Faljoritmo
Jorge Faljo
De acuerdo a un reciente estudio británico en los últimos 30 años el porcentaje de personas con obesidad o sobrepeso creció del 23 al 34 por ciento en el planeta. Uno de cada tres humanos pesamos más de lo que nos conviene. Curiosamente el incremento del sobrepeso es más acelerado en los países pobres que en los ricos. El sobrepeso se multiplicó por 3.6 en los países subdesarrollados y por 1.7 en los industrializados. Hoy en día el porcentaje de gordos en América Latina, el norte de África y el Medio Oriente es similar al de Europa.
La humanidad entera transita, desde hace varias décadas, de los alimentos tradicionales a otros de mayor densidad calórica. En lugar de las dietas tradicionales basadas en granos enteros, vegetales y agua estamos consumiendo cada vez más azúcar, grasas y carne. Con cantidades similares en peso estamos consumiendo mucha más energía.
También ocurre que vivimos en ciudades, nuestros empleos son más sedentarios y nos transportamos sin hacer ejercicio.
Vamos en una dirección que hace encender la alarma sobre el futuro de la salud de la humanidad y el costo en bienestar y en gasto en salud que va a implicar el sobrepeso. Países como México, Brasil, China y la India ven crecer aceleradamente la población propensa a sufrir de diabetes, problemas del aparato circulatorio (corazón y cerebro sobre todo), así como de varios tipos de cáncer.
No podemos seguir viendo al sobrepeso como un simple asunto de decisiones individuales. Enfrentamos un cambio de estilos de vida y de consumo asociados a la modernidad, pero también inducidos por el dominio del interés de la ganancia en la orientación de los hábitos de consumo.
En el caso específico de nuestro país podemos definirnos como un país de gordos. Siete de cada diez mexicanos tiene sobrepeso; el 32.8 por ciento es obeso. Más que en los Estados Unidos. Y el problema tiende a empeorar en la medida en que dejamos atrás la dieta basada en maíz, frijol y arroz para substituirla por alimentos industrializados ricos en grasa y azúcar.
Uno de los aspectos más graves del problema es la dudosa gloria de ser campeones mundiales en consumo de refrescos; cada mexicano bebe, en promedio, 163 litros al año. Este consumo desmedido deja de ser algo meramente anecdótico para apuntarse como uno de los mayores enemigos de la salud y del bolsillo de los mexicanos.
No se trata tanto del gasto actual en refrescos sino del costo futuro en tratamiento de enfermedades y pérdida de bienestar, sobre todo para aquellos que cargan con este sobrepeso desde la infancia. La tendencia al incremento del sobrepeso podría llevarnos en unos años a vivir menos y con más achaques.
Sin embargo existen buenas noticias en otros frentes que podrían servir de ejemplo de lo que es posible lograr con medidas de política pública. El gran ejemplo es la lucha contra el tabaquismo.
Unas cien millones de personas murieron por causas relacionadas con el consumo de tabaco durante el siglo pasado en todo el mundo. Pero las campañas de salud pública han logrado reducir el porcentaje de fumadores norteamericanos del 42 por ciento a menos de la mitad, el 18 por ciento, en cincuenta años. De acuerdo a la asociación médica americana las personas que lo evitaron totalmente o lo dejaron tempranamente añadieron casi 20 años a su vida.
Prácticamente todos los países del mundo han adoptado medidas activas de control del tabaquismo. Se protege a los no fumadores del humo en lugares públicos; se hacen campañas contra ese hábito y en muchos casos se ofrece apoyo a quienes desean dejar de fumar. Tal vez lo más impactante son las feas imágenes de sus consecuencias en las misma cajetillas. Lo determinante fue el predominio del interés público por arriba del interés comercial de las grandes empresas.
Son cada vez más los países que empiezan a tomar medidas decisivas para orientar el consumo de la población. Muchos, como México recientemente, han creado impuestos al consumo de bebidas azucaradas y alimentos de alta densidad calórica. Otros desarrollan campañas de orientación exitosas que han logrado elevar el consumo de frutas y verduras frescas entre su población.
En el caso de México habría mucho por hacer. Entre ellas campañas verdaderamente fuertes sobre nutrición y salud; los niños deben aprender a leer las etiquetas para saber que están consumiendo. Y las etiquetas deben ser claras y no engañosas como lo son ahora en la mayoría de los casos. Convendría incluso pensar en la posible prohibición de la propaganda de alimentos de alta densidad calórica y de todo tipo de refrescos. ¿Qué tal incluir fotos de sus efectos en la salud?
Pero sobre todo es urgente garantizar como un derecho ciudadano básico el acceso cómodo y gratuito a agua potable de alta calidad. No solo libre de gérmenes e impurezas, sino que tenga buen sabor. Deberá haberla no solo en las escuelas, sino en todo tipo de espacios públicos e incluso con la posibilidad de que la gente lleve contenedores de tamaño razonable (de uno a tres litros, digamos) para abastecerse.
El derecho al agua potable de calidad es un derecho humano básico; hay que instrumentarlo. La tarea exige el diseño de programas público que atiendan al abasto rural y urbano público, suficiente, de cómodo acceso y gratuito para todos.
Sobre todo hacer que en materia de agua y alimentos predomine el interés público sobre el de la ganancia.
Los invito a reproducir con entera libertad y por cualquier medio los escritos de este blog. Solo espero que, de preferencia, citen su origen.
martes, 21 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
Estados Unidos e India. Ojo por ojo.
Faljoritmo
Jorge Faljo
En el último año han ocurrido dos conflictos entre la India y los Estados Unidos que llamaría substanciales y otro que podría parecer menor pero que es el que ha escalado de manera sorpresiva.
Primero fue, a mediados del 2013, la revelación del espionaje norteamericano sobre las embajadas y el personal de la India en Washington y en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
Fue un asunto seguido de cerca por la prensa de la India y muchos actores políticos y sociales expresaron su indignación y solicitaron una respuesta firme. No se dio. El gobierno de la India prefirió no hacer un reclamo público; tal vez para no afectar sus relaciones comerciales, o porque el mismo ejerce un intenso espionaje sobre los teléfonos y el internet de sus ciudadanos.
La segunda divergencia importante fue en torno al programa indio de apoyo a sus campesinos de subsistencia y de subsidios a su población desnutrida. Son programas que infringen las reglas de la Organización Mundial del Comercio y son materia de una creciente confrontación internacional entre el derecho humano a la alimentación y los intereses comerciales de las potencias exportadoras de granos.
En este caso India no dio marcha atrás y afirmó que no abandonaría a su población más desvalida. Finalmente el conflicto se zanjó con la aceptación norteamericana de una moratoria de cuatro años durante los cuales la India podrá instrumentar estos programas campesinos sin temor a sanciones comerciales.
Aquí México se anotó un punto favorable cuando el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, subrayó en la plenaria de la OMC que había un interés general en la seguridad alimentaria y que algunos países requieren soluciones especiales. Buena intervención sobre todo si más adelante nuestro país decide luchar contra el hambre en serio.
El tercer y más reciente conflicto muestra facetas muy contradictorias. Afecta directamente a una sola persona pero ha suscitado una enorme reacción del gobierno y la población de la India en defensa de la dignidad nacional.
Se originó cuando la cónsul general de la India, Devyani Khobragade, fue arrestada en Nueva York en diciembre pasado por haber dado información falsa en los papeles de inmigración de la nana de su hija. Declaró que le pagaría 9.75 dólares por hora de trabajo, pero le pagaba menos y la hacía trabajar horas extras.
Su arresto fue sorpresivo y en público, frente a la escuela de su hija. Incluyó ponerle esposas y más tarde tomarle muestras de ADN, desnudarla y revisar su cuerpo; finalmente estuvo en una celda donde había drogadictos durante unas horas. Al parecer su alegato de que tenía inmunidad diplomática empeoró el trato. Todo ello le provocó una crisis nerviosa. Pudo salir con una fianza de 250 mil dólares, pero le retuvieron el pasaporte y se encuentra pendiente de juicio con la posibilidad de ir a la cárcel.
