, leche y otros alimentos básicos. También hay esas garantías en cosas que a nosotros nos podrían parecer extrañas, tales como miel, carnes, huevos, frutas y vegetales, flores, aceitunas, chicharos, forrajes, algodón y más. Es decir que es muy amplia la garantía al productor de que lo que produzca podrá venderlo a buen precio.
Al asegurar la rentabilidad tanto de grandes como de pequeños productores, el resultado fue un ritmo de incremento notable de la producción que en pocos años se tradujo en “montañas y lagos” de excedentes alimentarios acumulados en los almacenes públicos. En 2007, por ejemplo, se almacenaban 13.5 millones de toneladas de cereales, arroz, azúcar y derivados lácteos (quesos sobre todo) y de 3.5 millones de hectolitros de alcohol y vino.
Ante tal volumen de excedentes la PAC ha ido cambiando e incluyendo nuevos instrumentos de política. Para deshacerse de los excedentes se subsidiaron las ventas al exterior, se emplearon para apoyo nutricional a grupos vulnerables de adentro y fuera del continente, incluso se destruye lo que se considera invendible al precio adecuado. Los excedentes son un problema para la PAC; aunque un problema de los que ya quisiéramos tener por acá.
La política europea ha sido muy criticada por países del tercer mundo. Su alto nivel de protección de sus productores y de subsidios a la exportación la han convertido en el segundo exportador mundial de productos agropecuarios (después de los Estados Unidos). Pero dado que sus ventas son subsidiadas son vistas como competencia desleal y factor de destrucción de los sectores agropecuarios de otros países. Lo cual es cierto, aunque lo que no entiendo es porque esos países no ponen aranceles a sus importaciones y protegen a sus productores.
Debido a lo difícil de vender sus excedentes la PAC ha transitado a una segunda etapa en la que se desincentiva la producción excesiva por la vía de subsidios directos a los productores a condición de tener prácticas ecológicas.
También se sigue una estrategia de asignación de cuotas de producción por producto, región y productor individual. De este modo cada productor sabe que tiene derecho a producir tanta leche, queso, o vino, por ejemplo. En caso de excederse en más del seis por ciento de su cuota enfrenta diversas penalizaciones.
La Política Agrícola Común ha tenido un éxito resonante en proporcionar seguridad alimentaria a Europa. De hecho ha ido mucho más allá al generar altos volúmenes de producción. Ha logrado notables incrementos de la productividad; solo que para ello empezaron por asegurar la competitividad y la rentabilidad de sus productores. Sobre esa base se consiguió la eficiencia productiva.
Encuestas recientes señalan que el 75 por ciento de la población considera que la PAC conviene a todos los ciudadanos.
Tendríamos mucho que aprender de la estrategia europea y entender cuáles son los verdaderos “secretos” productivos de los poderosos del planeta.
lunes, 21 de abril de 2014
Putin: Un patriotismo a la rusa.
Faljoritmo
Jorge Faljo
Rusia es el país más grande del mundo y uno de los que tiene menor densidad de población. Sus 17 millones de kilómetros cuadrados, más de ocho veces el tamaño de México, contrastan con tan solo 143 millones de habitantes concentrados en la parte europea. Eso deja a todo el norte de Asia como una zona muy poco poblada y con las mayores reservas energéticas, minerales, de agua dulce y recursos forestales del planeta. Una riqueza que muchos anhelan tener al alcance.
Los pueblos tienen memoria histórica, y en el alma del pueblo ruso existen traumas que provienen de lo más grave que puede ocurrir. Haber estado al borde de la muerte como individuos e incluso como pueblo. Una sensación de que para sobrevivir se requiere de audacia.
Rusia perdió entre 26 y 43 millones de habitantes en la segunda guerra mundial. El cálculo suena muy incierto pero es explicable. Durante décadas esta mortandad fue un secreto de guerra para no revelar el estado de debilidad en que quedó. Además entre 12 y 15 millones de muertos no fueron por causas directas sino asociada a la guerra: como el hambre.
Pero hay otra herida, mucho más cercana y también muy grave. Es la que corresponde al periodo muy traumático de disolución de la Unión Soviética.
