Faljoritmo
Jorge Faljo
Hace un par de décadas se puso de moda la idea de que habíamos llegado al fin de la historia. No quería decir que no fueran a ocurrir eventos importantes; pero sí que la humanidad había alcanzado su punto más alto de evolución política, sociocultural y de mercado. Esto se refería a la democracia liberal, el acatamiento de normas internacionales y el libre comercio. Con el fin del comunismo se pregonó el fin de los conflictos ideológicos.
No obstante me atrevo a aventurar que existe uno de este tipo y es el que se da entre los Estados Unidos, Europa, Japón y otros países (incluyendo a México) de un lado y un país hermano del otro. Se trata de… Argentina.
La Organización Mundial del Comercio –OMC- acaba de concluir que Argentina incurrió en desacato a las reglas internacionales al obstaculizar importaciones y tratar de controlar la salida de divisas. Señala que Buenos Aires debe cambiar sus políticas y cumplir con la legalidad del comercio internacional.
Para el representante norteamericano la resolución fue una gran victoria de los trabajadores industriales y agrícolas norteamericanos que serán favorecidos por el incremento de miles de millones de dólares en exportaciones a Argentina. Para el representante europeo fue una señal de que el proteccionismo es inaceptable y conminó al país sudamericano a abrir las puertas a los productos europeos.
La cosa no será fácil, sobre todo porque Argentina sufre de escasez de dólares. De 2009 a la fecha ese país, lejano pero hermano, ha visto reducirse sus exportaciones en parte por el estancamiento mundial y en parte por problemas climáticos que afectaron su producción agrícola.
En contraste los argentinos han elevado sus niveles de vida y viajan más al extranjero y se han incrementado fuertemente los costos de sus fuertes importaciones de hidrocarburos y energía. Vende menos, gasta más dólares y se han reducido notablemente sus reservas internacionales. Hay que recordar que, además, es un país excluido del financiamiento internacional.
Eso ha generado una fuerte escasez de dólares dentro del país y la creación de un mercado negro donde la divisa se compra, de manera ilegal pero extendida, mucho más cara que el cambio oficial. A pesar de esta situación el gobierno se niega a devaluar para evitar presiones inflacionarias y prefiere imponer lo que sería el equivalente a un racionamiento de dólares y el control de importaciones.
Hay dos ejemplos emblemáticos de lo que hace el gobierno argentino. Uno es el caso del fabricante alemán de autos Porsche que para exportar un centenar de sus unidades se vio obligado a comprometerse a comprar el equivalente en vino y aceite de oliva argentinos. En opinión de la empresa es muy problemático compensar el precio de 100 autos de 150 mil dólares cada uno comprando vino y aceite que, por cierto, Europa no acepta importar.
Otro caso es el de la empresa canadiense RiM que se vio presionada a montar una fábrica en el país para poder vender sus celulares Blackberry.
Sin embargo estos ejemplos muy difundidos para ilustrar la mala actitud argentina pueden ser vistos en otra perspectiva. Si escasean los dólares y el gobierno no quiere devaluar solo le quedan dos opciones. Dejar que sea el libre mercado el que decida que se hace con los dólares. En este caso los muy ricos podrán comprar Porsches y las clases medias Blackberris. Pero se corre el riesgo de no poder hacer importaciones de refacciones para las fábricas o de café.
O, por otro lado, que sea el gobierno el que decida cuales son las prioridades y las no prioridades, como las importaciones de autos de lujo, les imponga un mecanismo de intercambio equilibrado. Por cierto que México se sumó a la demanda contra Argentina porque también nos exigió equilibrar el comercio automovilístico.
Es un dato curioso que Argentina importa más de Europa y de los Estados Unidos de lo que les exporta. Es decir que con ellos tiene déficit comercial. Pero en las reglas del libre comercio el equilibrio comercial no importa; si es necesario el país deficitario deberá gastar sus reservas e incluso endeudarse. Solo que a Argentina no le prestan.
Aquí si tenemos una disputa ideológica, la que se da entre el libre comercio o su contrario, el comercio “gestionado”. En uno deciden los que tienen más dinero, en el otro el gobierno impone prioridades para un intercambio equilibrado.
De momento Argentina puede apelar y prolongar por un año más el litigio. Después lo más probable es que vuelva a perder y entonces sus opciones serán: sufrir represalias comerciales, devaluar o acatar las reglas del libre comercio. En las tres su población sufrirá consecuencias; solo que estas podrían ser menos malas que los beneficios que ya le da el comercio controlado.
Los invito a reproducir con entera libertad y por cualquier medio los escritos de este blog. Solo espero que, de preferencia, citen su origen.
lunes, 25 de agosto de 2014
lunes, 18 de agosto de 2014
Recesión global permanente y cambio de norte
Jorge Faljo
Faljoritmo
Las noticias económicas de la última semana no son buenas; y no me refiero al país sino a buena parte del planeta: Europa, Rusia, Japón, China y los Estados Unidos tropiezan y tanta mala noticia no puede ser casualidad.
El Producto Interno Bruto de Alemania retrocedió a menos 0.2 por ciento en el segundo trimestre del año. Uno de los factores principales es la baja de sus exportaciones a Rusia, Francia, Italia y al resto de Europa. Como es una economía fuertemente exportadora funciona como termómetro económico de su entorno.
Rusia se encuentra, según el Banco Mundial, entre la expectativa de un bajo crecimiento (1.1 por ciento) y una franca recesión (menos 1.8 por ciento). La volatilidad de su situación es alta y de momento sus empresarios no invierten y prefieren sacar sus capitales. La naciente guerra comercial entre Rusia y Europa va a pegarle todavía más a ambas economías.
Francia lleva dos trimestres en crecimiento cero e Italia está en recesión; su producción disminuye. Holanda tendrá un muy pequeño crecimiento; por lo menos no repetirá la recesión del año pasado.
En conjunto Europa se encuentra paralizada. Parecía salir, muy lentamente de las crisis del 2008 y del 2011. Pero ya ni siquiera eso. Su estancamiento económico implica que continúa la destrucción de empresas, empleo y bienestar. Se ha puesto de moda llamarla la “Europa triste”.
Del otro lado del planeta la situación no es mejor. Japón tuvo en el segundo trimestre una contracción de menos 6.8 por ciento; algo más que su crecimiento inicial, lo que deja su economía en ceros. Se ve afectado por un incremento del impuesto al consumo y por la caída de sus exportaciones. Lo afecta fuertemente la debilidad económica de sus clientes.
China es de alguna manera una excepción. Reduce su ritmo de crecimiento a un 7.4 por ciento anual. Para cualquier otro país sería extraordinariamente bueno; pero para un país acostumbrado a décadas de crecimiento al 10 por ciento anual es una caída. Su menor crecimiento se asocia, como para Alemania y Japón, al estancamiento de la economía global y tendrá, a su vez, repercusiones en sus proveedores de materias primas.
China pretende transitar hacia un crecimiento mayormente basado en la demanda interna. Es el país que más ha reducido la pobreza y más ha elevado los ingresos de sus trabajadores. Sin embargo una parte importante del incremento de la demanda la ha generado mediante crédito.
Los países industrializados agotaron la capacidad de endeudamiento de sus clases medias y trabajadores y de sus distintos niveles de gobierno (ciudades, estados y país). Al reducirse la demanda crediticia entraron en crisis. Ocurrió en los Estados Unidos con la crisis hipotecaria y en los países europeos con las crisis de deuda gubernamental. China todavía se encuentra en una fase de creación de demanda crediticia; pero se acerca a su agotamiento.
Dejo para el final a los Estados Unidos. El Fondo Monetario Internacional redujo hace unas semanas su expectativa de crecimiento a solo 1.7 por ciento anual.
El vicepresidente de su banco central, el Sistema de la Reserva Federal, Stanley Fisher, señaló que la Gran Recesión del 2007 – 2009 ha dejado consecuencias con las que muchos países todavía tienen que luchar. Dijo que el crecimiento económico en los últimos cuatro años ha sido insuficiente y frustrante.
