jueves, 2 de agosto de 2012

Cierre de empresas manufactureras


Cierre de empresas manufactureras
Jorge Faljo
Desde hace una par de años espero que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía –INEGI-, actualice la Información de la Encuesta Industrial Mensual –EIM-, de manera compatible con los datos para los años noventa y hasta el 2008. Antes era posible seguir la evolución de una muestra de establecimientos manufactureros específicos; los de mayor importancia.
No hablo simplemente de conocer las cifras de conjunto de una actividad económica, por ejemplo el total de la producción de textiles y prendas de vestir. Porque las cifras totales nos dicen poco sobre algo de suma importancia; la destrucción de capacidades industriales que caracteriza nuestro modelo económico. Anteriormente la EIM constituía, casi por descuido, el único indicador que nos daba idea del enorme costo en establecimientos, empleo y potencial productivo perdidos.
En México la apertura de una nueva empresa o línea industrial no ocurre en un contexto de fortalecimiento del poder de compra de la población. Por ello el incremento de una línea de producción o la creación de un establecimiento tecnológicamente avanzado tiene como lado disimulado la destrucción de las líneas de producción o de las empresas “rezagadas”. Nuestra baja dinámica de crecimiento se origina en la autodestrucción.
No hay suficiente inversión manufacturera en México y la que si ocurre es casi tan destructiva de la competencia como lo que aporta a la producción; hablando de empleo se diría que es más destructiva que constructiva. Lo nuevo no se suma a lo anterior sino que lo substituye.
Estamos peor que Alicia en el país de las maravillas que tenía que correr lo más que podía para permanecer en el mismo sitio. Nosotros corremos, atraemos inversión externa, se otorgan privilegios fiscales y de mercado, y retrocedemos.
Lamentablemente INEGI ha decidido romper con aquella metodología y negarnos el seguimiento de grupos específicos de empresas. ¿Qué es lo que era posible saber anteriormente?
La encuesta industrial mensual daba seguimiento al grupo de empresas que en cada momento cubrían el 80 por ciento o más de la producción  para cada una de las nueve principales actividades económicas. La metodología implicaba que  podían entrar a la muestra nuevas empresas pero que se salía de ella solo por desaparición del establecimiento
Podíamos enterarnos, por ejemplo, que en 1995 1,298 establecimientos generaban algo más del 80 por ciento de la producción textil, de prendas de vestir y del cuero. En el 2008 lo hacían menos de la mitad, tan solo 611 establecimientos. En 13 años cerraron por lo menos 687, el 53 por ciento de las unidades de producción originales.
Otras actividades económicas reflejan una situación tal vez no tan grave pero  similar. De los 162 establecimientos de la industria metálica quedaban 122 en 2008; las 1505 productoras de metálicos, maquinaria y equipo eran tan solo 929 en el 2008. Y así en todo el panorama manufacturero.
Esto nos lleva a varias reflexiones. La EIM permitía descubrir parte de la mortandad de empresas, en este caso de las mayores; sin duda ha sido peor para las unidades medianas y pequeñas.
Por otra parte la EIM no nos da, aunque se le pida, cuales son las nuevas incorporaciones a la muestra año con año. Esto quiere decir que en su muestra todos los establecimientos originales de 1995 podrían ya no existir en el 2008. No lo creo así, pero sería muy importante conocer el dato exacto.
Lo que interesa destacar es que este modelo económico le impone al país una enorme destrucción de establecimientos, de líneas de producción dentro de cada empresa y, en general de capacidades industriales y de puestos de trabajo. Los establecimientos que podían producir camisas, zapatos o maquinaria y equipos suficientemente buenos en 1995 fueron arrasados. Substituidos por importaciones o por tecnologías más avanzadas que, sin embargo, no crearon suficiente empleo, no generaron mayores ingresos y no nos hicieron avanzar.
No es que no se desarrollen capacidades tecnológicamente avanzadas (aunque se hace poco y en condiciones de monopolización de la producción), sino que este avance no necesariamente tendría que ser pagado arrojando por la ventana lo que existía antes.  
Otros países instrumentan arreglos de mercado, de política industrial, fiscal, y comercial orientados a producir tanto con tecnologías nuevas y también, en paralelo con el aparato industrial algo más viejo (de hace 10 o 20 años). Esto es posible, pero implica que en el mercado la nueva producción se suma a la vieja (sin destruirla) en un contexto de incremento del consumo de la población.
Solo un decidido fortalecimiento del mercado interno puede ser soporte de una reindustrialización exitosa. Caminar con dos pies industriales nos permitiría entrar a un proceso de crecimiento acelerado con bienestar creciente.
Y ojalá el INEGI proporcione información útil en lugar de esconder en el closet los  esqueletos del modelo. 

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