domingo, 27 de mayo de 2012

Abran paso a la política


Abran paso a la política
Jorge Faljo
Durante treinta años un pequeño grupo, de hecho hacia el final del periodo una sola familia, concentraba el poder y cada vez más de la propiedad y las empresas en Túnez. Las relaciones de poder dentro de ese país, las formas de hacer política, estaban determinadas por el inmovilismo, por la preservación de lo mismo. Hasta que un día un joven, continuamente fastidiado por la policía que no le dejaba vivir de su pequeño puesto de frutas, decidió prenderse fuego. Su larga agonía fue terrible y le prendió fuego al país entero. Organizada por las redes sociales la juventud se lanzó a las calles para hacer verdadera política, de la que realmente discute sobre cambios de fondo y el destino del país. A esa movilización le bastaron pocas semanas para derribar a la antigua dictadura.
El ejemplo se extendió a Egipto y luego a Libia donde de nueva cuenta fue la juventud la que se opuso a continuar fingiendo que creía en una política de mascarada donde lo único que estaba en juego era el reparto de prebendas grupales y personales entre mafias del poder económico, político y militar. La entrada de los jóvenes obligó de nueva cuenta a repensar el país, empezando por el rechazo a las estructuras de poder existentes.
A los cambios en el norte de África se les llamó la primavera árabe y no cabe duda que inspiraron otros movimientos en Yemen y Bahréin y cambios preventivos en Marruecos y otros países. También en Europa y Estados Unidos, Israel, Chile y muchos otros lugares la sociedad, sobre todo los jóvenes educados, alza su voz en los movimientos de los indignados, los ocupas, los 99 por ciento.
Saben que la globalización ha entrado en su peligrosa etapa agónica y que su destino dentro del actual modelo económico es la exclusión. Ningún otro futuro les vaticina la avalancha autodestructiva de empresas y empleos y el gigantesco desperdicio de capacidades y recursos productivos que caracteriza al planeta entero.
Durante meses me preguntaba y preguntaba a mis amigos ¿Qué ocurre en México que no pasa nada? El dominio de la política de mascarada, del conflicto de intereses cupulares manejado dentro de estrictas normas rituales, de la democracia irrelevante, parecía completo. La esgrima partidaria acotada por los medios de comunicación y esencialmente limitada al reparto de posiciones, buenos sueldos y oportunidades de lucro.
Ahora, de repente como en tantos otros lados, un nuevo actor toca a la puerta y exige ser escuchado. Se trata de la juventud y de cajón diré “educada”, porque   en realidad no creo que haya juventud no educada. Podrá no ser universitaria o no estar en escuelas de paga, pero hoy en día es siempre educada. Sabe distinguir la superchería, el juego de simulaciones y la palabrería, donde se atrinchera el inmovilismo de fondo en una sociedad cuyo modelo económico nos asfixia.
La pregunta es ¿Qué pasó en los últimos días? Y solo cabe responder: lo mismo que en otros lados del planeta. Se dio el chispazo que encendió los ánimos e hizo reaccionar a los jóvenes. Un chispazo que en todas partes ha sido la agresión desde el poder, el desprecio a la inteligencia, el insulto. A los jóvenes no les gusta que les digan que se hizo justicia donde no la hubo, que los llamen porros, vendidos y manipulados, que no les permitan hablar y no los quieran escuchar.
¡Aguas con estos actores! Desestabilizan la política ritual porque no buscan puestos y prebendas personales sino cambiar el país; porque no se subordinan a líderes que pueden ser comprados sino que actúan juntos en plena libertad individual; porque cuentan con un instrumento valiosísimo, el de la comunicación directa entre ellos sin que pase por los filtros del poder; porque no aceptan la simulación de la política como teatro Kabuki.  
Con la juventud como nuevo actor que desestabiliza los viejos equilibrios inmovilizadores se abre camino a la política real, la que coloca en la mesa de discusión las opciones de fondo que tiene la sociedad mexicana. Su sola presencia y sus voces cuestionan la capacidad de los partidos políticos para representar a la sociedad mexicana; ponen en duda la validez de los mecanismos meramente electorales como cauce suficiente a una democracia efectiva; desmienten las imágenes ultramaquilladas y manipuladas, a favor de unos y en contra de ellos, que presentan los medios.
Luchan contra el engaño y eso empieza a cambiarlo todo; al grado de que las certezas de hace apenas unas semanas se cambian por sanas incertidumbres. Su impacto es muy superior al del mísero debate, atole con el dedo, que nos asestaron como graciosa concesión los medios.
Los actores de la política Kabuki comprendieron rápidamente que el ataque directo a la juventud no hace sino echar leña al fuego. Han creado rápidamente un guión que por un lado habla de respeto a la manifestación de ideas y abre pequeños espacios manipulados en los medios y por el otro lado busca descalificar a los jóvenes como agresores con posiciones inconsistentes.
Ahora el poder es cuestionado en todas partes y se ve obligado a auto contenerse porque ahora existe la posibilidad de que cada acto represivo sea fotografiado, filmado y colocado en las redes sociales.
No es posible saber con certeza que es lo que sigue. ¿Acaso una primavera mexicana? De momento solo puede asegurarse que los últimos días han sido de una efervescencia creciente. Los 131 alumnos de la Ibero que dieron la cara hicieron un acto de afirmación ciudadana que liberó enormes fuerzas antes subterráneas y que ahora aflora. Se identificaron con sus credenciales y dieron sus nombres; lo que en este país es una audacia revolucionaria.
Decenas de miles se suman ahora al reclamo central de liberar al país recuperando la palabra, el espacio público y democratizando a los medios. El futuro está en las manos de todos aquellos que dicen: Yo soy el 132. 

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