Lo más interesante de la declaración de Fisher es que esta Gran Recesión, por su amplitud y profundidad, parece haber cambiado el contexto económico de maneras que hacen impredecible el futuro. En su opinión es posible que el bajo crecimiento sea simple consecuencia de la crisis financiera y la recesión, pero “también es posible que ese bajo crecimiento refleje un cambio más estructural, una alteración de largo plazo en la economía global”.
O sea que no sabe y tiene la sinceridad de plantear una posibilidad inquietante; la entrada a un nuevo periodo de permanente estancamiento. Le tomo la palabra para señalar que otros economistas, incluso premios Nobel, ya han señalado que la teoría económica no explica y no brinda salidas a esta especie de crisis permanente que Stanley considera posible. La fase exitosa de la globalización ya terminó. Los sectores globalizados crecieron endeudando a todos los demás pero ahora, con los países industriales a la cabeza, no repuntan.
La estrategia pregonada por los industrializados ya no puede ser nuestro norte; la brújula ya no funciona y tendremos que pensar por nosotros mismos. Empecemos por darnos por enterados que producir para exportar ya no es la respuesta; nunca lo fue, ahora menos.
Hay que producir para nosotros, amarrar a la demanda con la producción nacional. Necesitamos una estrategia de equidad para crecer y mejorar todos, una política de reindustrialización y seguridad alimentaria basadas en la reactivación de capacidades disponible y no en la atracción de capitales externos.
Tenemos la experiencia histórica de las décadas de buen crecimiento y aumento del bienestar. De estado fuerte y soberano. Esa memoria debe ser un ingrediente para corregir el rumbo.
Faljoritmo
Las noticias económicas de la última semana no son buenas; y no me refiero al país sino a buena parte del planeta: Europa, Rusia, Japón, China y los Estados Unidos tropiezan y tanta mala noticia no puede ser casualidad.
El Producto Interno Bruto de Alemania retrocedió a menos 0.2 por ciento en el segundo trimestre del año. Uno de los factores principales es la baja de sus exportaciones a Rusia, Francia, Italia y al resto de Europa. Como es una economía fuertemente exportadora funciona como termómetro económico de su entorno.
Rusia se encuentra, según el Banco Mundial, entre la expectativa de un bajo crecimiento (1.1 por ciento) y una franca recesión (menos 1.8 por ciento). La volatilidad de su situación es alta y de momento sus empresarios no invierten y prefieren sacar sus capitales. La naciente guerra comercial entre Rusia y Europa va a pegarle todavía más a ambas economías.
Francia lleva dos trimestres en crecimiento cero e Italia está en recesión; su producción disminuye. Holanda tendrá un muy pequeño crecimiento; por lo menos no repetirá la recesión del año pasado.
En conjunto Europa se encuentra paralizada. Parecía salir, muy lentamente de las crisis del 2008 y del 2011. Pero ya ni siquiera eso. Su estancamiento económico implica que continúa la destrucción de empresas, empleo y bienestar. Se ha puesto de moda llamarla la “Europa triste”.
Del otro lado del planeta la situación no es mejor. Japón tuvo en el segundo trimestre una contracción de menos 6.8 por ciento; algo más que su crecimiento inicial, lo que deja su economía en ceros. Se ve afectado por un incremento del impuesto al consumo y por la caída de sus exportaciones. Lo afecta fuertemente la debilidad económica de sus clientes.
China es de alguna manera una excepción. Reduce su ritmo de crecimiento a un 7.4 por ciento anual. Para cualquier otro país sería extraordinariamente bueno; pero para un país acostumbrado a décadas de crecimiento al 10 por ciento anual es una caída. Su menor crecimiento se asocia, como para Alemania y Japón, al estancamiento de la economía global y tendrá, a su vez, repercusiones en sus proveedores de materias primas.
China pretende transitar hacia un crecimiento mayormente basado en la demanda interna. Es el país que más ha reducido la pobreza y más ha elevado los ingresos de sus trabajadores. Sin embargo una parte importante del incremento de la demanda la ha generado mediante crédito.
Los países industrializados agotaron la capacidad de endeudamiento de sus clases medias y trabajadores y de sus distintos niveles de gobierno (ciudades, estados y país). Al reducirse la demanda crediticia entraron en crisis. Ocurrió en los Estados Unidos con la crisis hipotecaria y en los países europeos con las crisis de deuda gubernamental. China todavía se encuentra en una fase de creación de demanda crediticia; pero se acerca a su agotamiento.
Dejo para el final a los Estados Unidos. El Fondo Monetario Internacional redujo hace unas semanas su expectativa de crecimiento a solo 1.7 por ciento anual.
El vicepresidente de su banco central, el Sistema de la Reserva Federal, Stanley Fisher, señaló que la Gran Recesión del 2007 – 2009 ha dejado consecuencias con las que muchos países todavía tienen que luchar. Dijo que el crecimiento económico en los últimos cuatro años ha sido insuficiente y frustrante.
Lo más interesante de la declaración de Fisher es que esta Gran Recesión, por su amplitud y profundidad, parece haber cambiado el contexto económico de maneras que hacen impredecible el futuro. En su opinión es posible que el bajo crecimiento sea simple consecuencia de la crisis financiera y la recesión, pero “también es posible que ese bajo crecimiento refleje un cambio más estructural, una alteración de largo plazo en la economía global”.
O sea que no sabe y tiene la sinceridad de plantear una posibilidad inquietante; la entrada a un nuevo periodo de permanente estancamiento. Le tomo la palabra para señalar que otros economistas, incluso premios Nobel, ya han señalado que la teoría económica no explica y no brinda salidas a esta especie de crisis permanente que Stanley considera posible. La fase exitosa de la globalización ya terminó. Los sectores globalizados crecieron endeudando a todos los demás pero ahora, con los países industriales a la cabeza, no repuntan.
La estrategia pregonada por los industrializados ya no puede ser nuestro norte; la brújula ya no funciona y tendremos que pensar por nosotros mismos. Empecemos por darnos por enterados que producir para exportar ya no es la respuesta; nunca lo fue, ahora menos.
Hay que producir para nosotros, amarrar a la demanda con la producción nacional. Necesitamos una estrategia de equidad para crecer y mejorar todos, una política de reindustrialización y seguridad alimentaria basadas en la reactivación de capacidades disponible y no en la atracción de capitales externos.
Tenemos la experiencia histórica de las décadas de buen crecimiento y aumento del bienestar. De estado fuerte y soberano. Esa memoria debe ser un ingrediente para corregir el rumbo.
lunes, 11 de agosto de 2014
El Miserable Planeta en que Vivimos
Faljoritmo
Jorge Faljo
En los últimos 35 años se dio uno de los mayores y más rápidos avances tecnológicos y en productividad en la historia de la humanidad. En un tiempo muy breve pasamos de hacer cola en el telégrafo para enviar diez palabras que se entregarían al día siguiente a la comunicación intercontinental, en tiempo real, con sonido y video a color.
Múltiples avances tecnológicos extraordinarios tuvieron como columna vertebral a la electrónica y el manejo digital de la información. Pero además se crearon nuevos materiales, como plásticos y cerámicas con los que se pueden hacer desde armas hasta motores. La información que corría mediante impulsos eléctricos en alambres de cobre se transformó en luz transportada en cables del más transparente cristal, o en ondas electromagnéticas reenviadas por satélites espaciales. Se ha llegado a manipular la vida misma, la configuración genética y biológica de los seres vivos para adaptar especies o darles nuevas funciones.
El avance es evidente en la oficina, la escuela, los bancos, el comercio, el hogar y la calle. Pero no es sino la punta del iceberg. Sale de las fábricas con nuevas tecnologías que pueden producir más rápidamente, aprovechando mejor las materias primas, con menor gasto de energía y con muchos menos empleados. Pueden producir miles o millones de veces más que antes a mucho menores costos.