Para el gobierno y la población de la India esto fue un trato humillante en público y una grave afrenta a la dignidad de alguien que representa a su país y tiene inmunidad diplomática. Para el gobierno norteamericano tiene una inmunidad limitada solo a sus actividades consulares y recibió el mismo trato que todo mundo.
La India respondió con fuerza. Rechazó cualquier disculpa y exigió su plena liberación y el retorno a su país.
Pero además tomó, de manera gradual, medidas que pueden verse como agresivas y, a la vez en estricto cumplimiento de sus propias leyes. Retiró las barreras de protección que defendían la embajada norteamericana de posibles coches bomba pero obstruían el tráfico; solicitó la devolución de identificaciones y pases de aeropuerto especiales a los diplomáticos norteamericanos; eliminó su permiso para importar licores y otros bienes sin pago de impuestos; se les aplicarán las multas de tráfico; la embajada no podrá exhibir películas que no pasen por los trámites de cualquier sala de cine.
El club americano de Nueva Delhi ya no podrá vender hamburguesas, sodas, abarrotes o cualquier cosa. Debido a que hacía ventas a personal no diplomático el gobierno de la India señala que es un establecimiento comercial que no ha pagado impuestos. Por la misma razón se suspende el uso de su boliche. Se trata de un golpe importante para el esparcimiento y los encuentros sociales de la comunidad norteamericana en esa capital. Se investiga que la escuela norteamericana patrocinada por la embajada contrató a esposas de diplomáticos sin visa de trabajo y sin pagar impuestos. Además se pidió a todo el personal norteamericano que detalle las condiciones laborales y salariales de su personal doméstico.
Han ocurrido manifestaciones en las calles y los medios de la India piden firmeza y dignidad. La reacción del gobierno y la población de la India solo parecen explicables en la lógica de la gota que derrama el vaso y en un conflicto transformado en asunto de honor nacional. Señalan que ellos también podrían hacer cumplir sus leyes a rajatabla. Lo que afectaría fuertemente el bienestar del cuerpo diplomático norteamericano en su país.
El conflicto ha durado 20 días con ambas partes atrincheradas. Del lado norteamericano señalando la independencia de su sistema de justicia y la parte india exigiendo respeto a sus representantes.
Finalmente se acaba de resolver mediante medidas de ambos lados. India le tramitó a Khobragade un pasaporte diplomático con mayor inmunidad. Estados Unidos se tardó más de lo normal en concederlo e inmediatamente le pidió que renunciara voluntariamente a esa protección para someterse a juicio. La respuesta fue negativa y los norteamericanos exigieron su inmediata salida del país.
Ahora la India exige que para quedar a mano también salga de la India un diplomático norteamericano. Con ello puede considerar a salvo su dignidad y los dos pueden regresar a una situación que reconoce la conveniencia de aplicar sus leyes con flexibilidad y tratarse con respeto.
Jorge Faljo
En el último año han ocurrido dos conflictos entre la India y los Estados Unidos que llamaría substanciales y otro que podría parecer menor pero que es el que ha escalado de manera sorpresiva.
Primero fue, a mediados del 2013, la revelación del espionaje norteamericano sobre las embajadas y el personal de la India en Washington y en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.
Fue un asunto seguido de cerca por la prensa de la India y muchos actores políticos y sociales expresaron su indignación y solicitaron una respuesta firme. No se dio. El gobierno de la India prefirió no hacer un reclamo público; tal vez para no afectar sus relaciones comerciales, o porque el mismo ejerce un intenso espionaje sobre los teléfonos y el internet de sus ciudadanos.
La segunda divergencia importante fue en torno al programa indio de apoyo a sus campesinos de subsistencia y de subsidios a su población desnutrida. Son programas que infringen las reglas de la Organización Mundial del Comercio y son materia de una creciente confrontación internacional entre el derecho humano a la alimentación y los intereses comerciales de las potencias exportadoras de granos.
En este caso India no dio marcha atrás y afirmó que no abandonaría a su población más desvalida. Finalmente el conflicto se zanjó con la aceptación norteamericana de una moratoria de cuatro años durante los cuales la India podrá instrumentar estos programas campesinos sin temor a sanciones comerciales.
Aquí México se anotó un punto favorable cuando el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, subrayó en la plenaria de la OMC que había un interés general en la seguridad alimentaria y que algunos países requieren soluciones especiales. Buena intervención sobre todo si más adelante nuestro país decide luchar contra el hambre en serio.
El tercer y más reciente conflicto muestra facetas muy contradictorias. Afecta directamente a una sola persona pero ha suscitado una enorme reacción del gobierno y la población de la India en defensa de la dignidad nacional.
Se originó cuando la cónsul general de la India, Devyani Khobragade, fue arrestada en Nueva York en diciembre pasado por haber dado información falsa en los papeles de inmigración de la nana de su hija. Declaró que le pagaría 9.75 dólares por hora de trabajo, pero le pagaba menos y la hacía trabajar horas extras.
Su arresto fue sorpresivo y en público, frente a la escuela de su hija. Incluyó ponerle esposas y más tarde tomarle muestras de ADN, desnudarla y revisar su cuerpo; finalmente estuvo en una celda donde había drogadictos durante unas horas. Al parecer su alegato de que tenía inmunidad diplomática empeoró el trato. Todo ello le provocó una crisis nerviosa. Pudo salir con una fianza de 250 mil dólares, pero le retuvieron el pasaporte y se encuentra pendiente de juicio con la posibilidad de ir a la cárcel.
Para el gobierno y la población de la India esto fue un trato humillante en público y una grave afrenta a la dignidad de alguien que representa a su país y tiene inmunidad diplomática. Para el gobierno norteamericano tiene una inmunidad limitada solo a sus actividades consulares y recibió el mismo trato que todo mundo.
La India respondió con fuerza. Rechazó cualquier disculpa y exigió su plena liberación y el retorno a su país.
Pero además tomó, de manera gradual, medidas que pueden verse como agresivas y, a la vez en estricto cumplimiento de sus propias leyes. Retiró las barreras de protección que defendían la embajada norteamericana de posibles coches bomba pero obstruían el tráfico; solicitó la devolución de identificaciones y pases de aeropuerto especiales a los diplomáticos norteamericanos; eliminó su permiso para importar licores y otros bienes sin pago de impuestos; se les aplicarán las multas de tráfico; la embajada no podrá exhibir películas que no pasen por los trámites de cualquier sala de cine.
El club americano de Nueva Delhi ya no podrá vender hamburguesas, sodas, abarrotes o cualquier cosa. Debido a que hacía ventas a personal no diplomático el gobierno de la India señala que es un establecimiento comercial que no ha pagado impuestos. Por la misma razón se suspende el uso de su boliche. Se trata de un golpe importante para el esparcimiento y los encuentros sociales de la comunidad norteamericana en esa capital. Se investiga que la escuela norteamericana patrocinada por la embajada contrató a esposas de diplomáticos sin visa de trabajo y sin pagar impuestos. Además se pidió a todo el personal norteamericano que detalle las condiciones laborales y salariales de su personal doméstico.
Han ocurrido manifestaciones en las calles y los medios de la India piden firmeza y dignidad. La reacción del gobierno y la población de la India solo parecen explicables en la lógica de la gota que derrama el vaso y en un conflicto transformado en asunto de honor nacional. Señalan que ellos también podrían hacer cumplir sus leyes a rajatabla. Lo que afectaría fuertemente el bienestar del cuerpo diplomático norteamericano en su país.
El conflicto ha durado 20 días con ambas partes atrincheradas. Del lado norteamericano señalando la independencia de su sistema de justicia y la parte india exigiendo respeto a sus representantes.
Finalmente se acaba de resolver mediante medidas de ambos lados. India le tramitó a Khobragade un pasaporte diplomático con mayor inmunidad. Estados Unidos se tardó más de lo normal en concederlo e inmediatamente le pidió que renunciara voluntariamente a esa protección para someterse a juicio. La respuesta fue negativa y los norteamericanos exigieron su inmediata salida del país.
