martes, 4 de febrero de 2014

Davos. Riesgos globales del 2014


Faljoritmo 26/01/14

Jorge Faljo

De nueva cuenta se han reunido en Davos las elites del planeta con motivo del Foro Económico Mundial. El lugar es un pueblito suizo donde se puede ofrecer buena seguridad para un par de miles de figuras prominentes de la política, la economía y los negocios.

Aunque los costos de asistir son muy altos el foro es una oportunidad para establecer contactos, ponerse de acuerdo, planear negocios. Así que cada asistente programa su propio maratón de encuentros y diálogos.

A los participantes se les propone previamente un documento de reflexión que se constituye en guía del encuentro. El escrito se llama Riesgos Globales 2014 y este año se preparó a partir de una encuesta a 700 figuras destacadas que señalaron los riesgos que más les preocupan. Para considerarse un riesgo global un evento tendría que impactar a varios países y sectores productivos durante varios años, tendría un efecto sistémico o de contagio y sería difícil recuperarse de su impacto.

Los riesgos abordados son de todo tipo: economía, ecología, sociedad y demografía, política, salud y alimentación, y tecnología. Se definió un total de 31 riesgos que cubren aspectos diversos. Por ejemplo problemas relacionados con el cambio climático y el agua, el desarrollo de enfermedades contagiosas resistentes a los antibióticos, o la creciente inseguridad y desconfianza del internet.

Señalar los riesgos planetarios y sus interconexiones, la probabilidad de que ocurran y sus posibles impactos es algo valioso. Para empezar presiona a políticos y líderes acostumbrados a “dorar la píldora” y fingir que todo marcha bien y que no habrá problemas. Darse cuenta del riesgo es mejor que construir fantasías de futuros promisorios que, cuando fallan, nos toman desprevenidos y sin saber qué hacer.

Davos es, en esta perspectiva, un foro que llama a hacer lo necesario para cambiar el rumbo o, por lo menos, prepararnos para el mal probable. Lo que no quiere decir que todos vayan con la misma actitud; hay quienes van a decir que todo marcha bien en casa y atraer capitales.

Los principales riesgos identificados por los líderes planetarios fueron económicos y se encuentran claramente relacionados entre sí. Como riesgo número uno se identificó la posibilidad de otras crisis fiscales en economías importantes; el número dos fue el desempleo y el subempleo; el cuarto fue la severa disparidad del ingreso y el décimo una profunda inestabilidad política y social. Dentro de este último un factor central es la no integración de la juventud a la economía, incluso aquella muy capacitada a un alto costo. Todos estos riesgos, recordemos la definición, con posibilidades de contagio internacional, impactos prolongados y difícil recuperación.

El documento define así un conjunto de inquietudes que, en mi opinión, muestran la desconfianza creciente en la actual estrategia económica mundial y en sus capacidades para resolver los problemas que ha contribuido a crear.

La posibilidad de crisis fiscales en economías clave se refiere al alto nivel de endeudamiento público. El gobierno norteamericano adeuda más del 100 por ciento del producto interno bruto del país; es decir más de lo que producen todas las empresas y trabajadores del país en un año. El gobierno japonés adeuda el 230 por ciento de su PIB. Lo cual crea el riesgo de que los inversionistas que les han prestado a estos y otros gobiernos eleven los intereses para el refinanciamiento recurrente de esas deudas y eso mismo dificulte la posibilidad de pagar.

Si una de estas economías no pagara sus deudas, lo que estuvo cercano a ocurrir en los Estados Unidos, los acreedores (bancos y fondos de inversión) entrarían también en insolvencia para pagar a sus inversionistas y ahorradores (como ocurrió en Chipre, Grecia, Islandia y otros). Este problema financiero impactaría, como ya lo ha hecho, a la economía real.

La situación no es sencilla porque el segundo riesgo señalado es el desempleo y enfrentarlo requiere un aparato productivo fuerte y dinámico. Y para ello es necesario un estado que convierte los préstamos de ricos en demanda de bienes y servicios. Cuando el gobierno, para controlar su endeudamiento, se aprieta el cinturón, incrementa impuestos a los consumidores o reduce sus servicios, disminuye su demanda y la población. Entonces las empresas quiebran u operan por debajo de sus capacidades instaladas, se genera desempleo y se presiona a la baja los salarios. Hay, lo hemos visto, empobrecimiento generalizado.

El tercer riesgo económico es la severa disparidad del ingreso y creo que aquí se encuentra el factor que explica a los dos anteriores. Las grandes empresas y capitales no generan la demanda necesaria para vender lo que producen; crean poco empleo y pagan poco. Eso permite que acumulen riquezas gigantescas en pocas manos al mismo tiempo que deterioran la economía.

Porque los muy ricos no son buenos consumidores, ya tienen demasiados bienes y usan su dinero sobre todo para prestar. Es el gobierno el que convierte su riqueza improductiva en el consumo que impulsa la producción y el empleo.

El documento señala, sin desearlo, la creciente debilidad de toda la estrategia económica mundial. Y la única solución viable es incrementar el papel del estado y su gasto. Pero lo debe hacer sin endeudarse y sin dañar el consumo mayoritario. Lo cual sólo es posible gravando la riqueza usurera y convertirla directamente en demanda mayoritaria. Esto solucionaría los riesgos mencionados más el de inestabilidad social.

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