Pero este lado maravilloso de la historia tiene también un lado obscuro. Los nuevos poderosos decidieron que no había razón para pagar más a sus empleados. Ahora un empleado puede producir cientos de veces más en una fábrica moderna pero no por eso va a ganar más. Al contrario, la nueva producción destruye continuamente a la anterior y crea cada vez más desempleo. Sobran los trabajadores y ahora las empresas bajan los salarios reales.
El mejoramiento del aprovechamiento energético y el transporte permitió relocalizar la producción en prácticamente cualquier lugar del mundo. Así que las empresas dejaron morir a las viejas ciudades industriales como Detroit y se fueron a producir donde hubiera mano de obra más barata, donde pagaran menos impuestos, donde recibieran subsidios e incentivos. De este modo, gradualmente se han ido reduciendo los salarios e impuestos, destruyendo la producción “histórica” y generando miseria, cuando debiera haber abundancia. Este es el planeta en que vivimos.
En México decenas de miles de unidades de producción de todo tamaño han sido destruidas. Cierto que se han creado otras más modernas, pero generan poco empleo y pagan salarios menores a los que pagaban las anteriores hace treinta y cinco años. La tacañería y la ambición han generado riquezas inmensas mientras crece la pobreza, se destruye la producción histórica y el país se estanca.
Hoy en México el salario mínimo tiene un poder de compra de apenas la cuarta parte del de 1976. Las décadas de buen crecimiento con el modelo de desarrollo estabilizador fueron substituidas por remedos de estabilidad con crisis recurrentes. Pero lo peor es el empobrecimiento brutal.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social indica que la alimentación de un mes de una persona cuesta 1,227 pesos. Para que un padre de familia alimente a cuatro necesita casi cinco mil pesos. Aparte están los costos de vivienda, ropa, transporte, gastos del hogar y más. Más de seis millones de mexicanos ganan un salario mínimo al día; son afortunados porque tienen empleo. Pero no les alcanza ni para alimentar bien a sus hijos.
En este contexto, con timidez, el jefe de gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, dijo que la Ciudad de México hará un ejercicio, probablemente en el 2015, para incrementar el salario mínimo. Lo haría mediante acuerdos e incentivos a las empresas. Mientras tanto organiza foros, promueve estudios y pide cumplir con el mandato constitucional de que el salario mínimo sea suficiente para una vida digna. Plantea que elevar los salarios es esencial para fortalecer el mercado interno, crear demanda y fortalecer la economía.
Lo que consiguió es que se le fueran a la yugular. Para empezar el secretario federal del trabajo, Alfonso Navarrete Prida advirtió que es peligroso “andar jugando” a aumentar los salarios mínimos. O sea que trató a Mancera de chamaco, de infante irresponsable. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani dijo que el tema debe revisarse con absoluta responsabilidad para no manejarlo de manera política o populista, ni por decreto porque sería una afectación terrible para la economía. (Su economía, supongo).
En la misma línea el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Claudio X González dijo que es razonable que la gente gane más pero que la mejora no debe darse por decreto porque se corre el riesgo de repetir épocas aciagas de elevada inflación. Pienso que es curioso que estas gentes no se hayan dado cuenta que durante más de treinta años los salarios se han elevado por decreto. Lo que ocurre, pienso, es que les gustan unos decretos si y otros no.
Del gobernador del Banco de México podía esperarse lo que dijo; que elevar los salarios mínimos representa un riesgo de inflación. Habría que preguntarse cómo es que ha habido inflación todo el tiempo en que los salarios se han castigado fuertemente.
Han hecho bien los gobiernos de la Ciudad de México y Chihuahua, en plantear la necesidad social y la conveniencia económica de elevar los salarios. Esta elevación sería inflacionaria si las empresas no pudieran producir más. Pero el aparato productivo nacional está operando a media capacidad y eso mismo permitiría elevar la producción de inmediato en respuesta a un incremento de demanda.
Elevar los salarios podría traducirse en que las empresas puedan vender más, producir más, generar más empleo, tener mayores ganancias y, por supuesto, volver a elevar salarios. Podría sí; pero tal vez no ocurra porque los empresarios podrían decidir elevar los precios para maximizar sus ganancias inmediatas y volver a dar al traste con las posibilidades de crecimiento del país y de mejoría del bienestar de la población.
Jorge Faljo
En los últimos 35 años se dio uno de los mayores y más rápidos avances tecnológicos y en productividad en la historia de la humanidad. En un tiempo muy breve pasamos de hacer cola en el telégrafo para enviar diez palabras que se entregarían al día siguiente a la comunicación intercontinental, en tiempo real, con sonido y video a color.
Múltiples avances tecnológicos extraordinarios tuvieron como columna vertebral a la electrónica y el manejo digital de la información. Pero además se crearon nuevos materiales, como plásticos y cerámicas con los que se pueden hacer desde armas hasta motores. La información que corría mediante impulsos eléctricos en alambres de cobre se transformó en luz transportada en cables del más transparente cristal, o en ondas electromagnéticas reenviadas por satélites espaciales. Se ha llegado a manipular la vida misma, la configuración genética y biológica de los seres vivos para adaptar especies o darles nuevas funciones.
El avance es evidente en la oficina, la escuela, los bancos, el comercio, el hogar y la calle. Pero no es sino la punta del iceberg. Sale de las fábricas con nuevas tecnologías que pueden producir más rápidamente, aprovechando mejor las materias primas, con menor gasto de energía y con muchos menos empleados. Pueden producir miles o millones de veces más que antes a mucho menores costos.
Pero este lado maravilloso de la historia tiene también un lado obscuro. Los nuevos poderosos decidieron que no había razón para pagar más a sus empleados. Ahora un empleado puede producir cientos de veces más en una fábrica moderna pero no por eso va a ganar más. Al contrario, la nueva producción destruye continuamente a la anterior y crea cada vez más desempleo. Sobran los trabajadores y ahora las empresas bajan los salarios reales.
El mejoramiento del aprovechamiento energético y el transporte permitió relocalizar la producción en prácticamente cualquier lugar del mundo. Así que las empresas dejaron morir a las viejas ciudades industriales como Detroit y se fueron a producir donde hubiera mano de obra más barata, donde pagaran menos impuestos, donde recibieran subsidios e incentivos. De este modo, gradualmente se han ido reduciendo los salarios e impuestos, destruyendo la producción “histórica” y generando miseria, cuando debiera haber abundancia. Este es el planeta en que vivimos.
En México decenas de miles de unidades de producción de todo tamaño han sido destruidas. Cierto que se han creado otras más modernas, pero generan poco empleo y pagan salarios menores a los que pagaban las anteriores hace treinta y cinco años. La tacañería y la ambición han generado riquezas inmensas mientras crece la pobreza, se destruye la producción histórica y el país se estanca.
Hoy en México el salario mínimo tiene un poder de compra de apenas la cuarta parte del de 1976. Las décadas de buen crecimiento con el modelo de desarrollo estabilizador fueron substituidas por remedos de estabilidad con crisis recurrentes. Pero lo peor es el empobrecimiento brutal.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social indica que la alimentación de un mes de una persona cuesta 1,227 pesos. Para que un padre de familia alimente a cuatro necesita casi cinco mil pesos. Aparte están los costos de vivienda, ropa, transporte, gastos del hogar y más. Más de seis millones de mexicanos ganan un salario mínimo al día; son afortunados porque tienen empleo. Pero no les alcanza ni para alimentar bien a sus hijos.
En este contexto, con timidez, el jefe de gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, dijo que la Ciudad de México hará un ejercicio, probablemente en el 2015, para incrementar el salario mínimo. Lo haría mediante acuerdos e incentivos a las empresas. Mientras tanto organiza foros, promueve estudios y pide cumplir con el mandato constitucional de que el salario mínimo sea suficiente para una vida digna. Plantea que elevar los salarios es esencial para fortalecer el mercado interno, crear demanda y fortalecer la economía.