Ahora la India exige que para quedar a mano también salga de la India un diplomático norteamericano. Con ello puede considerar a salvo su dignidad y los dos pueden regresar a una situación que reconoce la conveniencia de aplicar sus leyes con flexibilidad y tratarse con respeto.
miércoles, 8 de enero de 2014
Mota legal
Faljoritmo
Jorge Faljo
Miles de personas soportaron el intenso frio de este dos de enero haciendo filas de horas de duración a las afueras de los dispensarios de mariguana en Colorado, Estados Unidos. Era el primer día en que era posible comprar la yerba de manera legal y para fines recreativos, es decir, para divertirse, desde 1937, el año en que fue prohibida por nuestros vecinos del norte.
No es exagerado decir que los ojos del mundo y los del resto de los Estados Unidos prestan gran atención a este experimento. Así lo confirman las notas de primera plana en periódicos de todo el planeta. El primer comprador, un veterano norteamericano de la guerra de Irak con síndrome de estrés postraumático, obtuvo su momento de fama al exhibir ante los medios su histórico recibo de compra.
Varias docenas de dispensarios pudieron operar desde el dos de enero; otros centenares de permisos se encuentran en procesamiento y se espera que en las próximas semanas y meses se vaya aclarando la relación entre oferta y demanda y la tendencia del precio de la substancia legal.
De momento la principal crítica de los consumidores fue el alto precio de la mota que llegó en algunas tiendas a los 70 dólares por 3.5 gramos. De momento los principales perdedores fueron los consumidores autorizados para emplearla por razones médicas. Para ellos se triplicó el precio cuando llegaron las hordas de fumadores recreativos.
Muchos consumidores viajaron miles de kilómetros, solos o en grupos, para comprar mariguana en un acto que era a la vez mercantil, festivo y político. Algunos señalaron que la calidad era mejor que la que podían comprar de manera ilegal. Otros dijeron que preferían pagar el 25 por ciento de impuestos al gobierno y favorecer a productores y tiendas legales que fortalecer la economía subterránea. Para todos era una especie de voto ciudadano; una oportunidad de mostrar su acuerdo y su deseo de que la medida sea adoptada en el resto de su país.
En general hubo calma. Diversos medios habían vaticinado disturbios y conflictos originados en un abasto insuficiente. Pero triunfo la paciencia y el orden. Un pequeño disturbio fue ocasionado por un borrachín. La policía patrullaba los entornos de las tiendas y se repartieron miles de impresos para recordarles a los compradores que no podían fumar en la calle, en los transportes públicos, de manera ostentosa (excepto en espacios privados), que no debían pasar la mota a menores de 21 años ni llevarla a otros estados.
Las tiendas se encontraban preparadas con productos pre empaquetados de una onza (28 gramos), el máximo de venta permitido a los consumidores del estado y de 3.5 gramos, el máximo por visita permitido a los consumidores de fuera. Otros productos demandados fueron galletas y pastelillos de chocolate con la substancia activa, así como concentrados líquidos para hacer pastelería en casa.
Con ello el consumo de mariguana ha entrado en los Estados Unidos a una zona legal intermedia. Todavía se encuentra prohibida por las leyes federales. Solo que el gobierno federal norteamericano declaró que hacer cumplir las leyes anti mariguana sería responsabilidad de los Estados; su policía solo vigilaría que no hay comercio de un estado a otro, ni consumo de menores.
Así que el consumo de mota en Colorado es ahora similar al del alcohol. No se permite a menores, ni manejar drogado, ni en oficinas o transportes públicos, ni en parques y monumentos federales.
Esta legalización va más allá de la mera despenalización y tolerancia que se practica en Holanda, Portugal y otros países. Al darse primero le tiende un paraguas de protección internacional a la legalización ya aprobada en Uruguay y que será instrumentada en el segundo semestre del año. Solo que en el país del sur en lugar de mercado libre habrá monopolio del gobierno en la producción, distribución y consumo de la cannabis.
Todo apunta a un éxito financiero para las tiendas, los productores y el gobierno. Hay centenares de permisos en procesamiento y las acciones de las empresas norteamericanas que venden instrumentos para la producción casera han subido de manera importante. Colorado le da la vuelta a la moneda y en lugar de seguir metiendo a la cárcel a sus consumidores, pretende ahora convertirlos en ciudadanos que paguen impuestos y así contribuyan a mejorar sus escuelas.
Son los primeros pasos de un experimento que marcará la pauta a seguir dentro de los Estados Unidos e incluso el mundo. Por fin se podrá contar con información confiable sobre los efectos de un uso legal para las personas, las familias, los espacios públicos e incluso las finanzas de los gobiernos. Ahora se podrá comparar realmente el consumo de mota con el de alcohol, tabaco, cocaína y drogas sintéticas. Una primera gran pregunta es si el consumo de cannabis incrementa o substituye el de las otras drogas.
Aquí en México no podremos seguir ignorando lo que está ocurriendo en otros lados. Por lo contrario; le tenemos que dar seguimiento y decidir cómo vamos a reaccionar. Una manera posible sería también nosotros consultar a los ciudadanos mediante un referéndum.
Jorge Faljo
Miles de personas soportaron el intenso frio de este dos de enero haciendo filas de horas de duración a las afueras de los dispensarios de mariguana en Colorado, Estados Unidos. Era el primer día en que era posible comprar la yerba de manera legal y para fines recreativos, es decir, para divertirse, desde 1937, el año en que fue prohibida por nuestros vecinos del norte.
No es exagerado decir que los ojos del mundo y los del resto de los Estados Unidos prestan gran atención a este experimento. Así lo confirman las notas de primera plana en periódicos de todo el planeta. El primer comprador, un veterano norteamericano de la guerra de Irak con síndrome de estrés postraumático, obtuvo su momento de fama al exhibir ante los medios su histórico recibo de compra.
Varias docenas de dispensarios pudieron operar desde el dos de enero; otros centenares de permisos se encuentran en procesamiento y se espera que en las próximas semanas y meses se vaya aclarando la relación entre oferta y demanda y la tendencia del precio de la substancia legal.
De momento la principal crítica de los consumidores fue el alto precio de la mota que llegó en algunas tiendas a los 70 dólares por 3.5 gramos. De momento los principales perdedores fueron los consumidores autorizados para emplearla por razones médicas. Para ellos se triplicó el precio cuando llegaron las hordas de fumadores recreativos.
Muchos consumidores viajaron miles de kilómetros, solos o en grupos, para comprar mariguana en un acto que era a la vez mercantil, festivo y político. Algunos señalaron que la calidad era mejor que la que podían comprar de manera ilegal. Otros dijeron que preferían pagar el 25 por ciento de impuestos al gobierno y favorecer a productores y tiendas legales que fortalecer la economía subterránea. Para todos era una especie de voto ciudadano; una oportunidad de mostrar su acuerdo y su deseo de que la medida sea adoptada en el resto de su país.
En general hubo calma. Diversos medios habían vaticinado disturbios y conflictos originados en un abasto insuficiente. Pero triunfo la paciencia y el orden. Un pequeño disturbio fue ocasionado por un borrachín. La policía patrullaba los entornos de las tiendas y se repartieron miles de impresos para recordarles a los compradores que no podían fumar en la calle, en los transportes públicos, de manera ostentosa (excepto en espacios privados), que no debían pasar la mota a menores de 21 años ni llevarla a otros estados.
Las tiendas se encontraban preparadas con productos pre empaquetados de una onza (28 gramos), el máximo de venta permitido a los consumidores del estado y de 3.5 gramos, el máximo por visita permitido a los consumidores de fuera. Otros productos demandados fueron galletas y pastelillos de chocolate con la substancia activa, así como concentrados líquidos para hacer pastelería en casa.
Con ello el consumo de mariguana ha entrado en los Estados Unidos a una zona legal intermedia. Todavía se encuentra prohibida por las leyes federales. Solo que el gobierno federal norteamericano declaró que hacer cumplir las leyes anti mariguana sería responsabilidad de los Estados; su policía solo vigilaría que no hay comercio de un estado a otro, ni consumo de menores.
Así que el consumo de mota en Colorado es ahora similar al del alcohol. No se permite a menores, ni manejar drogado, ni en oficinas o transportes públicos, ni en parques y monumentos federales.
