domingo, 3 de mayo de 2015

Invasión de Pateras

Faljoritmo

Jorge Faljo

Una patera es una embarcación no muy grande, sin cubierta, por lo general de madera y que al estar cargada sus bordes sobresalen poco del agua. Son construidas para navegar en aguas no agitadas y para trayectos cortos.

Ahora se ha popularizado el término debido a las noticias cotidianas sobre los migrantes que salen de África para intentar llegar a Europa, en particular a Italia, España y Malta. Lo hacen sobre todo en este tipo de embarcaciones, aunque también en balsas, botes inflables o lo que se pueda. Patera se está convirtiendo en el nombre genérico de cualquier embarcación frágil y repleta de desesperados.

Las imágenes de estos inmigrantes abundan en internet y son impresionantes. Se ven a seis, veinte o más de un centenar de gentes, según el tamaño del bote, apiñadas, sin espacio para moverse, sin equipaje más allá de la ropa que traen puesta, sin alimentos o agua, sin manera de hacer sus necesidades fisiológicas excepto sobre la borda. De todas las edades, hombres y mujeres, e incluso madres con bebés. La gran mayoría sin chaleco salvavidas o protección alguna.

Son embarcaciones sobrecargadas empujadas por un motor fuera de borda que no da el ancho por su escasa potencia. Los que suben al bote son esquilmados por criminales dispuestos a sobrecargarlo sabiendo que nunca lo recobrarán. Los embarcan incluso sin el combustible necesario para llegar al otro lado del mediterráneo.

Todas las semanas mueren cientos o miles cuando zozobran. Pero también cuando tienen suerte y su es interceptada y rescatada, o si llegan a la costa, resulta que muchos han muerto por congelamiento, por sed, por insolación o por hambre. Muchas madres llegan con los cadáveres de sus hijos.

Cada bote es una mezcolanza racial, religiosa, de nacionalidades y lenguas. Porque llegan de Chad, Costa de Marfil, Egipto, Libia, Mali, Marruecos, Nigeria, Siria, Sudán, Tunes y más países. Hay musulmanes, cristianos, animistas y hablan diversas lenguas. Ya en el bote surgen animosidades y en ocasiones, impulsados por el pánico hacen alianzas momentáneas sobre bases religiosas, de raza o lengua para arrojar al mar a los que consideran distintos y carga sobrante.

Conocen los riesgos del viaje y de que al llegar sean internados y regresados. Pero la desesperación los impulsa. En el último año y medio, la marina italiana ha rescatado a más de 200,000 migrantes en el mar mediterráneo.

Hace unos días, el 23 de abril, ser reunieron los jefes de gobierno de Europa para tratar el asunto. Lo hicieron porque sobre todo Italia y Malta, entre los más afectados, así lo exigían. Iniciaron su sesión con un minuto de silencio en memoria de los 800 inmigrantes muertos en un solo naufragio frente a las costas de Libia, el domingo anterior. Su pesar no quería decir que estaban dispuestos a hacer mucho por los refugiados.

Inglaterra por ejemplo está dispuesta a emplear barcos de su flota de guerra para ayudar a la marina italiana en el rescate de inmigrantes; pero con la condición de desembarcarlos en el país más cercano, que sería Italia, de ninguna manera en su propio país.

Los 28 países de Europa enfrentan una terrible crisis humanitaria, pero no dan muestras de avanzar hacia una política consensada. Los países del norte están dispuestos a dar apoyo económico a los del mediterráneo pero no a aceptar refugiados. Hay países como Alemania y Suecia que ya reciben muchos refugiados que llegan por tierra o incluso por avión y medios de transporte formales. Ellos consideran que ya están haciendo su parte.

Otro punto a considerar es que en toda Europa se están fortaleciendo los partidos y grupos políticos que están en contra de la inmigración. Avanzan en número de votantes y se radicalizan en contra incluso de los que llegan de otros países europeos, no se diga musulmanes o africanos. La crisis económica le ha pegado a buena parte de la población, el desempleo es alto, los salarios han caído y los servicios públicos se han deteriorado. En esas condiciones la generosidad y el humanitarismo se encuentran muy cuesta arriba.

La situación amenaza convertirse en un problema fuerte de diferencias políticas entre gobiernos. Italia, por ejemplo, pidió apoyo económico para lanzar operaciones de rescate humanitario de amplio alcance. Otros gobiernos opinan que solo a una distancia de 30 millas de la costa, o que un verdadero esfuerzo de rescate provocaría que muchos más se arriesguen y crezca la avalancha de refugiados.
Han discutido incluso la posibilidad de intervenciones militares en las costas africanas para destruir las pateras antes de que puedan ser empleadas. Pero es difícil distinguir las que se usan para pesca y otros propósitos de las que pueden ser empleadas por quienes organizan el negocio de embarcar a los desesperados de maneras inseguras, criminales.

Grecia, agobiada por las presiones de Alemania, España y otros, amenaza con abandonar su responsabilidad de contener a los migrantes. Su ubicación le permitiría dejar pasar a millones hacia el resto de Europa. Lo que más que plan verdadero es amenaza para negociar mejores condiciones con Alemania y los demás.

El problema podría llevar a Europa a la ruptura en acuerdos que son parte esencial de sus políticas. Una de ellas la de libre tránsito y libertad de trabajo en cualquier parte.

Ahora los líderes de los países industriales deben poner cara compungida y guardar minutos de silencio por los miles que escapan de lo que ellos contribuyeron a crear. Millones quieren huir de países cuya producción ha sido semi destruida para convertirlos en proveedores de materias primas, clientes de manufacturas y desempleados. Nosotros bien lo sabemos.

Urge que los poderosos piensen no solo en los miles que mueren intentando salvarse del desastre global. Hay que enfocarse en los millones que quedan atrás y a los que el neoliberalismo les impide producir. Como a nosotros.

1 comentario:

  1. Su artículo nos hace reflexionar de la situación que ocurre de este lado de América, particularmente de los centroamericanos (aunque también de nosotros loa mexicanos) por el sueño americano y el paso obligado en nuestro país de los migrantes con la finalidad de buscar mejores condiciones de vida para sus familias. Esto cada vez es más complejo, aquí y allá, la pobreza arrastra a las gentes a emigrar, ya hemos visto, por ejemplo, los problemas de los menores de edad que intentan pasar a EEUU, con los riesgos del secuestro, la trata de personas, el narco, etc. La problemática de África y Medio Oriente está orillando a los países Europeos a encontrar acuerdos para solucionar esas situaciones migratorias que solo se arreglan mejorando su economía e impulsando la producción, y al ayudar a los migrantes al darles concesión de vivir en su países, provocan serio descontento a su población contribuyente por quitarles oportunidades de empleo, tales son los casos de Francia y de la misma Alemania (con eso del resurgimiento del nazismo). En fin, hay mucho que hablar de esto, tendremos que aprender de lo que ocurra en el otro lado del mundo, para solucionar los problemas que deriven en esta parte de América. Y como siempre Sr. Faljo lo felicito por su interesante artículo, nos da una reflexión de lo que luego no advertimos. Saludos cordiales

    ResponderEliminar