Lo que consiguió es que se le fueran a la yugular. Para empezar el secretario federal del trabajo, Alfonso Navarrete Prida advirtió que es peligroso “andar jugando” a aumentar los salarios mínimos. O sea que trató a Mancera de chamaco, de infante irresponsable. El presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani dijo que el tema debe revisarse con absoluta responsabilidad para no manejarlo de manera política o populista, ni por decreto porque sería una afectación terrible para la economía. (Su economía, supongo).
En la misma línea el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Claudio X González dijo que es razonable que la gente gane más pero que la mejora no debe darse por decreto porque se corre el riesgo de repetir épocas aciagas de elevada inflación. Pienso que es curioso que estas gentes no se hayan dado cuenta que durante más de treinta años los salarios se han elevado por decreto. Lo que ocurre, pienso, es que les gustan unos decretos si y otros no.
Del gobernador del Banco de México podía esperarse lo que dijo; que elevar los salarios mínimos representa un riesgo de inflación. Habría que preguntarse cómo es que ha habido inflación todo el tiempo en que los salarios se han castigado fuertemente.
Han hecho bien los gobiernos de la Ciudad de México y Chihuahua, en plantear la necesidad social y la conveniencia económica de elevar los salarios. Esta elevación sería inflacionaria si las empresas no pudieran producir más. Pero el aparato productivo nacional está operando a media capacidad y eso mismo permitiría elevar la producción de inmediato en respuesta a un incremento de demanda.
Elevar los salarios podría traducirse en que las empresas puedan vender más, producir más, generar más empleo, tener mayores ganancias y, por supuesto, volver a elevar salarios. Podría sí; pero tal vez no ocurra porque los empresarios podrían decidir elevar los precios para maximizar sus ganancias inmediatas y volver a dar al traste con las posibilidades de crecimiento del país y de mejoría del bienestar de la población.
domingo, 27 de julio de 2014
Bienvenidos “carnales”, campesinos
Faljoritmo
Jorge Faljo
Alrededor de 40 mil campesinos, hombres y mujeres, jóvenes, incluso niños, marcharon del ángel de la independencia a la Secretaría de Gobernación este pasado miércoles. Llegaron de todo el país para hacerse oír en defensa de los derechos centenarios de sus pueblos a la tierra y a la vida digna y productiva; los mismos derechos que defendieron hace un siglo ante la embestida de las haciendas en expansión.
Hubo otras marchas en Guanajuato, Morelos, Chiapas y Zacatecas¸ pero la principal, la de mayor impacto político, fue la de la capital.
Contrastaban en la marcha las bandas de música venidas de Oaxaca y Chiapas, una alegre batucada, los que gritaban, otros callados, de tono solemne, tal vez cansados, llegados de las tierras áridas del norte. Muchos traían pancartas y banderolas, otros más enarbolaban plantas de maíz y formaban una especie de milpa errante en el medio urbano.
El encuentro con el Secretario de Gobernación ya estaba concertado. Al salón entraron 80 representantes, dos por cada una de las cuarenta organizaciones participantes. Una buena sorpresa es que el Secretario de Gobernación, Osorio Chong, sentó en la mesa a los secretarios de SAGARPA, Enrique Martínez y de la Secretaría de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, que se habían distinguido por no querer escuchar a los campesinos.
Afuera quedaron decenas de miles esperando, sentándose donde y como podían. Ocupaban las calles varias cuadras a la redonda. La espera duró unas tres horas.
Fue sorprendente la rápida respuesta de la ciudad ante el evento. De la colonia Guerrero llegaron a toda prisa los carritos y puestos hechizos con las tortas ahogadas, los tacos de canasta, los vasos de agua mineral con limón y sal, para la deshidratación, las ollas de tamales y los puestos de fritangas. En hora y media había de todo para todos.
En ausencia de los gabinetes portátiles, las loncherías, los estacionamientos y los changarros abrieron sus baños a la multitud.
Un grupo de jóvenes fornidos se hizo un espacio frente al edificio de Gobernación y empezaron a armar un templete que llamó la atención de algunos líderes que no sabían de qué se trataba. Al templete le salieron postes en las esquinas y de poste a poste se amarraron cuerdas. Pronto estuvo listo el ring donde los jóvenes hicieron demostraciones de lucha libre. Los “técnicos” se enfrentaron a los “rudos”, ambos autoproclamados campesinos.
Sorprendente la capacidad de respuesta del sector social de la ciudad de México ante el sector social visitante: alimentos, servicios y diversión improvisados en un ratito. Ojalá y así funcionara el gobierno.
No sé si sería justo o injusto decir que también sorprendía la unidad mostrada ese día por las organizaciones campesinas, muchas de ellas rivales entre sí. Marcharon juntas y acordaron la entrega de un documento de conjunto. Ponerse de acuerdo no es un ejercicio fácil, pero lo lograron en tiempo record.
En ese documento plantearon tres demandas principales: La primera es “el derecho a seguir viviendo en el campo, en comunidad, en familia, con plena dignidad”. La segunda el derecho efectivo a producir alimentos y otros bienes y servicios de consumo popular. La tercera el derecho a participar en la economía del país y a responsabilizarse de la seguridad alimentaria nacional.
Son tres derechos que no tienen hoy en día y que son de gran sencillez y fuertes implicaciones. Atenderlos demanda una gran reingeniería institucional y de estrategia económica, a contrapelo de los cambios neoliberales de las últimas tres décadas.
La estrategia para lograrlos que proponen los campesinos es también sencilla: reactivar las capacidades productivas que ya existen, con las que se podía producir no hace muchos años. El papel del gobierno es asegurar condiciones de rentabilidad para la producción agropecuaria.
¿Es esto viable? Para empezar es mucho más factible que esperar que haya grandes inversiones de capital que revolucionen al campo y generen empleos. Ese proyecto fracasó.
Reactivar la producción requiere arreglos institucionales y de mercado con los que este país ya contaba en la etapa de crecimiento acelerado de la economía y de la producción agropecuaria, de 1940 a 1980. Cuando el país crecía y el bienestar se incrementaba.
Para empezar, y es solo el principio, habrá que reorientar el crédito, la asistencia técnica, las compras institucionales y la demanda generada por el gasto social en favor de la producción campesina. Con estos pasos se podría empezar a recuperar rentabilidad, producción y consumo dentro del sector social.
El dialogo, los arreglos entre las partes y la transformación no han hecho sino empezar. Pero lo ocurrido este miércoles fue una buena señal para la parte campesina. En su perspectiva la ciudad los recibió bien, el gobierno federal dio, por fin, muestras de que los escucha. Un buen primer paso. Ojalá y sigan otros.
Jorge Faljo
Alrededor de 40 mil campesinos, hombres y mujeres, jóvenes, incluso niños, marcharon del ángel de la independencia a la Secretaría de Gobernación este pasado miércoles. Llegaron de todo el país para hacerse oír en defensa de los derechos centenarios de sus pueblos a la tierra y a la vida digna y productiva; los mismos derechos que defendieron hace un siglo ante la embestida de las haciendas en expansión.
Hubo otras marchas en Guanajuato, Morelos, Chiapas y Zacatecas¸ pero la principal, la de mayor impacto político, fue la de la capital.
Contrastaban en la marcha las bandas de música venidas de Oaxaca y Chiapas, una alegre batucada, los que gritaban, otros callados, de tono solemne, tal vez cansados, llegados de las tierras áridas del norte. Muchos traían pancartas y banderolas, otros más enarbolaban plantas de maíz y formaban una especie de milpa errante en el medio urbano.
El encuentro con el Secretario de Gobernación ya estaba concertado. Al salón entraron 80 representantes, dos por cada una de las cuarenta organizaciones participantes. Una buena sorpresa es que el Secretario de Gobernación, Osorio Chong, sentó en la mesa a los secretarios de SAGARPA, Enrique Martínez y de la Secretaría de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, que se habían distinguido por no querer escuchar a los campesinos.
Afuera quedaron decenas de miles esperando, sentándose donde y como podían. Ocupaban las calles varias cuadras a la redonda. La espera duró unas tres horas.