Esta legalización va más allá de la mera despenalización y tolerancia que se practica en Holanda, Portugal y otros países. Al darse primero le tiende un paraguas de protección internacional a la legalización ya aprobada en Uruguay y que será instrumentada en el segundo semestre del año. Solo que en el país del sur en lugar de mercado libre habrá monopolio del gobierno en la producción, distribución y consumo de la cannabis.
Todo apunta a un éxito financiero para las tiendas, los productores y el gobierno. Hay centenares de permisos en procesamiento y las acciones de las empresas norteamericanas que venden instrumentos para la producción casera han subido de manera importante. Colorado le da la vuelta a la moneda y en lugar de seguir metiendo a la cárcel a sus consumidores, pretende ahora convertirlos en ciudadanos que paguen impuestos y así contribuyan a mejorar sus escuelas.
Son los primeros pasos de un experimento que marcará la pauta a seguir dentro de los Estados Unidos e incluso el mundo. Por fin se podrá contar con información confiable sobre los efectos de un uso legal para las personas, las familias, los espacios públicos e incluso las finanzas de los gobiernos. Ahora se podrá comparar realmente el consumo de mota con el de alcohol, tabaco, cocaína y drogas sintéticas. Una primera gran pregunta es si el consumo de cannabis incrementa o substituye el de las otras drogas.
Aquí en México no podremos seguir ignorando lo que está ocurriendo en otros lados. Por lo contrario; le tenemos que dar seguimiento y decidir cómo vamos a reaccionar. Una manera posible sería también nosotros consultar a los ciudadanos mediante un referéndum.
Y ahora, el campo
Faljoritmo
Jorge Faljo
Desde hace tres décadas las reformas de fondo para el desarrollo del país apuntan más al fracaso que al éxito. Se suscribió el TLC con los Estados Unidos, y otros más con docenas de países, lo que nos llevaría de la mano al primer mundo, con gran crecimiento de la producción, el empleo y el bienestar. Cierto que con ello se fortaleció un espacio productivo moderno y competitivo; pero el costo fue la destrucción masiva de la producción y el empleo convencionales.
Para el medio rural se impulsó la transformación de la propiedad social en privada y fue destruido el conjunto de instituciones de apoyo del tipo de la CONASUPO, INMECAFÉ, TABAMEX, FERTIMEX, o BANRURAL. El resultado es un campo de extremos. De un lado el grueso de los empobrecidos, crecientemente excluidos de la comercialización y por ende de la producción. Cierto que también se fortaleció un subsector dinámico e incluso exportador. No obstante el país en su conjunto se volvió deficitario en su balanza comercial y altamente dependiente de las importaciones de alimentos básicos.
Se abandonó toda política industrial y una fuerte alianza entre gobierno y empresas impuso el deterioro continuado de los salarios y el enflaquecimiento del mercado interno. No obstante, el empobrecimiento permanente no nos hizo competitivos y grandes exportadores, aunque no faltaron loas internacionales a nuestros héroes del mercado libre.
La autonomía del Banco de México constituyó en la práctica una forma de privatización donde se le cedió al gran capital financiero nacional e internacional la conducción de nuestra política macroeconómica en detrimento de los intereses de la empresa productiva y los trabajadores. Su punto culminante fue el Fobaproa, el salvamento de los cuates y una deuda impagable.
Privatizar los ferrocarriles no mejoró el transporte del mismo modo que privatizar los bancos no expandió el crédito a la producción.
Ahora la reforma educativa y la financiera prometen mucho, aunque de momento lo que hacen es incomodar a tirios y troyanos. La reforma energética es la cereza del pastel cargada de promesas de abaratamiento de la energía, atracción de inversiones productivas, creación de empleos y bienestar. Difícil decir que sería mejor: su fracaso (que en realidad no haya petróleo submarino) nos obligaría a reorientar la estrategia económica hacia la producción, el trabajo y el fortalecimiento del mercado interno. Su éxito podría beneficiar a pocos y reforzarnos como país importador, caracterizado por el desempleo y la inequidad.
En esencia estas reformas cambiaron el rumbo que seguía el país en los primeros ochenta años del siglo pasado. De una estrategia económica nacionalista que, a pesar de sus defectos permitía crecer, crear empleos y ampliar el mercado interno, pasamos a un largo bache económico que cada reforma parece profundizar.
Ahora el Programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario, Pesquero y Alimentario 2013 – 2018 nos anuncia la siguiente transformación: la reforma del campo. Las razones que plantea el documento son contundentes: el sector se encuentra estancado; la participación del PIB primario era de 16.1 por ciento en 1950 y de solo 3.4 por ciento en el 2012. Esto se traduce en pobreza y debilidad productiva.
En el 2012 se importó el 79 por ciento del consumo doméstico de arroz, 93 por ciento de oleaginosas, 58 por ciento de trigo y 82 por ciento de maíz amarillo. En paralelo más del 20 por ciento de la población rural vive en pobreza extrema; sin alimentación suficiente.
Finalmente el documento considera que la salida de la pobreza y el mejoramiento de la alimentación en países como China, la India y Brasil elevarán la demanda y el precio de los alimentos. Es decir que si no hacemos algo la situación va a empeorar.
El Programa Sectorial plantea como meta, para el 2018, producir el 75 por ciento del consumo nacional de granos básicos y oleaginosos.
El diagnóstico es correcto y la meta pertinente. No obstante los instrumentos de la política agropecuaria no parecen rebasar el marco convencional neoliberal. Propone, por ejemplo, elevar la productividad del minifundio a través de modelos de asociatividad bajo liderazgo gerencial; promover la producción nacional de fertilizantes y agroquímicos; manejo de riesgos de mercado; un nuevo extensionismo; financiamiento oportuno y competitivo. Las propuestas suenan bien excepto que el papel del estado parece limitarse a promover al sector privado sin meter las manos en la masa.
Lo que se requiere es mucho más: reconstruir el andamiaje institucional para la participación del estado en la comercialización de la producción, el abasto de insumos y la difusión tecnológica. Todo ello aterrizado en cada región con los productores.
No sería aceptable otro fracaso en un sector estratégico para la seguridad nacional.
Jorge Faljo
Desde hace tres décadas las reformas de fondo para el desarrollo del país apuntan más al fracaso que al éxito. Se suscribió el TLC con los Estados Unidos, y otros más con docenas de países, lo que nos llevaría de la mano al primer mundo, con gran crecimiento de la producción, el empleo y el bienestar. Cierto que con ello se fortaleció un espacio productivo moderno y competitivo; pero el costo fue la destrucción masiva de la producción y el empleo convencionales.
Para el medio rural se impulsó la transformación de la propiedad social en privada y fue destruido el conjunto de instituciones de apoyo del tipo de la CONASUPO, INMECAFÉ, TABAMEX, FERTIMEX, o BANRURAL. El resultado es un campo de extremos. De un lado el grueso de los empobrecidos, crecientemente excluidos de la comercialización y por ende de la producción. Cierto que también se fortaleció un subsector dinámico e incluso exportador. No obstante el país en su conjunto se volvió deficitario en su balanza comercial y altamente dependiente de las importaciones de alimentos básicos.
Se abandonó toda política industrial y una fuerte alianza entre gobierno y empresas impuso el deterioro continuado de los salarios y el enflaquecimiento del mercado interno. No obstante, el empobrecimiento permanente no nos hizo competitivos y grandes exportadores, aunque no faltaron loas internacionales a nuestros héroes del mercado libre.
La autonomía del Banco de México constituyó en la práctica una forma de privatización donde se le cedió al gran capital financiero nacional e internacional la conducción de nuestra política macroeconómica en detrimento de los intereses de la empresa productiva y los trabajadores. Su punto culminante fue el Fobaproa, el salvamento de los cuates y una deuda impagable.
Privatizar los ferrocarriles no mejoró el transporte del mismo modo que privatizar los bancos no expandió el crédito a la producción.
Ahora la reforma educativa y la financiera prometen mucho, aunque de momento lo que hacen es incomodar a tirios y troyanos. La reforma energética es la cereza del pastel cargada de promesas de abaratamiento de la energía, atracción de inversiones productivas, creación de empleos y bienestar. Difícil decir que sería mejor: su fracaso (que en realidad no haya petróleo submarino) nos obligaría a reorientar la estrategia económica hacia la producción, el trabajo y el fortalecimiento del mercado interno. Su éxito podría beneficiar a pocos y reforzarnos como país importador, caracterizado por el desempleo y la inequidad.