Hacia 1985 el sistema de planificación burocrática ya no funcionaba debido a que sus excesos de control impedían el desarrollo de iniciativas personales y locales. El presidente Gorbachov inició un periodo de transformación estructural incluía la apertura al exterior, el retiro de apoyos a sectores y empresas de baja productividad y la apertura política interna (Perestroika y Glasnot). Con ello se aceleró el final del comunismo centralizado.
A fines de 1991 se declaró la disolución de la unión de las trece repúblicas socialistas; lo que se plasmó simbólicamente con el traspaso de los códigos de lanzamiento de los misiles nucleares del presidente soviético al presidente de Rusia el 25 de diciembre de 1991.
Rusia pasó de ser una economía socialista a una del más salvaje capitalismo. Yeltsin, presidente de Rusia de 1991 a 1999 instrumento un choque económico centrado en la liberación de precios y la privatización en gran escala. Por ejemplo, y esto es verídico, el más grande y lujoso hotel de Moscú fue privatizado a un precio inferior al valor del candelabro que colgaba en el vestíbulo de entrada.
Y aún más importante: en 1995 se vendió la empresa petrolera Yukos al ruso Mikhail Khodorkovsky en menos del uno por ciento de su valor real. De burócrata socialista pasó a tener una fortuna calculada en 72 mil millones de dólares. Se privatizó a precios de regalo el 70 por ciento de los bienes públicos de lo que había sido una gran nación. Los beneficiarios fueron una docena de oligarcas que pasaron a controlar la economía, los medios y la política del país.
La gran promesa del periodo fue que la privatización, la liberalización económica, la llegada de capitales externos y la asociación con empresas internacionales de alta tecnología crearían empleos y bienestar generalizado. Pero esta historia ya la conocemos y la estamos viviendo.
Simplemente no se materializó aquel engaño y el resultado fue que la economía rusa se autodestruyó a menos de la mitad de su tamaño previo. Algunas de las riquezas privadas más grandes del planeta se crearon en medio del cierre de empresas y la pérdida de millones de empleos. Los ingresos de la población se hundieron a un nivel de mera supervivencia. Más de 30 millones de rusos subsistían en los noventa con menos de 50 dólares al mes y en 2002 más de cuarenta millones sufrían desnutrición. Se incrementó la mortalidad y la vida media de los rusos se redujo en cinco años; lo que se compara a un periodo de guerra o hambruna.
La caída de la economía y el desmantelamiento del estado ruso abrieron la puerta a una oleada de cambios de gobiernos pro rusos a pro norteamericanos en la esfera de interés ruso (Polonia, Serbia, Hungría, Rumanía, Libia, Checoeslovaquia) o incluso en países que eran parte de la Unión Soviética (Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Kyrgistan, Uzbekistán, Tadjikistan. Buena parte de estos países se inscribieron en la OTAN, la alianza militar entre Europa y los Estados Unidos e incluso en ellos se establecieron bases militares norteamericanas. Sin olvidar las invasiones a Irak y Afganistán y el asedio a Irán y Siria.
En 1999 ascendió al poder Vladimir Putin, un desconocido que parecía estar en buenos términos con los oligarcas pero que poco a poco fue instrumentando un cambio fundamental. Uno por uno arrestó o expulsó a los grandes oligarcas. En 2000 a Guzinsky, que controlaba los medios privados; en 2003 a Khodorkovsky que había comprado la gigantesca empresa petrolera y planeaba venderla a la Chevron y Exxon norteamericanas sin consultar al gobierno. De hecho la estrategia de los oligarcas era abrir las inmensas riquezas naturales del país a sus asociados externos.
Pero Putin se les atravesó en el camino con una estrategia de recambio de los oligarcas por otros grandes capitalistas que pueden conservar sus riquezas de origen sospechoso siempre y cuando se subordinen al interés del estado ruso y a sus mecanismos de intervención en la economía.