Fue sorprendente la rápida respuesta de la ciudad ante el evento. De la colonia Guerrero llegaron a toda prisa los carritos y puestos hechizos con las tortas ahogadas, los tacos de canasta, los vasos de agua mineral con limón y sal, para la deshidratación, las ollas de tamales y los puestos de fritangas. En hora y media había de todo para todos.
En ausencia de los gabinetes portátiles, las loncherías, los estacionamientos y los changarros abrieron sus baños a la multitud.
Un grupo de jóvenes fornidos se hizo un espacio frente al edificio de Gobernación y empezaron a armar un templete que llamó la atención de algunos líderes que no sabían de qué se trataba. Al templete le salieron postes en las esquinas y de poste a poste se amarraron cuerdas. Pronto estuvo listo el ring donde los jóvenes hicieron demostraciones de lucha libre. Los “técnicos” se enfrentaron a los “rudos”, ambos autoproclamados campesinos.
Sorprendente la capacidad de respuesta del sector social de la ciudad de México ante el sector social visitante: alimentos, servicios y diversión improvisados en un ratito. Ojalá y así funcionara el gobierno.
No sé si sería justo o injusto decir que también sorprendía la unidad mostrada ese día por las organizaciones campesinas, muchas de ellas rivales entre sí. Marcharon juntas y acordaron la entrega de un documento de conjunto. Ponerse de acuerdo no es un ejercicio fácil, pero lo lograron en tiempo record.
En ese documento plantearon tres demandas principales: La primera es “el derecho a seguir viviendo en el campo, en comunidad, en familia, con plena dignidad”. La segunda el derecho efectivo a producir alimentos y otros bienes y servicios de consumo popular. La tercera el derecho a participar en la economía del país y a responsabilizarse de la seguridad alimentaria nacional.
Son tres derechos que no tienen hoy en día y que son de gran sencillez y fuertes implicaciones. Atenderlos demanda una gran reingeniería institucional y de estrategia económica, a contrapelo de los cambios neoliberales de las últimas tres décadas.
La estrategia para lograrlos que proponen los campesinos es también sencilla: reactivar las capacidades productivas que ya existen, con las que se podía producir no hace muchos años. El papel del gobierno es asegurar condiciones de rentabilidad para la producción agropecuaria.
¿Es esto viable? Para empezar es mucho más factible que esperar que haya grandes inversiones de capital que revolucionen al campo y generen empleos. Ese proyecto fracasó.
Reactivar la producción requiere arreglos institucionales y de mercado con los que este país ya contaba en la etapa de crecimiento acelerado de la economía y de la producción agropecuaria, de 1940 a 1980. Cuando el país crecía y el bienestar se incrementaba.
Para empezar, y es solo el principio, habrá que reorientar el crédito, la asistencia técnica, las compras institucionales y la demanda generada por el gasto social en favor de la producción campesina. Con estos pasos se podría empezar a recuperar rentabilidad, producción y consumo dentro del sector social.
El dialogo, los arreglos entre las partes y la transformación no han hecho sino empezar. Pero lo ocurrido este miércoles fue una buena señal para la parte campesina. En su perspectiva la ciudad los recibió bien, el gobierno federal dio, por fin, muestras de que los escucha. Un buen primer paso. Ojalá y sigan otros.
domingo, 20 de julio de 2014
Mamá Rosa: ¿y el gobierno, apá?
Faljoritmo
Jorge Faljo
Cucarachas en las paredes, comida descompuesta, hacinamiento, olores a orines y excrementos, suciedad, situación carcelaria, abusos sexuales entre huérfanos y posiblemente hasta de sus guardianes adultos. Alimentos y ropa donada en buen estado que no se había distribuido a una población indigente y desnutrida. Más que orfanato una perrera de acuerdo a la declaración altamente difundida de un niño de diez años.
Eso se encontró la fuerza policiaca, más propia del asalto a un nido de terroristas bien armados y que se hizo acompañar de una bien preparada cobertura televisiva y periodística. Entraron a buscar mugre y la encontraron en abundancia; las fotografías son elocuentes. Rápidamente se armó el juicio en los medios, antes que las denuncias ante la justicia, y la nota roja se logró posicionar como tema prioritario en la tele, el radio y los periódicos.
Tal vez no podía esperarse otra cosa en un orfanato sustentado en la caridad privada donde se hacinaban más de 500 niños y jóvenes de ambos sexos, dirigido por una anciana de 80 años con problemas de salud.
Pero he aquí que un grupo de más de veinte notables intelectuales del país, entre ellos a Elena Poniatowska, Cristina Pacheco, José Woldenberg, Roger Bartra, Lydia Cacho, Juan Villoro, Jean Meyer y otros de este importante calibre llaman a respetar la obra y la persona de Rosa Verduzco y condenan la humillación de la que llaman una gran trabajadora social.
Vicente Fox, expresidente de México, le mandó un mensaje de solidaridad donde dice saber todo el bien que ha hecho a miles de niños y jóvenes. Enrique Krauze nos recuerda otro asunto al señalar que a Mamá Rosa en 66 años no le estallaron tanques de gas matando bebés. También a su favor están las declaraciones de adultos agradecidos por haberles dado sustento, educación y hasta una carrera. Hasta manifestaciones ha habido en su apoyo.
Es decir que el asunto es controvertido y después de las graves acusaciones la balanza de las declaraciones oficiales empieza a inclinarse a favor de hablar más de ineficiencias y descuidos que de actos criminales de la directora.
En lugar de policía y ejército el orfanato pudo ser “asaltado” con una veintena de trabajadores sociales, de trabajadores de limpieza, de administradores, todos ellos pagados por el gobierno; además de recursos para mejorar las camas, pintar las paredes y apoyar en serio a los centenares de niños y jóvenes. Muchos de ellos ahora dicen que no saben que van a hacer y que no tienen a donde ir.
Pero tal vez lo más sorprendente es que la mayoría de estos “huérfanos” tienen madres, padres, tíos, hermanos, primos; es decir familias. Lamentablemente familias que no los pueden cuidar, dar de comer, formarlos y encauzar. Sobre este punto hay que poner la mirada.
El orfanato de Mamá Rosa era un agujero negro a donde iban a dar los despojos de la indigencia y desintegración familiar. Es el mismo origen de los niños del hambre que intentan llegar a reunirse con sus padres en los Estados Unidos y que ahora México se compromete a hacerle la tarea a los Estados Unidos y detenerlos en nuestra frontera sur.
¿Y el gobierno, apa? ¿Es que judicializar la mugre resuelve el asunto? Estamos ante un problema que refleja la ausencia de una política social en la que el Estado asuma sus responsabilidades constitucionales. Hablo de los derechos humanos básicos a la alimentación, a vivir en un entorno saludable, a la educación de calidad y diría yo, el derecho a vivir en familia. Pero eso requiere empleo, vivienda digna, servicios públicos de calidad, guarderías, apoyos alimentarios. En esta ausencia para muchos un orfanato así era peor que nada.
Quedan por hacer preguntas clave sobre este operativo: ¿porque ahora y porque así?
Parece que el asunto de fondo es tratar de distraer y ocultar otras realidades aún menos vistosas. Una demostración de gran fuerza contra un orfanato mugroso, poner el grito en el cielo puede darle a muchos la idea de que existe control y gobernabilidad, hasta preocupación social. Eso en lugar de la incapacidad para encauzar dos conflictos en crecimiento.
Me refiero en primer lugar a las manifestaciones que demandan la liberación del Dr. Mireles y de los autodefensas con los que fue arrestado. Los bloqueos carreteros, las mantas de apoyo y otras manifestaciones no parecen disminuir. Aunque es difícil valorarlo debido a que la estrategia gubernamental es que no hay información.
La operación Mamá Rosa ha sido tan exitosa mediáticamente que incluso tapa la información correspondiente a la aprobación acelerada de las nuevas leyes energéticas que permiten la “ocupación temporal” de las tierras donde desee invertir el sector privado. Se busca acelerar la reforma para darla por hecha antes de que las marchas campesinas, sindicales y sociales en defensa de la tierra lleguen a la ciudad de México el próximo miércoles 23 de julio.
