viernes, 16 de diciembre de 2011

Burbuja Financiera


Burbuja financiera
Jorge Faljo
De manera gradual pero inexorable el clima político de México se va calentando en la medida en que el número de candidatos posibles se estrecha. Sin embargo, estamos muy lejos de las discusiones de fondo; no aparecen por ningún lado los asuntos fundamentales.
Nos falta mucho que discutir. Por ejemplo la salud del aparato productivo, en particular la de los mayores creadores de empleo, la mediana y pequeña empresa; o la calidad de la salud y la educación públicas; o la estructura fiscal, en un país en el que los grandes prácticamente no pagan impuestos. Mucho de lo que hay que discutir y cambiar se centra en el papel del aparato público y sobre ello hay que recordar el artículo 24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que a la letra dice:
Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sustentable, que fortalezca la Soberanía de la Nación y su régimen democrático y que, mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta Constitución.
Señores aspirantes al poder público, será su deber cumplir con la Constitución y sería muy  “buena onda” de su parte explicarnos cómo lo piensan hacer.
Pero no podemos simplemente esperar a que hagan lo que deberían. Debemos adelantar la revisión de su previo desempeño para prever su futura actuación. Dado mi interés por la macroeconomía considero de particular importancia revisar el historial de Ernesto Cordero como conductor de la política macroeconómica de México en un periodo decisivo para configurar nuestra situación actual.  
Fue muy reveladora su “diferencia de opiniones” con el Fondo Monetario Internacional; habrá que dar algunos antecedentes.
Hacia el segundo semestre del 2008 la crisis financiera norteamericana impactaba la situación nacional en la medida en que los inversionistas repatriaban sus capitales hacia los Estados Unidos para cubrir sus pérdidas y hacer frente a compromisos. Algunas grandes empresas mexicanas se habían endeudado para entrar a la especulación y ahora debían cubrir fuertes “deudas de juego.” La salida de capitales de la Bolsa de Valores de México –BMV-, había llevado el Índice de Precios y Cotizaciones a tan solo 17 mil puntos, casi la mitad que un año antes. Al reconvertirse en dólares los capitales salientes presionaban al alza el valor del dólar; es decir que el peso se devaluaba.
En aquel momento el Presidente Calderón convocó a aprovechar la mayor competitividad de la producción interna para impulsar las exportaciones y fortalecer el aparato productivo. Tenía razón pero fue llamarada de petate; simplemente se aceptaba lo que de momento parecía inevitable.
Sin embargo se encontró una solución. Consistió en la contratación, en abril de 2009, de una Línea de Crédito Flexible -LCF- por 47 mil millones de dólares. Esta consiste en la pre aprobación de un préstamo del Fondo Monetario Internacional inmediatamente disponible en caso de contingencia cambiaria.  
Un potencial de endeudamiento que se anunció como “blindaje financiero” para dar calma y seguridad a los capitales en ese momento inquietos. En la práctica se les garantizaba a los inversionistas de la Bolsa de Valores que cuando decidieran cambiar sus pesos a dólares los habría en abundancia y baratos. La medida fue un éxito; los capitales no solo permanecieron sino que empezaron a llegar más. La línea de crédito se recontrató a fines de 2010 por 73 mil millones de dólares y a dos años (hasta fin de sexenio).
Ernesto Cordero entró como Secretario de Hacienda el 9 de diciembre de 2009 y su periodo se caracterizó por una intensa campaña de atracción de capitales financieros internacionales que, al entrar, abarataron al dólar. Lo cual se facilitó por la abundancia de liquidez que habían generado a nivel planetario las políticas anticrisis. Sobre todo la norteamericana que incluyó grandes salvamentos, crédito abundante y barato, y la emisión de dinero.
El principal funcionario del FMI para América Latina, Nicolás Eyzaguirre (ex ministro de Hacienda de Chile) señaló a principios de 2010 que la oleada de flujos de capital era una amenaza para nuestras economías porque podrían generar burbujas en la Bolsa de Valores y en la paridad cambiaria; es decir alzas de las acciones y la moneda no sustentadas en la economía real. De manera directa en abril de 2010 le recomendó a México poner un impuesto a las entradas de capitales de corto plazo para frenar la revaluación del peso. Así lo hizo Brasil. Otros muchos economistas pensaban igual; pero prefiero referirme al FMI por su importancia y por el viraje ideológico que ello significaba.
Sin embargo Ernesto Cordero no dudó en seguir el rumbo contrario. Abiertamente repetía en foros internacionales que México no consideraba necesarios los controles a las entradas de capital externo y que Hacienda estaría cómoda con cualquier nivel de paridad cambiaria que fijaran los mercados. Es decir que el peso podría revaluarse sin límites.
Parte de la campaña de atracción de capitales fue la colocación (octubre de 2010) de un bono por mil millones de dólares, a 100 años, y a una tasa superior a la del mercado. México no necesitaba ese financiamiento pero fue un buen golpe mediático espectacular. Se logró atraer a más capitales.  
Lo que no esperaban la mayoría de los economistas internacionales es que un país decidiera aprovechar el contexto internacional para, precisamente, crear una burbuja financiera. De abril de 2009 a abril de 2011 el precio de las acciones en la Bolsa de Valores creció en un 120 por ciento en pesos. Pero como el peso también subió, las ganancias eran de un 160 por ciento en dólares.
Contrasta esto con el hecho de que en 2009 el Producto Interno Bruto del País cayó en un 6.1 por ciento y al año siguiente no logró recuperar lo perdido. Fueron dos años de baja rentabilidad para el aparato productivo, de quiebra de empresas, de abaratamiento substancial de las importaciones en la práctica subsidiadas por el gobierno mexicano y de despido de trabajadores. Mientras el capital financiero obtenía 160 por ciento de ganancia en dólares, que en México son libres de impuestos, el capital productivo se deterioraba. Una burbuja financiera que fue el negocio del sexenio, empeñosamente alentado por el Secretario Cordero.
Ha sido un periodo en el que las empresas se endeudaron en dólares para apostarle a la bolsa; se invirtió poco en producción y empleos. Los capitales volátiles que entraron, y otros más, pueden decidir salirse en cualquier momento. Sobre todo si no avizoran que Cordero, su gran amigo, gane la presidencia.
Lo peor, y lo mejor, es que el modelo ya no se sostiene y habrá que cambiar. El rompimiento de la burbuja, como en 1994, será traumático. La trama está anunciada; si en el 2012 los señores del dinero deciden salirse (lo que es muy probable), entonces los señores del gobierno les entregarán las reservas internacionales y endeudarán al país hasta el tope para darles dólares a buen precio. Después vendrá lo difícil y, tal vez, llegue la oportunidad para arrebatarles el país a los especuladores. 

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