viernes, 20 de enero de 2012

El Impuesto Tobin

El Impuesto Tobin
Jorge Faljo
Hoy en día los grandes capitales, gigantescas “masas” de docenas o cientos de miles de millones de dólares, se mueven de una inversión a otra constantemente y casi a la velocidad de la luz. Cuando menos a la velocidad que se lo permite el manejo de la información digital. Basta un teclazo en una computadora para vender o comprar bonos, acciones, divisas de cualquier país, contratos a futuro de mercancías que todavía no existen (granos, algodón, metales, petróleo) o hacer una gran diversidad de “apuestas”, también llamadas “seguros”, acerca del precio de equis o ye, e incluso sobre las posibilidades de incumplimiento de contratos.
Los capitales no solo se mueven de un lado a otro a extrema velocidad sino que apoyados por computadoras y modelos matemáticos deciden sobre compras y ventas en busca de ganancias instantáneas. Un movimiento que podría parecer insignificante en el precio de un activo (acción, bono, divisas o lo que sea) puede hacer que las computadoras desencadenen la venta o la compra de decenas de miles de millones de dólares. Por lo menos en un par de ocasiones han ocurrido fuertes caídas en los precios de las acciones en grandes bolsas de valores, y enormes pérdidas, que solo han podido ser explicadas por algún defecto del modelo matemático que desencadenó una espiral de ventas de pánico, si es que las computadoras pueden sentir pánico.
Sin embargo incluso una ganancia muy pequeña, dólar por dólar, puede ser significativa por dos razones. Una es que los movimientos son de miles de millones de dólares y la otra es que esa ganancia, centavera o mayor, ocurre en un instante y deja a los capitales listos para obtener otra en el siguiente instante. Los grandes, verdaderamente grandes capitales del planeta, no obtienen sus ganancias de la producción sino de la especulación financiera digitalizada.
Uno de los impactos de esta situación es que el capital financiero acentúa la volatilidad de precios de la economía real. Si, por ejemplo, se anuncia una importante pérdida de la cosecha de cereales en, digamos Rusia o Argentina, lo previsible es que los precios de los granos suban. Lo que hacen los inversionistas financieros es adquirir contratos de compra futura de granos; su demanda no se origina en necesidades de consumo sino en aprovechar la oportunidad de ganancia. Una alta demanda especulativa puede elevar los precios de los granos de manera desproporcionada. La estampida de capitales a favor o en contra de un activo puede alterar fuertemente el precio de los productos, de las acciones de las empresas e incluso de las monedas de los países.
James Tobin, un renombrado economista, expuso en 1972 que los movimientos masivos de capitales entre monedas y países eran de tal magnitud que los gobiernos y las economías nacionales no eran capaces de ajustarse a sus impactos sin grandes sacrificios en términos de producción, empleo e inflación. Ante tal situación propuso un impuesto a las transacciones financieras con el propósito de “arrojar algo de arena en el engranaje de los excesivamente eficientes mercados financieros”, eficiencia que ha aumentado notablemente en los últimos cuarenta años.
En 1981 Tobin recibió el premio Nobel de economía pero su propuesta nunca se ha instrumentado por el supuesto de que el país que lo haga sería “castigado” por la huida masiva de capital financiero.
El impuesto a las transacciones financieras, ampliamente conocido como tasa Tobin, no es un impuesto a la ganancia o al patrimonio. Lo que grava es la compra de activos financieros, en particular el cambio de una moneda a otra. Un razonamiento a favor es que si usted o yo tenemos que pagar impuestos por comprar un auto o una televisión, ¿porqué los grandes inversionistas no han de pagar impuestos por comprar activos financieros con propósitos especulativos?  
Tal impuesto sería un gravamen porcentual bajo; digamos entre una y cinco decimas del uno por ciento. Si un inversionista financiero compra acciones, divisas u otros activos por un millón de dólares pagaría entre mil y cinco mil dólares. Visto así es un impuesto ridículamente bajo. Sin embargo los grandes capitales especulativos se oponen por dos razones principales. Una es que un décimo de punto porcentual en una transacción (suponga 10 mil  millones de dólares en movimiento, pagarían 10 millones de dólares) se sumaría a otro décimo en la siguiente transacción. La segunda razón y más importante es que temen la creación de un precedente.
Me parece que si usted o yo invertimos en la bolsa o compramos dólares pagar un centavo por cada diez dólares, o un dólar por la compra de mil, es un impuesto bajo porque lo que haríamos sería una inversión relativamente estable. Pero un gran fondo de inversión con transacciones computarizadas y modelos matemáticos en búsqueda permanente de inversiones instantáneas podría estar haciendo diez transacciones diarias, o 100 mensuales. En cuyo caso el impuesto se vuelve alto hasta obligar al inversionista a restringir la velocidad de sus movimientos especulativos y orientarlos hacia expectativas de ganancia menos centaveras.
La idea de un impuesto a las transacciones financieras es vieja y ha sido presentada en numerosos foros internacionales; siempre sin llegar a su aplicación concreta debido al temor a las reacciones del gran capital.  A lo largo de su historia se presentó como una bandera de las izquierdas, combatida por la derecha asociada a los intereses de la ganancia financiera.
Ahora la crisis de la globalización ha vuelto al mundo de cabeza en muchos aspectos y el impuesto a las transacciones financieras se pone de nuevo a discusión por nada menos que los principales dirigentes de los países que comparten el euro como moneda común. Ángela Merkel, canciller alemana, como Nicolás Sarkozy, presidente francés, están de acuerdo, en principio, en establecer un impuesto de ese tipo. Existen sin embargo diferencias de fondo sobre la manera de instrumentarlo: sea como una medida de conjunto de toda Europa o país por país. Inglaterra, un importante centro mundial de transacciones financieras, establece una condición imposible: que se adopte a nivel mundial.
Nicolás Sarkozy ha dado la sorpresa al considerar la posibilidad de instrumentarlo en Francia como un ejemplo que después seguirían otros países. La decisión se tomaría a fines de enero después de pláticas con otros dirigentes europeos. La propuesta del presidente francés tiene claras implicaciones políticas. El busca la reelección el próximo 22 de abril y 6 de mayo (hay dos vueltas electorales). Al retomar una propuesta de izquierda ha conseguido desbalancear a sus contrincantes.
El impuesto a las transacciones financieras ya no es visto como mera arena en el engranaje especulativo, sino como una real fuente de ingresos fiscales en un país agobiado, como toda Europa, por sus deudas, la necesidad de mayores ingresos fiscales y una población enojada por la reducción del gasto social, el deterioro de la calidad de los servicios públicos, la caída de los ingresos reales y el incremento de impuestos. La única salida para un presidente de derecha a punto de enfrentarse al voto ciudadano parece ser esta propuesta de un impuesto al capital financiero. Esperemos que sus consideraciones sean permanentes, más allá de la mera urgencia electoral.
México es un país destacado en el plano internacional por sus muy bajos impuestos; incluso ha sido comparado con paraísos fiscales tipo Islas Caimán. Pero lo cierto es que el bajo nivel impositivo general se debe a los bajos impuestos a los grandes consorcios productivos y los nulos impuestos a la ganancia financiera, al gran patrimonio, a las grandes herencias y, por supuesto a las transacciones financieras. Los trabajadores, consumidores y la mayoría ciudadana pagan tarifas e impuestos elevados.
Ángel Gurría, como presidente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE-, nos acaba de recordar la urgente necesidad de una reforma fiscal en México. Necesitamos un estado que funcione, que invierta lo necesario para proporcionar buenos servicios públicos, que sea un activo agente dinamizador de la economía y garante del bienestar social. Se requieren nuevas fuentes de ingreso y para ello es indispensable afectar lo que hasta ahora ha sido  privilegiado. 