En esencia estas reformas cambiaron el rumbo que seguía el país en los primeros ochenta años del siglo pasado. De una estrategia económica nacionalista que, a pesar de sus defectos permitía crecer, crear empleos y ampliar el mercado interno, pasamos a un largo bache económico que cada reforma parece profundizar.
Ahora el Programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario, Pesquero y Alimentario 2013 – 2018 nos anuncia la siguiente transformación: la reforma del campo. Las razones que plantea el documento son contundentes: el sector se encuentra estancado; la participación del PIB primario era de 16.1 por ciento en 1950 y de solo 3.4 por ciento en el 2012. Esto se traduce en pobreza y debilidad productiva.
En el 2012 se importó el 79 por ciento del consumo doméstico de arroz, 93 por ciento de oleaginosas, 58 por ciento de trigo y 82 por ciento de maíz amarillo. En paralelo más del 20 por ciento de la población rural vive en pobreza extrema; sin alimentación suficiente.
Finalmente el documento considera que la salida de la pobreza y el mejoramiento de la alimentación en países como China, la India y Brasil elevarán la demanda y el precio de los alimentos. Es decir que si no hacemos algo la situación va a empeorar.
El Programa Sectorial plantea como meta, para el 2018, producir el 75 por ciento del consumo nacional de granos básicos y oleaginosos.
El diagnóstico es correcto y la meta pertinente. No obstante los instrumentos de la política agropecuaria no parecen rebasar el marco convencional neoliberal. Propone, por ejemplo, elevar la productividad del minifundio a través de modelos de asociatividad bajo liderazgo gerencial; promover la producción nacional de fertilizantes y agroquímicos; manejo de riesgos de mercado; un nuevo extensionismo; financiamiento oportuno y competitivo. Las propuestas suenan bien excepto que el papel del estado parece limitarse a promover al sector privado sin meter las manos en la masa.
Lo que se requiere es mucho más: reconstruir el andamiaje institucional para la participación del estado en la comercialización de la producción, el abasto de insumos y la difusión tecnológica. Todo ello aterrizado en cada región con los productores.
No sería aceptable otro fracaso en un sector estratégico para la seguridad nacional.
jueves, 26 de diciembre de 2013
El triunfo de Bachelet
Faljoritmo
Jorge Faljo
Michelle Bachelet, la candidata socialista, ganó las elecciones presidenciales de la República de Chile de manera contundente. Bajo el sistema chileno si ningún candidato obtiene más del cincuenta por ciento de los votos se organiza una segunda votación en la que solo participan los dos candidatos punteros. Fue en la segunda vuelta que Bachelet obtuvo el 62.2 por ciento de los votos frente al 37.8 por ciento que consiguió la candidata oficialista, Evelyn Matthei.
Es la segunda ocasión que Bachelet será presidenta de Chile. Terminó su mandato anterior con un nivel de aprobación superior al 84 por ciento. Solo que las leyes de su país no permiten la reelección inmediata, pero si después de uno o más periodos intermedios. Ahora, además de ser la candidata socialista lo era de una amplia coalición de izquierda que incluía al partido comunista.
En esta ocasión Bachelet se confrontó con otra mujer que fue su amiga de la niñez pero a las que la historia las colocó bandos opuestos. Las dos son hijas de militares de alto rango. Solo que el padre de Bachelet fue el militar encargado de la logística de la distribución de alimentos básicos durante la administración del presidente socialista Salvador Allende y el padre de Matthei, supuestamente amigo del primero, participó en el golpe de estado encabezado por Pinochet.
El padre de Bachelet fue torturado hasta la muerte por sus compañeros militares. También fueron torturadas Bachelet y su madre aunque cuando ella habla del asunto dice que su tortura fue leve comparada con el trato mucho más brutal que ella vio aplicado a otros prisioneros. Finalmente y gracias a las simpatías, o sentimientos de culpa, de algunos conocidos de su padre, se les permitió, a ella y a su madre, emigrar a Australia.
Bachelet se formó como médica cirujana pediatra y a su regreso a Chile trabajó en una ONG especializada en el tratamiento de hijos de detenidos víctimas de la dictadura y tuvo un comportamiento políticamente activo. Madre de tres hijos, el primero lo tuvo estando soltera. Fue nombrada ministra de salud pública y destacó por su capacidad para mejorar el funcionamiento de los hospitales. Algunas de sus decisiones fueron muy controvertidas para la conservadora sociedad chilena, pero por otra parte la hicieron destacar.
Un ejemplo de ello fue ordenar que se distribuyera la “píldora del día siguiente” a las mujeres violadas. También ha manifestado estar en contra de la criminalización del aborto y a favor del reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo. Asuntos que sin embargo evitó resaltar en su campaña. En materia religiosa se declara agnóstica; lo que equivale a decir que no es creyente pero sin llegar a declararse atea.
Posteriormente, después de estudios en estrategia militar, fue nombrada ministra de defensa. Algo ciertamente inusitado y al mismo tiempo un mensaje contundente sobre cómo es posible revertir incluso los peores momentos de la historia de un país. De nueva cuenta destacó por sus esfuerzos en favor de la reconciliación entre la casta militar y sus víctimas.
La nueva mandataria marca el retorno de la centroizquierda al poder. Sus propuestas principales son la mejora del sistema de salud público, educación gratuita hasta el nivel universitario, combatir la desigualdad y promover una nueva constitución para reemplazar la de la dictadura. El mejoramiento de los servicios públicos lo hará elevando los impuestos a las empresas y la clase pudiente.
Esta descripción de sus propuestas se queda muy corta. Llama la atención, sobre todo en la perspectiva mexicana, lo amplio, detallado y bien estructurado del programa con el que ganó las elecciones. Era el programa de una candidata pero sería comparable en estructura y detalle, con el Plan Nacional de Desarrollo que en nuestro caso se elabora meses después de iniciado un periodo presidencial. Los chilenos pueden votar conociendo a detalle el diagnóstico, propósitos y plan de acción de su candidato.
Tras las elecciones la contrincante Matthei acudió muy civilizadamente a saludar a la ganadora. Una muestra del error de la derecha al elegirla como candidata fue que en esta como en otras apariciones públicas a ella y sus acompañantes algunos les gritaban “asesinos”. Simplemente sus nexos familiares y de amistad con los golpistas no la ayudaron. Ella se presentaba como la candidata católica, defensora de la vida y los valores; es decir en favor de mantener la criminalización de las mujeres que abortan.
Bachelet no destaca en el debate público, titubea, acepta que no sabe muchas cosas y no es “resolutiva”. Pero estas características no operan en su contra, posiblemente porque sus seguidores aprecian su naturalidad, su respeto a las personas, y saben que tiene otras cualidades: es una mujer de equipo y de dialogo, sabe escuchar y cuando no sabe se pone a estudiar. Es dentro de su grupo de trabajo donde se encuentra el conocimiento experto necesario para llevar adelante las acciones detalladas del gran diseño de la transformación que propone.
De la nueva presidente se espera que ahora si pueda realizar las transformaciones que prometió desde su periodo anterior pero no pudo llevar a la práctica. Cuenta a su favor con un congreso en el que se encuentran, por ejemplo, los líderes de los movimientos estudiantiles recientes.
Pero la situación no será fácil. El ritmo de crecimiento se ha reducido del seis por ciento anual a la mitad. La economía mundial no le resulta favorable y el precio del cobre, un producto fundamental, se ha desplomado. Chile es un país muy desigual: el 10 por ciento más pobre tiene un ingreso 78 veces menor que el 10 por ciento más rico.
De momento lo que resulta alentador es la decisión mayoritaria de eliminar los resabios de la dictadura y con serenidad y fortalecimiento democrático reemprender la ruta del desarrollo con justicia social.