Este cambio de modelo dio lugar al periodo de alto crecimiento económico de 1999 a 2008; (con crisis en 2009 y crecimiento moderado después), que sustentó una importante recuperación de los niveles de bienestar. La desilusión de la etapa de neoliberalismo salvaje, quedó atrás y la mejora económica reforzó la popularidad de la nueva estrategia.
Vladimir Putin enfrentó los grandes poderes fácticos de Rusia y consiguió revertir el modelo oligárquico extranjerizante. Hay que ser claros; no digo que su modelo es democrático, igualitario, transparente y honesto. Pero hay un cambio radical por el hecho de ser un capitalismo ruso más que globalizado, dirigido por un estado fuerte que ha sido capaz de conseguir crecimiento económico y trasminar sus beneficios a la mayoría de la población.
Para un pueblo que se ha sentido al borde de la desaparición la exigencia se reduce a lo elemental: El patriotismo. Y Putin se ha revelado en el momento oportuno de la historia como el líder que encarna una característica clave: un patriotismo audaz que puede enfrentar a los poderes fácticos internos, contener a los internacionales y evitar la desintegración nacional.
Cierto que en el discurso occidental, el de Europa y los Estados Unidos, la confrontación en torno a Crimea y Ucrania se plantea como la defensa de valores democráticos y de libre mercado. Sin embargo en la perspectiva rusa el tema es más elemental: sobrevivencia.
lunes, 14 de abril de 2014
Ucrania; ¿Quién da más?
Faljoritmo
Jorge Faljo
En Ucrania conviven dos grandes grupos: la mayoría de la población de habla ucraniana ubicada sobre todo en el centro, norte y occidente del país y una importante minoría de alrededor del 30 por ciento de ruso parlantes que se concentran en el sur y oriente, en las regiones más cercanas a Rusia. Tal vez la mayoría habla los dos idiomas que a fin de cuentas son muy similares.
Fue en 1991 con la disolución de la Unión Soviética que el país alcanzó la independencia. Su economía se contrajo en un 15 por ciento en la crisis mundial del 2009 y a partir de entonces se estancó. Lo que disminuyó los niveles de vida de la población.
Su economía es predominantemente rural en las regiones de habla ucraniana y sus mayores exportaciones son agropecuarias y minerales. Por otra parte las regiones cercanas a Rusia tienen alguna industria y comercian sobre todo con ese vecino. La balanza comercial tiene un fuerte déficit que es financiado por capitales rusos, endeudamiento externo y medidas insólitas, como rentarle tres millones de hectáreas agrícolas a China. Algo patético que otros países se han negado a aceptar.
Hace seis semanas las manifestaciones masivas derrumbaron al gobierno del presidente Yanukovich. Los motivos del descontento eran fuertes: el deterioro de los niveles de vida y la corrupción rampante por una parte. Pero también la decisión de suspender el proceso de integración a la Unión Europea y virar a favor de la alianza económica con Rusia. En ello influyeron las exigencias de Europa y el Fondo Monetario Internacional de transitar a una economía mayormente privatizada, con ajustes al gasto público, que habría de implicar mayor sacrificio social.
Sin embargo gran parte de la población, tal vez la mayoría, ve en la integración a Europa una ruta de salida del estancamiento económico, la corrupción y el autoritarismo.
En este contexto caótico Rusia se anexó la península de Crimea, de mayoría rusa y donde se encuentra su gran base naval de Sebastopol en un área que era rentada a Ucrania. Un referéndum inmediato mostró que la gran mayoría de la población aprobaba la anexión. Estados Unidos ha repudiado como ilegitima esa votación y anexión.
Ucrania vive fuertes tensiones internas y es factor de disputa internacional. La convivencia interna se ve amenazada. En algunas ciudades de mayoría ruso parlante centenares de manifestantes han tomado edificios públicos en una estrategia que remeda el modo en que fue derribado el gobierno pro ruso de Yanukovich; solo que ellos exigen anexarse a Rusia o, por lo menos, conseguir un mayor grado de autonomía respecto del gobierno central de Ucrania.
El gobierno ucraniano, receloso de las peticiones de autonomía, amenaza con reprimir a los manifestantes pro rusos. El presidente Putin, de Rusia, dijo que no permitiría que se lastime a la población de origen ruso. Algo que es denunciado por los Estados Unidos como amenaza de invasión.
