domingo, 29 de marzo de 2015

A otra cosa mariposa

Jorge Faljo

La Secretaría de Hacienda ha anunciado que para el 2016 se diseñará un presupuesto “base cero”. Lo que significa es un presupuesto que no responde a inercias sino que se elabora sobre, digamos, una hoja de papel en blanco para expresar lo ideal y no lo que realmente existe.

Haga de cuenta que usted toma lápiz y papel y, según sus ingresos, empieza a decidir cuánto gastar en alimentos, en transporte, ropa, diversiones y demás. La palabra clave es “debería” porque ello significa que ya tiene en mente como deben ser las cosas. Lo cual podría ser diferente, o incluso estar bastante alejado de cómo es que realmente distribuye su dinero.

En este caso Hacienda emplea el término para advertirnos no solo de una redistribución del gasto, sino de un recorte severo. Ante ello muchos señalan que buena parte del gasto está comprometido y el porcentaje susceptible de modificación es bajo como para hablar de un presupuesto base cero. Pero otros se han entusiasmado con la idea e incluso hablan de modificaciones legales que le eliminen responsabilidades al Estado, tales como sus compromisos de gasto en educación, salud, programas sociales, relaciones laborales, pensiones y más. Es decir que desde el extremo neoliberal se aprestan a una reducción del gasto público fuertemente en contra del interés mayoritario.

Regresando al ejemplo hogareño si Ud. quisiera modificar a fondo su distribución del gasto no sería tan fácil e inmediato. Supongamos que decide que no más del 20 por ciento de su ingreso debe ir al alquiler de vivienda y no más del 15 a gastos escolares; entonces tal vez se vea obligado a buscar otro departamento y a cambiar a sus hijos de escuela.

Lo más saludable para reformar su presupuesto sería consultar a su mujer y a sus hijos, sobre todo si son adolescentes rebeldones. Es decir que diseñar un presupuesto base cero debe hacerse siempre de manera participativa, tomando en cuenta los diversos intereses y dispuesto a negociar. Hacerlo porque le bajaron el sueldo complica fuertemente la situación.

Elaborar el presupuesto público federal es responsabilidad de la Cámara de Diputados para, supuestamente, tomar en cuenta todos los intereses y equilibrarlos de acuerdo a su fuerza política. Esa es la teoría; la práctica nos señala que en realidad lo hace Hacienda y los diputados solo regatean ajustes menores.

Hacienda informa que el presupuesto lo hará con el apoyo del Banco Mundial. Conjuntamente definirán el presupuesto ideal y lo deberán someter a la aprobación de la Cámara de Diputados. Así que los resultados de las elecciones de junio próximo serán determinantes de lo fácil o problemático que será negociarlo. Lo más preocupante es que este gobierno no ha mostrado comprensión de los intereses mayoritarios sino que se guía por sus intereses de grupo y dogmas casi religiosos en su mala comprensión de la economía y la política.

El ajuste presupuestal incluye lo que amenaza ser un severo recorte de empleos. El subsecretario de Egresos de Hacienda, Fernando Galindo declaró que se debe redimensionar el tamaño del sector público para contar con un gobierno austero, que se apriete el cinturón y “que tenga las mínimas plazas indispensables para operar de manera eficiente”. ¿De qué tamaño es la pedrada?

Supongamos (es decir que invento) que se deshacen del 15 por ciento de los empleados públicos de los tres niveles de gobierno; eso significaría despedir a unas 350 mil personas. Eso en un país con un gran rezago en la creación de empleos.

Banco de México acaba de declarar que tenemos un débil desempeño económico por un menor dinamismo en las exportaciones y la debilidad del consumo. El problema no es producir, campo e industria están funcionando por debajo de sus capacidades instaladas y su potencial de crecimiento. El problema fuerte es el deterioro en las capacidades de compra a pesar de los avances tecnológicos y de productividad.

El gobierno es un consumidor clave en México. La experiencia reciente nos muestra que el rezago en el gasto, como en el 2013, le pega muy duro a todos sus proveedores y a la economía en general. Reducir su gasto será un golpe a la economía y despedir personal reducirá las capacidades de negociación de las clases medias. Lo que las empresas aprovecharán para apretar salarios. Hay que entender que golpear al consumo es golpear la producción y genera una espiral de deterioro.

La austeridad y el recorte de empleos son medidas simplemente reactivas. Lo peor es que están centradas en el gobierno, como diseñadas por un administrador de empresas. Es decir que les falta visión nacional y es en ese espacio donde es posible pensar en alternativas.

El problema coyuntural es la fuerte caída en la captación de dólares; lo que los elevará de precio todavía más. La estrategia neoliberal sería dejar que todo suba por igual. Una alternativa sería limitar la entrada de ciertos productos para ahorrar dólares en esos rubros y dejar que haya más dólares para lo que se considere más importante.

Por ejemplo, establecer aranceles a las importaciones de productos asiáticos, región con la que tenemos un enorme déficit comercial, tendría un triple efecto positivo. Ahorraría dólares para dedicarlos a otras prioridades. Crearía espacio de mercado para la producción interna mediante el aprovechamiento de capacidades instaladas. Sería una fuente importante de nuevos ingresos para el gobierno.

Una política industrial proteccionista generaría condiciones de rentabilidad que abriría una oportunidad para revertir el terrible deterioro salarial que ahoga el mercado interno. Podríamos entonces generar una espiral positiva de rentabilidad, producción y fortalecimiento del mercado interno.

Ante todo hay que reconocer que el dogma neoliberal no nos funcionó; así que a otra cosa mariposa.

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