Jorge Faljo
Michelle Bachelet, la candidata socialista, ganó las elecciones presidenciales de la República de Chile de manera contundente. Bajo el sistema chileno si ningún candidato obtiene más del cincuenta por ciento de los votos se organiza una segunda votación en la que solo participan los dos candidatos punteros. Fue en la segunda vuelta que Bachelet obtuvo el 62.2 por ciento de los votos frente al 37.8 por ciento que consiguió la candidata oficialista, Evelyn Matthei.
Es la segunda ocasión que Bachelet será presidenta de Chile. Terminó su mandato anterior con un nivel de aprobación superior al 84 por ciento. Solo que las leyes de su país no permiten la reelección inmediata, pero si después de uno o más periodos intermedios. Ahora, además de ser la candidata socialista lo era de una amplia coalición de izquierda que incluía al partido comunista.
En esta ocasión Bachelet se confrontó con otra mujer que fue su amiga de la niñez pero a las que la historia las colocó bandos opuestos. Las dos son hijas de militares de alto rango. Solo que el padre de Bachelet fue el militar encargado de la logística de la distribución de alimentos básicos durante la administración del presidente socialista Salvador Allende y el padre de Matthei, supuestamente amigo del primero, participó en el golpe de estado encabezado por Pinochet.
El padre de Bachelet fue torturado hasta la muerte por sus compañeros militares. También fueron torturadas Bachelet y su madre aunque cuando ella habla del asunto dice que su tortura fue leve comparada con el trato mucho más brutal que ella vio aplicado a otros prisioneros. Finalmente y gracias a las simpatías, o sentimientos de culpa, de algunos conocidos de su padre, se les permitió, a ella y a su madre, emigrar a Australia.
Bachelet se formó como médica cirujana pediatra y a su regreso a Chile trabajó en una ONG especializada en el tratamiento de hijos de detenidos víctimas de la dictadura y tuvo un comportamiento políticamente activo. Madre de tres hijos, el primero lo tuvo estando soltera. Fue nombrada ministra de salud pública y destacó por su capacidad para mejorar el funcionamiento de los hospitales. Algunas de sus decisiones fueron muy controvertidas para la conservadora sociedad chilena, pero por otra parte la hicieron destacar.
Un ejemplo de ello fue ordenar que se distribuyera la “píldora del día siguiente” a las mujeres violadas. También ha manifestado estar en contra de la criminalización del aborto y a favor del reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo. Asuntos que sin embargo evitó resaltar en su campaña. En materia religiosa se declara agnóstica; lo que equivale a decir que no es creyente pero sin llegar a declararse atea.
Posteriormente, después de estudios en estrategia militar, fue nombrada ministra de defensa. Algo ciertamente inusitado y al mismo tiempo un mensaje contundente sobre cómo es posible revertir incluso los peores momentos de la historia de un país. De nueva cuenta destacó por sus esfuerzos en favor de la reconciliación entre la casta militar y sus víctimas.
La nueva mandataria marca el retorno de la centroizquierda al poder. Sus propuestas principales son la mejora del sistema de salud público, educación gratuita hasta el nivel universitario, combatir la desigualdad y promover una nueva constitución para reemplazar la de la dictadura. El mejoramiento de los servicios públicos lo hará elevando los impuestos a las empresas y la clase pudiente.
Esta descripción de sus propuestas se queda muy corta. Llama la atención, sobre todo en la perspectiva mexicana, lo amplio, detallado y bien estructurado del programa con el que ganó las elecciones. Era el programa de una candidata pero sería comparable en estructura y detalle, con el Plan Nacional de Desarrollo que en nuestro caso se elabora meses después de iniciado un periodo presidencial. Los chilenos pueden votar conociendo a detalle el diagnóstico, propósitos y plan de acción de su candidato.
Tras las elecciones la contrincante Matthei acudió muy civilizadamente a saludar a la ganadora. Una muestra del error de la derecha al elegirla como candidata fue que en esta como en otras apariciones públicas a ella y sus acompañantes algunos les gritaban “asesinos”. Simplemente sus nexos familiares y de amistad con los golpistas no la ayudaron. Ella se presentaba como la candidata católica, defensora de la vida y los valores; es decir en favor de mantener la criminalización de las mujeres que abortan.
Bachelet no destaca en el debate público, titubea, acepta que no sabe muchas cosas y no es “resolutiva”. Pero estas características no operan en su contra, posiblemente porque sus seguidores aprecian su naturalidad, su respeto a las personas, y saben que tiene otras cualidades: es una mujer de equipo y de dialogo, sabe escuchar y cuando no sabe se pone a estudiar. Es dentro de su grupo de trabajo donde se encuentra el conocimiento experto necesario para llevar adelante las acciones detalladas del gran diseño de la transformación que propone.
De la nueva presidente se espera que ahora si pueda realizar las transformaciones que prometió desde su periodo anterior pero no pudo llevar a la práctica. Cuenta a su favor con un congreso en el que se encuentran, por ejemplo, los líderes de los movimientos estudiantiles recientes.
Pero la situación no será fácil. El ritmo de crecimiento se ha reducido del seis por ciento anual a la mitad. La economía mundial no le resulta favorable y el precio del cobre, un producto fundamental, se ha desplomado. Chile es un país muy desigual: el 10 por ciento más pobre tiene un ingreso 78 veces menor que el 10 por ciento más rico.
De momento lo que resulta alentador es la decisión mayoritaria de eliminar los resabios de la dictadura y con serenidad y fortalecimiento democrático reemprender la ruta del desarrollo con justicia social.
domingo, 15 de diciembre de 2013
El color negro del dinero
Faljoritmo
Jorge Faljo
El 18 de marzo de 1938 el presidente de la República Lázaro Cárdenas del Rio anunció la expropiación del petróleo, riqueza que explotaban 17 compañías extranjeras. Fueron días de júbilo y movilización popular en apoyo a una decisión gubernamental que fue, revolución aparte, el hecho histórico más trascendente del siglo pasado.
Se fortaleció un modelo económico, social y político asociado a la recuperación de la tierra por parte de las comunidades, a la organización de los trabajadores y al impulso a la producción rural e industrial. Se redefinieron nuevos grandes actores: campesinos, un empresariado nacional en construcción y organizaciones de trabajadores. Arriba de todo un estado regulador socioeconómico e impulsor de la economía mediante un amplio aparato de soporte institucional.
El cardenismo sentó las bases de un crecimiento económico y del bienestar que duró cuatro décadas; en 1978 se alcanzó el momento de mayor ingreso y bienestar de los trabajadores mexicanos.
La transformación de estos días no es menos trascendente. En los dos casos las reformas adquieren sentido como parte de estrategias más amplias que definen distintos rumbos socioeconómicos. Hace 75 años se fortaleció un modelo de país de producción y trabajo. Ahora se difunde la idea de que podemos aspirar al rentismo.
Se nos dice que existe una enorme riqueza que no podemos explotar nosotros mismos y hay que invitar a los poderosos al banquete. La manera de explotar esta riqueza es fundamental. Pero hay otro punto tan importante, o más, que urge analizar. ¿De qué tipo de banquete estamos hablando?
La única forma de que las mayorías del país mejoren su bienestar es mediante trabajo; esa es su aspiración y única vía firme a una mejoría sustentable. El rentismo es privilegio de minorías; solo el trabajo puede sustentar el bienestar mayoritario. Pero la reforma no apunta a impulsar el fortalecimiento productivo generalizado y el empleo mayoritario. Cuando más, si la riqueza de la que se habla se hace realidad, se creará un sector poderoso del que podrán salir recursos para la asistencia y el control social, pero no para el desarrollo socioeconómico.
La urgencia de la reforma se debe a que el modelo económico se encuentra moribundo. El país no ha tenido un solo saldo positivo en cuenta corriente en los últimos 25 años. Las exportaciones petroleras, las remesas de los trabajadores migrantes y el narco no bastaban para equilibrar las finanzas nacionales. Aparte de ello era necesario vender patrimonio: los bancos, las grandes industrias, la minería, las acciones en la bolsa, la distribución comercial de mayoreo y menudeo. Y además, claro está, el endeudamiento público y privado con inversionistas externos.