Afortunadamente predominó la prudencia y la ocupación de Crimea no derivó en violencia. Puestos frente a frente ambos bandos llegaron a tratarse con respeto y hay anécdotas de que en algunos puntos hasta compartieron alimentos o jugaron futbol.
Rusia provee alrededor del 30 por ciento de las necesidades energéticas de Europa y casi la mitad de este suministro transcurre por ductos que atraviesan el territorio ucraniano. Como parte del alquiler de la base militar naval de Sebastopol en Crimea Rusia le vendía gas a Ucrania a un precio subsidiado. En las nuevas condiciones le subió el precio del gas en un 80 por ciento.
El presidente ruso, Putin, acusa a Europa de tratar a Ucrania como mero proveedor agropecuario y minero al tiempo que le venden productos químicos e industriales; lo cual le generó un déficit comercial estructural. Así remarca que Rusia si le compra a Ucrania productos industriales dando lugar a un intercambio más equilibrado con las regiones ruso parlantes.
Las potencias han acordado un encuentro, la semana que entra, entre Estados Unidos, Europa, Rusia y el gobierno provisional de Ucrania (que ha convocado a elecciones en el mes de mayo). La negociación será difícil.
Putin les escribió a 18 gobiernos europeos que exige el inmediato pago de la deuda de gas de Ucrania que alcanza los 2.2 mil millones de dólares. Les recuerda que durante años subsidió el consumo de gas de Ucrania pero que ahora esto debe ser una responsabilidad compartida. Y señala que en caso de que no se pague esta deuda podrá llegar a la suspensión del suministro. Exige seguridad en el paso del gas a Europa sin que Ucrania “ordeñe” este abasto. En la práctica le exige a Europa que pague la deuda de Ucrania o se quedan sin gas. La amenaza es fuerte.
Lo que Europa y los Estados Unidos van a encontrar es que atraer a Ucrania a su esfera de influencia les va a salir sumamente costoso: cubrir sus deudas, financiar su déficit y levantar su economía es algo que no hicieron por Grecia, Portugal o España. ¿Por qué lo van a hacer por Ucrania? Alemania, la de mayor capacidad económica no lo aceptará.
Creo que inevitablemente tendrán que avanzar en el sentido de la propuesta rusa para crear un estado federado con regiones bastante autónomas en las que unas se inclinarían hacia Europa, que por cierto no levanta el vuelo y su población se empobrece. Así que muy posiblemente los ucranianos se desilusionarán. Otras regiones fortalecerían sus lazos con Rusia en un comercio marcado por la conveniencia geopolítica y decisiones de estado, no de mercado. Les podría ir mejor.
Jorge Faljo
En Ucrania conviven dos grandes grupos: la mayoría de la población de habla ucraniana ubicada sobre todo en el centro, norte y occidente del país y una importante minoría de alrededor del 30 por ciento de ruso parlantes que se concentran en el sur y oriente, en las regiones más cercanas a Rusia. Tal vez la mayoría habla los dos idiomas que a fin de cuentas son muy similares.
Fue en 1991 con la disolución de la Unión Soviética que el país alcanzó la independencia. Su economía se contrajo en un 15 por ciento en la crisis mundial del 2009 y a partir de entonces se estancó. Lo que disminuyó los niveles de vida de la población.
Su economía es predominantemente rural en las regiones de habla ucraniana y sus mayores exportaciones son agropecuarias y minerales. Por otra parte las regiones cercanas a Rusia tienen alguna industria y comercian sobre todo con ese vecino. La balanza comercial tiene un fuerte déficit que es financiado por capitales rusos, endeudamiento externo y medidas insólitas, como rentarle tres millones de hectáreas agrícolas a China. Algo patético que otros países se han negado a aceptar.
Hace seis semanas las manifestaciones masivas derrumbaron al gobierno del presidente Yanukovich. Los motivos del descontento eran fuertes: el deterioro de los niveles de vida y la corrupción rampante por una parte. Pero también la decisión de suspender el proceso de integración a la Unión Europea y virar a favor de la alianza económica con Rusia. En ello influyeron las exigencias de Europa y el Fondo Monetario Internacional de transitar a una economía mayormente privatizada, con ajustes al gasto público, que habría de implicar mayor sacrificio social.