martes, 10 de enero de 2012

Guerras cambiarias


Guerras cambiarias
Jorge Faljo
El departamento del tesoro norteamericano acaba de criticar severamente las políticas monetarias de tres países debido a que se orientan al debilitamiento, es decir al abaratamiento, de sus monedas. La critica lleva incluso al planteamiento de orientaciones alternativas en las estrategias económicas de China, Corea del Sur y Japón.
El reporte de diciembre pasado sobre tasas de cambio señala una encarecimiento relativo del renminbi, la moneda china, que se traduce en un menor superávit comercial; es decir en menores exportaciones y mayores compras. Lo que sin duda conviene a los Estados Unidos en sus propios esfuerzos por dinamizar su aparato productivo exportándole a China y limitando la competencia externa dentro de su mercado.
A pesar de ello el Tesoro norteamericano sostiene que el fortalecimiento de la moneda china sigue siendo insuficiente. Algunos cálculos oficiales norteamericanos sitúan el renminbi como un 25 por ciento más barato de lo que debería estar. Por otro lado las organizaciones industriales norteamericanas consideran esta subvaluación cercana al 40 por ciento.
La disputa entre estas dos potencias debido a la paridad cambiaria es bastante vieja. China ha ido fortaleciendo su moneda muy poco a poco pero continúa siendo el centro de un fuerte desequilibrio comercial mundial que, por cierto le resulta muy conveniente. Es claro que su papel como potencia exportadora, con un acelerado crecimiento industrial, fuerte creación de empleos, y rápida elevación de salarios se sustenta en lo barato, lo “débil” de su moneda. Es como competir otorgando un descuento de 40 por ciento en todo lo que vende.
La crítica norteamericana no se limita al gigante oriental. Se extiende a los esfuerzos de Japón y de Corea por impedir el encarecimiento de sus respectivas monedas. Desde la perspectiva norteamericana las tres monedas deben fortalecerse, hacerse más caras, para disminuir sus exportaciones y aumentar sus compras a los Estados Unidos. El reporte del Tesoro norteamericano los exhorta a incrementar su consumo interno y no sus exportaciones como eje de su futuro crecimiento.
En un planeta crecientemente ahogado por la sobreproducción invendible (por eso cierran las empresas y se deja de crear empleo), el gran tema es cuales economías lograrán preservar sus empresas y cuales las dejarán quebrar. Un factor decisivo es la relación cambiaria entre las distintas monedas; las monedas caras disminuyen la capacidad de exportación de un país y lo convierten en comprador de productos importados. Por lo contrario, se impulsa la producción, el empleo y el crecimiento internos de todo un país cuando este tiene una moneda barata.
Es muy claro el interés norteamericano. Presiona a los demás para que tengan monedas fuertes porque de esa manera consigue una debilidad relativa para su propia moneda. Cuando los demás, en este caso China, Japón y Corea, encarecen su producción los consumidores norteamericanos se orientan a comprar productos nacionales.
México se ve incluso más afectado que los Estados Unidos por la política China debido a que seguimos la política contraria. Nos empecinamos en una moneda “fuerte”, sobrevaluada, que dificulta enormemente a las empresas mexicanas el competir en el mercado internacional e incluso en el mercado interno.
Es difícil competir con monedas que podrían considerarse en situación de equilibrio; Pero realmente es imposible competir con una moneda subvaluada como la de China porque en este caso al encarecimiento de nuestra producción se suma el abaratamiento de la de ellos. Podría ejemplificarse de la siguiente manera: un producto que China vende con 25 por ciento de descuento (por lo menos) México lo vende con 25 por ciento de sobreprecio en función de las paridades de ambas monedas.
En estas condiciones no es sorprendente que nos veamos invadidos de productos chinos y que ellos generen empleo y eleven salarios mientras que nosotros no, ni en cuenta.