El problema es que equilibrar las finanzas nacionales mediante venta patrimonial es adictivo. La venta de un bien productivo (cervecera, acerera, tequilera, subsuelo) puede atraer miles de millones de dólares al grado de crear una abundancia que abarate el dólar y las importaciones. Solo que en los años siguientes esos inversionistas empiezan a enviar sus ganancias al exterior; aumentamos el consumo externo y destruimos la producción interna. Lo que hace necesario atraer más inversiones o préstamos externos.
A fines del 2008 la crisis norteamericana provocó grandes pérdidas a inversionistas mexicanos que especularon con el capital de sus empresas. Para pagar lo que perdieron tuvieron que comprar dólares en México y provocaron el alza del dólar. Había el riesgo de una desbandada de capitales asustados por la perspectiva de devaluación.
La situación se atajó con el anuncio de la línea de crédito flexible llamada blindaje financiero. Así se anunciaba que el país estaba dispuesto a endeudarse al tope para proporcionar los dólares suficientes, a buen precio, a los capitales que decidieran retirarse. Esa promesa de endeudamiento potencial del Banco de México calmó los ánimos y no se produjo una estampida.
Solo que de entonces para acá la necesidad de capitales externos para sostener unas finanzas precarias se incrementó al tiempo que los ingresos flaquean. Las exportaciones, las remesas de migrantes y tal vez hasta los narco dólares se estancan. Debemos a la decisión de la Fed (el banco central norteamericano) de imprimir 85 mil millones de dólares mensuales el que nos siguieran llegando dólares en abundancia para aprovechar nuestras altas tasas de interés.
Pero la posibilidad de que se dejen de imprimir tantos dólares amenaza con secar esta fuente también. Ahora la reforma energética entra como salvadora al crear la expectativa de grandes inversiones externas y mayores exportaciones petroleras.
Una gran entrada de dólares le evitaría al gobierno el trago amarguísimo de elevar los impuestos al gran capital (productivo y financiero) a niveles comparables a los internacionales. Pero sobre todo permite sostener la sobrevaluación del peso y atraer capitales a la bolsa de valores.
Así que esencialmente el efecto de la reforma energética será similar al del blindaje financiero. Con él se lograron ganancias record en la bolsa de valores (muy presumidas por Fox y Calderón) y abaratar el precio del dólar y las importaciones. Eso les pegó duro a los productores nacionales no protegidos en nichos de mercado de privilegio (concesiones y favores públicos). A la empresa productiva convencional le redujo el margen de utilidad y a millares de ellas las llevó a la quiebra. Ciertamente no creó empleo ni alentó la producción.
Se planea llevar el productivismo petrolero al máximo grado de extracción posible; incluso más allá de las necesidades de financiamiento gubernamental y ya se anuncia la creación de un fondo soberano de estabilidad financiera en Banxico; una institución sin representación del aparato productivo, ni de la sociedad en general, que no rinde cuentas de su política y que está esencialmente blindada ante las exigencias de desarrollo económico y social.
Tres efectos previsibles: sobreoferta petrolera que abarate los precios internacionales; convertir el petróleo en inversión especulativa para beneficio del capital financiero; y fortalecer el peso. Lo que se anuncia es la continuidad, por varios años más, del modelo importador y destructor del empleo productivo.
Es decir que habrá un banquete sin pobres, sin trabajadores y sin la mayoría de los empresarios productivos del campo o la ciudad.
Jorge Faljo
El 18 de marzo de 1938 el presidente de la República Lázaro Cárdenas del Rio anunció la expropiación del petróleo, riqueza que explotaban 17 compañías extranjeras. Fueron días de júbilo y movilización popular en apoyo a una decisión gubernamental que fue, revolución aparte, el hecho histórico más trascendente del siglo pasado.
Se fortaleció un modelo económico, social y político asociado a la recuperación de la tierra por parte de las comunidades, a la organización de los trabajadores y al impulso a la producción rural e industrial. Se redefinieron nuevos grandes actores: campesinos, un empresariado nacional en construcción y organizaciones de trabajadores. Arriba de todo un estado regulador socioeconómico e impulsor de la economía mediante un amplio aparato de soporte institucional.
El cardenismo sentó las bases de un crecimiento económico y del bienestar que duró cuatro décadas; en 1978 se alcanzó el momento de mayor ingreso y bienestar de los trabajadores mexicanos.
La transformación de estos días no es menos trascendente. En los dos casos las reformas adquieren sentido como parte de estrategias más amplias que definen distintos rumbos socioeconómicos. Hace 75 años se fortaleció un modelo de país de producción y trabajo. Ahora se difunde la idea de que podemos aspirar al rentismo.
Se nos dice que existe una enorme riqueza que no podemos explotar nosotros mismos y hay que invitar a los poderosos al banquete. La manera de explotar esta riqueza es fundamental. Pero hay otro punto tan importante, o más, que urge analizar. ¿De qué tipo de banquete estamos hablando?
La única forma de que las mayorías del país mejoren su bienestar es mediante trabajo; esa es su aspiración y única vía firme a una mejoría sustentable. El rentismo es privilegio de minorías; solo el trabajo puede sustentar el bienestar mayoritario. Pero la reforma no apunta a impulsar el fortalecimiento productivo generalizado y el empleo mayoritario. Cuando más, si la riqueza de la que se habla se hace realidad, se creará un sector poderoso del que podrán salir recursos para la asistencia y el control social, pero no para el desarrollo socioeconómico.
La urgencia de la reforma se debe a que el modelo económico se encuentra moribundo. El país no ha tenido un solo saldo positivo en cuenta corriente en los últimos 25 años. Las exportaciones petroleras, las remesas de los trabajadores migrantes y el narco no bastaban para equilibrar las finanzas nacionales. Aparte de ello era necesario vender patrimonio: los bancos, las grandes industrias, la minería, las acciones en la bolsa, la distribución comercial de mayoreo y menudeo. Y además, claro está, el endeudamiento público y privado con inversionistas externos.
El problema es que equilibrar las finanzas nacionales mediante venta patrimonial es adictivo. La venta de un bien productivo (cervecera, acerera, tequilera, subsuelo) puede atraer miles de millones de dólares al grado de crear una abundancia que abarate el dólar y las importaciones. Solo que en los años siguientes esos inversionistas empiezan a enviar sus ganancias al exterior; aumentamos el consumo externo y destruimos la producción interna. Lo que hace necesario atraer más inversiones o préstamos externos.
A fines del 2008 la crisis norteamericana provocó grandes pérdidas a inversionistas mexicanos que especularon con el capital de sus empresas. Para pagar lo que perdieron tuvieron que comprar dólares en México y provocaron el alza del dólar. Había el riesgo de una desbandada de capitales asustados por la perspectiva de devaluación.
La situación se atajó con el anuncio de la línea de crédito flexible llamada blindaje financiero. Así se anunciaba que el país estaba dispuesto a endeudarse al tope para proporcionar los dólares suficientes, a buen precio, a los capitales que decidieran retirarse. Esa promesa de endeudamiento potencial del Banco de México calmó los ánimos y no se produjo una estampida.
Solo que de entonces para acá la necesidad de capitales externos para sostener unas finanzas precarias se incrementó al tiempo que los ingresos flaquean. Las exportaciones, las remesas de migrantes y tal vez hasta los narco dólares se estancan. Debemos a la decisión de la Fed (el banco central norteamericano) de imprimir 85 mil millones de dólares mensuales el que nos siguieran llegando dólares en abundancia para aprovechar nuestras altas tasas de interés.
Pero la posibilidad de que se dejen de imprimir tantos dólares amenaza con secar esta fuente también. Ahora la reforma energética entra como salvadora al crear la expectativa de grandes inversiones externas y mayores exportaciones petroleras.
Una gran entrada de dólares le evitaría al gobierno el trago amarguísimo de elevar los impuestos al gran capital (productivo y financiero) a niveles comparables a los internacionales. Pero sobre todo permite sostener la sobrevaluación del peso y atraer capitales a la bolsa de valores.
Así que esencialmente el efecto de la reforma energética será similar al del blindaje financiero. Con él se lograron ganancias record en la bolsa de valores (muy presumidas por Fox y Calderón) y abaratar el precio del dólar y las importaciones. Eso les pegó duro a los productores nacionales no protegidos en nichos de mercado de privilegio (concesiones y favores públicos). A la empresa productiva convencional le redujo el margen de utilidad y a millares de ellas las llevó a la quiebra. Ciertamente no creó empleo ni alentó la producción.