El horror de la guerra contra el crimen de Calderón, con su centenar de miles de muertos, se está complicando al añadirle el problema no resuelto con las autodefensas y, previsiblemente, futuros conflictos con los campesinos.
La violencia interna parece conducirnos a que la única manera de que llegue inversión extranjera será que a estas grandes empresas se les permita tener sus guardias blancas. Como las tenían las compañías petroleras a las que se enfrentó Cárdenas. Hay que ir preparando una reforma complementaria señores.
Jorge Faljo
Cucarachas en las paredes, comida descompuesta, hacinamiento, olores a orines y excrementos, suciedad, situación carcelaria, abusos sexuales entre huérfanos y posiblemente hasta de sus guardianes adultos. Alimentos y ropa donada en buen estado que no se había distribuido a una población indigente y desnutrida. Más que orfanato una perrera de acuerdo a la declaración altamente difundida de un niño de diez años.
Eso se encontró la fuerza policiaca, más propia del asalto a un nido de terroristas bien armados y que se hizo acompañar de una bien preparada cobertura televisiva y periodística. Entraron a buscar mugre y la encontraron en abundancia; las fotografías son elocuentes. Rápidamente se armó el juicio en los medios, antes que las denuncias ante la justicia, y la nota roja se logró posicionar como tema prioritario en la tele, el radio y los periódicos.
Tal vez no podía esperarse otra cosa en un orfanato sustentado en la caridad privada donde se hacinaban más de 500 niños y jóvenes de ambos sexos, dirigido por una anciana de 80 años con problemas de salud.
Pero he aquí que un grupo de más de veinte notables intelectuales del país, entre ellos a Elena Poniatowska, Cristina Pacheco, José Woldenberg, Roger Bartra, Lydia Cacho, Juan Villoro, Jean Meyer y otros de este importante calibre llaman a respetar la obra y la persona de Rosa Verduzco y condenan la humillación de la que llaman una gran trabajadora social.
Vicente Fox, expresidente de México, le mandó un mensaje de solidaridad donde dice saber todo el bien que ha hecho a miles de niños y jóvenes. Enrique Krauze nos recuerda otro asunto al señalar que a Mamá Rosa en 66 años no le estallaron tanques de gas matando bebés. También a su favor están las declaraciones de adultos agradecidos por haberles dado sustento, educación y hasta una carrera. Hasta manifestaciones ha habido en su apoyo.
Es decir que el asunto es controvertido y después de las graves acusaciones la balanza de las declaraciones oficiales empieza a inclinarse a favor de hablar más de ineficiencias y descuidos que de actos criminales de la directora.
En lugar de policía y ejército el orfanato pudo ser “asaltado” con una veintena de trabajadores sociales, de trabajadores de limpieza, de administradores, todos ellos pagados por el gobierno; además de recursos para mejorar las camas, pintar las paredes y apoyar en serio a los centenares de niños y jóvenes. Muchos de ellos ahora dicen que no saben que van a hacer y que no tienen a donde ir.
Pero tal vez lo más sorprendente es que la mayoría de estos “huérfanos” tienen madres, padres, tíos, hermanos, primos; es decir familias. Lamentablemente familias que no los pueden cuidar, dar de comer, formarlos y encauzar. Sobre este punto hay que poner la mirada.
El orfanato de Mamá Rosa era un agujero negro a donde iban a dar los despojos de la indigencia y desintegración familiar. Es el mismo origen de los niños del hambre que intentan llegar a reunirse con sus padres en los Estados Unidos y que ahora México se compromete a hacerle la tarea a los Estados Unidos y detenerlos en nuestra frontera sur.
¿Y el gobierno, apa? ¿Es que judicializar la mugre resuelve el asunto? Estamos ante un problema que refleja la ausencia de una política social en la que el Estado asuma sus responsabilidades constitucionales. Hablo de los derechos humanos básicos a la alimentación, a vivir en un entorno saludable, a la educación de calidad y diría yo, el derecho a vivir en familia. Pero eso requiere empleo, vivienda digna, servicios públicos de calidad, guarderías, apoyos alimentarios. En esta ausencia para muchos un orfanato así era peor que nada.
Quedan por hacer preguntas clave sobre este operativo: ¿porque ahora y porque así?
Parece que el asunto de fondo es tratar de distraer y ocultar otras realidades aún menos vistosas. Una demostración de gran fuerza contra un orfanato mugroso, poner el grito en el cielo puede darle a muchos la idea de que existe control y gobernabilidad, hasta preocupación social. Eso en lugar de la incapacidad para encauzar dos conflictos en crecimiento.
Me refiero en primer lugar a las manifestaciones que demandan la liberación del Dr. Mireles y de los autodefensas con los que fue arrestado. Los bloqueos carreteros, las mantas de apoyo y otras manifestaciones no parecen disminuir. Aunque es difícil valorarlo debido a que la estrategia gubernamental es que no hay información.
La operación Mamá Rosa ha sido tan exitosa mediáticamente que incluso tapa la información correspondiente a la aprobación acelerada de las nuevas leyes energéticas que permiten la “ocupación temporal” de las tierras donde desee invertir el sector privado. Se busca acelerar la reforma para darla por hecha antes de que las marchas campesinas, sindicales y sociales en defensa de la tierra lleguen a la ciudad de México el próximo miércoles 23 de julio.
El horror de la guerra contra el crimen de Calderón, con su centenar de miles de muertos, se está complicando al añadirle el problema no resuelto con las autodefensas y, previsiblemente, futuros conflictos con los campesinos.
La violencia interna parece conducirnos a que la única manera de que llegue inversión extranjera será que a estas grandes empresas se les permita tener sus guardias blancas. Como las tenían las compañías petroleras a las que se enfrentó Cárdenas. Hay que ir preparando una reforma complementaria señores.
lunes, 14 de julio de 2014
Los niños del hambre
Faljoritmo
Jorge Faljo
Por allá de 1212, en la edad media europea, ocurrió una cruzada de niños decididos a rescatar la Tierra Santa de los que entonces llamaban sarracenos. Cuenta la historia, mezclada con leyenda y mito, que un niño, francés o alemán, tuvo una visión religiosa que lo llevo a pregonar que serían los niños los que conseguirían la conversión pacifica de los infieles al cristianismo.
La primera gran cruzada, de adultos, había ocurrido en 1095 y con ella se inauguró un periodo de 200 años en los que, bajo el liderazgo papal, los católicos de Europa se propusieron conquistar por la vía armada a Jerusalén y Tierra Santa. Hacia 1212 ya habían ocurrido cuatro de las ocho grandes cruzadas (hubo otras menores) de todo el periodo, y el pensamiento de la población de Europa estaba enfocado en ese objetivo religioso y militar.
Sin embargo las cruzadas no lograron su objetivo. Algunas interpretaciones más cínicas señalan la importancia que tuvieron para reafirmar el poder papal; para ofrecer un objetivo místico que distrajera el imaginario popular de la abismal injusticia social; incluso que fuera una manera de deshacerse del excedente de población miserable.
La cruzada de los niños fue la más desastrosa. Alrededor de 30 mil niños partieron de Alemania y Francia para cruzar los Alpes y llegar a las costas de Italia. Suponían que al llegar al mar este se abriría, como con Moisés al salir de Egipto, y así lograrían llegar caminando a Tierra Santa. Casi la mitad murió de hambre, frio y cansancio en el camino; casi otra mitad desertó. Lograron llegar a la costa unos dos mil y se pasaron dos semanas rezando para que el mar les abriera paso. Grande fue su desilusión cuando esto no ocurrió.
Según la leyenda dos mercaderes les ofrecieron pasaje gratuito hasta llenar siete naves. Dos de ellas naufragaron en una tormenta y las otras cinco llegaron a Tunes donde los mercaderes vendieron a sus pasajeros como esclavos.