Sin embargo gran parte de la población, tal vez la mayoría, ve en la integración a Europa una ruta de salida del estancamiento económico, la corrupción y el autoritarismo.
En este contexto caótico Rusia se anexó la península de Crimea, de mayoría rusa y donde se encuentra su gran base naval de Sebastopol en un área que era rentada a Ucrania. Un referéndum inmediato mostró que la gran mayoría de la población aprobaba la anexión. Estados Unidos ha repudiado como ilegitima esa votación y anexión.
Ucrania vive fuertes tensiones internas y es factor de disputa internacional. La convivencia interna se ve amenazada. En algunas ciudades de mayoría ruso parlante centenares de manifestantes han tomado edificios públicos en una estrategia que remeda el modo en que fue derribado el gobierno pro ruso de Yanukovich; solo que ellos exigen anexarse a Rusia o, por lo menos, conseguir un mayor grado de autonomía respecto del gobierno central de Ucrania.
El gobierno ucraniano, receloso de las peticiones de autonomía, amenaza con reprimir a los manifestantes pro rusos. El presidente Putin, de Rusia, dijo que no permitiría que se lastime a la población de origen ruso. Algo que es denunciado por los Estados Unidos como amenaza de invasión.
Afortunadamente predominó la prudencia y la ocupación de Crimea no derivó en violencia. Puestos frente a frente ambos bandos llegaron a tratarse con respeto y hay anécdotas de que en algunos puntos hasta compartieron alimentos o jugaron futbol.
Rusia provee alrededor del 30 por ciento de las necesidades energéticas de Europa y casi la mitad de este suministro transcurre por ductos que atraviesan el territorio ucraniano. Como parte del alquiler de la base militar naval de Sebastopol en Crimea Rusia le vendía gas a Ucrania a un precio subsidiado. En las nuevas condiciones le subió el precio del gas en un 80 por ciento.
El presidente ruso, Putin, acusa a Europa de tratar a Ucrania como mero proveedor agropecuario y minero al tiempo que le venden productos químicos e industriales; lo cual le generó un déficit comercial estructural. Así remarca que Rusia si le compra a Ucrania productos industriales dando lugar a un intercambio más equilibrado con las regiones ruso parlantes.
Las potencias han acordado un encuentro, la semana que entra, entre Estados Unidos, Europa, Rusia y el gobierno provisional de Ucrania (que ha convocado a elecciones en el mes de mayo). La negociación será difícil.
Putin les escribió a 18 gobiernos europeos que exige el inmediato pago de la deuda de gas de Ucrania que alcanza los 2.2 mil millones de dólares. Les recuerda que durante años subsidió el consumo de gas de Ucrania pero que ahora esto debe ser una responsabilidad compartida. Y señala que en caso de que no se pague esta deuda podrá llegar a la suspensión del suministro. Exige seguridad en el paso del gas a Europa sin que Ucrania “ordeñe” este abasto. En la práctica le exige a Europa que pague la deuda de Ucrania o se quedan sin gas. La amenaza es fuerte.
Lo que Europa y los Estados Unidos van a encontrar es que atraer a Ucrania a su esfera de influencia les va a salir sumamente costoso: cubrir sus deudas, financiar su déficit y levantar su economía es algo que no hicieron por Grecia, Portugal o España. ¿Por qué lo van a hacer por Ucrania? Alemania, la de mayor capacidad económica no lo aceptará.
Creo que inevitablemente tendrán que avanzar en el sentido de la propuesta rusa para crear un estado federado con regiones bastante autónomas en las que unas se inclinarían hacia Europa, que por cierto no levanta el vuelo y su población se empobrece. Así que muy posiblemente los ucranianos se desilusionarán. Otras regiones fortalecerían sus lazos con Rusia en un comercio marcado por la conveniencia geopolítica y decisiones de estado, no de mercado. Les podría ir mejor.
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