Se planea llevar el productivismo petrolero al máximo grado de extracción posible; incluso más allá de las necesidades de financiamiento gubernamental y ya se anuncia la creación de un fondo soberano de estabilidad financiera en Banxico; una institución sin representación del aparato productivo, ni de la sociedad en general, que no rinde cuentas de su política y que está esencialmente blindada ante las exigencias de desarrollo económico y social.
Tres efectos previsibles: sobreoferta petrolera que abarate los precios internacionales; convertir el petróleo en inversión especulativa para beneficio del capital financiero; y fortalecer el peso. Lo que se anuncia es la continuidad, por varios años más, del modelo importador y destructor del empleo productivo.
Es decir que habrá un banquete sin pobres, sin trabajadores y sin la mayoría de los empresarios productivos del campo o la ciudad.
lunes, 9 de diciembre de 2013
El onceavo mandamiento es la buena economía
Faljoritmo
Jorge Faljo
La primera exhortación apostólica del Papa Francisco está levantando ámpula porque pega duro a las estructuras anquilosadas de su propia iglesia, al funcionamiento de la economía globalizada y al pensamiento neoliberal que defiende los intereses anticristianos de los poderosos.
No se piensa el Papa como revolucionario, pero si crítica que dentro de la complejidad del mensaje evangélico no siempre se destaca lo prioritario y esencial. Propone un cambio de énfasis al interpretarlo; pero eso de cualquier manera es una propuesta para modificar de raíz a la iglesia y al mundo. De su crítica no se salva ni el papado; pues propone su “conversión” para volverlo más fiel al mensaje cristiano original.
Para empezar la exhortación Evangelii Gaudium, o “Alegría del Evangelio” propone que este debiera ser el sentimiento central de la vida de la iglesia. Una alegría asociada a una vida en comunidad donde cada uno ayuda a los demás y es contraria a la tristeza del individualismo egoísta. Lo contrario a decir que esta vida es un valle de lágrimas y a considerar al sufrimiento como algo valioso.
Retoma lo que eran ideas centrales de la ideología de la liberación: democratización de la iglesia, priorización de la justicia, ambas expresadas con sutileza. Señala, por ejemplo, que a veces los obispos deberán estar delante de su comunidad para indicar el camino, en otras en medio de todos y en ocasiones deberán caminar detrás del pueblo porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos. Se opone a una doctrina monolítica y dice que hay muchos caminos, siempre y cuando haya respeto y amor.
Incluso señala que muchas veces lo que se expresa con un lenguaje enteramente ortodoxo no permite que el pueblo comprenda el verdadero mensaje de Jesucristo. Que hay costumbres muy arraigadas que se presentan como mensaje divino cuando son en realidad creación de la propia iglesia y ya son obsoletas. Cita a Santo Tomás de Aquino para decir que en realidad los preceptos dados por Jesucristo son poquísimos y que hay que cuidad que los otros, los añadidos, no conviertan la vida de los fieles en esclavitud. El confesionario no debe ser sala de torturas y la iglesia no es aduana de la gracia, sino lugar de comprensión y misericordia. Con ello propone el abandono de la autoritaria posición juzgadora para tratar de entender mejor al mundo de hoy en día.
Bergoglio no quiere una iglesia enferma por el encierro y la comodidad; ni preocupada por ser el centro; ni clausurada por una maraña de obsesiones y procedimientos. Lo esencial es justicia y misericordia; el vínculo inseparable entre la fe y los pobres.
Con estas bases el papa Francisco se lanza a la crítica profunda de la situación económica del mundo. Su diagnóstico es sencillo pero contundente: la alegría de vivir se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad.
Hay un mandamiento, “no matar” y por ello tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad” porque ella mata. “Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al débil”. La consecuencia es que grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas; sin trabajo, sin horizontes.
Ya no se trata simplemente de explotación, sino de algo más terrible: la exclusión de gran parte de la población. Las teorías que suponen que el crecimiento económico y la libertad de mercado generan equidad e inclusión social no tienen sustento. Expresan una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico. Se ha desarrollado una globalización de la indiferencia incapaz de compadecerse de las vidas truncadas.
Por la adoración del becerro de oro se ha perdido el objetivo humano y se empobrece la mayoría. Se trata de un desequilibrio que proviene de las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que niegan el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Es una nueva tiranía invisible.
Tras esta actitud egoísta de los poderosos se esconde un rechazo de la ética y de Dios. Para estas ideologías Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud.
El mensaje del Papa a los católicos es contundente: ¡muévanse!
Jorge Faljo
La primera exhortación apostólica del Papa Francisco está levantando ámpula porque pega duro a las estructuras anquilosadas de su propia iglesia, al funcionamiento de la economía globalizada y al pensamiento neoliberal que defiende los intereses anticristianos de los poderosos.
No se piensa el Papa como revolucionario, pero si crítica que dentro de la complejidad del mensaje evangélico no siempre se destaca lo prioritario y esencial. Propone un cambio de énfasis al interpretarlo; pero eso de cualquier manera es una propuesta para modificar de raíz a la iglesia y al mundo. De su crítica no se salva ni el papado; pues propone su “conversión” para volverlo más fiel al mensaje cristiano original.
Para empezar la exhortación Evangelii Gaudium, o “Alegría del Evangelio” propone que este debiera ser el sentimiento central de la vida de la iglesia. Una alegría asociada a una vida en comunidad donde cada uno ayuda a los demás y es contraria a la tristeza del individualismo egoísta. Lo contrario a decir que esta vida es un valle de lágrimas y a considerar al sufrimiento como algo valioso.
Retoma lo que eran ideas centrales de la ideología de la liberación: democratización de la iglesia, priorización de la justicia, ambas expresadas con sutileza. Señala, por ejemplo, que a veces los obispos deberán estar delante de su comunidad para indicar el camino, en otras en medio de todos y en ocasiones deberán caminar detrás del pueblo porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos. Se opone a una doctrina monolítica y dice que hay muchos caminos, siempre y cuando haya respeto y amor.
Incluso señala que muchas veces lo que se expresa con un lenguaje enteramente ortodoxo no permite que el pueblo comprenda el verdadero mensaje de Jesucristo. Que hay costumbres muy arraigadas que se presentan como mensaje divino cuando son en realidad creación de la propia iglesia y ya son obsoletas. Cita a Santo Tomás de Aquino para decir que en realidad los preceptos dados por Jesucristo son poquísimos y que hay que cuidad que los otros, los añadidos, no conviertan la vida de los fieles en esclavitud. El confesionario no debe ser sala de torturas y la iglesia no es aduana de la gracia, sino lugar de comprensión y misericordia. Con ello propone el abandono de la autoritaria posición juzgadora para tratar de entender mejor al mundo de hoy en día.
Bergoglio no quiere una iglesia enferma por el encierro y la comodidad; ni preocupada por ser el centro; ni clausurada por una maraña de obsesiones y procedimientos. Lo esencial es justicia y misericordia; el vínculo inseparable entre la fe y los pobres.
Con estas bases el papa Francisco se lanza a la crítica profunda de la situación económica del mundo. Su diagnóstico es sencillo pero contundente: la alegría de vivir se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad.
Hay un mandamiento, “no matar” y por ello tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad” porque ella mata. “Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al débil”. La consecuencia es que grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas; sin trabajo, sin horizontes.
Ya no se trata simplemente de explotación, sino de algo más terrible: la exclusión de gran parte de la población. Las teorías que suponen que el crecimiento económico y la libertad de mercado generan equidad e inclusión social no tienen sustento. Expresan una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico. Se ha desarrollado una globalización de la indiferencia incapaz de compadecerse de las vidas truncadas.
Por la adoración del becerro de oro se ha perdido el objetivo humano y se empobrece la mayoría. Se trata de un desequilibrio que proviene de las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que niegan el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Es una nueva tiranía invisible.
Tras esta actitud egoísta de los poderosos se esconde un rechazo de la ética y de Dios. Para estas ideologías Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud.
El mensaje del Papa a los católicos es contundente: ¡muévanse!
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