domingo, 8 de enero de 2012

2012: Perspectiva Mundial

2012: Perspectiva Mundial
Jorge Faljo

Nuestro saludo tradicional para estas fechas es feliz navidad y prospero año nuevo. Pasar bien la navidad y el fin del año es algo que depende sobre todo de nosotros. Por otra parte la segunda parte del saludo, aquello de tener prospero año nuevo depende cada vez menos de nosotros y más del resto de la economía nacional e incluso mundial.  
La dirigencia financiera del país no ha dudado en advertirnos del riesgo creciente que presenta la economía mundial para México; han llegado a mencionar incluso la posibilidad (que no probabilidad) de un evento catastrófico de consecuencias imprevisibles. Conviene el optimismo, y también tratar de entender de qué riesgos hablan para, tal vez, como sociedad prepararnos para lo que pudiera ocurrir.  
La economía mundial enfrenta una alta incertidumbre financiera. Por muchos años Europa construyó un buen mercado común que incluía no solo la libre circulación de bienes, sino mucho más importante, de los trabajadores y sus familias. Hace 10 años 300 millones de europeos decidieron adoptar una moneda común, el euro, en lo que fue un punto culminante del acercamiento entre pueblos y culturas; de construcción de una gran economía y de lo que se pensó era una garantía para la paz, la convivencia social y el bienestar generalizado.
Lamentablemente el enorme experimento fracasó y hoy las grandes interrogantes son si esa unión se disolverá de manera ordenada o en medio de un caos de graves consecuencias mundiales. Es muy probable que en el 2012 seamos testigos de transformaciones de gran magnitud; la probabilidad de que no sean buenas es muy alta, pero también es posible que las mayorías hagan oír su voz y consigan empezar a revertir las tendencias autodestructivas y priorizando el interés social.
Para empezar lo que se asoma es el fantasma de la insolvencia de los gobiernos europeos. El Fondo Monetario Internacional acaba de señalar que pese a los préstamos de salvamento otorgados a Grecia y la quita del 50 por ciento de la deuda griega no cree que este país pueda pagar. Sobre todo porque a pesar de incrementar los impuestos y reducir el gasto social el gobierno no puede extraer mucho de empresas al punto de la quiebra y de una población ya muy enojada.
La quita de la deuda griega ha asustado a los inversionistas financieros que nunca habrían imaginado tener ese nivel de pérdida. Creían que un país europeo sería apoyado por los demás todo lo que fuera necesario para pagar el 100 por ciento de sus deudas. Ahora que se ha roto esa creencia los inversionistas desconfían de todos los gobiernos. Su desconfianza se asocia a lo que algunos llaman contabilidad creativa que disimuló el endeudamiento griego. Lo mismo ocurría en España, según el nuevo gobierno.
Imagine que cada mes usted paga parte de lo que debe en su tarjeta de crédito pero también vuelve a endeudarse un poco más hasta que en algún momento llega al tope de su crédito. Así están los países europeos; se han endeudado al tope y en cada renovación de deuda los prestamistas elevan sus tasas de interés. Un país que podía pagar tasas de interés del 3 o 4 por ciento ahora tiene que pagar el 6 o 7 por ciento. (Mucho más en el caso griego).  
Para enfrentar la situación los gobiernos europeos están elevando impuestos, disminuyendo sus ayudas a grupos vulnerables, prolongando la edad de jubilación, elevando tarifas por servicios públicos (electricidad, agua, transporte), y disminuyendo el gasto público con importantes deterioros en los sistemas de salud, educación, mantenimiento de infraestructura y otros. El golpe al consumo disminuye las ventas y las empresas, en feroz competencia, tratan de incrementar su rentabilidad por la vía del despido de trabajadores y la disminución salarial. Lo que alimenta la espiral negativa de reducción del consumo y quiebra de empresas.
El primer ministro de Bélgica habla de la destrucción de sectores enteros de la economía real. En Inglaterra quiebran comercios, en España disminuye la venta de autos, baja la producción industrial alemana. No son sino ejemplos entre la multitud de señales negativas.
Nunca como ahora se habían enfrentado los intereses del capital financiero con los de la empresa productiva, los trabajadores y la sociedad. La disyuntiva es dramática; para pagar hay que apretarse el cinturón gobiernos y familias, reducir el consumo, la producción y el empleo; abandonar las responsabilidades sociales del sector público. Por lo contrario, continuar por la senda del incremento de la producción y el bienestar requeriría reducir drásticamente la ganancia financiera, empezando por quitas significativas de las deudas.
Mientras que las pérdidas de los capitales financieros impactan a una pequeñísima minoría, el deterioro de la economía real pega a toda la población de Europa y de hecho, del mundo. No se puede evadir esta reflexión porque la falta de empleos y perspectivas, sobre todo para una juventud educada y con ganas de trabajar, está alimentando una creciente rebeldía social.
Algo que hay que subrayar es que para la mayor parte de los grandes capitalistas la fuente de ganancias ya no se encuentra en la producción sino en sus préstamos a particulares y gobiernos. Los intereses del capital financiero se han apoderado de buena parte del planeta.
México ha instrumentado una política que ha generado ganancias que sobresalen a nivel mundial para el capital financiero. El reverso de la moneda ha sido la enorme destrucción de empresas y puestos de trabajo que es característica de nuestro modelo económico y de la operación de la economía globalizada. Lamentablemente el 2012 parece anunciarnos más de lo mismo. Existe una mala perspectiva mundial y sin embargo el nivel de vulnerabilidad de cada país es muy diferente, depende de su propia estrategia económica. Para nosotros los canales de transmisión de la vulnerabilidad son muy fuertes.
El país se encuentra “cargado” de capitales volátiles atraídos por condiciones de privilegio (ni siquiera pagan impuestos) cuya entrada del 2009 a mediados del 2011 infló las ganancias de la bolsa de valores y revaluó el peso. De su comportamiento no regulado depende en gran medida el bienestar de todos los demás. Un riesgo importante es que el gobierno mexicano agote las reservas y se endeude para no pagar ahora el costo de sus políticas previas. Existe un fuerte interés político en posponer una mayor devaluación.
De acuerdo al Fondo Monetario Internacional la crisis financiera europea podría contagiarnos a través de la banca “mexicana” de propiedad europea que se eleva a un 40 por ciento en el caso de México. Esa desnacionalización podríamos terminar pagándola muy cara.
Los riesgos de la economía real son también grandes. Se está reduciendo la demanda de productos mexicanos en el exterior y se están creando fuertes volúmenes de sobreproducción industrial invendible en Europa y los Estados Unidos. China se verá obligada a reducir sus ventas en aquellos espacios y muy probablemente recurra, como otros, al dumping. Es decir que el mercado nacional puede ser invadido de mercancías baratas, subvaluadas, generando una gran destrucción de empresas y empleos.
Termino contando que recién hablaba con un amigo argentino que me presumía la política de reindustrialización de su país por la vía de la substitución de importaciones. Sobre esto espero documentarme un poco más. Pero lo indudable es que proteccionismo, reindustrialización y substitución de importaciones son allá parte del vocabulario normal mientras que aquí se encuentran satanizados.
Ojalá y el 2012 sea el año del cambio de estrategia económica en México. Necesitamos crecer apoyados en una moneda competitiva, una estrategia de reindustrialización definida, una política social que sea a la vez impulsora de la pequeña y micro producción, una decidida protección al empresariado productivo rural y urbano y, obviamente de los trabajadores.  O seguiremos en retroceso. 


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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Aire a la iglesia y a la política

Aire a la Iglesia y a la política.
Jorge Faljo

Como típico albazo se aprobó en la cámara de diputados una reforma al artículo 24 constitucional que establece “el derecho a la libertad de conciencia y de religión” y a “practicar individual y colectivamente, tanto en público como en privado, las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre que no constituyan un delito”.
El proceder reflejó la disposición del aparato priista a disciplinarse. Resulta paradójico que al impulsar el derecho a la libertad de conciencia individual, necesariamente asociada a la reflexión, al debate y a la defensa de las convicciones personales, se destacó notablemente su ausencia.
Falta aún la aprobación del Senado y de una mayoría de los congresos estatales; pero es el momento de explorar los impactos previsibles de este cambio constitucional. Uno es la posibilidad de practicar actos de culto en prácticamente cualquier espacio público o privado; otro es la entrada de la iglesia católica como un actor principal al espacio mediático, sobre todo radio y televisión; finalmente se desdibuja la distinción entre religión y política al grado de que curas, monjas o pastores evangélicos podrían ser candidatos de elección popular.
Estoy convencido de que el primer impacto será altamente conflictivo. Una cosa es el derecho a la libertad de conciencia y religión, que es indiscutible en toda sociedad democrática. Y otra muy distinta es que este derecho se traduzca en apropiarse de espacios públicos. Será un peligro que en la práctica este derecho dependa de autoridades menores, cada una con sus propias convicciones. Hacer una misa en el patio de la escuela pública dependerá en mucho de si el director o directora es católico, evangélico, ateo o practica el vudú. Cualquiera que sea su respuesta ante una solicitud de este tipo creará conflictos entre la escuela y su entorno comunitario e incluso al interior entre maestros y entre alumnos. Una verdadera papa caliente.
Lo mismo puede decirse en otros casos: ocupar una plaza central, bendecir obras públicas o hacer ritos religiosos en edificios públicos. No se diga el colocar imágenes permanentes de este tipo. Cuáles serían las condiciones de equilibrio entre los derechos de distintos ciudadanos si alguien exige que junto a la virgen se coloque a Ganesha, a Babalú o a Benito Juárez. ¿Qué haremos frente al acoso religioso? La respuesta es clara: la libertad de conciencia de todos solo se protege cuando ciertos espacios no son ocupados por nadie.
Por otra parte parece más viable que la iglesia católica se convierta en un activo agente mediático en radio y televisión. Trataría así de recuperar su influencia en las conciencias y poder político.
La iglesia se sabe enormemente disminuida, irrelevante, e intenta algo arriesgado. El cambio legal abre paso al absurdo; un posible incremento substancial del poder mediático de la iglesia en medio de la mayor declinación de su influencia espiritual e incluso de su prestigio moral.
La gran mayoría de los que se declaran católicos lo son solo en términos de eventos sociales esporádicos: bautizos, bodas, entierros y similares. No más del seis por ciento van a misa los domingos; poquísimos se confiesan alguna vez.  Prácticamente todas las parejas católicas practican alguna forma de anticoncepción prohibida por la iglesia. La mayoría de las mujeres que abortan se declaran católicas. Para la gran mayoría su religión es un rito social sin influencia práctica en su vida cotidiana.
¿Qué podría intentar la iglesia? No creo que se proponga prohibir los cementerios públicos, el registro civil, la practica de otras religiones, el divorcio o los anticonceptivos. No es broma; contra todo esto peleó y perdió. Solo le queda su actual estrategia, atacar minorías vulnerables y hacerse de la vista gorda ante los pecados de  su feligresía.
Tal vez lo peor para la iglesia no es su nula influencia en el comportamiento de “sus” católicos sino su pérdida del control de la imaginería sobre el más allá y los seres invisibles. El Papa intentó satanizar a Harry Potter, una obra que en otros tiempos habría llevado a la hoguera a su autora y a sus lectores.  Finalmente prefirió evitar un enfrentamiento que evidentemente perdería. La televisión y el cine están saturados de historias del más allá, seres angélicos o demoniacos, propuestas espirituales sin matriz religiosa. Compiten abiertamente en lo que era el campo exclusivo de las religiones establecidas.
Si la iglesia gana espacios mediáticos tendrá que ser muy cuidadosa en sus mensajes porque pasarse de la raya no haría sino irritar a una sociedad moderna.
Sus aliados políticos la invitan a ocupar un espacio mediático que le niegan a las universidades, las organizaciones sociales y las comunidades. Pero lo sepan o no actúan también desde una posición frágil. El sistema político mexicano falla en su respuesta a lo que con todo derecho demandan los mexicanos: seguridad; crecimiento y empleos; bienestar familiar y social; un gobierno eficiente y buenos servicios públicos sobre todo de salud y educación.
Al acercarse mutuamente las elites política y eclesiástica crean una impresión de poder pero las exigencias populares de bienestar en esta tierra ya no las distraen con ofertas en el otro mundo. No se hagan ilusiones. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

MoonWalk


MoonWalk
Jorge Faljo

Moonwalk es un pasito chévere que popularizó Michael Jackson en el que se aparenta avanzar mientras en realidad se retrocede. Puede verse  Youtube.
A pesar de las protestas de los empresarios nacionales el pasado 11 de diciembre se redujeron notablemente los aranceles (impuestos a la importación) a las importaciones de un gran número de mercancías chinas: calzado, bicicletas, prendas de vestir, hilados, herramientas, máquinas, aparatos eléctricos, juguetes y muchas más.
La medida debe ser vista en la perspectiva del comportamiento económico y comercial de ambos países. China creció más de un 20 porciento en el bienio 2009 – 2010; México decreció en un uno porciento. Le compramos a China 45,600 millones de dólares en el 2010; ellos nos compran 4,200 md. Para pagar los más de 40 mil md de este déficit comercial vendemos al extranjero empresas mexicanas y nos endeudamos. China le presta a Estados Unidos, a Europa y al resto del mundo para que le compren. Es claro que esta inoportuna reducción de aranceles agravará el desequilibrio y será perjudicial al aparato productivo mexicano y al empleo.
De 25 mil empresas productoras de tornillos hace 25 años quedan unas 1,300. El 60 por ciento de los tornillos que se venden en México son chinos. Pero la situación va a empeorar. Francisco Fierro Landín, vicepresidente del Consejo Metal-Mecánico de la Canacintra señala que las empresas de tornillos que aún quedan no podrán sobrevivir a esta baja de aranceles. ¿Qué perspectiva industrial tiene un país que ya no puede ni siquiera fabricar los tornillos que necesita?
La Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato declara que se pone en riesgo el empleo y la producción de miles de medianas, pequeñas y microempresas zapateras. Es decir de las que aún sobreviven al proceso destructivo que lleva décadas. Marcos Cherem, presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, prevé el cierre de otras 450 industrias de la confección en el primer trimestre del 2012. Textiles y confección es uno de los sectores más deteriorados del aparato productivo.
Bruno Ferrari, al frente de la Secretaría de Economía, que mide su eficiencia  por el monto de empresas que se venden al extranjero (a lo que llaman “inversión extranjera directa”), considera que las empresas mexicanas podrán defenderse de las prácticas desleales Chinas. Pero la experiencia no es buena.
Cada demanda dura años en resolverse, cuesta millones a las empresas y enfrenta en primer lugar a la propia Secretaría de Economía y a su estrategia económica. En una demanda reciente sobre mezclilla china la Secretaría de Economía concluyo que gran parte de las importaciones de mezclilla china son dumping pero que los empresarios no lograron demostrar que hubiera un “daño importante” a la producción nacional.
Dumping es vender a un precio predatorio, inferior al del país de origen o incluso debajo del costo de producción. Aquí lo interesante es lo que revela sobre la política económica china y la mexicana.
¿Le conviene a china vender muy barato, incluso abajo del costo de producción? SI, le conviene mucho subsidiar a sus productores no competitivos. Es en primer lugar una buena política social; subsidia la producción y ventas y se ahorra el subsidio al consumo de desocupados. También es una buena estrategia política; genera apoyo al gobierno. Finalmente es una buena estrategia de desarrollo económico: los subsidiados se capacitan, sus empresas mejoran y en lugar de quebrar gradualmente dejan atrás la necesidad de subsidios.
Por el contrario nuestros dirigentes equiparan la no competitividad a una especie de pecado que merece la destrucción y no su apoyo. Tenemos al gobierno más antiempresarial de nuestra historia
China subsidia la producción, la exportación y el empleo. Promueve el progreso de prácticamente todas sus industrias, de cualquier nivel tecnológico. Eleva salarios y nivel de vida rápidamente. Su política social es una política productiva.
México destruye a los no competitivos; la mayor parte de nuestras empresas. Nuestra política social basada en subsidios al consumo no alcanza a contener el empobrecimiento originado en el desempleo creciente, el empleo no digno, la caída en el salario real.
China crece; su población prospera; sus empresas se hacen fuertes; en las crisis mundiales (como la del 2009 – 2010) se consolida. México no.

Burbuja Financiera


Burbuja financiera
Jorge Faljo
De manera gradual pero inexorable el clima político de México se va calentando en la medida en que el número de candidatos posibles se estrecha. Sin embargo, estamos muy lejos de las discusiones de fondo; no aparecen por ningún lado los asuntos fundamentales.
Nos falta mucho que discutir. Por ejemplo la salud del aparato productivo, en particular la de los mayores creadores de empleo, la mediana y pequeña empresa; o la calidad de la salud y la educación públicas; o la estructura fiscal, en un país en el que los grandes prácticamente no pagan impuestos. Mucho de lo que hay que discutir y cambiar se centra en el papel del aparato público y sobre ello hay que recordar el artículo 24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que a la letra dice:
Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sustentable, que fortalezca la Soberanía de la Nación y su régimen democrático y que, mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta Constitución.
Señores aspirantes al poder público, será su deber cumplir con la Constitución y sería muy  “buena onda” de su parte explicarnos cómo lo piensan hacer.
Pero no podemos simplemente esperar a que hagan lo que deberían. Debemos adelantar la revisión de su previo desempeño para prever su futura actuación. Dado mi interés por la macroeconomía considero de particular importancia revisar el historial de Ernesto Cordero como conductor de la política macroeconómica de México en un periodo decisivo para configurar nuestra situación actual.  
Fue muy reveladora su “diferencia de opiniones” con el Fondo Monetario Internacional; habrá que dar algunos antecedentes.
Hacia el segundo semestre del 2008 la crisis financiera norteamericana impactaba la situación nacional en la medida en que los inversionistas repatriaban sus capitales hacia los Estados Unidos para cubrir sus pérdidas y hacer frente a compromisos. Algunas grandes empresas mexicanas se habían endeudado para entrar a la especulación y ahora debían cubrir fuertes “deudas de juego.” La salida de capitales de la Bolsa de Valores de México –BMV-, había llevado el Índice de Precios y Cotizaciones a tan solo 17 mil puntos, casi la mitad que un año antes. Al reconvertirse en dólares los capitales salientes presionaban al alza el valor del dólar; es decir que el peso se devaluaba.
En aquel momento el Presidente Calderón convocó a aprovechar la mayor competitividad de la producción interna para impulsar las exportaciones y fortalecer el aparato productivo. Tenía razón pero fue llamarada de petate; simplemente se aceptaba lo que de momento parecía inevitable.
Sin embargo se encontró una solución. Consistió en la contratación, en abril de 2009, de una Línea de Crédito Flexible -LCF- por 47 mil millones de dólares. Esta consiste en la pre aprobación de un préstamo del Fondo Monetario Internacional inmediatamente disponible en caso de contingencia cambiaria.  
Un potencial de endeudamiento que se anunció como “blindaje financiero” para dar calma y seguridad a los capitales en ese momento inquietos. En la práctica se les garantizaba a los inversionistas de la Bolsa de Valores que cuando decidieran cambiar sus pesos a dólares los habría en abundancia y baratos. La medida fue un éxito; los capitales no solo permanecieron sino que empezaron a llegar más. La línea de crédito se recontrató a fines de 2010 por 73 mil millones de dólares y a dos años (hasta fin de sexenio).
Ernesto Cordero entró como Secretario de Hacienda el 9 de diciembre de 2009 y su periodo se caracterizó por una intensa campaña de atracción de capitales financieros internacionales que, al entrar, abarataron al dólar. Lo cual se facilitó por la abundancia de liquidez que habían generado a nivel planetario las políticas anticrisis. Sobre todo la norteamericana que incluyó grandes salvamentos, crédito abundante y barato, y la emisión de dinero.
El principal funcionario del FMI para América Latina, Nicolás Eyzaguirre (ex ministro de Hacienda de Chile) señaló a principios de 2010 que la oleada de flujos de capital era una amenaza para nuestras economías porque podrían generar burbujas en la Bolsa de Valores y en la paridad cambiaria; es decir alzas de las acciones y la moneda no sustentadas en la economía real. De manera directa en abril de 2010 le recomendó a México poner un impuesto a las entradas de capitales de corto plazo para frenar la revaluación del peso. Así lo hizo Brasil. Otros muchos economistas pensaban igual; pero prefiero referirme al FMI por su importancia y por el viraje ideológico que ello significaba.
Sin embargo Ernesto Cordero no dudó en seguir el rumbo contrario. Abiertamente repetía en foros internacionales que México no consideraba necesarios los controles a las entradas de capital externo y que Hacienda estaría cómoda con cualquier nivel de paridad cambiaria que fijaran los mercados. Es decir que el peso podría revaluarse sin límites.
Parte de la campaña de atracción de capitales fue la colocación (octubre de 2010) de un bono por mil millones de dólares, a 100 años, y a una tasa superior a la del mercado. México no necesitaba ese financiamiento pero fue un buen golpe mediático espectacular. Se logró atraer a más capitales.  
Lo que no esperaban la mayoría de los economistas internacionales es que un país decidiera aprovechar el contexto internacional para, precisamente, crear una burbuja financiera. De abril de 2009 a abril de 2011 el precio de las acciones en la Bolsa de Valores creció en un 120 por ciento en pesos. Pero como el peso también subió, las ganancias eran de un 160 por ciento en dólares.
Contrasta esto con el hecho de que en 2009 el Producto Interno Bruto del País cayó en un 6.1 por ciento y al año siguiente no logró recuperar lo perdido. Fueron dos años de baja rentabilidad para el aparato productivo, de quiebra de empresas, de abaratamiento substancial de las importaciones en la práctica subsidiadas por el gobierno mexicano y de despido de trabajadores. Mientras el capital financiero obtenía 160 por ciento de ganancia en dólares, que en México son libres de impuestos, el capital productivo se deterioraba. Una burbuja financiera que fue el negocio del sexenio, empeñosamente alentado por el Secretario Cordero.
Ha sido un periodo en el que las empresas se endeudaron en dólares para apostarle a la bolsa; se invirtió poco en producción y empleos. Los capitales volátiles que entraron, y otros más, pueden decidir salirse en cualquier momento. Sobre todo si no avizoran que Cordero, su gran amigo, gane la presidencia.
Lo peor, y lo mejor, es que el modelo ya no se sostiene y habrá que cambiar. El rompimiento de la burbuja, como en 1994, será traumático. La trama está anunciada; si en el 2012 los señores del dinero deciden salirse (lo que es muy probable), entonces los señores del gobierno les entregarán las reservas internacionales y endeudarán al país hasta el tope para darles dólares a buen precio. Después vendrá lo difícil y, tal vez, llegue la oportunidad para arrebatarles el país a los especuladores. 

