lunes, 15 de octubre de 2012

¿Tropezón Laboral?


¿Tropezón Laboral?
Jorge Faljo

Las reformas estructurales están más que cantadas. Para beneplácito de los poderes fácticos  Enrique Peña Nieto se comprometió en su campaña con grandes cambios en materia energética, hacendaria, de seguridad social y laboral. En cada una de ellas el corazón de la propuesta es una transformación de fondo que impactará el rumbo económico y social del país. Llevarlas a cabo demandaría, en una sociedad democrática, de un análisis cuidadoso, sopesar alternativas y sobre todo construir un amplio consenso.

Recordemos el elemento fundamental de cada reforma: en la energética hablamos de la venta de Pemex (con nombre maquillado); en la hacendaria de la elevación del IVA; en la de seguridad social de la eliminación de “privilegios” sindicales y la minimización de derechos con el pretexto de la universalización de los mismos y en la laboral se trata de abaratar el costo de la mano de obra, en particular de los despidos.

Estas reformas, largamente acariciadas por el gobierno de Felipe  Calderón obtuvieron el apoyo del presidente entrante; lo que mucho contribuye a hablar de una transición tersa que al mismo tiempo se planteó una rápida instrumentación de estos cambios. Tan buen acuerdo que el gobierno saliente presentó la reforma más problemática, la laboral, como si fuera propia siendo que en realidad es una promesa de campaña del gobierno entrante.

Para facilitarle el camino hace apenas unas semanas se cambió el artículo 71 constitucional para crear el derecho presidencial a enviar  hasta dos iniciativas de ley para “trámite preferente” en la apertura de cada periodo ordinario de sesiones del Congreso. Estas iniciativas preferentes deberán ser discutidas y votadas por la cámara original (diputados o senadores) en un plazo máximo de treinta días naturales y en caso de ser aprobado o modificado el decreto pasará de inmediato a la otra cámara para también ser discutido y votado en otros treinta días naturales.

El presidente Calderón envió el primero de septiembre una iniciativa de reforma laboral bajo este mecanismo preferente que obliga a los diputados, que apenas están estrenando silla, a tomar una decisión inmediata. Aprobar, reformar o rechazar una iniciativa de la mayor importancia al fin de este mes como plazo improrrogable. Dada la alianza PRI – PAN – PVEM en torno a este tema todo parecía súper planchado. Lo previsible era que pese a las propuestas de los sindicatos independientes y la izquierda la gran reforma estructural pasaría sin problema.

Sin embargo, de donde no se esperaba ha surgido un obstáculo. Resulta que los 36 sindicatos que integran el Congreso del Trabajo, incluyendo a la Confederación de Trabajadores de México, los Petroleros y al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación pidieron al presidente electo no respaldar la iniciativa de reforma laboral “propuesta por Felipe Calderón”. Bien por las formas políticas. No están contra su líder, pero si, según ellos, contra una iniciativa de Calderón basada en las viejas propuestas del ex secretario del trabajo Javier Lozano.
Resulta que el sindicalismo corporativo afín al nuevo régimen rechaza el procedimiento apresurado, propone una revisión de fondo de la propuesta durante la actual legislatura y en la práctica se alinea, sin proponérselo, con organizaciones independientes de trabajadores. Tales como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, el Frente Sindical Mexicano, la Federación de Trabajadores del Distrito federal y la Alianza de Trabajadores de la Salud entre otros. Estos últimos ya habían informado que seguirían una estrategia de marchas en contra de la iniciativa. Lo que coloca al sindicalismo corporativo en una situación compleja: ¿se sumarán a las marchas?

Cabe recordar que hace década y media las marchas sindicales, populares y campesinas de las organizaciones priistas eran todavía impresionantes. Pero hace años que estas organizaciones se desmoronan y ya no salen a la calle, tal vez para que sus afiliados no se contaminen.

Dentro de la Cámara de diputados ya se resolvió, tras un poco de jaloneo, que será uno de los dirigentes de la CTM, el diputado Carlos Aceves del Olmo quien presida la Comisión de Trabajo y Previsión Social en la Cámara de Diputados. Es decir la comisión encargada de analizar la iniciativa preferente en materia laboral.
La situación es complicada. Para empezar ya transcurrió la mitad del plazo de 30 días que establece la ley para votar la iniciativa. Lo cual dice mucho sobre lo inadecuado de la reforma constitucional que pretende obligar a una nueva legislatura a tomar decisiones sobre las rodillas.

Ello revela una extraña ingenuidad política, o cierta perversidad. En la primera opción parecería que no se pensó en la necesidad de dialogar con los dirigentes sindicales amigos (táchese amigos y póngase aliados, como dijo EPN). La ausencia de dialogo es tal que Joaquín Gamboa Pascoe, el más importante líder obrero se pregunta si acaso los creen pendejos. La pregunta no es para menos; el régimen anterior se encargó de destruir los bastiones más importantes de la oposición sindical, entre ellos los mineros y los electricistas. Ahora se pide a los sindicalistas “leales” que se suiciden sin hacer ruido.

En la perspectiva de la perversidad podría decirse que algunos piensan que lo mejor para aprobar una reforma de fondo es pasarla de noche, cuando todos están distraídos, con premura y sin reflexión. No es esto lo apropiado en una democracia.

Ahora lo que queda es avanzar a marchas forzadas en una ruta que obligará a la confrontación pues la ley no da tiempo para el diálogo constructivo. Cualquiera que sea el resultado, el gobierno de Peña Nieto, su congreso, habrá de iniciar probando que es capaz de dar los resultados ofrecidos y sacando adelante una gran reforma estructural, o fallando en su primera encomienda. También se ve obligado a definir de inmediato cuáles son sus más importantes aliados: los poderes fácticos o las viejas bases del sindicalismo priista.

Es una definición que habría preferido posponer. Se pueden salvar las formas políticas fingiendo, si no se aprueba, que esta no era la reforma de Peña Nieto. Pero en el fondo sus aliados le han enviado un mensaje importante; que para gobernar conviene consultar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario