domingo, 16 de febrero de 2014

La insurrección “verde limón”

Faljoritmo

Jorge Faljo

Me llamó la atención la declaración del coordinador y vocero de las autodefensas de Michoacán, Estanislao Beltrán, en el sentido de que se decidió a formar ese grupo armado cuando un grupo criminal se apoderó de las empacadoras de limón. Estanislao es un ejidatario y el hecho de haber sido comisario ejidal señala sus capacidades de líder. Tiene tierras sembradas de limón que ya no podía cosechar y vender. Las empacadoras solo procesaban una parte de la producción con objeto de encarecer el precio en el mercado; lo cual lograron y todos los demás sufrimos las consecuencias. Es entonces cuando arrinconado se decidió, con otros, a lanzarse a la insurrección.

Uso una palabra extraña, “insurrección”, y no faltará quien me diga que no está bien empleada. Pero la uso adrede porque creo que Estanislao organizó un levantamiento armado contra el gobierno; no contra el formal, por el que votaron los ciudadanos, sino contra el de facto, el que realmente pasó a gobernar la zona y a controlar la producción regional.

Cuando se revisan los antecedentes de este levantamiento se da uno cuenta de que desde meses atrás se registraban incidentes en torno a la producción de limón. No se permitía levantar la cosecha de muchos productores, se asesinaron piscadores del fruto, se incendiaron empacadoras de limón competidoras y finalmente se concentraron los mecanismos de procesamiento y comercialización bajo el control monopólico de un grupo.

No se trata tan solo de la producción de limón sino que lo mismo se da en torno del aguacate, la papaya, toronja, lima y otras frutas, de los aserraderos y de todo tipo de producción y comercio. Lo que tenemos es claramente un conflicto por los recursos productivos y el control de la comercialización en la llamada tierra caliente de Michoacán.

El gobierno se vio obligado a tomar una decisión muy difícil al aliarse a las autodefensas. Durante décadas la política pública se orientó a ignorar y desintegrar las organizaciones sociales de base. Se desmanteló todo el gran aparato institucional con el que instrumentaba una alianza efectiva con los pequeños productores agropecuarios. Se destruyó, minimizó o privatizaron: CONASUPO, BORUCONSA, INMECAFE, FERTIMEX, TABAMEX, BANRURAL, los servicios de extensionismo, ANDSA y otros organismos públicos.

Con ello el estado le dio la espalda al campo y las organizaciones campesinas, rurales y sociales en general se debilitaron en extremo. Hoy en día un ejido, una organización central en la historia del país y en su conjunto poseedores de gran parte de la superficie nacional, no tiene personalidad jurídica ni para abrir una cuenta bancaria o solicitar información de programas públicos.

Dicen que en política no hay espacios vacíos; tan pronto alguien deja un lugar otro lo habrá de substituir. Lo mismo puede aplicarse a los negocios; si una empresa tropieza y deja de abastecer el mercado otra la reemplazará de inmediato.

También es aplicable a la organización económica, social y política; aquella que puede ordenar la producción, el comercio e imponer reglas de comportamiento en un territorio determinado. De hecho aquí nos acercamos a lo que es la definición de un Estado (con mayúsculas) como entidad política que domina un territorio y es capaz de imponer sus reglas en ese espacio.

Michoacán nos muestra un territorio que el Estado abandonó y este vacío fue ocupado por una organización alternativa que gobernaba de facto. Su estrategia era violenta, de beneficio para unos cuantos y en detrimento de la destrucción de la pequeña producción y el empleo. Pero logró imponerse sobre el conjunto de la población e incluso infiltrar las estructuras del gobierno legal substituyéndolo en la práctica. Es curioso pero cuando lo escribo de esta manera me doy cuenta de que es inevitable pensar en cierto paralelismo entre el comportamiento neoliberal del estado formal y el que se impuso en ese estado.

El hecho es que el levantamiento armado contra el gobierno criminal ha obligado a reaccionar, así sea de manera limitada, al gobierno legal para reestablecer su presencia en alianza con la organización de productores. Se ha entablado un dialogo entre unos y otros en el que las autodefensas reclaman gobierno real y piden, por ejemplo, más infraestructura educativa, canales de riego, empacadoras de limón, de mango, oportunidades de empleo.

Lo ocurrido en Michoacán debe ser reflexionado profundamente para definir una estrategia de recuperación del territorio, de la presencia del estado y de la organización social. No hablo de armas, crimen ni de combatir la violencia con violencia, sino de lo contrario. De presencia social organizada en torno de la producción y el empleo con una fuerte presencia y alianza con el estado protegiendo e impulsando las partes sanas de la sociedad, de la producción y del empleo en aquellos espacios que abandonó en detrimento de todos.

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