Escribo esto por la inevitable asociación mental con la crisis humanitaria que significa el que decenas de miles de niños, muchos más que en la cruzada, intenten llegar, viajando sin familiares, a los Estados Unidos, una especie de nueva tierra prometida. Van en busca de su padre o madre, de un hermano o un tío, de un amigo. O simplemente huyendo del hambre, el desempleo, la violencia criminal y un futuro desolador.
También ahora pasan hambre, frio, soledad y miedo; algunos mueren o desaparecen en el camino. Otros caen en nuevas formas modernas de esclavitud temporal o permanente. Muchos, la mayoría, logran llegar a su destino para ser encerrados en grandes almacenes donde, casi como ganado, se les procesa para aceptar unos cuantos y deportar de regreso a la mayoría.
Es un movimiento que refleja una fuerte ilusión popular que se aferra a un clavo ardiente en un entorno de desesperación. Dicho en su sentido esencial, falta de esperanza. Es también un fracaso; pero tal vez contribuye a desviar la atención de una verdadera solución en sus propias tierras. Tal vez también ayuda a que mucha de la población “sobrante” creada por este modelo despiadado de exclusión económica y social se vaya a otra parte, o se haga la ilusión de que eso es posible.
Esta moderna cruzada sin destino de niños sin futuro no es sino la punta del iceberg. Son decenas de miles de niños en busca de millones de padres o madres ausentes. Son el resultado de una estrategia económica y social que destruye a las familias, a las comunidades y pueblos, a países enteros. Salen de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua… y México.
La situación es atroz sobre todo porque no estamos en la edad media y esto podría evitarse. Los avances tecnológicos sustantivos de las últimas décadas podrían abrir un horizonte de bienestar generalizado si se sumaran sin destruir la producción tradicional. Pero el modelo de mercado excluyente, manejado por los poderosos en nombre de la modernidad, determina que los “no viables” deben ser expulsados del mercado, de la producción e incluso de la sociedad.
¿Acaso darles de comer unos días a estos niños y regresarlos es la solución? La entrevista que presentó el semanario de El País a un muchacho de 14 años, guatemalteco, no deja lugar a dudas. No tiene a qué regresar, no tiene opciones. Si lo regresan volverá a intentarlo una y otra vez.
¿Qué vamos a hacer con estos niños? Es una pregunta falsa, superficial. Lo que debemos preguntarnos es como vamos a evitar continuar por este camino de destrucción de las familias, de las comunidades, de la sociedad.
Jorge Faljo
Por allá de 1212, en la edad media europea, ocurrió una cruzada de niños decididos a rescatar la Tierra Santa de los que entonces llamaban sarracenos. Cuenta la historia, mezclada con leyenda y mito, que un niño, francés o alemán, tuvo una visión religiosa que lo llevo a pregonar que serían los niños los que conseguirían la conversión pacifica de los infieles al cristianismo.
La primera gran cruzada, de adultos, había ocurrido en 1095 y con ella se inauguró un periodo de 200 años en los que, bajo el liderazgo papal, los católicos de Europa se propusieron conquistar por la vía armada a Jerusalén y Tierra Santa. Hacia 1212 ya habían ocurrido cuatro de las ocho grandes cruzadas (hubo otras menores) de todo el periodo, y el pensamiento de la población de Europa estaba enfocado en ese objetivo religioso y militar.
Sin embargo las cruzadas no lograron su objetivo. Algunas interpretaciones más cínicas señalan la importancia que tuvieron para reafirmar el poder papal; para ofrecer un objetivo místico que distrajera el imaginario popular de la abismal injusticia social; incluso que fuera una manera de deshacerse del excedente de población miserable.
La cruzada de los niños fue la más desastrosa. Alrededor de 30 mil niños partieron de Alemania y Francia para cruzar los Alpes y llegar a las costas de Italia. Suponían que al llegar al mar este se abriría, como con Moisés al salir de Egipto, y así lograrían llegar caminando a Tierra Santa. Casi la mitad murió de hambre, frio y cansancio en el camino; casi otra mitad desertó. Lograron llegar a la costa unos dos mil y se pasaron dos semanas rezando para que el mar les abriera paso. Grande fue su desilusión cuando esto no ocurrió.
Según la leyenda dos mercaderes les ofrecieron pasaje gratuito hasta llenar siete naves. Dos de ellas naufragaron en una tormenta y las otras cinco llegaron a Tunes donde los mercaderes vendieron a sus pasajeros como esclavos.
Escribo esto por la inevitable asociación mental con la crisis humanitaria que significa el que decenas de miles de niños, muchos más que en la cruzada, intenten llegar, viajando sin familiares, a los Estados Unidos, una especie de nueva tierra prometida. Van en busca de su padre o madre, de un hermano o un tío, de un amigo. O simplemente huyendo del hambre, el desempleo, la violencia criminal y un futuro desolador.
También ahora pasan hambre, frio, soledad y miedo; algunos mueren o desaparecen en el camino. Otros caen en nuevas formas modernas de esclavitud temporal o permanente. Muchos, la mayoría, logran llegar a su destino para ser encerrados en grandes almacenes donde, casi como ganado, se les procesa para aceptar unos cuantos y deportar de regreso a la mayoría.
Es un movimiento que refleja una fuerte ilusión popular que se aferra a un clavo ardiente en un entorno de desesperación. Dicho en su sentido esencial, falta de esperanza. Es también un fracaso; pero tal vez contribuye a desviar la atención de una verdadera solución en sus propias tierras. Tal vez también ayuda a que mucha de la población “sobrante” creada por este modelo despiadado de exclusión económica y social se vaya a otra parte, o se haga la ilusión de que eso es posible.
Esta moderna cruzada sin destino de niños sin futuro no es sino la punta del iceberg. Son decenas de miles de niños en busca de millones de padres o madres ausentes. Son el resultado de una estrategia económica y social que destruye a las familias, a las comunidades y pueblos, a países enteros. Salen de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua… y México.
La situación es atroz sobre todo porque no estamos en la edad media y esto podría evitarse. Los avances tecnológicos sustantivos de las últimas décadas podrían abrir un horizonte de bienestar generalizado si se sumaran sin destruir la producción tradicional. Pero el modelo de mercado excluyente, manejado por los poderosos en nombre de la modernidad, determina que los “no viables” deben ser expulsados del mercado, de la producción e incluso de la sociedad.
¿Acaso darles de comer unos días a estos niños y regresarlos es la solución? La entrevista que presentó el semanario de El País a un muchacho de 14 años, guatemalteco, no deja lugar a dudas. No tiene a qué regresar, no tiene opciones. Si lo regresan volverá a intentarlo una y otra vez.
¿Qué vamos a hacer con estos niños? Es una pregunta falsa, superficial. Lo que debemos preguntarnos es como vamos a evitar continuar por este camino de destrucción de las familias, de las comunidades, de la sociedad.
lunes, 7 de julio de 2014
¿Y si los campesinos existen?
Faljoritmo
Jorge Faljo
De nueva cuenta, como hace cien años, nuestra sociedad se empieza a cimbrar por el conflicto en torno a las grandes definiciones sobre la posesión y el uso de la tierra. Afortunadamente en esta ocasión la batalla ocurre dentro de los cauces de la institucionalidad y el dialogo. Pero no por ello habría que minimizar el tamaño, enorme, de lo que se encuentra en juego y lo divergente de las posiciones enfrentadas.
Cuando el 5 de marzo pasado el Presidente Peña Nieto hizo el compromiso de una reforma al campo para “liberar el potencial, la fortaleza y el crecimiento de la actividad del campo” y hacerlo un espacio de vida digna llamó a una gran consulta a todos los interesados. Aclaró que el gobierno “ni ha propuesto, ni propondrá, iniciativa alguna que modifique el régimen de propiedad social que hay en el país”. Se trata, dijo de construir un gran acuerdo para reformar a fondo al campo.
Nadie pareció darse cuenta en ese momento que la liebre saltaría por un lado inesperado; no el de la reforma del campo, sino el de la reforma energética. Pero, ¿qué tiene que ver la reforma energética con los campesinos?
Pues todo, porque afecta a lo principal: la posesión efectiva y el usufructo de la tierra. Resulta que la Reforma Constitucional en materia energética tiene agazapado pero amenazante, un artículo octavo que dice que la extracción de hidrocarburos (petróleo) es de interés social y orden público por lo que tendrá preferencia sobre cualquier otro aprovechamiento de la superficie y del subsuelo. Añade que la ley preverá la contraprestación o indemnización por la “ocupación de la superficie” para esas actividades.
Es decir que sin expropiación ni cambio de propiedad la tierra puede ser “ocupada” por los empresarios privados para actividades de extracción de hidrocarburos, durante el tiempo que sea necesario. Habrá un nuevo esquema de resolución ultrarrápida de estos litigios que se podría traducir en la pérdida casi inmediata de las tierras reclamadas por el sector privado (transnacional en buena medida). A cambio de una compensación negociada, y si la negociación fracasa la fija el gobierno.
La amenaza de estas ocupaciones legales por tiempo indefinido está levantando ámpula entre las comunidades campesinas, trátese de ejidos o de pequeños propietarios. Algunos dicen que tras la extracción de hidrocarburos se les devolverían tierras contaminadas e inservibles.
Organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética en la Edificación (AEAEE) y la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) previenen sobre los riesgos de las nuevas tecnologías de fracturación hidráulica, por la enorme cantidad de agua que necesitan y por los riesgos de contaminación de mantos acuíferos. Consideran que el derecho legal a un medio ambiente sano es prioritario.
Otros consideran prioritarios los derechos humanos a la alimentación, a la producción y la subsistencia, a la integridad comunitaria y familiar (que se verían todavía más fracturadas) y a la dignidad, tan duramente conquistada, de la clase campesina.
La diferencia de posiciones hace prever una situación conflictiva que se dirimirá tanto mediante recursos legales como mediante acciones pragmáticas. Simplemente recordemos el intento de expropiar las tierras de Atenco para hacer un aeropuerto; solo que ahora la magnitud sería tamaño bestia.
Vale preguntarse ¿porque nuestras elites establecen legalmente que la extracción de hidrocarburos tendrá preferencia sobre cualquier otra actividad? Petróleo no nos falta; tan nos sobra que seguimos exportando. Alimentos si faltan y el compromiso del gobierno es incrementar su producción hasta conseguir la soberanía alimentaria.
La única respuesta que se me ocurre es que nuestras elites no creen en la producción nacional, y menos en la pobretona; lo que quieren son empresas transnacionales. Piensan que la inversión externa modernizará al país y se apresuran a promover la venta de las empresas nacionales. Una parte de la industria se destruyó, otra parte se vendió al exterior, quedan migajas y esas no importan. A menos que también se puedan vender.
También están preocupadas porque el país no exporta lo suficiente para pagar nuestra adicción a las importaciones y los intereses que adeudamos. Nos advierten que la estabilidad se encuentra en riesgo por un potencial reflujo de capitales hacia el exterior. El riesgo existe y bien puede concretarse antes del fin de sexenio. Sostener esta paridad cambiaria sobrevaluada y los valores de las acciones es lo prioritario, y para eso se requiere la entrada de muchos dólares.
Así que ahora se pone a remate la propiedad o posesión efectiva de la tierra. Pero, ¿y si, contra lo que piensan las elites, los campesinos si existen?
Jorge Faljo
De nueva cuenta, como hace cien años, nuestra sociedad se empieza a cimbrar por el conflicto en torno a las grandes definiciones sobre la posesión y el uso de la tierra. Afortunadamente en esta ocasión la batalla ocurre dentro de los cauces de la institucionalidad y el dialogo. Pero no por ello habría que minimizar el tamaño, enorme, de lo que se encuentra en juego y lo divergente de las posiciones enfrentadas.
Cuando el 5 de marzo pasado el Presidente Peña Nieto hizo el compromiso de una reforma al campo para “liberar el potencial, la fortaleza y el crecimiento de la actividad del campo” y hacerlo un espacio de vida digna llamó a una gran consulta a todos los interesados. Aclaró que el gobierno “ni ha propuesto, ni propondrá, iniciativa alguna que modifique el régimen de propiedad social que hay en el país”. Se trata, dijo de construir un gran acuerdo para reformar a fondo al campo.
Nadie pareció darse cuenta en ese momento que la liebre saltaría por un lado inesperado; no el de la reforma del campo, sino el de la reforma energética. Pero, ¿qué tiene que ver la reforma energética con los campesinos?
Pues todo, porque afecta a lo principal: la posesión efectiva y el usufructo de la tierra. Resulta que la Reforma Constitucional en materia energética tiene agazapado pero amenazante, un artículo octavo que dice que la extracción de hidrocarburos (petróleo) es de interés social y orden público por lo que tendrá preferencia sobre cualquier otro aprovechamiento de la superficie y del subsuelo. Añade que la ley preverá la contraprestación o indemnización por la “ocupación de la superficie” para esas actividades.
Es decir que sin expropiación ni cambio de propiedad la tierra puede ser “ocupada” por los empresarios privados para actividades de extracción de hidrocarburos, durante el tiempo que sea necesario. Habrá un nuevo esquema de resolución ultrarrápida de estos litigios que se podría traducir en la pérdida casi inmediata de las tierras reclamadas por el sector privado (transnacional en buena medida). A cambio de una compensación negociada, y si la negociación fracasa la fija el gobierno.
La amenaza de estas ocupaciones legales por tiempo indefinido está levantando ámpula entre las comunidades campesinas, trátese de ejidos o de pequeños propietarios. Algunos dicen que tras la extracción de hidrocarburos se les devolverían tierras contaminadas e inservibles.
Organizaciones como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética en la Edificación (AEAEE) y la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) previenen sobre los riesgos de las nuevas tecnologías de fracturación hidráulica, por la enorme cantidad de agua que necesitan y por los riesgos de contaminación de mantos acuíferos. Consideran que el derecho legal a un medio ambiente sano es prioritario.
Otros consideran prioritarios los derechos humanos a la alimentación, a la producción y la subsistencia, a la integridad comunitaria y familiar (que se verían todavía más fracturadas) y a la dignidad, tan duramente conquistada, de la clase campesina.
La diferencia de posiciones hace prever una situación conflictiva que se dirimirá tanto mediante recursos legales como mediante acciones pragmáticas. Simplemente recordemos el intento de expropiar las tierras de Atenco para hacer un aeropuerto; solo que ahora la magnitud sería tamaño bestia.
Vale preguntarse ¿porque nuestras elites establecen legalmente que la extracción de hidrocarburos tendrá preferencia sobre cualquier otra actividad? Petróleo no nos falta; tan nos sobra que seguimos exportando. Alimentos si faltan y el compromiso del gobierno es incrementar su producción hasta conseguir la soberanía alimentaria.
La única respuesta que se me ocurre es que nuestras elites no creen en la producción nacional, y menos en la pobretona; lo que quieren son empresas transnacionales. Piensan que la inversión externa modernizará al país y se apresuran a promover la venta de las empresas nacionales. Una parte de la industria se destruyó, otra parte se vendió al exterior, quedan migajas y esas no importan. A menos que también se puedan vender.
También están preocupadas porque el país no exporta lo suficiente para pagar nuestra adicción a las importaciones y los intereses que adeudamos. Nos advierten que la estabilidad se encuentra en riesgo por un potencial reflujo de capitales hacia el exterior. El riesgo existe y bien puede concretarse antes del fin de sexenio. Sostener esta paridad cambiaria sobrevaluada y los valores de las acciones es lo prioritario, y para eso se requiere la entrada de muchos dólares.
Así que ahora se pone a remate la propiedad o posesión efectiva de la tierra. Pero, ¿y si, contra lo que piensan las elites, los campesinos si existen?
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