Economía en rompecabezas

Economía en Rompecabezas
Jorge Faljo
En un rompecabezas es necesario colocar cada pieza en su lugar para tener la imagen completa. Leyendo el periódico El Financiero del 30 de noviembre del 2011 me di cuenta de que en un solo día se encontraban los elementos suficientes para describir bastante bien las condiciones de nuestra economía nacional.
La primera nota a destacar se refiere al cierre de 16 importantes plantas petroquímicas en los últimos 10 años y a la ruptura de las cadenas productivas del sector. Una consecuencia es que ya no se producen fertilizantes y materias primas petroquímicas en México. Ahora se importan. Juan José Moreno Sada, ex presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) explicó que el sector de la petroquímica llegó a contar con más de seis mil empresas de todos tamaños. Para él, la mejor utilización del petróleo sería su transformación en gasolinas y materias primas para sustentar la producción interna de productos terminados.
Segunda nota. Ricardo Torres Origel, senador por Guanajuato, refiere la preocupación de los industriales del calzado debido a que el 11 de diciembre se libera la entrada de zapatos chinos. La situación se agudiza porque está trabada la iniciativa de ley para frenar el “dumping” chino (es decir la venta subvaluada).
Tercera. Hay un déficit de por lo menos 400 mil toneladas de frijol en la producción de este año. Abraham Montes Alvarado, presidente del sistema Producto-Frijol, señala que esto provocará problemas de abasto, fuerte incremento de precios y gasto en importaciones. Debido al mal clima se perdió un 20 por ciento de las siembras. Sin embargo lo verdaderamente impactante es que se dejó de sembrar más de un millón de hectáreas de frijol. Considera lamentable que el gobierno no haya querido constituir una reserva federal y en su opinión no es cierto que sea más barato importar los alimentos que producirlos en México.
La petroquímica, el calzado y el frijol, representan en nuestro rompecabezas a la destrucción masiva de capacidades productivas y empleos que provoca el  modelo económico. Han cerrado miles de empresas grandes, medianas, pequeñas, de organización de capital o de esfuerzos familiares. Tan solo en un pequeño pueblo del Estado de México cerraron centenares de talleres de calzado ya enfrentados al zapato chino. La destrucción se da lo mismo en la industria, el pequeño comercio y en el campo.
Podríamos producir internamente innumerables productos petroquímicos para la agricultura, la industria, el hogar, sus aplicaciones son infinitas. Corea tiene una industria petroquímica con petróleo importado; nosotros tenemos petróleo pero no industria. También sería posible volver a producir decenas de millones de pares de calzado al año. Están los talleres y los que saben hacerlo; solo que paralizados y desempleados. Y sembrar millones más de hectáreas ocupando a los que buscan trabajo en el campo. 
Sería posible vivir mejor, tener empleo, vivir en una economía dinámica y en una sociedad incluyente con un gobierno responsabilizado de sus obligaciones constitucionales: ser el rector de la economía y velar por el bienestar de los mexicanos. Pero en lugar de ello tenemos una economía cruel.
Un informe de la Comisión Económica para América Latina –CEPAL-, presentado por su secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, indica que México y Honduras fueron los únicos países de América Latina con aumentos relevantes en sus porcentajes de pobreza con 1.7 y 1.5. México se empobreció más que Honduras. Nuestros porcentajes de pobreza y de indigencia son superiores al promedio de América Latina.  Para la señora Bárcena nuestra estructura productiva debería modificarse y reorientarse al mercado interno. Exportar se ha vuelto incierto.
En otra nota del mismo ejemplar el secretario del Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano Alarcón, indicó que los salarios mínimos han perdido 75 por ciento de su poder adquisitivo en los últimos 25 años. Cierto, y si se remontara a 1982 tendría que decir que han perdido más del 80 por ciento. Admitió que el salario mínimo no alcanza para nada y plantea que en esta revisión salarial no pierda aún más poder adquisitivo.
También leo que hubo largas filas, de miles de gentes, para solicitar un empleo temporal en Ciudad Juárez. Hay más de 100 mil desempleados en la ciudad; sobre todo por el cierre de maquiladoras que en los últimos años significó el despido de más de 75 mil personas. Buena parte de esas empresas siguen contando con naves industriales, maquinaria y herramientas.  Enfrente, en la calle, están los que saben trabajarlas. Sería posible  reactivarlas y producir; lo que no es posible es vender. De fuera ya no compran y los mexicanos no tienen dinero.
Finalmente nos acercamos a la explicación de lo que ocurre. El Banco de México reactivó la venta de dólares para evitar una mayor depreciación del peso. A partir del miércoles pasado subastará diariamente 400 millones de dólares cuando el precio de la divisa estadounidense supere en 2 por ciento la cotización del día anterior. También suspendió la compra de dólares. El resultado fue inmediato, el precio del dólar se redujo y volvió a ubicarse por debajo de los 14 pesos.  Con ello se empieza a revertir la acumulación de reservas internacionales. De un máximo de 140 mil 375 millones de dólares el 18 de noviembre bajaron a 139 mil 612 millones la semana pasada. Son 763 millones de dólares menos en quince días en lugar del acelerado incremento anterior. Un cambio de tendencia fuerte.  
Hay que recordar que el aparato productivo mexicano, la petroquímica, el calzado, la agricultura y todo lo demás, presenta una bajísima competitividad, rentabilidad y capacidad de generación de empleo debido a que tenemos un peso muy caro y un dólar artificiosamente barato.
Si en lugar de 14 pesos un dólar costara 18 compraríamos fertilizantes, plásticos, zapatos y granos mexicanos. Lo que haría que el aparato productivo nacional funcionara con mucha mayor eficiencia; usando la infraestructura, maquinaria y trabajadores disponibles. Sería entonces posible elevar los salarios y los trabajadores tendrían mayor capacidad de compra de productos nacionales.
Un aparato productivo como el nuestro solo puede ser competitivo en el mercado internacional y en el mercado interno de dos maneras. La primera es pagando cada vez menos salarios, que es lo que se hace,  como lo reconoce el secretario del trabajo. La segunda posibilidad es tener una moneda competitiva. La diferencia entre una u otra opción es brutal. Pagando bajos salarios no hay quien compre y quiebra un gran número de empresas que intentan vender dentro del país. Nos empobrecemos progresivamente. 
En contraste los países con una moneda barata, competitiva, como Argentina o China, van viento en popa. Sus economías, el empleo y los salarios crecen. En los últimos 9 años los chinos incrementaron salarios en un 120 por ciento y viven cada vez mejor. Ciertamente mejor que la gran mayoría de los mexicanos. China es el país más exitoso del mundo en la reducción de la pobreza; nosotros generamos más y más.
Cierto que un dólar caro nos asusta porque nos hemos hecho dependientes de las importaciones. Importamos de todo, hasta los alimentos. Pero estamos aferrados a un dólar barato que no nos permite producir internamente, generar empleos y pagar mejores salarios.